La bailaora fusionó flamenco, música electrónica, moda urbana y performance en un espectáculo que conquistó al público

Elena Tarantos
El pasado sábado, Carmen Avilés (Puerto Lumbreras, Murcia, 1993) cerró la exitosa gira de su espectáculo “Carmela“, que previamente había tenido fechas en Málaga, Murcia, Barcelona, Sevilla y Madrid.
Curiosamente, tanto la gira como el concierto, terminaron como empezaron, pues la primera dio comienzo en Madrid en mayo, concluyendo ayer en la misma ciudad y el segundo comenzó con la canción “Torre del Oro“, que también sonó al final de la noche.

La innovadora propuesta de la artista murciana traía la frescura de quien se permite renovar la tradición flamenca fusionándola con la modernidad, sin perder la capacidad de disfrute en el intento.
Carmen Avilés comenzó su formación como bailaora en la academia de su madre, pasando después por los Conservatorios de Granada y Sevilla y por la madrileña escuela Amor de Dios.
Carmen se dio el lujo de expresar lo que tiene dentro y de hacerlo a su manera, sin buscar el éxito fácil ni el producto que vende, si no exponiéndose a sí misma y aquello que la mueve y la inspira
He de confesar que el universo estético de la murciana me conquistó desde el primer minuto y no hizo más que seguir deleitándome a lo largo de todo el espectáculo, desde su primera aparición vistiendo chándal negro con volantes (sencillo pero elegante, callejero, pero con aire de pasarela) y zapatos de tacón blanco, rodeada por las bailaoras vestidas con chándal rojo.
En el centro del escenario un tablao central amplificado y una estructura cúbica delimitada por tubos de metal. Sencillo, pero eficaz.
Carmen desplegó su poderío y la fuerza de su zapateado desde los primeros acordes de “Torre del Oro” y continuó con el ritmo frenético de su taconeo acompañada por cajón, jaleos y una base de bombo electrónico que sonaba a club underground de música electrónica y que completaba el juego visual de luces verdes y blancas.
Tras este primer despliegue, el público ya completamente entregado le lanzaba los primeros gritos, “Te queremos, Carmela”.
Un breve descanso dedicado al cante y empezó a sonar una versión de Triana (órgano, palmas, batería, guitarra flamenca y bajo) y entró en escena el cuerpo de baile con un look más “motero” (chupa de cuero negra y blanca) mientras la Carmen más roquera (zarcillos rojos y la camiseta de la “equipación” Carmela, a modo de club de fútbol) agarraba las baquetas para marcarse un solo de batería que nos sorprendió a todos.
Cabe mencionar que una de las claves del universo estético que Carmela nos planteaba, era la fluidez en cuanto a formas, tejidos y materiales (pudimos ver tul, chándal, faldas plisadas, volantes etc.), pero manteniendo siempre la estricta etiqueta cromática de tres colores: negro, rojo, blanco, sin excepción. Para alguien con ascendente virgo como yo, este compromiso con la estructura es siempre fuente de bienestar.

A destacar también que el solo de batería terminó con una baqueta rota, que Carmen enseñó al público con una sonrisa y cara de ¿”qué le vamos a hacer?”. Una muestra más de que se estaba dando permiso para jugar, explorar y experimentar, aunque en algún momento del concierto (qué le vamos a hacer) apareciese también su propia voz crítica para decir que “hoy no le estaba saliendo tan bien”.
Continuando con esa línea rockera, “Thunderstruck” de ACDC, que bailó convirtiéndose por unos minutos en estrella del rock, pero sin perder la esencia flamenca, llegando incluso a bajar del escenario para compartir con el público y seguir bailando desde el centro de la sala. Incluso reinterpretó el “duck walk” de Angus Young en versión flamenca, como bien me señaló mi compañero de redacción y fotógrafo.
Sonaron también “todo es cuestión de tiempo” y “otra canción“, para la cual contó con la presencia en directo de Javi Medina y Javi Gabou.
Con un outfit compuesto por camiseta negra y falda tutu de raso negra con las clásicas rayas blancas a un lado, Carmen se dispuso a explicar lo que quería transmitir con Carmela: “más que mi virtuosismo, hacer un disco que escribió Alejandro (Astola) para cantarlo”.
No faltó el reconocimiento a los maestros de baile que la han inspirado a lo largo de estos años (algunos de ellos presentes en la sala y a los que invitó a subir al escenario al final del concierto para bailarse una pataíta por bulerías a modo de fin de fiesta) ni la humildad de seguir reconociéndose “aprendiz” en esto del baile.
La autora de estas líneas se quedó con ganas de que desarrollase un poco más lo que había querido transmitir con este proyecto y que nos compartiese algo más del proceso creativo y de su intención en primera persona.
Para “Amor gitano“, la canción del disco en la que colabora Ángeles Toledano, apareció con un total look blanco compuesto de pantalón de chandal con rayas negras a los lados, body y chaqueta torera de Belén de la Quintana de la que más de una quedamos irremediablemente enamoradas.
Hacia la recta final del espectáculo sonó una versión de “Mazas y Catapultas” de Kase O, cantada por las bailaoras y acompañada por el baile de la “danzaora” madrileña Laura Fúnez.
Se despidieron del público con el “Te estoy amando locamente” de Las Grecas mientras una a una se iban marchando del escenario.
Entre los asistentes continuaban las ganas de fiesta y se formó un corrillo improvisado en el que algunas (mujeres, en su mayoría) cantaron y bailaron al son de rumbas y bulerías.
En resumen, una noche de juerga y jaleo, de buen baile, creatividad y pasión que no dejaría de recomendar. Carmen se dio el lujo de expresar lo que tiene dentro y de hacerlo a su manera, sin buscar el éxito fácil ni el producto que vende, si no exponiéndose a sí misma y aquello que la mueve y la inspira. Que ya es bastante.
Fuente: nuevatribuna.es
Fotos de Antonio Descalzo

