El Gato con Jotas, alter ego artístico de Sergio Gómez, apuesta por una revisión queer de la música tradicional extremeña con su espectáculo Electrojota

Anda con mucho trajín los últimos meses. Lo mismo actúa en la plaza Pedro Zerolo de Madrid en plena celebración del Orgullo, que en la primera edición de Los Pichones Fest, festival LGTBI de San Vicente de Alcántara, municipio pacense de algo más de 5.000 habitantes. “Llevamos un tute bastante gordo”, cuenta Sergio Gómez, conocido como Sergio Gato por el mote familiar en su pueblo cacereño, Peraleda de la Mata, y alter ego de El Gato con Jotas, su nombre artístico.
Antes de subirse al escenario en pleno corazón de Chueca con su espectáculo Electrojota, una revisión electrónica y queer del folclore extremeño, este “chichibaile”, como se autodenomina, acumula horas de cante y de baile desde que era “una peonza”.
Cantas, tocas instrumentos y bailas.
Sí, toco la guitarra, el laúd, o la laúd, como dicen en mi pueblo, la bandurria, soy bastante chichibaile y comodín.
«A mí me gusta hacer bailar a las personas”
De pequeño, empezó en su pueblo con El Pucherino, el grupo folclórico que formó su madre. “Ella era folclórica y folclorista porque la encantaba recopilar, datar, era una grande, fue la que me metió en verea desde bien chiquinino. Aprendí mucho de nuestras raíces, del folclore y del asociacionismo”, arranca con sus recuerdos de una vida ligada a la música. Luego, se sumó a bailar en otras asociaciones con una proyección internacional. También montó una banda de rock con sus amigos, Abulia, con la que grabó dos discos, hizo de telonero de grupos reconocidos y montó un festival en su pueblo. Cuando se marchó a estudiar a Cáceres, se enroló a cantar en esas orquestas imprescindibles de las fiestas veraniegas. Hace poco, porque necesitaba algo de dinero, volvió a probar en estos espectáculos, pero la cosa ha cambiado mucho. “Hay tantas pantallas y tantos leds que a las mujeres ni las da por bailar un pasodoble, porque si se levantan del poyo de la plaza las da un fogonazo y las tira p’atrás. A mí me gusta hacer bailar a las personas”, cuenta a través de una videollamada.
Como antesala de Electrojota, y en plena pandemia, Sergio Gómez y su primo Sergio Adillo irrumpieron en los teléfonos de mucha gente de Extremadura con su espectáculo Trending Tipic, un cabaret folclórico que de las redes saltó a la televisión regional y a las fiestas de los pueblos. “Esa fue una evolución más de mi forma de ver el folclore, fue muy chulo y divertido para nosotros también, no solo para el público”, recuerda.
¿Cuál es tu forma de ver el folclore?
Va desde el respeto hasta la evolución. Creo que el arraigo a las tradiciones ha de permanecer, pero eso significa que tenga que estar reñido con las nuevas tendencias, con la evolución de la sociedad, con la evolución de la cultura porque, si no, las costumbres se pierden. Estamos agitados y golpeados todos los días por nuevas corrientes y tendencias y la gente que nace, si no ha mamado lo que nuestros abuelos, está menos ligada con la tradición, con los pueblos, con las raíces. El principal motivo de Electrojota es poder acercar nuestra música a las nuevas generaciones y entrar en un panorama musical que está muy colmado de otros estilos y otras corrientes.
Pero sí que ha habido un pequeño resurgir de una música que hunde sus raíces en el folclore, con Rodrigo Cuevas o Tanxugueiras, por ejemplo. Hay diferentes grupos que habéis coincidido en el momento en distintos territorios haciendo una revisión.
Es verdad que en cuestión de dos o tres años ha habido un avive de energías folclóricas que hace que nuestra música resurja y se escuche; es muy interesante. Y a la vez se está notando también en asociaciones y grupos de folclore que esta oleada o pequeña marea de personas que representamos la tradición ha hecho que más personas se acerquen. Las asociaciones folclóricas durante muchos años se han venido abajo, porque faltaban sabias nuevas; pero ha habido un pequeño chispazo.
