Los y las mayores en riesgo: Una segunda ola de covid-19 con un 15% menos de personal sanitario en las residencias

Vemos como los casos diarios de hospitalización y fallecidos/as por covid-19 continúan aumentado (aunque alejados de las cifras de la pasada primavera) y la situación se vuelve como poco, preocupante ya en los servicios públicos. Estos sucesos se dan con el telón de fondo de la vuelta al colegio, situación que ocupa el foco comunicacional de prácticamente todos los medios. Este es el actual «Rubicón» del gobierno que sabe de ello depende una posible valoración medianamente positiva por parte de la sociedad de su gestión de esta crisis. No obstante, y a pesar de que quieran hacernos ver lo contrario, el escenario de desprotección social continua. Son las clases populares de todo el estado las que han cargado y continúan afrontando  las mayores lacras de esta pandemia. Las residencias de mayores forman parte de este escenario de vulnerabilidad, después de la hecatombe vivida con mayor virulencia en Madrid  y, generalizada a casi todo el Estado.

Un 15% menos de personal sanitario en las residencias

Y es que, pesar de los sucesos del pasado marzo nada parece augurar una mejora en los servicios. Al contrario, las residencias de mayores enfrentan una nueva ola en un escenario que en lugar de mejorar, parece peor en términos de personal y con ello, de asistencia.

Han sido fuentes de la patronal Aeste (Asociación de Empresas de Servicios para la Dependencia) quienes han reconocido al medio infoLibre lo que ya los sindicatos habrían denunciado. El otoño en los centros de ancianas y geriátricos se encara con menos personal que, según estimaciones de CCOO ronda una bajada hasta del 15%.

 El cálculo se complica además debido a que, no se han podido recopilar todos los datos en comunidades como la madrileña lo cual dificulta tener una fotografía ajustada a la realidad del problema. Se han señalado diversas causas que tratan de «minimizar» la falta de inversión de los propietarios de estas residencias, entre ellas estaría las nuevas contrataciones en los Servicios de Salud Pública. Lo cual de ser cierto habla por sí mismo de las condiciones de las trabajadoras en estos centros que, en una situación tan compleja prefieren recurrir a trabajos de carácter temporal en lo público antes que, enfrentar la indefensión laboral en la privada.

Plantillas además desoladas como ya se ha señalado en varias ocasiones. Bajas laborales derivadas del contagio, agotamiento, estrés físico y psicológico además del abandono político e institucional de quienes hasta hace poco eran auténticas heroínas dentro del imaginario colectivo desarrollado durante la pandemia.

Los ratios de personal, ni se ajustan ni se mejoran

 Los datos oficiales señalaron 20.000 muertes en las residencias españolas por coronavirus. Tantas personas fallecidas es un desastre que debería demandar un compromiso colectivo. Ante la posible repetición de dicho escenario, empresas y sindicatos señalan como las Comunidades Autónomas y el Gobierno central no habrían tomado acciones necesarias en el sentido laboral. Destacan factores como la falta de financiación de los ratios de personal por cada 100 pacientes o, la construcción de nuevos centros públicos. Al margen de la responsabilidad atribuida al Estado en esta situación ambos agentes sociales (patronal y sindicatos mayoritarios) parece que, como ya nos tienen acostumbradas, prefieren señalar al gobierno como responsable obviando su propio papel. Sin un sindicalismo combativo, de clase, rupturista que no frene sino aliente la movilización obrera, que no se pliegue a los intereses de las empresas sino que, vele efectivamente por los sectores mas precarizados, parece difícil que se lleve a buen término la justa asistencia de un servicio tan fundamental como el de geriatría, con independencia de que esta sea o no un servicio público.

 Y es que, los centros que incumplen el decálogo de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) para el manejo del covid-19 en residencias de mayores deberían ser una cuestión prioritaria ahora mismo en la agenda sindical.  Hay que recordar que este decálogo señala como:

«en estos momentos se estima que es necesario reforzar las plantillas habituales de las residencias con un incremento mínimo del 20-25% del ratio de personal, especialmente en las residencias que tienen casos positivos de SARS-CoV-2″.

La propia SEGG ya consideró en junio en un comunicado que «los ratios actuales de personal en las residencias de mayores son insuficientes«.

 A raíz de esta situación Alfonso Valero (responsable de Dependencia de CCOO en Valencia) ha afirmado como hay «30% menos de enfermeras en las residencias que en marzo y es raro el centro que tenga enfermería 24 horas». Nos preguntamos, antes esta situación ¿cuál es la hoja de ruta del sindicato para hacer valer el interés de las trabajadoras y usuarias de estos centros? Valero ha asegurado además que, por razones obvias no se puede garantizar una atención adecuada en estas circunstancias a las personas mayores. También su compañero Jesús Cabrera reclama un «esfuerzo presupuestario» cuestión que no es baladí pero, una vez más invisibiliza la responsabilidad de la patronal en este y otros aspectos.

 Geriátricos como el de Outeiro de Rei (Lugo) y el de Puerto de Santa María (Cádiz) superaron ya el centenar de positivos. En la Comunidad Valencia los contagios en residencias crecen hasta casi un 50% en díez días. El viernes también se declaró un nuevo brote en Archidona (Málaga). Este es el escenario en una nueva ola que una vez mas, sabemos atacara con fuerza a las personas mas ancianas de nuestra sociedad.

Un trabajo por completo feminizado

 Hay que recordar la extensa femenización de estos sectores que rozan la práctica totalidad de la plantilla. Un ramo que junto al de las «Kellys» (o camareras de piso) añade una serie de cargas simbólicas que tienen mucho de material al llegar a fin de mes. Con nueve de cada diez mujeres empleadas según las centrales sindicales no hay que descartar que, la ausencia de una hoja de ruta del sindicalismo hegemónico responde también a un machismo institucional el cual ataca directamente a las mujeres. Entiéndase en este punto que no solo se esta enunciando a las sanitarias sino también a: fisoterapeutas, técnicas de animación, trabajadoras sociales o personal de servicios como cocina, limpieza, lavandería o mantenimiento. Ese es el mapa humano de un geriátrico donde a la vez pueden convivir una diversidad de Convenios Colectivos con fuertes asimetrias entre ellos y con problemáticas laborales de índole muy diversa.

Por estas razones si bien el foco mediático continua puesto en el Gobierno se hace notorio que, no existe un único responsable de esta situación. Aunque cada uno de los agentes tendrá implicaciones diversas no parece razonable tratar de exculpar a los sindicatos hegemónicos (generalmente pasivos en toda esta situación) que en absoluto son desconocedores de la situación y tienen herramientas efectivas para hacer valer los intereses de la clase trabajadora. Tampoco por supuesto, la patronal parece  poner remedio a la situación escudándose en la sempieterna financiación estatal, haciendo una vez mas notoria la ideología que subyace al capitalismo, beneficios privados frente a costes públicos. Solo que, en esta ocasión los costos no son exclusivamente económicos sino además, pueden volver a derivar en la pérdida de vidas de uno de los sectores mas vulnerables de nuestra sociedad, el de las personas mayores.

Fuente: kaosenlared.net