El Rastro podría desaparecer por iniciativa del Ayuntamiento de Madrid

Son ya tres las propuestas presentadas por el consistorio y rechazadas por el colectivo de vendedores del Rastro, que acusa al gobierno municipal de querer desnaturalizar el espacio con la excusa de la crisis sanitaria a través de unas medidas que ahogarían a quienes allí trabajan y acabaría con muchos de los puestos. El próximo domingo saldrán a protestar.

La contundente oposición —incluidas fuertes movilizaciones— de las tres asociaciones de vendedores de El Rastro forzó al Ayuntamiento a retirar sus dos propuestas para una nueva configuración y regulación del espacio. El pasado 15 de julio lanzó entonces una tercera, que provoca una vez más el rechazo frontal de los afectados porque, según los colectivos, implicaría la dispersión, fragmentación y desarticulación de El Rastro, en definitiva, su desmantelamiento. Además, condenaría a la ruina a buena parte de las 1.000 familias que viven de la actividad económica que se desarrolla en este mercado a cielo abierto.

La iniciativa fue presentada por José Fernández, concejal presidente del distrito Centro ante vendedores ambulantes, representantes del comercio estable y vecinos. En vez de los 350 puestos que proponía la versión anterior ahora se plantea la reapertura del espacio con un total de 500, la mitad de los mil puestos con que actualmente cuenta El Rastro.

Además, el proyecto traza un diagrama de cinco áreas que operarían a modo de islotes separados y autónomos, vallados de modo tal que permita compartimentar y canalizar la circulación de peatones. La planificación municipal prevé la apertura de 147 puestos en el espacio actual de la Ribera de Curtidores, 74 en Vara del Rey, 52 en Campillo, 196 en Gran Vía de San Francisco y 28 en la misma Ribera de Curtidores, una vez pasado el límite de Ronda de Toledo. Su apertura se operaría de forma gradual conforme a la evolución de las condiciones sanitarias de la ciudad y guardando el cumplimiento de los protocolos sanitarios.

LAS DIFERENCIAS CON EL AYUNTAMIENTO

En declaraciones a El Salto, Mayka Torralbo, portavoz de El Rastro Punto Es, explicita los términos de la propuesta aprobada por las asociaciones del espacio: “que la reapertura del Rastro se haga con el 50% de los puestos un domingo y al siguiente domingo el otro 50%, bajo el criterio de un puesto sí y otro no, pero permaneciendo en nuestras ubicaciones habituales, aunque estamos abiertos a algunos ajustes de detalle, y que el control del aforo lo realice el ayuntamiento”, precisa.

“Están aprovechando la situación sanitaria para reestructurar por completo El Rastro, hasta dejarlo irreconocible. Y eso no lo podemos permitir”

Torralbo asegura que también hay una oposición total de las asociaciones a la última propuesta que hiciera el municipio, “porque no está planteando pequeños ajustes en función del tema sanitario, sino intentando introducir un modelo que desmantela un registro histórico y cultural que data de 1740. Es un atentado contra un patrimonio cultural de la ciudad y un icono internacional. Ningún partido político, ni gobierno, tiene derecho a desmantelar algo que pertenece a la sociedad y a la cultura. Están aprovechando la situación sanitaria para reestructurar por completo El Rastro, hasta dejarlo irreconocible. Y eso no lo podemos permitir”, afirma taxativa. Y desgrana los motivos del rechazo.

Señala que la propuesta consistorial eliminaría por completo los puestos de la Plaza de Cascorro. Así como los existentes en muchas calles transversales, por ejemplo, los situados en Ronda de Toledo, “lo que no tiene ninguna explicación porque se trata de una avenida muy amplia donde podrían colocarse muchos puestos y actualmente es parte orgánica de El Rastro”, explica. Y acrecienta que a pesar de que la Ribera de Curtidores es una arteria amplia –lo que permitiría tener puestos uno enfrente de otro- solo los permitirían en un lateral. E impondrían un distanciamiento entre la parte posterior de los puestos y las acercas de un metro y medio, “lo que es absurdo porque nosotros no vendemos por la parte trasera. Han hecho medidas de distanciamiento exageradas para poder eliminar un montón de puestos que podrían proseguir perfectamente, guardando las medidas de seguridad, como se está haciendo en otros mercadillos”, describe.

