Carta abierta a los hijos y nietos de una generación imprescindible

Hay quienes luchan toda  la vida
Esos son los imprescindibles

Bertol Brech

A diario, noticias muy tristes nos golpean en informativos, prensa o redes sociales. Así, mirar al presente duele y mirar al futuro da vértigo. Hoy, posiblemente sea el momento de mirar al pasado: a lo que fuimos y a los que fueron; a esa generación de niños y niñas indefensos bajo los bombardeos de la guerra civil o del zarpazo inmisericorde del hambre y la miseria; a esa generación que hoy -más intensos aún, si cabe- continúan, como entonces, luchando por mantenerse vivos en las duras, durísimas condiciones actuales, donde todo se aparece en su contra: edad, situación sanitaria, soledad, aislamiento de los seres queridos…  Y ahí están; haciendo lo que siempre han hecho: luchar. Se nos humedecen los ojos de emoción, de admiración o de ambos, cuando en esos informativos tan luctuosos que nos estremecen día tras día, vemos imágenes de un anciano o una anciana abandonando el hospital con una sonrisa; una sonrisa de victoria.

Para ser capaces de mirar al presente es necesario mirar al pasado.  Mirar lo que fuimos para ver lo que seguimos siendo; para encontrar debajo de capas y capas de dolor y tristeza, su ejemplo de lucha, de resistencia, de resilencia. Ese ejemplo nos ha de servir como personas y como país. Nos ha de servir para echarnos a la espalda toda la carga de dolor y miedo que nos mantiene agachados; levantarnos y avanzar; Si ellos y ellas fueron capaces de hacerlo en las condiciones más adversas, nosotros y nosotras también lo seremos, pues así nos han enseñado. El sentirnos orgullosos de su lucha y su ejemplo debe ser la palanca que nos empuje a seguir avanzando

Hoy, cargados de tristeza como estamos, debemos sentirnos orgullosos por nuestros padres, madres, abuelos o abuelaspor los miembros de esa generación que se nos está marchando en silencio.

De esos luchadores y luchadoras; de esa generación aprendimos a luchar. Ellos y ellas nos enseñaron a resistir; a continuar en pie y a seguir avanzando por muchas piedras que cayeran del cielo. Por su ejemplo; por su memoria; por el cariño  que supieron transmitirnos, no podemos permitirnos estar hundidos, sería un desprecio a tantos años de lucha; a tanto esfuerzo por transformar los momentos más oscuros en momentos de luz. Ellos y ellas, que muy poco tuvieron, siempre nos apoyaron; siempre tuvieron unas sencillas y tan valiosas palabras de cariño; siempre tuvieron una simple y tan valiosa sonrisa. ¿Cuántas familias han subsistido en los años más duros de la crisis gracias a la pensión del abuelo o la abuela?

Por su apoyo; por su memoria; por su sonrisa; no podemos permitirnos el lujo de quedarnos sumidos en la tristeza. Lo que somos; lo que este país es, aunque transitando por ahora por senderos oscuros, se lo debemos a esa generación imprescindible.

Es estos momentos -a pesar de ese sentimiento de vacío como persona porque uno de ellos o ellas se nos ha marchado; a pesar de ese sentimiento de vacío como país porque esta generación se está marchando-, debemos ser capaces de transformar ese dolor en un sentimiento de gratitud  y, siguiendo su ejemplo, marchar hacia adelante. Su herencia de lucha sigue viva en nosotros y en nosotras. Tenemos la obligación de mantener dicha herencia y no desperdiciarla, pues sería un insulto a la memoria de esta generación imprescindible.

Fuente: Carta publicada por Antonio Ureña García, Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música, el 7 de abril de 2020 en LaRéplica.es

gracias mamá…

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