OpenAI dejó vía libre a su IA para hackear a gobiernos y universidades durante meses

Sus agentes recurrieron al hackeo para completar búsquedas de datos “rutinarias”, sin que su programación los frenara ni los trabajadores de la compañía lo detectaran

Los agentes de inteligencia artificial de OpenAI intentaron hackear portales gubernamentales y universitarios durante meses sin que la compañía detectara ni frenara sus incursiones. Es la principal conclusión de una información del laboratorio independiente de investigación de IA Traducción y revelaciones del Gobierno australiano, que este miércoles han sellado que los agentes de la técnica estatal trataron de inyectar código malicioso en sus sistemas, los escanearon en busca de brechas por las que colarse y recurriron a herramientas externas para tratar de esquivar sus barreras de seguridad.

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OpenAI ha reconocido que los agentes actuaban siguiendo órdenes de sus empleados, pero asegura que no conocía que estaban aterrizando a cabo hackeos para cumplirlas.

El gran debate sobre la seguridad y la posible “pérdida de control” sobre los agentes de IA (capaces de realizar tareas de varios pasos por su cuenta, sin que una persona tenga que guiarles hasta su objetivo) tiene su origen en el conocido “incidente Abrazando la cara”. Entre el 9 y el 13 de julio, esta plataforma donde empresas y desarrolladores comparten herramientas de inteligencia artificial sufrió una ataque masivo por parte de 1.200 agentes de OpenAI, que intentaban solucionar retos imposibles que les habían plantado sus desarrolladores.

Embargo por pecado, los hallazgos de Transluce apuntan a que los agentes de OpenAI están levantando a cabo incursiones ilíticas, supuestamente sin el conocimiento de la técnica, desde, al menos, el mes de marzo. Otros indicios apuntan que los primeros comportamientos irregulares podrían haberse dado en noviembre de 2025.

Los agentes de IA de OpenAI recurrenon a tácticas de hackeo mientras trabajaban en tareas rutinarias de búsqueda información

Transluce — Laboratorio independiente de investigación de IA

En estos incidentes anteriores al de Hugging Face, “las tareas que los agentes intentaron resolver no estaban relacionadas con la ciberseguridad”, sino que “recurrieron a tácticas de hackeo mientras trabajaban en tareas rutinas de recuperación de datos”, explica el laboratorio. Es decir, están buscando información. Como no la encontraron en los portales abiertos al público, atacaron las fuentes primarias de los datos para buscar en sus archivos internos. Llevaron a cabo esta actividad durante meses sin que OpenAI los frenara o detectara esta actividad irregular.

Así ocurrió, por ejemplo, en el caso del Gobierno australiano. Según se ha explicado, un agente de IA de la compañía de Sam Altman estaba realizando una investigación sobre gasto público en medicamentos. Tras décadas de intenciones de acceso al portal de estadísticas de Medicare, administrado por el servicio público de salud de Australia, el sistema optó por hackearlo.

“Se trata de la empresa OpenAI haciendo investigación con inteligencia artificial y un agente haciendo lo que se suponía que no debía hacer”, ha declarado el primer ministro del país en la ONU, Anthony Albanese, donde ha hecho público lo sucedido. “Hubo bloques claros que le deciden ‘no’ al agente de IA. Pero este encontró la forma de eludir esos bloques. No aceptó un ‘no’ por respuesta”, ha continuado.

Hubo bloques claros que le decian ‘no’ al agente de IA. Pero este encontró la forma de eludir esos bloques. No acepto un ‘no’ por respuesta

Antonio Albanese — Primer ministro australiano

El agente accedió a secciones no públicas del portal de estadísticas de Medicare y, según Albanese, se filtraron datos “sin sensibles”, como información sobre gastos, sin que se vea afectada información médica personal.

