Jubilarse con dignidad: no todos los trabajos desgastan igual

España debe abrir un debate serio sobre la edad de jubilación que tenga en cuenta no solamente los años cotizados, sino también la penosidad, peligrosidad y desgaste físico y psicológico de cada profesión. La comparación con Rusia y distintos países europeos demuestra que existen otros modelos.

Cuando hablamos de pensiones solemos reducir el debate a una pregunta. ¿Hay que jubilarse a los 65, a los 66 o a los 67 años? Pero quizá estamos empezando la discusión por el lugar equivocado.

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La verdadera pregunta debería ser otra: ¿Es justo exigir la misma edad de jubilación a una persona que ha trabajado durante décadas en una oficina que a otra que ha pasado 35 o 40 años soldando en un astillero, trabajando en una fundición, cargando materiales en una obra, expuesta a temperaturas extremas, ruido, productos tóxicos o conduciendo profesionalmente durante miles de horas?

Desde mi punto de vista, mi respuesta es clara: no todos los trabajos desgastan igual y, por tanto, la jubilación tampoco debería tratar a todos los trabajadores como si hubieran desarrollado la misma actividad.

España: hasta 66 años y 10 meses en 2026

En España, durante 2026, la edad ordinaria de jubilación es de 65 años para quienes acrediten al menos 38 años y 3 meses de cotización. Quienes no alcancen ese periodo deben esperar hasta los 66 años y 10 meses. A partir de 2027, la referencia será de 65 años con 38 años y 6 meses cotizados y de 67 años para quienes no alcancen dicho periodo.

Conviene aclarar también algo que circula con frecuencia: en España no está aprobada actualmente una jubilación ordinaria a los 72 años. Podemos y debemos debatir sobre hacia dónde se dirige el sistema, pero una reivindicación seria tiene que apoyarse siempre en datos comprobables.

El problema español no es únicamente la cifra de 65, 66 o 67 años. El problema es que numerosos trabajadores del metal, construcción, naval, vidrio y otras actividades físicamente exigentes no disponen automáticamente, por pertenecer a esos sectores, de una edad especial de jubilación.

Es cierto que desde 2025 existe un nuevo procedimiento para reconocer coeficientes reductores en ocupaciones excepcionalmente penosas, tóxicas, peligrosas o insalubres. Precisamente el Real Decreto 402/2025 establece un mecanismo para estudiar y reconocer estas situaciones.

Pero una cosa es que exista un procedimiento y otra que todos los trabajadores sometidos durante décadas a un desgaste evidente tengan ya reconocido ese derecho.

Rusia: edades distintas cuando el trabajo es especialmente duro

La comparación con Rusia resulta interesante, aunque tampoco debemos idealizar ningún sistema.

En Rusia, la edad general correspondiente a quienes alcanzan el derecho ordinario durante 2026 es de 64 años para los hombres y 59 para las mujeres, dentro del periodo transitorio de su reforma de las pensiones.

Sin embargo, el dato que realmente debería hacernos reflexionar está en las profesiones peligrosas.

El Fondo Social de Rusia mantiene sistemas específicos para trabajos dañinos y pesados. En la denominada Lista n.º 1, que comprende determinados trabajos subterráneos, especialmente nocivos y talleres calientes, la jubilación puede producirse a los 50 años para los hombres y 45 para las mujeres, siempre que se cumplan los periodos de trabajo y cotización exigidos.

En la Lista n.º 2, correspondiente a determinados trabajos pesados o nocivos, las edades pueden ser de 55 años para los hombres y 50 para las mujeres.

Y no hablamos solamente de una norma teórica. En julio de 2025 el propio Fondo Social ruso recordaba, con motivo del Día del Metalúrgico, que determinadas actividades de altos hornos, acerías, laminación y talleres calientes siguen acogidas a esos mecanismos especiales.

También existen reglas específicas para determinados conductores urbanos, trabajadores ferroviarios, navegación, aviación y minería, llegando en algunas actividades mineras a vincular el derecho a la jubilación fundamentalmente a los años efectivamente trabajados en esas condiciones.

No propongo copiar sin más el sistema ruso. Propongo algo mucho más sencillo: preguntarnos por qué la dureza real de una profesión puede tener un peso tan importante en unos sistemas y tan escaso para numerosos trabajadores españoles.

¿Y cuánto cobra un pensionista?

También debemos ser cuidadosos cuando comparamos las cuantías.

Según el Fondo Social de Rusia, después de la revalorización del 7,6% de enero de 2026, la pensión contributiva media de jubilación rusa se sitúa alrededor de los 27.000 rublos mensuales. En España, la pensión media de jubilación alcanzó en mayo de 2026 aproximadamente los 1.572 euros mensuales.

