El disparatado consumo de tierras raras y otros recursos minerales hace inviable la implantación del coche eléctrico a gran escala

Especialistas internacionales confirman que la fabricación de cada vehículo multiplica por seis la necesidad actual de elementos cuya escasez y concentración actuales hace imposible la difusión masiva de la tecnología.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) apunta a una perspectiva de un rápido aumento en la demanda anunciando que «se plantean enormes interrogantes sobre la disponibilidad y confiabilidad del suministro» de minerales ya de por sí escasos y/o poco accesibles en la corteza terrestre, a lo que hay que sumar la disminución de la calidad de los recursos como en el caso de Chile, cuya ley promedio de cobre por tonelada extraída ha bajado un 30%. En la práctica la extracción de recursos de menor ley requiere más energía y dispara los costes de producción, el nivel de emisiones y también el volumen de residuos que a menudo son fuentes de contaminación para las comunidades humanas y la biodiversidad.

La problemática parte de que, en algunos casos, un solo país es responsable de un porcentaje significativo de la producción mundial. Por ejemplo, la República Democrática del Congo y China asumieron aproximadamente el 70% y el 60% de la producción global de cobalto y tierras raras en 2019. En este sentido, el potencial de la aportación española al mercado internacional es irrelevante, por ejemplo, para las tierras raras, contradiciendo en la práctica las afirmaciones de empresas como la mercantil Quantum Minería y su responsable Enrique Burkhalter, que hablan de «España como potencia mundial» de un sector dominado de manera aplastante por China, Estados Unidos y Myanmar.

De hecho, el uso de elementos de tierras raras como neodimio, praseodimio, disprosio y terbio en los vehículos eléctricos, llegando a superar el kilogramo de estos minerales por unidad, hace totalmente inviable la implantación a gran escala del coche eléctrico, debido a la concentración geográfica de la materia prima en los países ya mencionados, lo que en determinados momentos provoca una variabilidad de precios inasumible por la industria en un contexto en el que más del 90% del parque móvil utiliza motores síncronos de imanes permanentes que requieren de estos elementos caracterizados por su escasez.

La AIE, en cualquier caso, también recuerda la necesidad de tener en cuenta la existencia de «preocupaciones medioambientales», pues «el procesamiento de tierras raras genera a menudo materiales tóxicos y radioactivos» que «pueden tener fugas en las aguas subterráneas, causando importantes problemas de salud y seguridad, incluidas muertes».

Finalmente, los expertos confirman que el incremento exponencial de la demanda de estos y otros minerales pueden ser una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero que va en contra de la lucha contra el cambio climático al suponer una presión al alza sobre el sistema natural. En esta línea, un reciente estudio de Volvo refleja que un coche eléctrico necesita unos 200.000 km. para compensar la huella de carbono que se emite en su fabricación.

Todo ello echa por tierra el concepto de los vehículos mal denominados como de «cero emisiones» y demuestra que la alternativa sigue siendo el impulso decidido a eficiencia y disponibilidad de las redes de transporte público en un planeta con una población creciente y con recursos cada vez más escasos.

Fuente: tercerainformacion.es