«El IPC puede ser el menor de nuestros problemas si las previsiones de intención de voto se cumplen», escribe Julia Castillo

Tengo la costumbre de tomar el primer café de la mañana leyendo titulares. Hace años lo hacía en la cafetería de la esquina con un par de periódicos, en papel, sobre la mesa. Actualmente lo hago en mi casa, con una taza en la mano derecha y el móvil en la izquierda, pero ahora leo lo que un algoritmo asociado a Julia Castillo me pone en portada.
Hoy aparece, en grande y en primer puesto: El IPC de septiembre (4,9%) incrementa hasta el 3,5% la estimación de revalorización de las pensiones para 2027 #mandacarallo. Esto parece importante. ¡Qué listo es don algoritmo! Diez años hace ya que estoy vinculada al movimiento pensionista y este bipcabrito lo sabe. Así que sigo leyendo y, tras este titular, llega el subtítulo y parrafada que le sigue: «La elevada inflación por el conflicto en Oriente Medio sitúa ahora la estimación de subida de las pensiones contributivas para 2027 en el entorno del 3,5%, la mayor desde 2024. El dato definitivo se conocerá a mitad de diciembre, una vez conocidas la inflación de octubre y noviembre». Ni que decir tiene que la noticia parte de un banco con dos BB y una V que dice informar, y lo hace, vaya si lo hace, pero que deberíamos leer con la mosca tras la oreja. Y no son necesarias explicaciones para que se entienda la posición del insecto.
A continuación, y como no podía ser de otra manera, se desencadena una tormenta de pensamientos, razonamientos, respuestas, preguntas, argumentos… y esos son los que quiero compartir con vosotros.
Si analizamos la situación económica de nuestros padres y abuelos, o incluso la de las generaciones que todavía ni se han planteado la posibilidad de engendrar vástagos, veremos que el poder adquisitivo en nuestros hogares, a pesar de haber disfrutado de una subida de pensiones y salarios (dicen) conforme a ese IPC, sigue bajando. Esto no puede tener más que una explicación: el IPC no refleja el que sufren los hogares. Y es normal que no lo refleje porque realmente cada casa tendría uno diferente. No es lo mismo el gasto de un hogar de una familia con dos hijos y en un piso de alquiler, que el de una persona sola sin hijos y pagando una hipoteca o el de unos pensionistas jubilados con vivienda propia, o que los mismos pensionistas pagando un alquiler. Incluso cambiaría simplemente viviendo en una gran ciudad o en un pueblo de la montaña lucense, por poner un ejemplo. Cada realidad es diferente, cada situación económica lo es, y el IPC no puede ajustarse a cada uno de ellos. Es evidente, pero también es evidente que algo falla en ese cálculo porque la mayoría pierde poder adquisitivo. Si quieres constatarlo solo observa y pregunta en tu entorno habitual.
Y, leyendo el siguiente titular empiezo a sospechar que el IPC puede ser el menor de nuestros problemas si las previsiones de intención de voto se cumplen. La verdad es que nunca me fié de los sondeos previos a unas elecciones, pero hay algunos sondeos, con nombre y apellido, que suelen acertar bastante.
Leo: «El sistema de pensiones es un zombi. Lo han quebrado»
Estas declaraciones del voxista Figaredo, acompañadas del resto de su amenaza, nos tienen que servir para despertar. ¿Lo haremos? Tengo mis dudas. Y las tengo porque desde el movimiento pensionista llevamos años advirtiendo, por activa y por pasiva, que tienen la intención de acabar con el sistema público de pensiones, caramelito deseado por el gran capital. En este caso quienes se lo quieren comer son grandes financieras y aseguradoras. Su propuesta es combinar el sistema de reparto con la capitalización individual: que una parte de la pensión dependa del dinero acumulado por cada trabajador. ¿Qué dinero? ¿El que sobra de la nómina? ¡Si no llega! Y si no llega, ¿qué tendrás cuando te jubiles? Porque la pensión contributiva quedará como una ayuda «asistencial».
Explicar por qué lo desean, cuánto dinero hay en juego, cuánto le costaría al trabajador y cuánto ganarían quienes gestionaran sus cotizaciones merece otro artículo. No quiero ahogaros con demasiada información. Ya no estamos acostumbrados a leer ni 2.000 palabras seguidas y asimilar lo que leemos, así que, como mi intención es que lo que sé sirva para que otros también sepan, procuraré no alcanzar esa frontera.
Pero esto sí tengo que contároslo en este artículo: ¿sabéis cuánto dinero mueve el SPP (Sistema Público de Pensiones) anualmente? Y no llames gastos a las pensiones contributivas. No caigas en la trampa.
Si hace falta vuelvo a explicarlo: la Seguridad Social tiene sus propias cuentas, aunque estén integradas en los Presupuestos Generales del Estado. Pero si nos enseñan lo que sale para pagar pensiones, tendrán que enseñarnos también lo que entra, ¿no? Sigamos el circuito completo de ese dinero.
