El verano de los ‘riders’ en Madrid y en plena pandemia

  • Cuando el 14 de marzo entró en vigor el estado de alarma, Fernando se convirtió en un trabajador de servicios esenciales
  • Unos pocos afortunados como José Luis han podido firmar un contrato laboral, aunque su empresa ha acabado despidiéndole por la falta de pedidos en la capital

Cuando el 14 de marzo entró en vigor el estado de alarma, los ‘riders’ se convirtieron en trabajadores esenciales. Muchos de estos mensajeros en bicicleta continuaron llevando alimentos y bebida a las casas, mientras otros profesionales trabajaban en casa o permanecían confinados. Preguntamos a Fernando García y a José Luis sobre sus experiencias personales en este extraño verano, en los que uno se desenvuelve como un trabajador esencial con los derechos de un autónomo y otro acaba de sufrir un despedido por el descenso del reparto en la capital.

Fernando trabaja para dos plataformas de las muchas que hay: Glovo, Amazon, Deliveroo, Uber Eats, etc. Asegura que hay compañeros que están registrados en muchas más, especialmente, ahora que hay menos clientes. “El verano en Madrid es muy malo en las plataformas y este año más porque no hay turismo. Se han podido ir los madrileños, pero no han llegado turistas extranjeros”, explica sobre su negocio, que desde marzo está de capa caída.

Tal y como cuenta, él pudo parar unos días cuando comenzó la emergencia sanitaria. En esas primeras semanas, cuando las cifras de contagios no paraban de aumentar, la incertidumbre era máxima y estaban agotados los guantes y los geles, él pudo quedarse en casa unos días y no arriesgarse. Muchos compañeros no pudieron hacerlo: “Hay muchos compañeros sin papeles. Operan con cuentas alquiladas, su única vía de ingresos es esa”, explica sobre aquellos que han quedado fuera de todas las ayudas. El diario ABC publicó en abril de 2019 un reportaje donde se detalla el funcionamiento de este “mercado negro” de los ‘riders’: aquellos que tienen licencia se la alquilan a otro y se lleva el 30% de su ganancia.

Si bien muchos ‘riders’ como Fernando son autónomos, unos pocos afortunados como José Luis han podido firmar un contrato laboral. Él ha formado parte de Mission Box, que a su vez es subcontratada por la compañía Just Eat. Con ellos ha disfrutado de los derechos de cualquier trabajador, pudo abandonar su puesto de trabajo por no tener material de protección y después se acogió al ERTE que realizó la empresa.

Poco a poco volvieron a realizarse pedidos de comida en Madrid y José Luis pudo regresar trabajar los meses de mayo y junio. “Hubo compañeros míos que siguieron trabajando en abril, el mes más duro. Llovió un montón y no tenían material de protección porque entonces escaseaba. Madrid daba miedo”, recuerda. Sin embargo, el descenso de el turismo en la capital y el cierre de muchos de los restaurantes que utilizan los servicios de Just Eat, ha llevado a su empresa a realizar un despido colectivo que le ha afectado. “Lo hemos denunciado”, cuenta. “Nos han utilizado en el momento que ha hecho falta y después nos han echado a la calle”, se queja.

Una ley ‘rider’

El sistema se ha descompuesto, es muy endeble”, resume Fernando sobre la debilidad al que se ve sometida su gremio. Asegura que el tipo de pedidos que le solicitaron durante la pandemia fueron similares a los de todo el año: pizzas, hamburguesas, tabaco y hielo. Con muchos bares y restaurantes cerrados, muchos clientes optaron por acudir al supermercado o a su tienda más cercana.

En un contexto de rebrotes en pleno agosto, Fernando confía en que el mercado se recupere en septiembre: “Todo es consecuencia de que nosotros asumimos todos los riesgos”. En plena guerra judicial por que se reconozcan los derechos de los ‘riders’, Fernando asegura que los equipos de protección para los trabajadores han llegado de manera puntual e irregular: “Es un rasgo de laboralidad”, apunta.

José Luis cree también en la necesidad de dignificar un trabajo, que personalmente disfruta, aunque aparezca manchado por su alto índice de precariedad. “Hay miles de ‘riders’ que no saben lo que van a ganar o que ganan 500 euros al mes después de muchas horas de trabajo. Creo que lo mejor sería que fueran contratados, aunque se perdería una de las pocas formas de subsistencia que tienen las personas ‘sin papeles’ en las grandes ciudades. Habría que solucionar eso también”, reflexiona José Luis.

El Ministerio de Trabajo prepara una ley para regular la economía de plataforma, pero Fernando asegura que el debate jurídico se está cerrando con los pleitos que los ‘riders’ van ganando en los juzgados.
Fuente: cuartopoder.es

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