Del capitalismo al cyberpunk: ¿qué se oculta detrás del neón?

¿Cuál es el vínculo entre el capitalismo tecnológico y el cyberpunk? ¿Qué nos revela este género sobre las sociedades actuales y futuras?

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‘Alita: Ángel de combate’

La sociedad puede ser definida, si es que eso es posible en tan solo unas frases, como el conjunto de relaciones sociales que, a través de la interacción social, ocurren en el epicentro de los grupos humanos. Dentro de esta definición se entiende, por tanto, que la sociedad no es una, sino que puede haber miles de focos donde las personas se relacionan y crean un dinamismo propio: una cultura, una manera determinada de economía, una cosmovisión y una historia que suele guiarnos a través de la genealogía de esa comunidad, aunque a veces esa guía sea una trampa y la historia esconde más de lo que cuenta.

El cyberpunk nace como género literario en la década de los ochenta, en pleno auge de una revolución neoliberal que surge desde Occidente, donde el capitalismo más atroz se consolida como modelo social único y hegemónico. A la par, este subgénero de la ciencia ficción evoluciona y se asienta en las siguientes décadas como un discurso cultural popular en la literatura, en el cine y la televisión. Pero su auge debe ser entendido también a través de un contexto social que lo acompañará y lo ensalzará a la cima de los arquetipos imaginarios de ficción. Porque el cyberpunk copa el horizonte imaginario actual; en realidad, ocupa el presente inmediato: un presente distópico a causa de un capitalismo desenfrenado que avanza hacia una crisis constante; o más bien una vorágine que en forma de apocalipsis, tenue pero inmutable, toca a la puerta de cada vez más sociedades del mundo.

La literatura y las expresiones culturales son hijas de su tiempo y, como se ha dicho, son tiempos distópicos, tiempos pesimistas donde pensar en un futuro alentador cuesta. Úrsula K. Le Guin, una de las escritoras que consiguieron romper en estas décadas con el pesimismo distópico en sus relatos, defendía la siguiente premisa: “Vivimos en el capitalismo. Su poder parece ineludible. También lo parecía el derecho divino de los reyes”. El género cyberpunk gira de lleno sobre esta cita de Le Guin, porque lleva a relatos distópicos, es decir, futuros imaginarios donde el poder del capitalismo se ha vuelto ineludible. Las tecnologías y su revolución, lejos de liberar, han abrazado la desigualdad, la estratificación social más dantesca, la contaminación, el poder hegemónico de las megacorporaciones y la desvalorización de la vida humana. Pero en el cyberpunk también caen los reyes, caen las grandes corporaciones; la revolución, la lucha, el plantar cara a un sistema alienante que, con la capacidad de poder hacer incluso trascender a algo mejor de lo que es el Homo sapiens, lo somete sin compasión.

Donde hay poder, hay contrapoder; donde hay una cultura hegemónica, hay una contracultura. Y en esto, el cyberpunk tiene mucho que aportar

Lo que hace interesante el cyberpunk, lo que lo vuelve tan hipnótico en una especie de proceso de producción arquetípica, donde cada vez la sociedad se imagina más y más futuros de este estilo, es que gira alrededor de las realidades que asolan a la humanidad actualmente. De esta manera, es difícil imaginar una dimensión material en las últimas décadas más importante que el surgimiento de internet, la digitalización de la sociedad y los avances en robótica e inteligencia artificial. Por otro lado, es también complicado esquivar la crisis climática, con sus efectos cada vez más evidentes, la pérdida de derechos laborales, la precariedad, el auge del autoritarismo y la consolidación de megacorporaciones tecnológicas dirigidas por narcisistas con evidentes rasgos de sociopatía: todos elementos observables en sagas cyberpunk.

Con algunos ejemplos se podrá vislumbrar mejor. En el aclamado anime Akira, se cuenta la historia de la ciudad de Neo-Tokio, una gran metrópolis que ha sobrevivido a la guerra nuclear, pero que en su propio génesis de tecno-ciudad acaba presentando problemáticas sociales como las que hoy en día se observan en cualquier área metropolitana de considerable tamaño. La segregación socioespacial, término fundamental de la sociología urbana que incide en las diferencias de espacio habitado en una ciudad condicionadas por la clase social a la que alguien pertenece, es un elemento central de Neo-Tokio: el espacio condicionado por lo social y dando vida y forma a la ciudad.

Existe otro anime llamado Alita: Ángel de combate, evidentemente cyberpunk, donde se puede observar no solo esta segregación socioespacial, sino cómo lo urbano está condicionado de manera trascendental por la estratificación social, es decir, la posición social que cada persona y grupo ocupa dentro de una sociedad dependiendo de los recursos económicos, culturales, políticos, relacionales, a los que tiene acceso. La ciudad mostrada en Alita: Ángel de combate es una urbe dual y vertical, donde los ricos viven en un nivel superior y la clase trabajadora vive en una ciudad vertedero; los primeros viven su utopía, los segundos su particular infierno.

