La demolición de la sanidad pública

No hay nada que me produzca más orgullo que conocer de lo que es capaz la Sanidad Pública, es decir el esfuerzo colectivo de todo un país, el verdadero patriotismo, para defender la vida de uno de sus ciudadanos, de un ciudadano menor miembro de una familia sin demasiados recursos.

Hace unos días salió en algunos medios que un niño de Burgos de dos años había entrado en parada respiratoria debido a problemas cardio-pulmonares de difícil tratamiento. Ante la gravedad de la situación, una médica internista, un cirujano cardiovascular y tres enfermeras del Hospital de Burgos comenzaron a buscar el aparato que podría facilitar el traslado del niño a Madrid. Contactaron con la intensivista Silvia Belda del Hospital 12 de Octubre y con ella montaron el dispositivo para intentar el traslado.

En los últimos años casi veinte mil médicos españoles se han largado a otros países de Europa porque en España les están haciendo la vida imposible

Sólo había tres máquinas en España que permitían que el niño viajase a Madrid, ciudad más cercana donde se podía operar al niño y solo una de ellas disponible, la del hospital de Málaga. Coordinados a través de whatsapp, los médicos de Málaga especialistas en manejar el aparato viajaron a Madrid, donde había llegado otra doctora con el ECMO, artefacto de peso manejable que hace las funciones de corazón y pulmón.

Una vez en Madrid, se desplazaron a Burgos y allí, junto al equipo sanitario del hospital conectaron al niño a la máquina, regresando de nuevo al Hospital 12 de Octubre de Madrid para realizar al niño las intervenciones oportunas para estabilizar sus constantes y permitirle vivir.

Sí, ya sé, España fue eliminada del mundial por Marruecos, dos selecciones de millonarios dándole a la pelota. Mucha pena.

Sin embargo, mientras los millonarios se entretenían en la dictadura medieval Catarí, un grupo de médicos y sanitarios de la Sanidad Pública española, a toda velocidad, movían todo lo movible para que un niño de dos años pudiese seguir viviendo junto a sus padres. Yo no se lo que costó esa operación, pero lo que sí sé es que se trata de una verdadera hazaña, de un ejercicio de humanidad de tal calibre que sólo la vocación y el amor a la vida ajena de los protagonistas ha hecho posible porque existe el Sistema Nacional de Salud, un sistema que se alimenta de la contribución de todos los españoles, los sanos y los enfermos, y que es nuestro mayor logro histórico, una victoria sin paliativos del verdadero patriotismo, ese que se permite que sea tratado de igual manera el millonario más rico que el pobre que no tiene ni para pagar una caja de aspirinas, un sistema que está siendo dinamitado por quienes quieren convertir hasta el derecho a la vida, a la salud, en un negocio especulativo soez.

El personal sanitario de atención primaria de Madrid lleva semanas en huelga. Es el mismo personal que hizo frente al huracán pandémico trabajando horas y horas, días y días sin descanso, sin saber como atajar una epidemia desconocida para la que nadie sabía qué tratamiento era el más adecuado. Vieron morir y sufrir hasta lo indecible a miles de personas, inventaron terapias, durmieron en el suelo, habilitaron espacios para admitir a todo el que llegaba sin que sus jefes se preocupasen lo más mínimo por lo que estaba pasando.

Cerrados los centros de urgencias ambulatorias por decisión de la Comunidad de Madrid, hace unas semanas ordenaron abrirlos sin médicos, sin enfermeras, sin medios, sin personal suficiente en muchos de los ambulatorios, hasta tal extremo que los pacientes -nadie acude a urgencias una noche porque esté aburrido- no podían ser atendidos y en muchos casos se les derivaba a los hospitales hasta saturarlos de nuevo y hacer la vida insoportable para quienes trabajan en ellos.

En los últimos años casi veinte mil médicos españoles se han largado a otros países de Europa porque en España les están haciendo la vida imposible. Guardias interminables, sueldos bajos, falta de respeto continuada por parte de sus jefes políticos, pésima gestión, externalización de servicios y falta absoluta de relevo generacional.

Pese a que todo el mundo sabe la evolución de la pirámide poblacional española, las facultades de Medicina de todo el país siguen teniendo una nota de corte para el acceso a esos estudios intolerable, lo que hace que muchos jóvenes que deseaban ser médicos opten por otras carreras, de tal manera que entre los médicos que se van al extranjero, los pocos que se licencian, el envejecimiento de la población y el salvaje anhelo privatizador del Partido Popular, están dejando desnuda a la Sanidad Pública española, obligando a muchas personas a recurrir a seguros privados que en la mayoría de los casos no atienden enfermedades graves de larga duración y costes incompatibles con el beneficio que busca cualquier empresa.

En estos días en que celebramos el cuarenta y cuatro aniversario de la Constitución de 1978, oyendo a tanto demócrata de baratillo referirse a ella como si la respetasen, conviene recordarles lo que el artículo 43 de la Carta Magna dice al respecto: “Se reconoce el derecho a la protección de la salud. Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios. La ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto”.

Por su parte, la ley a la que se refiere dicho artículo que no es otra que la Ley General de Sanidad de 1986, estable en su artículo 3 lo que sigue: “La asistencia sanitaria pública se extenderá a toda la población española. El acceso y las prestaciones sanitarias se realizarán en condiciones de igualdad efectiva”. No creo que haya lugar a interpretaciones, se trata de un artículo diáfano que obliga a todas las administraciones a proteger la salud de los españoles mediante un sistema sanitario público que trate por igual a todos los ciudadanos.

Sin embargo, pese al mandato constitucional, el Partido Popular está empeñado en privatizar la salud de los españoles, es decir, en crear un sistema de salud clasista fuera de la ley parecido al norteamericano, conocido por todos por ser el más caro del mundo y el que trata a los enfermos de una manera u otra dependiendo del número de ceros de su cuenta corriente, un sistema en el que es imposible realizar un hecho tan admirable como el protagonizado por los equipos de salud de los hospitales de Málaga, Madrid y Burgos, un sistema que impediría a la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles recibir tratamiento contra el cáncer, ser operados de corazón o tratados de una infección grave.

Estamos, pues, ante una operación inconstitucional de los patrioteros de bandera, banda, música y misa, una operación que está transfiriendo miles de millones a las empresas privadas de salud, la mayoría de ellas multinacionales, mientras mengua en idéntica proporción los presupuestos de la Sanidad Pública, nuestro mayor hito histórico como nación.

La respuesta mínima ante tal atentado sería el repudio general a quienes tal cosa hacen y, de momento, dar apoyo y la visibilidad que los medios le niegan, a la huelga del personal sanitario. Como tantas otras cosas, es una cuestión de salud y dignidad ciudadana.

Fuente: Pedro Luis Angosto en nuevatribuna.es
Foto: Hospital de Burgos

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