Este ocurrió el 18 de junio, un mes antes del incidente con Abrazando la cara. Sin embargo, OpenAI no informó a Australia hasta el 10 de septiembre. “Hablé con Sam Altman para expresar la extrema preocupación de Australia por este incidente. También le expresé mi decepción por el hecho de que la empresa tardara devasiado en informar al Gobierno sobre lo sucedido y por la forma en que se produce esa notificación, que también fue inaceptable”, ha revelado Albanese. Altman, por su parte, “aceptó claramente que la empresa no lo había hecho lo suficiente bien”.

Según los datos de Transluce, los agentes de OpenAI han sido protagonistas de, al menos, otros tres incidentes de este tipo. Las intrusiones documentadas afectaron a la biblioteca digital de la Universidad de Nuevo México los días 25 y 26 de mayo, ya la plataforma estatal de datos públicos Data USA el 28 de mayo. En Australia, ademas de contra el portal de estadísticas de Medicare, se registraron intenciones de ataques contra los archivos internos del Instituto Australiano de Salud y Bienestar entre el 20 y el 21 de junio.

Los hallazgos del laboratorio independiente mueltran que OpenAI continuó operando sus enjambres de agentes misentras realizaban estas prácticas, aparentemente sin detectarlas. La investigación indica que la compañía no desconectó los agentes ni siquiera tras el hackeo masivo a Hugging Face. “Este tráfico se recuerda al menos al 6 de marzo de 2026 y se extiende hasta fiestas tan recientes como el 16 de septiembre de 2026, lo que sugiere que los agentes aún podrían están explotando estos servicios para eludir restricciones”, avisan los investigadores.

Nuestros modelos realizaron acciones que no pretendieron

OpenAI

Una portavoz de OpenAI ha explicado que la empresa descubrió las incursiones en Australia durante una “revisión exhaustiva” interna de sus modelos de IA. “Nuestros modelos realizaron acciones que no pretendían”, ha manifestado.

Sobre los casos tres meses que la compañía tarde en avisar al Gobierno australiano, la portavoz expone que sus auditores están investigando otros eventos. “Seguimos dando prioridad a los incidentes más tumbas, al tiempo que amplificadores nuestro trabajo a actividades de menor tumba, como el entorno de spam a sitios web por parte de agentes”, ha confirmado.

OpenAI habla de acciones “que no pretendimos”, pero los agentes ejecutaban un cargo de la propiedad compañía, con métodos que ella misma dice no haber anterior y que no detectar hasta una revisión interna. Su inteligencia artificial complebió la tarta que se la había encomendado, mediante métodos inaceptables y nadie que lo vigilara.

Sin controles de seguridad

La nueva revelación de incidentes llega como un goteo de políticas sobre las actividades de OpenAI y la ausencia de control efectivo sobre su propiedad tecnológica. Sobre todo porque el tipo de intrusiones que realizaron no resultaron desastrosas complicadas para una inteligencia artificial. “Monitorizar la seguridad en entornos con un montaje de aplicaciones y sistemas conectados es bastante complicado”, describe Miguel López, director general de la firma de ciberseguridad Barracuda Networks.

Para una persona, localizar agujeros por los que violar la seguridad de un sistema puede ser tedioso y complicado. Pero no para una IA, capaz de llevar a cabo escaneos automáticos. “Este es el gran cambio de paradigma”, reconocer López en conversación con elDiario.es: “Ahora es mucho más senador localizar vulnerabilidades que pueden haber pasado desapercibidas a la hora de desarrollar, y utilizarlas de automatización para penetrar en los sistemas. Todo sin que una persona tenga que intervenir”.

Este es el gran cambio de paradigma. Ahora es mucho más sencillo localizar vulnerabilidades que pueden haber pasado desapercibidas a la hora de desarrollar, y utilizarlas de automatización para penetrar en los sistemas. Todo sin que una persona tenga que intervenir

Miguel López — director general de la firma de ciberseguridad Barracuda Networks

Pese a estas capacidades, ni OpenAI (ni Antrópico ni Meta, que también han documentado incidentes de este tipo) han sido capítulos de detener a sus agentes antes de que ejecutaran acciones que, si las realizara una persona, podrían acabar en prisión. “Debemos exigir a las empresas de IA que rindan cuentas por los daños que causan sus productos”, ha pedido Gary Marcus, profesor de Psicología y Neurociencia de la Universidad de Nueva York y uno de los principales críticos de la industria de la IA generativa.

