Madrid sin Rastro no es Madrid. Madrid sin Rastro está sin alma



Qué raro está Madrid sin el Rastro. Son ya siete meses sin uno de los símbolos de la ciudad, porque Madrid y Rastro comparten historia desde hace casi tres siglos. Este mercadillo que cada domingo llena las calles del centro de vida, de cultura y de humanidad lo ha vivido todo y se ha convertido en una de las almas de la capital: el Rastro es Patrimonio Cultural de la Ciudad de Madrid y su fama le sitúa a la altura de otros mercadillos existentes en diversas ciudades de Europa como Los Encantes de Barcelona, el Waterlooplein de Ámsterdam, Portobello en Londres y el mercado del Porta Portese en Roma.

La pandemia ha tocado de lleno al pequeño comercio madrileño, que supone más del 25% de los ingresos del sector de toda España. Su reducido tamaño – el 95% de las empresas tienen menos de 10 personas contratadas- le hace especialmente vulnerable ante crisis como la que estamos viviendo. El Rastro es uno de los ejemplos más claros del pequeño comercio de Madrid.

Después de la primera ola, el confinamiento y la desescalada intentamos ir volviendo a una cierta normalidad de manera progresiva, todas menos las 1.000 familias que cada mañana de domingo montaban su puesto.

El Gobierno de Martínez-Almeida se ha quedado solo en su incomprensible postura sobre la reapertura del Rastro y ha realizado, como en otros muchos ámbitos durante esta crisis sanitaria, económica y social, una pésima gestión. Nosotros apoyamos las reivindicaciones de los comerciantes del Rastro, que no son otras que abrir y reanudar su actividad en condiciones de seguridad para ellos y para los visitantes. Es urgente porque está en juego el pan de muchas familias.

Los comerciantes han presentado numerosas propuestas y la última recibió en septiembre el visto bueno de la Comunidad de Madrid. Pero el Gobierno municipal, su alcalde, no ha hecho lo que debe hacer un alcalde con sus ciudadanas y ciudadanos: dialogar, consensuar y actuar. Martínez-Almeida se ha comportado como si el virus solo afectara o estuviera entre los vendedores ambulantes cuando, por ejemplo, los centros comerciales y grandes superficies pudieron reabrir desde el primer momento. Y hay más, de la esencia del Rastro forman parte también los vecinos con comercios fijos, que están abiertos desde que Madrid entró en la fase 2 de desescalada. Nos parece increíble que el alcalde se escude en razones sanitarias para no aceptar la propuesta de los comerciantes del Rastro.

Desde Más Madrid hemos mantenido multitud de reuniones, llamadas y mensajes con los representantes de los vendedores, que siempre han planteado una vuelta al trabajo con sensatez, en su ubicación original y con garantías sanitarias. Y para conseguirlo, incluso, prefieren perder parte de su facturación ya que, mientras la normativa permite volver a los mercadillos con un 75 % de puestos, ellos se han autolimitado y nunca han pedido superar el 50 %.

Son generosos, han renunciado a trabajar algunos días para garantizar la salud de todos los madrileños y, aún así, han tenido la mala suerte de tener enfrente -en vez de a su lado- al Gobierno de Almeida. Un Gobierno que ha demostrado su bajo talante dialogador y que les ha empujado a concentrarse hasta doce veces para reivindicar algo tan fundamental como su derecho a poder trabajar y vivir con dignidad.

Junto a los comerciantes del Rastro hemos vivido momentos difíciles, en lo político y en lo personal, porque cuando conoces sus historias y cuando sabes que el juego partidista es la causa de tanto sufrimiento a tantas familias, es imposible no implicarse y ayudarles. En el mandato anterior realizamos numerosas acciones para mejorar el Rastro y su entorno, siempre a través del diálogo y el consenso con comerciantes, vecinos, grupos políticos, técnicos y Policía Municipal.

En el último pleno de la Junta municipal de Centro Más Madrid consiguió desarticular lo que era una trampa para los vendedores: PP y Cs pretendían aprobar una propuesta que dividía el Rastro en cinco mercadillos y que desubicaba y desvinculaba los puestos entre sí de su  emplazamiento actual. Una medida que no contó, naturalmente, con el apoyo ni de los vendedores ni de los grupos municipales de la oposición.

Dicha propuesta haría irreconocible el Rastro de Madrid, no solo porque supondría desmantelar toda la historia y cultura que representa y acumula durante tres siglos, sino porque eliminaría todas las zonas y calles temáticas que lo hace tan particular, al deslocalizar todos los puestos de venta y suprimir todos los puestos de la plaza de Cascorro, ronda de Toledo y gran parte de la Ribera de Curtidores. Incluso pretendían trasladar 196 de los 3.500 puestos a 20 minutos del epicentro del Rastro, en la Gran Vía de San Francisco .

Defendemos el atractivo del Rastro madrileño, tal y como lo defienden las asociaciones que lo conforman, «como gran espacio de gestión pública que se desarrolla al aire libre, y donde confluyen personas de todas las edades,  generaciones, clases sociales y culturas. Un espacio que humaniza las relaciones sociales y fomenta el bienestar personal y colectivo». Y apelamos al PP para que arrime el hombro, deje atrás los intereses políticos y se ponga del lado de esas 1.000 familias, muchas de las cuales están ya en situación grave de vulnerabilidad. Seguimos sin fecha para la reapertura del Rastro.

Fuente: masmadrid.org
Rita Maestre, portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid
Fran Varo, vocal vecino de Más Madrid en la Junta Municipal de Centro