3 falsos mitos sobre contaminación en las ciudades

La contaminación atmosférica es un problema complejo que nos afecta en nuestro día a día. Por suerte, cada vez la ciudadanía es más consciente de los efectos que tiene sobre la salud y el cambio climático. Unos efectos que nos cuestan miles de millones cada día en forma de costes sanitarios y pérdida de esperanza de vida.

Y, aunque es evidente que la quema de combustibles fósiles (ya sea carbón o derivados del petróleo) es responsable de la mala calidad de nuestro aire, son muchas las informaciones falsas que surgen cuando tratamos de buscar alternativas a su uso. Por eso te traemos 3 falsos mitos que seguro habrás visto y te explicamos cuáles son los datos que hay detrás.

1. No, la contaminación no sube en invierno por culpa de las calefacciones

Desde que las ciudades han empezado a actuar en episodios de alta contaminación, las restricciones al tráfico se han activado casi siempre en invierno. No son pocos los que culpan a las calefacciones de la mala calidad del aire, intentando a la vez exculpar al coche como principal fuente de contaminación.

Aunque es cierto que las calefacciones contribuyen a una parte de las emisiones, están muy lejos del impacto del tráfico rodado. Según el Inventario Nacional de Emisiones, en 2018 el 40% de las emisiones de NOx (óxidos de nitrógeno) procedían del sector transporte, frente a un 16% de “residencial y otros”. Una diferencia que es aún más acusada en ciudades como Madrid, donde el transporte por carretera abarca el 65% de las emisiones de NOx, mientras que las pocas calderas de carbón que quedan están a punto de apagarse.

Entonces, ¿por qué hay más contaminación en invierno? Pues se debe a la inversión térmica, un fenómeno que impide la disipación de la contaminación durante los anticiclones en la época invernal. En estos periodos, una capa superior de aire caliente en la atmósfera actúa como una “tapa” sobre nosotros y comprime la contaminación que generamos a nivel del suelo, haciendo que se acumule cada vez más.

Las calderas de combustibles fósiles, ya sea de carbón o de gasóleo, son una importante fuente de contaminación y debemos trabajar en su transformación a fuentes más limpias y baratas. Pero mientras no trabajemos en reducir el tráfico rodado en las grandes ciudades, seguiremos respirando aire contaminado, sobre todo en estos días de invierno.

2. No, un solo barco no contamina lo mismo que 100 millones de coches

En el último año la contaminación de los buques mercantes y los cruceros ha levantado bastante revuelo. Y no es para menos: muchos de ellos atracan en puertos que, como sucede en Barcelona o Palma de Mallorca, están ubicados en el mismo corazón de la ciudad, afectando negativamente a la calidad del aire. Algunos medios (sobre todo muchas revistas de automóvil) han llegado a afirmar que contaminan más que todos los coches juntos. ¿De verdad contaminan tanto los barcos?

Curiosamente la respuesta es sí, pero solo si analizamos una sustancia en concreto: los óxidos de azufre (SOx). La fuente es este estudio de Transport & Environment que analiza las emisiones de los grandes cruceros. Los SOx son sustancias muy tóxicas que no solo afectan nuestra salud, sino que también provocan la lluvia ácida, y que se genera por la combustión del carbón y del fuel oil pesado, uno de los combustibles más contaminantes que todavía usan numerosos barcos. En cambio, las emisiones de SOx del automóvil son casi nulas, a diferencia de otras sustancias como el NOx, las partículas o el CO2.

En estos contaminantes, la incidencia de los barcos es significativa, pero sin alcanzar semejante desproporción. Por ejemplo, el puerto de Barcelona es responsable del 7,6% de las emisiones de NO2 (dióxido de nitrógeno). Cifras que deben llevar a los gobiernos a tomar medidas contra la contaminación de los grandes buques, pero sin indultar al resto de emisores. La contaminación del aire tiene muchas formas (NOx, SOx, PM…) pero una causa principal: la quema de combustibles fósiles.

3. No, un coche eléctrico no contamina más que uno de gasolina o diésel

Este es otro mito largamente difundido por los defensores del petróleo y que, por raro que parezca, sigue gozando de credibilidad. La fuente es un estudio alemán publicado en 2019 y que ha sido desmentido por numerosas fuentes, ya que parte de unas premisas erróneas en cuanto a consumos y origen de la energía eléctrica.

Para calcular la huella de carbono de un vehículo hay que considerar, por un lado, las emisiones ligadas a la fabricación y el desecho del coche y, por otra parte, las que produce el combustible consumido durante toda su vida útil, ya sea por quemar diésel o gasolina, o analizando el origen de la electricidad en un coche eléctrico.

Un coche eléctrico emite más CO2 en su fabricación, pero compensa con creces esa diferencia a los pocos años. Aunque el origen de la electricidad difiere de unos países a otros, el resultado es que el coche eléctrico acaba siendo menos contaminante respecto a un vehículo de gasolina o incluso a un híbrido. Una diferencia que cada año se hace más evidente a medida que abandonemos el carbón como fuente para generar electricidad e incorporemos más renovables a nuestro mix energético.

Emisiones (gr CO2-eq por km) en el ciclo de vida del vehículo. Elaboración propia basado en el informe “Effects of battery manufacturing on electric vehicle life-cycle greenhouse gas emissions” (ICCT)

El coche eléctrico no es “cero emisiones” ni nos ayudará por sí solo a reducir la crisis climática. Pero sí es una solución válida para reducir la contaminación que el tráfico rodado provoca en las ciudades, siempre que se acompañe de políticas efectivas para promover el transporte público y la movilidad de proximidad.

Necesitamos #AireLimpioYA y para ello es imprescindible reducir el uso de combustibles fósiles para proteger nuestra salud y frenar el cambio climático.

Fuente: Adrián Fernández Carrasco en es.greenpeace.org Foto:pixabay

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