“Van a borrar la historia y la cultura de El Rastro y por eso la ciudadanía también nos está apoyando”

Con esta reestructuración, el ayuntamiento desmantelaría también las zonas temáticas de la feria, históricamente configuradas, “los vendedores de la zona del Campillo están especializados en libros y discos, tebeos, etc., la gente que busca ese tipo de cosas sabe que tiene que ir allí. Si el ayuntamiento consigue imponer su reforma, un vendedor del Campillo puede acabar en Ribera de Curtidores y uno de aquí puede acabar en Vara del Rey. Van a borrar la historia y la cultura de El Rastro y por eso la ciudadanía también nos está apoyando”, afirma Torralbo con entusiasmo.

Además, el consistorio en su propuesta no dice explícitamente que dejan a cargo de los comerciantes el control del aforo y el vallado de los cinco islotes que dispone como mini mercadillos, pero declara que se limitará a aportar las vallas, “con lo cual nosotros tendríamos que contratar una empresa de seguridad para instalar las vallas y controlar el aforo, ya que nos debemos a nuestras tareas de artesanos y comerciantes, no podemos encargarnos de aquellas funciones”, puntualiza. Y acrecienta, “eso es competencia del ayuntamiento, ya que El Rastro es de gestión pública. En otros lugares, como en Valencia, esas tareas las realizar la Policía Municipal o Protección Civil, nosotros no podemos asumir una responsabilidad de seguridad que no nos compete y mucho menos vamos a propiciar la gestión privada de El Rastro”, remata.

Cabe puntualizar que la normativa 668/2020, del 19 de julio de la Consejería de Sanidad, regulatoria de la actividad de los mercadillos al aire libre, no establece que haya que controlar el aforo, se limita a prescribir que deben mantenerse las distancias interpersonales de un metro y medio, “con lo cual, no sabemos a qué reales intenciones obedece la iniciativa del ayuntamiento, ya que nuestra propuesta cumple todas las medidas de seguridad y las recomendaciones sanitarias”, y recuerda que aunque lleven cuatro meses sin trabajar se han esforzado en diseñar una propuesta que cumple sobradamente las medidas de seguridad, hasta el punto de haberse auto limitado.  

DOS MODELOS EN UNO

La portavoz del colectivo interpreta que en la nueva configuración del ayuntamiento estaría la intención de hacer convivir simultáneamente dos modelos. Por una parte, los vendedores de El Rastro, en cinco guetos, en espacios vallados, con una entrada y una salida demarcados y con un control de aforo opresivo, limitado a 3.500 personas. Y por la otra, la libre circulación de los visitantes, que podrán transitar por el área haciendo uso de la hostelería existente y entrando —sin limitaciones— en las tiendas que encuentren a su paso, que estarán habilitadas para exponer su género en la puerta, sin ningún tipo de control, “son dos modelos diferenciados, uno para tiendas y restauración y otro para los puestos de venta ambulante”, enfatiza.

Los comerciantes estables también se oponen a que se modifique la actual configuración de El Rastro, porque se nutren de esa diversidad, “el domingo es el día que más facturan, con diferencia”

Lo antedicho podría llevar a suponer que los propietarios de tiendas de la zona se considerarían beneficiados por el proyecto del ayuntamiento. Mayka asegura que, por el contrario, los comerciantes estables también se oponen a que se modifique la actual configuración de El Rastro, porque se nutren de esa diversidad, “el domingo  —nos asegura— es el día que más facturan, con diferencia. Sin nuestros puestos ellos no venden”.

