Madres, tostadas y cine

Hay un tipo de cine español costumbrista, muy bien hecho y que retrata bien el ámbito doméstico, las relaciones familiares y mi tema favorito, las maternidades

Uno de mis temas favoritos ever son las maternidades. No puedo evitarlo, será la tarita, y a veces me sorprende la cantidad de buen cine español que tenemos sobre el tema. Me parece uno de los asuntos más importantes y menos explorados, aunque cada vez lo vemos más presente: la relación madre-hija, tan tirante, tan fiel, tan tóxica y tan dependiente. También tan bonita, tan de cariño.

Hay un tipo de cine que sabemos hacer muy bien a nivel nacional al que yo llamo cine costumbrista y que se refiere a dramas sobre personas corrientes, sobre la historia de sus vidas, que cuentan desde una narrativa del día a día, pausada, sin mucha acción ni persecuciones policiales, escenificando las costumbres más castizas y la naturalidad. En este tipo de pelis es muy importante el ámbito doméstico y de la casa, las relaciones familiares e íntimas, los obstáculos a los que nos debemos enfrentar todo el mundo, a rasgos generales; con escenas de dos personas en tirantes y un pie en la silla desayunando pan tostado, que van a la playa el domingo, que discuten, que hacen una tortilla y luego hablan en susurros entre las sábanas. Un día cualquiera, las preguntas de todos. Es la representación de lo cotidiano, la representación de cualquiera de nosotras. A mí me flipa por el reflejo, por la empatía, por la reflexión sobre los conflictos que yo misma me planteo.

El ejemplo más claro de este cine de maternidades y creo que mi favorito es Los días que vendrán de Carlos Marqués-Marcet. Me fascinan todas las películas de este director porque siempre son costumbristas, catalanas, con un ritmo pausado de lo real, de los conflictos que surgen en lo ordinario y quizás también por la imagen de una intimidad en las relaciones que me obsesiona, por ver hasta dónde se tocan, hasta dónde se enfadan, hasta dónde se quieren.

En Los días que vendrán me encanta ver cómo retrata las disputas de una pareja heterosexual catalana de izquierdas; una pareja donde podríamos vernos reflejadas muchas señoras feministas y rojas como yo, con las contradicciones propias entre la rojedad y la heterosexualidad, entre lo moderno y lo tradicional. La pareja de la modernidad. Son la pareja moderna de Barcelona, con su piso con ventanas de madera, sus ideales y sus trabajos precarios ajustados a estos, pero todo se tambalea cuando ella se queda repentinamente embarazada y surgen nuevos conflictos políticos igual de inesperados sobre la crianza de su futuro hijo: los valores cambian, las prioridades se trastocan y el desarrollo de la vida en pareja se transforma para dar lugar a una nueva situación. La evolución de la vida y de las relaciones que nunca llego a entender del todo, que se me escapa entre los dedos y que no puede clasificarse de buena ni de mala. En nuestra elección de vida, a veces nos sorprende el resultado.

Para mayor autenticidad, me parece curioso que la peli se rodara durante el embarazo real de la actriz en la misma casa de ambos, pareja en la realidad, y que el guion se fuera desarrollando casi a tiempo real, sin tener un rumbo fijo, gracias a las experiencias que tenían. Una joyita sobre la maternidad, la pareja, la intimidad, las contradicciones políticas. Qué más se puede pedir.

Cinco lobitos de Alauda Ruiz de Azúa me parece una película simplemente necesaria. Necesaria porque pone de manifiesto una realidad totalmente palpable para todas las madres jóvenes actuales, que refleja perfectamente el conflicto de la conciliación laboral, la no responsabilidad de la pareja, el enfrentamiento sola o con ayuda ante una situación que nos sobrepasa, a la que difícilmente ninguna está preparada, que es imposible sobrellevar en nuestros pisos pequeños de centro de ciudad, en nuestras familias alejadas en pueblos u otros países, en una vida caótica y acelerada diseñada para el trabajo y el señor productivo y, entre todo ese caos, un pequeño ser que se nos engancha a la teta y que solo quiere estar con nosotras. Pero podría decirse que esa es la primera parte del conflicto porque la película va aún más allá. El dolor real, que es el cambio de etapa, y que da comienzo a una nueva madurez es cómo ser madre mientras somos aún hijas. Es el conflicto de la mujer del siglo XXI.

Me parece fascinante cómo se representa la comprensión en nuestros cuerpos de que hemos pasado de ser hijas needy e inmaduras a ser mujeres adultas de las que los demás dependen y, sobre todo, que desde nuestro papel de hijas en el que recibíamos ayuda y sosteníamos nuestra posición en un escalón inferior, ahora debemos colocarnos como la hija responsable que se hace cargo, subir ese peldaño o dos para situarnos al frente de nuestras madres y padres y ser nosotras las que guiemos en vez de ser guiadas. Un proceso de trauma, trauma en el sentido de catarsis, una madurez.