Pero tanto en Alita: Ángel de combate como en Akira existe un elemento clave: la resistencia. Donde hay poder, hay contrapoder; donde hay una cultura hegemónica, hay una contracultura. Y en esto, el cyberpunk tiene mucho que aportar. En Akira, por ejemplo, aunque la juventud vive desencantada en guetos, haciendo carreras ilegales y teniendo conductas violentas, también hay movilizaciones, y los propios protagonistas (jóvenes) son clave para plantear una nueva alternativa social. Por otra parte, en Alita: Ángel de combate se observa una contracultura más amplia aún, pues la clase trabajadora logra sustentar una sociedad a través de, literalmente, los desechos tecnológicos que las élites vierten sobre ellos. Del despilfarro de unos pocos, la vida de todos los demás. No cabe duda de que hay evidentes paralelismos con las realidades actuales, donde la clase trabajadora se siente cada vez más atrapada, estigmatizada y explotada, pero aun así sigue reflotando pese a tanta opresión.

El sociólogo José Manuel Bobadilla cuenta en su libro Las sociedades de conocimiento científico-tecnológicas. Una aproximación a la nueva realidad social desde una perspectiva anarquista (2023) que lo importante para comprender la clave del cyberpunk y la potencia de su mensaje es entender lo que cuenta veladamente, sin verbalizar de manera abierta; es decir, qué se oculta detrás de todos esos neones, grandes hologramas publicitarios, tecnologías increíbles y ciudades abarrotadas. Pero para comprender lo expresado por Bobadilla, se puede matizar la pregunta hacia la realidad: ¿Qué oculta el sistema capitalista bajo las luces de neón de los anuncios de las grandes avenidas o bajo las miles de notificaciones de toda índole que abordan cada smartphone conectado a la red?

El cyberpunk es una sombra alargada del capitalismo, […] y es que este sistema social es experto en cubrir siempre con luces y anuncios sus desgracias, sus desdichas y sus actos más atroces frente a la población

Existe una escena de la película Blade Runner 2049 donde un avatar de mujer desnuda en forma de holograma publicitario pronuncia eslóganes como: “¿Qué es lo que deseas escuchar?”. Entra aquí un concepto de Paul B. Preciado que vale la pena destacar: el capitalismo farmacopornográfico. Para Preciado, la sociedad actual aliena o enajena a las personas, no porque están oprimidas únicamente, sino porque las convierte en adictas a través de los estímulos de consumo, de la autopercepción que se crea en el seno de dicha sociedad y de la necesidad de continua validación en redes sociales, apoyada por los discursos neoliberales e individualistas que se difunden desde la socialización primaria. “¿Qué es lo que deseas escuchar?” El capitalismo actual lo ofrece a la carta, como un buen chute de la droga de diseño preferida de cada cual. Es decir, la sociedad actual ya tiene mucho de cyberpunk. Es una sociedad de adictos, donde, además, por supuesto, se suministran una cantidad infinita de drogas legales en forma de fármacos para paliar el malestar que esta sociedad sobreestimulada con el consumo y la irrupción de las nuevas tecnologías instrumentalizadas por el capitalismo causa en la clase trabajadora. Es sin duda un proceso que, como el neón del cyberpunk, busca no dejar ver, busca aletargar y ocultar.

Es necesario, por tanto, volver a plantear las cuestiones anteriores: ¿Qué oculta el neón del cyberpunk? ¿Qué oculta el neón del capitalismo? Después de lo expuesto, se puede contestar a estas preguntas: el cyberpunk es una sombra alargada del capitalismo, una sombra que viene a contar una realidad velada; y es que este sistema social es experto en cubrir siempre con luces y anuncios sus desgracias, sus desdichas y sus actos más atroces frente a la población.

El capitalismo tecnológico y el cyberpunk se unen a través de cientos de historias que sobrevuelan los pensamientos colectivos actuales. Gran parte de la población se siente atraída por estas historias porque se intuye una verdad: los avances tecnológicos no harán más libres a la especie humana, sino que servirán para someterla a los intereses de unos pocos sociópatas, en un sistema desquiciado que niega a sabiendas el cáncer intrínseco que representa para las personas y para los ecosistemas actuales que forman la Tierra.

El filósofo Walter Benjamin advertía sobre la necesidad de criticar y repensar la idea de progreso asentada en el capitalismo, un progreso que cuenta una historia falsa, pues deja detrás de su huracán de barbarie los restos de todas aquellas vidas pisoteadas para que la clase capitalista siga acumulando beneficios en sus bancos, fortificando sus casas y construyendo su utopía, mientras los demás se hunden en una especie de cuenta atrás hacia el Ragnarök particular de la clase obrera. El cyberpunk advierte del futuro necropolítico que hay detrás del “progreso” si el capitalismo sigue su avance imparable, aunque sigamos inventando todo tipo de tecnologías que retan a liberar la condición humana. Quizá el cyberpunk viene a decir que nunca esa condición será del todo humana, pese a los miles de inventos tecnológicos, si estos siguen usándose desde la inhumanidad del capitalismo.

Fuente: Álvaro Soler Martínez en elsaltodiario.com

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