Quedaría así de manifiesto que esa dimensión plural y polimorfa acaba armando un conjunto de interdependencias que, al modo de un organismo vivo, se sustenta y sobrevive precisamente por esa pluralidad, “más de 40 comerciantes de la zona de Cascorro han firmado una declaración de apoyo a nuestra posición”, informa Torralbo.

Para el Rastro Punto Es, habría una ausencia de voluntad política para conservar el Rastro como es, estando el ayuntamiento decidido a transformarlo “hasta dejarlo irreconocible”, valora la portavoz. Al mismo tiempo, se pregunta “por qué no perimetran el conjunto actual de El Rastro con cinta balizadora, operación que se podría hacer fácilmente marcando determinadas entradas y salidas. Y por qué no quieren que sean —como hasta ahora— la policía o Protección Civil las encargadas de controlar el aforo. Los domingos siempre ha habido alrededor de 50 agentes destinados a El Rastro, ¿por qué quieren acabar con esto?”.

TRATAMIENTO DISCRIMINATORIO CON RELACIÓN A OTROS ESPACIOS SIMILARES

Según Mayka Torralbo, como muestra de compromiso y responsabilidad social los comerciantes renuncian a un derecho que les concedería la ordenanza 668/2020, antes citada. Esa norma estipula que a partir del 6 de julio pasado los mercadillos podrían desplegar hasta el 75% de los puestos. Y afirma la portavoz, “sin embargo, en muchos sitios de Madrid se están instalando incluso el 100% de los puestos, por ejemplo, en El Escorial, Guadarrama y Villalba. Lo han hecho sea aumentando el área de ocupación extendiéndola a calles aledañas, o por la vía de la disminución de las distancias entre puestos”, cuestiona.

“El consistorio le autorizaría un aforo máximo de 3.500 personas (…) Sin embargo, a El Corte Inglés –espacio cerrado donde los haya- el consistorio le está autorizando un aforo de 8.000 personas”

Y si se sale de la Comunidad de Madrid, las comparaciones se agravan. En Valencia, en cuyo centro hay mercadillos similares a El Rastro, los puestos están funcionando al 100%. Y —según Torralbo— se trata de cientos de puestos aislados con separadores de plástico. El acuerdo para funcionar de ese modo está recogido en un edicto que sanciona el pacto entre el ayuntamiento de Valencia y las asociaciones. Y, según explica, los mercadillos están perimetrados con una simple cinta balizadora, a lo que se agrega un dispositivo que prevé el ingreso y la salida solo en lugares determinados, “esto demuestra que es posible mantener las medidas de prevención y distancias de seguridad y las recomendaciones sanitarias en compatibilidad con la actividad comercial”, enfatiza.

Finalmente, hay una comparación que no resiste el menor análisis: la afluencia de público a El Rastro en un domingo normal se calcula en unas 100.000 personas, sin embargo, para una eventual reapertura el consistorio le autorizaría un aforo máximo de 3.500 personas. Vale recordar que se trata de un espacio abierto, que los especialistas sanitarios calculan unas 20 veces menos plausibles de producir contagios que los ámbitos cerrados. Sin embargo, a El Corte Inglés  —espacio cerrado donde los haya— el consistorio le está autorizando un aforo de 8.000 personas.

EL RASTRO SEGÚN GALLARDÓN Y AGUIRRE

En 2004, Alberto Ruiz Gallardón intentó una reforma total de El Rastro. Según Mayka Torralbo, “hicieron correr la bola de que se iba a abrir un segundo Rastro tan grande como este en Mercamadrid y luego que El Rastro se iba a trasladar a ese espacio. Pero fue un globo sonda, querían hacer una reestructuración, eliminando un montón de puestos; los que quedaran estarían padronizados —todos iguales, como en una feria privada— y abrirían una oficina de El Rastro, con un logo. Y todo esto era el inicio de la gestión privada de El Rastro. Tuvimos una lucha muy grande, movilizaciones, pancartas, medios de comunicación y al final eso quedó paralizado”, relata.