Normalmente, vemos que el cine de maternidades se centra en la figura de la madre, pero en Viaje al cuarto de una madre de Celia Rico nos encontramos con la perspectiva de la hija, de la hija ya crecida, la hija casi adulta. Vemos a una Anna Castillo de veintipocos años como la hija que se ahoga y se siente responsable del cuidado de la madre en un pequeño pueblo rural, que se siente en la obligación de quedarse con ella bajo la mesa camilla en vez de salir con sus amigas por la noche. Vemos cómo la madre absorbe a la hija y la aparta de la etapa de la veintena que debe vivir y que solo dificulta la relación y aumenta la culpabilidad cuando la hija decide separarse e irse.

Me gusta esta historia porque muestra la tirantez entre madre e hija, entre lo complicado de la relación tan cercana, de ser dos cuando se ha sido solo una, de querer y cuidar, de querer y ser cada una suya al mismo tiempo y porque muestra lo necesario que es poner límites también a los seres queridos, aunque duela y, aun así, siempre recuerdo la frase que dice: las personas que no aceptan que pongamos límites son las que se beneficiaban de ellos. Es una gran dificultad aprender a diferenciar entre cuidar y cuidarnos, entre querer y querernos, aceptar esa dicotomía con la seguridad de tener derecho a ella, sin sentirnos mal por ello. Y así nos hacemos mayores.

Quién te cantará de Carlos Vermut te hipnotiza y te atrapa, aunque solo sea por ver a Najwa Nimri hablar de las cosas que sabemos y que no nos queremos reconocer a nosotras mismas, que se nos escapan como un susurro y que, siguiendo el hilo argumental de la peli, suenan como una canción que conocemos y no sabemos encajar de dónde. Lila Cassen es una cantante que ha perdido la memoria y no recuerda cómo volver a representar su propia fachada exterior al público para volver a los escenarios; para ello, contratan a una gran admiradora que imita a Cassen en el karaoke donde trabaja para que le enseñe a volver a ser ella misma. Con una historia así, tan enmarañada y de suspense, todo se complica y se enrama y el drama interno resulta ser mucho mayor que el que a primera vista se ve.

Además de un guion que sorprende, a mí lo que me hizo clic para ya decir “peliculón” es el trasfondo de la relación madre-hija. Cómo, queramos o no, somos como una plantilla, como una reproducción involuntaria y enrabietada, como un calco, como un papel a lápiz contra el cristal. Me recordó un poco a la gran Tenemos que hablar de Kevin, por lo creepy, por lo thrillerpor cómo gritamos que nunca seremos como nuestra madre y nos comemos las uñas y al final somos igual que ella. Que se puede cambiar, sí, pero esta gente no ha ido a terapia. De ahí el horror, de ahí la tragedia. Y, en el caso de Quién te cantará, también de ahí el éxito.

Se cuela por último una obra que ni es costumbrista ni es la maternidad el foco que hace avanzar la trama, pero que resulta tan buena como necesaria en esta lista. Tres de Juanjo Giménez fue una sorpresa que no me esperaba y que subió para ser mi peli top 2021. Está constituida como un thriller basado en una idea que me parece increíblemente original. Marta Nieto encarna a una diseñadora de efectos Foley –los sonidos que se crean en posproducción para el cine como, por ejemplo, sonorizar unos caballos al galope utilizando unos cocos o unos cuencos– que comienza a escuchar todo a su alrededor con un lapso atrasado de tiempo, como si fuese una película mal sincronizada e imagen y sonido no se correspondiesen.

Es un thriller con un toque fantástico basado en el sonido sobre un campo cinematográfico bastante desconocido, pero, al mismo tiempo, es un poco la metáfora de lo que el cuerpo nos avisa y nos cuenta, sobre cómo debemos escucharlo porque a veces el cuerpo se da cuenta de las cosas antes que nosotras y nos transmite problemas e incomodidades que aún no hemos llegado a ver. De este modo, debemos escucharlo y dejar que nos guíe, seguirlo en las cosas que nos quiere decir, dejarnos conducir por una fuerza o una intuición que nos cuesta tanto creer, pero que muchas veces está ahí por una razón. Vivimos con las orejas tapadas, pero qué sabio es el cuerpo, qué sabio es hacerle caso de vez en cuando.

Cierro aquí esta lista con muchas más en la recámara y a la espera de otras muchas, porque la maternidad es mi tema favorito y, a pesar de que mi madre me diga “aunque no seas madre”, es así y casi cualquier obra que se haga al respecto tiene grandes posibilidades de gustarme y de que le busque los entresijos, de que le busque lo real. Y me doy cuenta de que todas estas películas de maternidades, de madres e hijas, de mujeres, se basan en historias de cambios de etapa, de metamorfosis, de transitar de un estado de la vida a otro, que me parece tan difícil y tan fundamental. Hacer las paces con nuestro antiguo rol y aceptar el nuevo, aceptar que el tiempo pasa y la vida cambia y todas las etapas son buenas porque eso significa que avanzamos, que buscamos eso que nos hace crecer y que no nos quedamos estancadas en el mismo sitio solamente porque es el conocido. Mujeres valientes, mujeres creciendo, eso es lo que me gusta ver.

Fuente: Iris César del Amo en pikaramagazine.com
Foto: Fotograma de la película ‘Viaje al cuarto de una madre’, de Celia Rico

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