Las asociaciones de padres y madres del alumnado apoyan las reivindicaciones de los docentes, se manifiestan junto a ellos y colaboran en las cajas de resistencia de los centros

Los paros indefinidos en la educación pública de la Comunidad de Madrid llegan a su segunda semana sin que la consejera de Educación, Ciencia y Universidades, Mercedes Zarzalejo, se haya sentado a negociar con el comité. Mientras tanto, las protestas, manifestaciones y concentraciones se suceden en la capital y los municipios de la región. En algunas, a pesar de su carácter eminentemente pacífico, ha habido cargas policiales y detenciones.
Que las clases no funcionan con normalidad es algo que no pasa desapercibido a las miles de familias afectadas por la protesta. «Molesta, pero así tiene que ser. La lucha de los profesores es también la lucha por mejorar las condiciones en que se educan nuestros hijos», comenta Vanesa Seguro.
Seguro forma parte de la asociación de madres y padres de alumnado (AMPA) del instituto Las Lagunas, en Rivas Vaciamadrid. Sus hijos están en 4º de Primaria y 4º de la ESO. «Con los servicios mínimos, el pequeño está casi todo el tiempo jugando en el patio. El mayor tiene derecho a huelga, así que se mezclan los días en que sus profesores faltan, otros en que él no va, y otros en los que hay tan pocos chavales en la clase que tampoco se avanza en el temario», ilustra esta mujer de 48 años, técnica de educación en infancia y juventud.
Desde su punto de vista, las reivindicaciones de los docentes son «totalmente legítimas y necesarias». Las principales demandas del profesorado se enmarcan en una bajada de ratios en las aulas, una disminución de las horas lectivas para poder preparar mejor las clases, una mayor financiación y el destino de más recursos a la diversidad, además de un aumento del salario que les equipare con los docentes del resto de comunidades autónomas. A ello se suma la climatización de las aulas y una mejora de la infraestructura de los centros educativos.
Hace unos días, más de 360 AMPA firmaron una carta en la que expresaban su apoyo a los paros. «Como familias, sabemos que la educación de nuestras hijas y nuestros hijos depende en gran medida del compromiso, la dedicación y el esfuerzo diario de sus docentes», detallaban en ella. Por otro lado, aunque el apoyo es mayoritario, el alumnado de segundo de Bachillerato es quien más se sacrifica. «Se enfrentarán en unos meses a la PAU, donde les van a exigir los mismos contenidos que si hubieran tenido clases todos los días. Toda huelga deja damnificados, pero no hay otra forma de hacerlo. Se han intentado otras medidas menos drásticas, pero sin éxito, así que no ha habido alternativa», sostiene Seguro.
Muchos días, los servicios mínimos no dan abasto en el colegio Ermita del Santo, en Madrid capital. Javier Guerra, padre de una niña de 6 años y un niño de 10, recalca que desde el inicio de los paros se ha pausado toda la parte docente. «Es algo que hay que hacer. Tenemos que tener paciencia. Esperemos que más pronto que tarde la consejera se siente para solucionar todo el conflicto», opina este profesional de la gestión cultural de 46 años.
La asociación de familiares de alumnado (AFA) de este colegio situado a orillas del Manzanares defiende las exigencias de los docentes. «Esto hay que hacerlo bien, hablando con los colegios y teniendo en cuenta a los chavales. Si no, las medidas no se podrán implementar de la manera adecuada», incide.
La huelga también ha afectado al día a día de las hijas de Sergio García, de 4 y 7 años. Ellas acuden al colegio Miguel Hernández de Getafe, donde desde hace unas dos semanas se mezclan con otras clases, disfrutan de hasta tres horas de patio y un solo profesor cuida a 60 pequeños. «Esto es lo que genera una huelga, pero es necesario. Los profesores piden cosas completamente justas», asevera este empleado de Airbus de 38 años.