“El Rastro es vida, color, alegría, un sitio vivo, que evoluciona y se adapta guardando su esencia. Y, si de nosotros depende, así continuará”

Y cuenta que posteriormente, en 2009, Esperanza Aguirre hizo la primera transposición de servicios. Pretendía que todos los mercadillos de Madrid —incluido El Rastro, que era el más importante— salieran a concurso público para ser adjudicado al mejor postor, “eso, sin la menor consulta y con total falta de respeto y consideración hacia los artesanos y vendedores que hemos hecho posible estos mercados”. Y describe, “hicimos un trabajo muy potente desde la Coordinadora de Comerciantes Ambulantes de la Comunidad de Madrid –que también coordina— donde está integrada El Rastro Punto Es, fuimos al Defensor del Pueblo, a diputados y a diferentes instancias, para conseguir la reversión de la ley que Esperanza había conseguido aprobar. Esa ley establecía que todos los puestos teníamos que entrar en un concurso público donde primaba quién más pagase por su cotización y se nos concedería el puesto por cinco años. Esto lo paralizamos y después de un año de lucha logramos que la ley se cambiara y que tuviéramos autorizaciones por 15 años prorrogables por igual período”, describe con un dejo de satisfacción. “El Rastro es vida, color, alegría, un sitio vivo, que evoluciona y se adapta guardando su esencia. Y, si de nosotros depende, así continuará”, remata.

Los vendedores de El Rastro, convocan a manifestarse en apoyo de sus reivindicaciones este próximo domingo 26, a las 12hs. en la Plaza de Cascorro. Y solicitan el apoyo de la población.

EL FRENTE DE TIRSO DE MOLINA

Sin que hayamos podido precisar si forma parte del mismo propósito o de otro diferenciado, el ayuntamiento madrileño también ha emprendido una política agresiva contra los llamados “puestos políticos” que desde finales de la década de los 70 se instalan en la Plaza de Tirso de Molina.

A diferencia de los existentes en El Rastro su oferta es claramente intelectual e ideológica: libros, discos, revistas, tebeos y colecciones asociadas a epopeyas históricas y políticas. Más que espacios de venta y de actividad económica, suponen un ámbito de resonancia ganado por colectivos sociales a lo largo de décadas de luchas y no pagan canon o tasas al ayuntamiento. Se trata de simples mesas sobre las que se exponen los objetos para ofrecerlos a los potenciales clientes. Así lo explica a El Salto, Luis Jiménez, una de las personas que desde hace años despliega los domingos su puesto de libros y discos.

Como los de El Rastro, también soportaron anteriores intentos de expulsión que supieron sortear. Y conviven con otro cuerpo independiente, los vendedores de flores, inmigrantes con los que comparten la plaza. Lo hacen sin conflicto, a pesar de que los floristas fueron instalados ahí, según Jiménez, para intentar conseguir que abandonasen el espacio. No duda en atribuir la actual compaña del consistorio a intentar expulsarlos para culminar una reconfiguración del área, “ahora llena de hoteles, bares de diseño para turistas y pisos de alquiler temporal”, asegura.

Conforme a su relato —que El Salto pudo confirmar por registros fotográficos— el domingo pasado hubo algún tímido intento de desplegar alguna mesa, gesto que fue abortado por un grupo de agentes de la Policía Municipal, cuyo jefe declaró a viva voz que “por un Real Decreto del Ayuntamiento (sic) no se podían montar mesas ni puestos”. Después de algunos intercambios en tono airado, el intento se canceló y los agentes se retiraron.

Este colectivo convoca una manifestación de apoyo a la continuidad de sus puestos también para este domingo 26, a las 12hs., solo que en el espacio de la Plaza Tirso de Molina.
Fuente: Alberto Azcárate en elsaltodiario.com
Foto: Asociación El Rastro Punto Es