“Gung Ho”, alude a un entusiasmo desbordante, casi temerario, y funciona como declaración de intenciones para este grupo de jóvenes que desafía las normas del enclave en el que vive

A medio camino entre el universo de The Walking Dead y el coming-of-age, Gung Ho plantea un relato posapocalíptico protagonizado por un grupo de adolescentes que tratan de sobrevivir en un mundo devastado.
La amenaza no son los zombis al uso, sino unas criaturas extrañas y letales conocidas como Rippers: una suerte de monos blancos asesinos que atacan en manada —la llamada “marea blanca”— y que han sumido al planeta en el caos diezmando gran parte de población. Los pocos supervivientes se refugian en colonias amuralladas que intentan contener lo incontenible, levantando barreras físicas… y también morales.

En este contexto conocemos a Archer y a su hermano Zack, dos jóvenes problemáticos, impulsivos y profundamente rebeldes. Expulsados de la ciudad, llegan a Fort Apache, un pequeño asentamiento aislado que representa su última oportunidad. Pero lejos de redimirse, su presencia actuará como detonante en una comunidad ya de por sí marcada por la corrupción, las tensiones internas y una autoridad cada vez más cuestionada.
La serie está firmada por el guionista Benjamin von Eckartsberg y el dibujante Thomy von Kummant, quienes construyen una propuesta que busca renovar el imaginario del cómic de zombis
La edición de Norma Editorial presenta la obra en un cuidado volumen integral en tapa dura y a todo color, que recopila en un solo tomo los cinco álbumes originales publicados a partir de 2017. La serie está firmada por el guionista Benjamin von Eckartsberg y el dibujante Thomy von Kummant, quienes construyen una propuesta que busca renovar el imaginario del cómic de zombis sustituyéndolos por una amenaza distinta, pero igual de devastadora, tanto en lo físico como en lo ético.
El propio título, “Gung Ho”, alude a un entusiasmo desbordante, casi temerario, y funciona como declaración de intenciones para este grupo de jóvenes que desafía las normas del enclave en el que vive. En ese pulso contra la autoridad, la obra deriva hacia una lectura contemporánea de El señor de las moscas: cuando las estructuras adultas fallan o desaparecen, los adolescentes, en su intento por escapar del control, terminan reproduciendo —y amplificando— la violencia y la barbarie que pretendían evitar.

El guion de Eckartsberg destaca por su ritmo ágil y su vocación claramente aventurera, lo que convierte la lectura en una experiencia absorbente. Sin embargo, en algunos tramos cae en soluciones previsibles y giros demasiado evidentes, que encaminan la historia hacia desenlaces algo anticipables. Por su parte, el apartado gráfico de von Kummant es uno de los grandes atractivos de la obra: un dibujo expresivo, rico en detalles y color, con una marcada influencia estética cercana al manga. No obstante, también incurre en una sexualización reiterada de los personajes femeninos, un desequilibrio que contrasta con el tratamiento de los masculinos.
En conjunto, Gung Ho ofrece todo lo que se espera de un relato apocalíptico protagonizado por jóvenes: supervivencia, violencia, deseo, identidad y conflicto. En plena efervescencia emocional y hormonal, los protagonistas alternan la lucha contra las criaturas con las tensiones propias de su edad. El resultado es un cómic adictivo, de lectura fluida, que deja abiertas múltiples vías para seguir explorando un universo narrativo con un potencial más que notable.

Fuente: Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx en nuevatribuna.es

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