Sería incorrecto convertir simplemente los rublos en euros y concluir que un pensionista vive mejor o peor solamente a partir de esa operación. Hay que considerar el coste de la vida, el poder adquisitivo, la vivienda, los servicios públicos, la fiscalidad y las características de cada sistema.

Por eso creo que la comparación más interesante no está solamente en cuánto se cobra, sino en cuánto tiempo tiene que trabajar una persona y en qué condiciones llega a su jubilación.

Europa tampoco tiene un único modelo

La comparación europea demuestra que no existe una fórmula inevitable. En Francia, la edad legal continúa dependiendo del año de nacimiento y, tras los cambios introducidos en 2026, se mueve para determinadas generaciones entre 62 años y 9 meses y 63 años y 9 meses.

Alemania continúa elevando progresivamente su edad ordinaria hacia los 67 años, pero reconoce también vías especiales para carreras contributivas muy largas: con 45 años asegurados se puede acceder antes a la jubilación bajo determinadas condiciones.

Italia mantiene una edad ordinaria de 67 años, pero reconoce una vía específica para determinados trabajos especialmente penosos o «usurantes», con supuestos en los que los trabajadores por cuenta ajena pueden acceder desde los 61 años y 7 meses, siempre que cumplan los requisitos contributivos establecidos.

Portugal tiene en 2026 una edad ordinaria de 66 años y 9 meses, pero su propia Seguridad Social contempla posibilidades de jubilación anticipada por carreras contributivas muy largas y por el ejercicio de actividades desgastantes o penosas.

Noruega mantiene los 67 años como referencia general, aunque permite empezar a cobrar la pensión desde los 62 años cuando se han generado derechos suficientes, con la correspondiente repercusión en la cuantía mensual.

Suecia utiliza un modelo todavía más flexible, no establece una única edad obligatoria de jubilación. Su edad recomendada para el periodo iniciado en 2026 es de 67 años, aunque la pensión pública puede comenzar a cobrarse antes dependiendo de la generación y de los derechos acumulados.

65, 66 o 67

De todos estos datos podemos extraer una conclusión.

No sería correcto afirmar que España tiene simplemente «la edad de jubilación más alta de Europa». Hay países con edades iguales o superiores.

Pero eso no debe servir para cerrar el debate. Lo que tenemos que discutir es qué clase de jubilación queremos.

Un trabajador que empezó a los 16 o 18 años y llega a los 63 con más de cuatro décadas de trabajo a sus espaldas no se encuentra en la misma situación que otra persona que comenzó mucho más tarde.

Y una persona que ha trabajado cuarenta años delante de un ordenador tampoco ha sufrido necesariamente el mismo desgaste que quien ha pasado cuarenta años entre andamios, hornos, soldaduras, sustancias químicas, turnos nocturnos, ruido industrial, vibraciones, conducción profesional o manipulación de grandes pesos.

No se trata de enfrentar a unos trabajadores contra otros. Se trata exactamente de lo contrario: reconocer las diferentes realidades del trabajo.

Una reivindicación para pensionistas y trabajadores

Por eso considero que España necesita avanzar hacia un sistema en el que la jubilación tenga en cuenta, de manera mucho más decidida:

los años realmente trabajados y cotizados, la edad a la que comenzó la vida laboral, la penosidad del oficio, la exposición a sustancias tóxicas o peligrosas, el trabajo nocturno y por turnos, el esfuerzo físico continuado, y el desgaste psicológico acumulado durante décadas.

El trabajo tiene que permitir vivir. Y la jubilación tiene que llegar cuando todavía queda vida para disfrutarla.

No debería convertirse en una carrera para comprobar cuánto puede resistir una persona antes de abandonar definitivamente su puesto de trabajo.

Después de cuarenta o más años produciendo riqueza, levantando edificios, construyendo barcos, trabajando el metal, transportando viajeros, atendiendo enfermos, enseñando a generaciones enteras o realizando cualquier otra actividad necesaria para la sociedad, jubilarse dignamente no puede considerarse un privilegio.

Es un derecho conquistado durante generaciones. Por eso el debate que propongo no puede reducirse a una cifra.

No solamente 65, 66 o 67 años.

La pregunta que debemos hacer a nuestros gobiernos es mucho más profunda:

¿Cuántos años ha trabajado esa persona, en qué condiciones los ha trabajado y en qué estado físico y psicológico queremos que llegue a su jubilación?

Ahí debería comenzar una verdadera política de pensiones dignas.

Fuente: Miguel Hernández Bernárdez en loquesomos.es

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