¿De dónde viene? Principalmente de las cotizaciones: las que paga el trabajador y las que la empresa paga por él (esta partida sí es un gasto para el empresario, pero solo lo que él aporta al Sistema). Y hay más partidas de ingresos: recargos, sanciones, rendimientos del patrimonio de la Seguridad Social, alquileres… y también transferencias del Estado. Si vamos a hablar de las cuentas del sistema, habrá que mirar todo lo que entra, no solo lo que sale, ¿no?
Ahí está el disfraz porque la mayoría está entendiendo que procede de impuestos y, cómo veis, no es así. Han mezclado churras con merinas. Por un lado, entra un dinero específico para el SPP y por otro sale para pagar esa deuda que tienen con los trabajadores que ya se han jubilado.
¿Recordáis aquella auditoría de las cuentas de la Seguridad Social, aprobada por ley? Sigue pendiente, aunque el plazo para hacerla ya ha vencido. Lo dicho: este tema da para otro artículo también.
Y la cuestión es que estos de extrema derecha, esa que arropa al señor Figaredo, siguen con su idea de manipular tal y como explicaba Orwell. Y me temo que lo hacen, y lo harán, con la connivencia de esa derecha no tan extrema pero que los necesitará para poder ocupar trono. Y pagarán el precio, claro que lo pagarán. Tiempo al tiempo… Por cierto, ojalá me equivoque.
¿Lo recordáis? Orwell lo imaginó con la neolengua y Klemperer lo documentó en el lenguaje del nazismo, ¡del NAZISMO!: a fuerza de repetir ciertas palabras, se acaba orientando nuestra manera de pensar. Esa es parte de la estrategia. Manipular tu pensamiento manipulando el lenguaje que emplean. Las palabras pierden su verdadero significado también y repiten, hasta la saciedad, mentiras muy bien argumentadas con un fin, y saben que funciona: condicionar tu pensamiento para que asumas sus ideas como las auténticas. Su verdad será tu verdad, aunque sea mentira.
¡Qué bien les viene, a estos que casi se caen por el borde derecho de la tierra plana, que el votante lo crea así! Les viene bien para las próximas elecciones, pero les viene bien, también, para que el trabajador actual odie al que ya no trabaja porque le «roba» su sueldo, cuando quien le roba es el patrón que aumenta sus beneficios a costa de pagarte un salario de miseria. Claro que, si logra que culpes a tu abuelo de tu precariedad, ya no le odias a él ni luchas por mejorar tus condiciones salariales. El culpable es el pobre jubilado que, para más inri, probablemente se sacrificó para pagarte los estudios y alimentarte, ahora te cuide a tus hijos mientras vas a trabajar, te prepare la comida para que te la lleves hecha cuando vuelvas, te preste dinero para pagar la hipoteca de este mes porque no te llega… pero él es el culpable de que tu jefe te putee, te haga trabajar horas extras y no te las pague, o que ni siquiera suba el salario anualmente lo que marque el dichoso IPC del que hablábamos al principio.
Figaredo mantiene una teoría (que no es suya; en su defensa diré que es un borrego más, pero un borrego que sigue las órdenes del gran capital) no por convencimiento tras una larga reflexión inteligente y analizando datos, no. Es un borrego, pero «con fundamento», porque sospecho que hay que tener contento al gran capital porque, si se enfada, es probable que Figaredo se quede sin sillón en el consejo de administración de la empresa X cuando su paseo político llegue a su fin.
A lo mejor me he columpiado un poco, ¿o no? Pero si he logrado que te salgas de la línea de pensamiento habitual y te cuestiones si te cuentan la verdad o solo la suya para que la asumas como tuya porque les viene de perlas que lo hagas, creo que he cumplido con el propósito de este artículo.
Ah, y si quieres que amplíe alguno de los puntos de este que han quedado en el aire, escríbelo en comentarios.
Gracias por leer las 1.485 palabras que he escrito en esta ocasión.
Julia Castillo es activista por los derechos humanos, investigadora y analista social. Hija, madre, abuela y bisabuela, continúa su formación de manera libre, con especial interés por la antropología y por los mecanismos económicos y culturales que sostienen la vida cotidiana. Colabora en prensa y radio con artículos de reflexión social.
Fuente: lamarea.com
Imagen portada de archivo

El socio y proveedor de ideas del PP avanza en su programa electoral.Si ayer planteó privatizar las pensiones, hoy propone desmantelar el IRPF con una reforma que implicaría un coste de 85.000M€. Una cantidad que supera todo el gasto en educación de España al año.Y para sorpresa de nadie beneficiaría a las rentas más altas y provocaría recortes en pensiones, sanidad, educación, dependencia…Esto en el segundo día de precampaña. Nada nuevo pero cada vez más claro.
— Arcadi España García 🇪🇺🚴♂️ (@ArcadiSD) October 7, 2026
💢 Figaredo: "Habría que dibujar un modelo de pensiones mixto".🔺 Elma Saiz responde a Figaredo: "Son indignantes sus declaraciones". "Ha llamado zombi a un sistema de seguridad social de pensiones".#Mañaneros6O https://t.co/NK4WjSt1dS
— Mañaneros 360 (@MananerosTVE) October 6, 2026