Traje extremeño en ristre y la altiva y colorida gorra de Montehermoso por bandera, un grupo de personas esquivan los coches que en plena Gran Vía madrileña esperan al semáforo en verde. Así arranca el primer videoclip de Electrojota, el nuevo proyecto de El Gato con Jotas, con el que lleva unos ocho años en la cabeza y que ha lanzado con Tino Varela, músico y artista visual. Siguiente plano: un hombre vestido con falda y camisa negra y encerrado en una gran jaula con varias aves. Y luego, un bar. Y de nuevo una calle céntrica madrileña en la que un grupo folclórico baila jotas despertando el asombro de quien camina.
¿Tal vez había necesidad de revisar el folclore y adaptarlo, como tú dices, a nuevos tiempos?
Así es. No llama la atención si no está perfilado con las nuevas corrientes. Suele venir mucha gente a vernos, porque es algo nuevo y novedoso y eso llama la atención. Me han dicho que di en el clavo. Es fácil, es como si pones a una montehermoseña en Times Square paseando o bailando una jota de la uva, llama la atención porque la estás descontextualizando. Es fácil con montehermoseñas en Madrid, con un tío en falda que canta folclore extremeño, con electrónica y una buena imagen.
«Somos una asociación folclórica queer”
El Gato con Jotas cuenta que su Electrojota es una variación más del folclore. Es baile, cante, música, performance, electrónica, imagen. “Un compendio de muchas cosas”, ajusta. Y son también muchas personas; ahora un grupo de seis: “En mi formación tengo un poco de todo, porque tengo a Kike Kolorao, que es sabiduría, es raíz; está Cristel Téllez, que es profesora de baile, canta y toca la pandereta y percusiones; también está Alberto Iglesias; tengo a Nancy Pote, que es travesti, un bailarín excepcional que desde pequeño ha estado con coros y danzas y baila conmigo en Raíces Extremeñas, de Aluche; y a mi amigo y socio Tino Varela, que es mexicano, de Sonora. Las personas que estamos ahí sabemos lo que es el purismo, la raíz, lo más tradicional y lo respetamos, pero sí que es verdad que hay bastantes matices, con el vestuario, con la imagen, la performance, los audiovisuales, la coreografía, la modificación de la voz, la electrónica. Somos una asociación folclórica queer”.
Usas una estética que juega al no binarismo, a lo queer, incluso al travestismo o a la estética drag.
Sí, y no solo es por hacerlo atractivo, sino por dar voz a perfiles que no están todavía muy bien vistos a nivel sociedad.
¿Qué aporta lo queer al folclore?
En el folclore siempre ha habido mucho de fantasía. En el tema del vestuario ha habido siempre una manera de engalanar y de dar brillo a cosas que no la tienen como sociedad. El folclore y la música tradicional nos dan una visión realmente de tipo de sociedad que somos, hablan de trabajo, de la labor, de las penas, el dinero, dan voz a un sentir del pueblo, al amor, pero también el desamor, a la pobreza, a lo humilde. Y con las vestimentas, siempre las mujeres han engalanado y hecho brillar toda esta pena. Es muy fantasioso. Hay tradiciones, como las Carantoñas o como el Jarramplas…, incluso danzantes que visten de mujer; los danzantes de Garganta la Olla o los del Corpus en Camuñas los ves y son pura fantasía, son travestis, son drags. O en el Corpus de Algemesí de Valencia, que aquello es un caos folclórico que alucinas, entre los parrots, que suben, la Virgen que sale y entra cinco veces a la iglesia, o sea, que la reculan y la vuelven a entrar, más los danzantes que son puras travestis y drags, más la orquesta, lo operístico que se ve.
¿Y ha habido espacio para jugar con los roles de género para intercambiarlos o que sean más fluidos?, ¿ha sido el folclore un espacio de transgresión?