«Claro que estamos notando la huelga, pero ese es uno de sus objetivos». Así se expresa Ana Martínez, madre de un niño de 5 años que acude al colegio Eugenio María de Ostos, en Madrid. Esta profesional de la comunicación de 44 años se alegra de que «se note que los docentes son necesarios».
En su caso, los paros repercuten en que, mientras duren, su hijo no será atendido por la misma persona cada día, ni tampoco sabrá con cuántos críos estará en el aula, o las actividades que podrá realizar. Además, la hija de su pareja acude a un instituto en el que también tiene efecto la lucha docente. Martínez reconoce que, como familia, apoyan las reivindicaciones. «No solo entendemos la huelga, sino que la aceptamos e incluso la impulsamos. Sin crear molestias nadie logró nada», enuncia antes de agregar: «Su lucha es la nuestra».
Una huelga política, no partidista
Zarzalejo, la consejera de Educación, ha repetido hasta la saciedad que se trata de una huelga política y con objetivos electoralistas. Ese es su principal argumento para no sentarse a negociar con el comité de huelga, un hecho que los sindicatos llevarán ante la Justicia si la consejera insiste en no recibirlos. Esta huelga, en cualquier caso, no se circunscribe a hechos recientes; la consejería lleva años con la puerta cerrada a las reivindicaciones del profesorado. Así las cosas, miles de docentes han secundado un paro que se venía pergeñando ya desde la pasada primavera.
«Yo le diría a Zarzalejo que la huelga sí que es política, otra cosa es que sea partidista. La defensa del derecho a la educación, como cualquier otro derecho, y más este que es constitucional, es algo político», explica Vanesa Seguro.
Esta vecina de Rivas Vaciamadrid no entiende por qué Zarzalejo utiliza en tono peyorativo que la huelga sea política. «Al contrario, deberíamos hacer ese término más grande aún. Luego, si ella piensa que es una huelga partidista, esa será su opinión, pero lleva anunciada desde antes del verano», añade.
Javier Guerra, por su parte, precisa que esta huelga se ha preparado sin tener en cuenta en ningún momento el adelanto electoral. Sergio García, el vecino de Getafe, sostiene que «tildarla de huelga politizada es consecuencia de una Comunidad de Madrid desconectada de la realidad y que cree que la educación pública no les resta votos». No entiende cómo la consejera puede pensar algo así cuando «las reclamaciones de los profesores mejorarían la vida educativa de nuestras hijas a muchos niveles».
La frustración es grande, tal y como expresa Ana Martínez. «Parece que la consejera hace oídos sordos a todo lo que ocurre. La educación pública es el futuro de cualquier sociedad y sin una educación pública fuerte no sé hacia dónde nos vamos a dirigir», valora esta navarra que incide en las «diferencias abismales de financiación entre el resto de comunidades autónomas de España y Madrid».
Las familias se remangan
El AMPA de Las Lagunas paralizó toda su actividad desde la asamblea en la que decidieron apoyar los paros de los docentes. Organizadas con otras asociaciones de familias de alumnado de Rivas Vaciamadrid, han realizado acciones colectivas y se movilizan junto a los profesores de sus hijos. En el caso del Miguel Hernández de Getafe, las familias organizaron un mercadillo para destinar todo lo recaudado a la caja de resistencia del colegio. «Los padres intentamos alimentar esa caja para que perder más de 100 euros al día sea un trago algo más fácil de tragar. Eso es una cosa que solo por política no se hace», subraya García.
Además, a principios de noviembre, los padres y madres del centro getafense representarán una obra de teatro a través de la que intentarán reunir fondos para apoyar la huelga, «pese a que una de las consecuencias es que nuestros hijos no lleven a cabo su proyecto educativo», añade el trabajador de Airbus. Desde el colegio de su hija, el AMPA en el que se integra Martínez también se ha dedicado a vender camisetas y sudaderas verdes con mensajes en defensa de la educación pública para conseguir fondos destinados a la caja de resistencia del centro.
Fuente: Guillermo Martínez en lamarea.com