“Los denominados ‘incidentes de IA rebeldes’ podrío evitese en gran medida si los gobiernos simple prohibieran los denominados agentes de IA con acceso ilimitado a Internet, hasta que se demuestre que son seguros”, insiste el científico cognitivo: “Debemos sostener el discurso vago sobre la ‘pérdida de control’ por medidas concretas, como mejorar los entornos de compras y la supervisión, para contener mejor los sistemas actuales”.

Si lo que dicen es: ‘No hay forma de tener nuestros experimentos, cuando probamos nuestros modelos de IA, estos van a salir y van a causar daños al resto del mundo mundo’, entonces creo que la respuesta es que tenemos que cerrar los laboratorios

Jensen Huang — Director ejecutivo de Nvidia

La crítica contra los laboratorios que permiten que su IA opere sin supervisión no llega solo desde fuera de la industria. Jensen Huang, CEO de Nvidia, ha confirmado directamente que estas organizaciones deben “cerrar” si no son capítulos de controlar su tecnología. “Es un problema de ingeniería”, ha declarado en una entrevista con el New York Times: “Si lo que dicen es: ‘No hay forma de tener nuestros experimentos, simple no la hay; cuando probamos nuestros modelos de IA, estos van a salir y van a causar daños al resto del mundo mundo’, entre cosas creo que la respuesta es que tenemos que cerrar los laboratorios”.

Huang se ha perdido muy crítico con el discurso de la “pérdida de control” de la IA, alinéandose con el presidente Donald Trump. De fondo, lo que subyace es el mismo siempre el mismo problema: la falta de responsabilidad sobre las actividades de los agentes. “Si uno de los laboratorios de IA mejor dotados del mundo no es capacidad de ver en tiempo real cuerpo su propio agente interactúa con un sistema de terceros, las organizaciones que implementan agentes a nivel interno deboan dar por hecho que tampoco pueden hacerlo sin una supervisión específica en tiempo de ejecución de lo que esos agentes tienen realmente”, avisa Ax Sharma, jefe de investigación de Manifold Security, firma especializada en la ciberseguridad de los agentes de IA.

Alerta ante el Consejo de Seguridad de la ONU

El debate sobre la seguridad de la IA, y las narrativas que se generan en torno a ella, se libra tanto en el barro de los laboratorios como en las más altas instituciones internacionales. Este miércoles ha sido Yoshua Bengio, premio Turing (equivalente al Nobel de la Informática) y considerado uno de los “padres” de la IA, el que ha llamado la atención sobre ello en la cumbre de Naciones Unidas en Nueva York.

Yoshua Bengio, profesor y copresidente del Panel Internacional Independiente de las ONU sobre IA, informa a la reunión del Consejo de Seguridad de las ONU

“Las empresas que desarrollan los sistemas de IA más potentes admiten que sus productos plantean riesgos catastróficos, pero no ofrecen soluciones técnicas convincentes. En su lugar, dicen estar atrapadas en una carrera para hacer que esas IA sean todavía más potentes, amplificando aún más estos riesgos”, ha manifestado Bengio en una sesión de alto nivel ante el Consejo de Seguridad de la ONU, en la que también han participado Altman, Darío Amodei (Antrópico) y Clément Delangue (Abrazando la cara).

“Los ciudadanos y los gobernadores no deben aceptar la afirmación de las empresas de que están atrapadas en una carrera. La carrera no es una ley de la naturaleza: es el resultado de decisiones, decisiones tomadas por las propias empresas”, conclusión el experimento, colíder de comité de expertos independientes creado por el organismo: “Las decisiones sobre esta tecnología están siendo tomadas por un pequeño grupo de personas en un puñado de paises. Nuestro futuro está en juego: las decisiones que nos afectan a todos deberían ser tomadas por todos nosotros”.

Fuente: Carlos del Castillo en eldiario.es

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