Depende; en lo más pagano, sí. Pero es verdad que está muy estanco, porque lo hemos intentando encorsetar. Por ejemplo, las federaciones de folclore regionales lo que hacen para que un grupo sea de pleno derecho, es decir, para que tenga más ayudas y pueda salir internacionalmente, que se le reconozca, es tener parejas mixtas, porque está mejor visto que la coreografía sea hombre-mujer-hombre-mujer. Eso está encorsetado, ya nos está diciendo el tipo de sociedad que ha de ser. Hay que romper esos esquemas. Y el folclore no es una coreografía en un escenario hecha del mismo modo, al mismo tiempo y con el mismo paso por todos los bailarines, el folclore es esa señora de Bohonal [de Ibor, pueblo de Cáceres] que escucha las jotas revolveredas y se la levantan los pies y las baila como realmente quiere; eso es el folclore, es lo que te sale al escuchar una melodía.
¿Hay que revisar también las letras?
Por supuesto, la mayoría de letras y de rondallas son machistas. Las rondallas han estado colmadas por hombres que tocan y cantan y ellos eran los que tenían la batuta y las mujeres han estado más ligadas siempre a los coros. Y la mujer que destacaba porque cantaba muy bien o tenía una voz superpeculiar y superbonita se la requería porque al final daba color a lo que ellos no podían hacer. Esto ha ido cambiando, poco a poco.
“¡Me jiedin los hombris que son medio jembras!”. Con esta frase en castúo arranca Varón, ese primer tema electrónico jotero. Plena transgresión de lo de siempre. Cante y baile típico, pero no. Novedad enraizada.
Tu primer single se llama Varón y el vídeo es una ruptura. Parece toda una declaración de intenciones.
Es la poesía de Gabriel y Galán que se llama Varón y habla de un chico mariquita extremeño que se fue a Madrid a estudiar, donde se empapó de nuevas corrientes y nuevos amigos y nuevos modos. Y, en fin, cuando llegó al pueblo…. nos ha pasado (ríe); es que no hay nada nuevo.
¿Hasta qué punto para ti es importante la identidad? Has hablado de tus raíces y también de lo queer.
Es un tema muy peliagudo porque hay personas que no hemos podido expresarnos desde el minuto uno en nuestros pueblos. Para mí es muy identitario hoy poder hacer esto. Se me ponen los pelos de punta. Creo que a mí y a muchas personas se nos han cortado las alas, hemos sufrido, hemos tenido mucho miedo. No nos hemos podido mostrar…. Y esto sigue pasando porque si hay un cartel en la mitad de la Gran Vía que nos tira a una papelera… nos sentimos cohibidos. Para mí es muy identitario lo que estoy haciendo porque estoy rompiendo las barreras que no he podido romper desde pequeño. Aunque sí lo hacía muy sutilmente, con mucha delicadeza, y con lo que me hacía feliz, con la música, con la danza.
Pero sigues teniendo un vínculo muy grande con tu pueblo, Peraleda de la Mata.
Yo en mi pueblo tengo mucho que hacer, mucho que decir, mucho de compartir y mucho que ayudar. Hemos intentado ahí escarbar de alguna manera y ver por dónde podíamos tirar sin llamar mucho la atención, porque tampoco es que lo haya sufrido tantísimo, tantísimo.
De la vida de pueblo, adelanta, irá su próximo sencillo, de saber lo que es una gallina, de sembrar patatas, de hacer cabañas, de correr con las bicis, y de abrirse la frente y la barbilla.
“Ca instanti se lava/ ca instanti se pein / ca instanti se múa / toa la vestimenta / y se encrespa los pelos con jierros / que se lo retuestan / y en los dientis se da con boticas / de unos cacharrinos que tieni en la mesa / y remoja el moquero con pringuis /n’amás pa que güela / ¡Jiedi a señorita / dendi media lengua!”, dice también el poema de Gabriel y Galán.
Fuente: Mª Ángeles Fernández en pikaramagazine.com
Imagen: Sandra Carmona
