Anticapitalistas, Ecologistas en Acción y cinco sindicatos presentan una propuesta para una transición ecosocial a través del empleo

Plantean la creación de más de 569.250 puestos de trabajo en el sector energético y en la gestión forestal y de residuos, así como la reordenación y reducción de la jornada laboral en la automoción y el turismo

El empleo rige nuestras vidas. Puede cambiarlas y modular el impacto que estas tienen sobre el planeta. Anticapitalistas, Ecologistas en Acción y los sindicatos vascos ELA, LAB y ESK, la Intersindical Alternativa de Catalunya y el Movimiento Asambleario de Trabajadoras Sanitarias (MATS) crearon en 2019 una plataforma para abordar la disyuntiva entre mantenimiento de empleo y cambio climático y, fruto de esos encuentros, han presentado en Bilbao una alternativa de transición ecosocial a través de cinco ejes: transición energética, gestión forestal, gestión de residuos urbanos, automoción y turismo. La segunda parte contemplará cuidados, rehabilitación energética de edificios y sector agrario.

Está previsto que el dinero de los fondos europeos Next Generation vaya a parar a manos privadas —básicamente, grandes empresas— y, en menor medida, a instituciones públicas con la intención de crear convenios público-privados, “una penúltima bala que los gobiernos disparan para salvar los centros del poder capitalista y mantener la ficción de que el capitalismo puede reformarse y crear una oleada de crecimiento verde”, resume Juanjo Álvarez, de Anticapitalistas y coordinador del informe Empleo y transición ecosocial.

Quizá el ejemplo más gráfico entre la disyuntiva empleo y futuro se encuentra en la planta de Nissan de Barcelona. Hace un año, cuando la empresa anunció el cierre, los trabajadores afiliados a la CGT presentaron un plan de empresa que requería una inversión pública de 950 millones de euros anuales durante una década con el objetivo de crear un parque público de coches eléctricos. El plan incluía un retorno económico de 1.400 millones, salvaría los 3.000 empleos directos y otros 22.000 indirectos, e implicaría la nacionalización de parte de un sector estratégico. Las instituciones públicas ni contemplaron la propuesta. En abril, el Gobierno ha implementado el plan Moves III para el que ha destinado 400 millones, ampliables a 800 en caso de que se agoten las subvenciones a fondo perdido para la compra de un coche eléctrico. Sin retorno económico. “Es una evidencia más de los límites de la reconversión dentro del marco neoliberal, que está sometido a intereses del capital, por lo que inyecta dinero directamente a empresas con el fin de sostener la demanda”, indica Álvarez. 

Sector energético, del oligopoleo a las renovables

El 90% del mercado eléctrico se reparte entre cinco compañías: Endesa, Iberdrola, Natrugy, EDP España y Viesgo. El mercado de carburantes, entre tres (Repsol, Cepsa y BP). Un total de 86.750 personas trabajaban en 2020 en el suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado, a las que se añaden 16.000 empleos en la extracción de carbón, gas, petróleo y refino de petróleo. De estos puestos de trabajo, solo los de producción eléctrica con renovables se pueden considerar verdes, recoge el informe Empleo y transición ecosocial, aunque no exentos de impactos, así como parte de la distribución eléctrica. La correlación entre el consumo de energía y el PIB es una de las características del capitalismo desde la revolución industrial y el uso del carbón de forma masiva, aunque el sector en sí no es relevante en términos netos (aporta el 2,5% del PIB, según el INE, en términos parecidos que otros países europeos).

Este es el sector principalmente responsable de la emergencia climática. El plan de transición propuesto por las siete organizaciones pasa por construir un modelo social sostenible mediante la reducción del consumo de energía (localización de la economía, desaparición o reducción de varias ramas industriales y primarización, en el sentido de una mayor agroecología), aumentar la electrificación y fomentar el uso directo de fuentes renovables. 

La propuesta del informe para el sector energético implica lograr una estructura de consumo energético 100% renovable. Ello implica el cierre de centrales nucleares y térmicas, para lo cual, según citan el informe de Greenpeace de 2016, sería necesario crear más de 100.000 puestos de trabajo en el desmantelamiento de las centrales y almacenamiento de los residuos. Paralelamente, la sustitución de equipamientos que funcionan a partir de combustión de fuentes fósiles (calderas de gas por bombas de calor en los edificios, por ejemplo) necesitarían el impulso de las energías hidráulica, solar y eólica, sí como la biomasa, con el objetivo de instalar una nueva potencia renovable de entre 50.000 y 80.000 MW. “En términos de empleo significaría la creación de entre 500.000 y 750.000 puestos de trabajo directos, incluyendo los 100.000 generados por el desmantelamiento de las nucleares”, cifra el informe.

Los cambios e inversión pública requeridas incluyen no solo al Gobierno, sino también a instituciones locales, provinciales y autonómicas. Asimismo, la creación de una compañía eléctrica nacional está en el substrato de esta propuesta, y es requerida por otros partidos políticos, como la CUP, para Catalunya. España vendió Endesa a la eléctrica italiana Enel, cuyo principal accionista es el Estado italiano.

Reforestar los bosques —y las zonas urbanas— no solo permitirían la creación de empleo de al menos 45.000 puestos laborales nuevos, sino que la masa forestal previene de forma efectiva la emisión de carbono a la atmósfera

Gestión forestal, reforestar seis millones de hectáreas

La masa forestal es una de las maneras más eficaces de retener carbono en la tierra, evitando su absorción para la atmósfera, recuerdan, por ello plantean la reforestación, también en ámbitos urbanos, para prevenir de forma efectiva la emisión de carbono. Actualmente, el sector forestal contribuye al 1% del PIB y cerca de 200.000 personas trabajan en él (el 1,13% de la población activa). Siguiendo la investigación de Miguel Cabrera Potencialidad de empleo verde en España, “el sector forestal tiene la capacidad de producir aproximadamente unas cifras de entre 5.625 y 16.080 empleos, sin considerar aquellos empleos ligados a los nueve millones de hectáreas de superficie forestal desarbolada, la cual puede ser parcialmente transformada en bosque”. De esos nueve millones hectáreas de monte desaborlado, que no incluyen zonas de matorral o paso, que ya están dotadas de vegetación, el informe plantea la reforestación de seis millones de hectáreas en diez años. “Asumiendo que cada 13.500 hectáreas exigen mil empleos, el resultado para acometer esta reforestación masiva, e imprescindible, son 45.000 empleos cada año”. A los cuales hay que añadir los trabajos de prevención (6.250) y mantenimiento (18.000).

Gestión de residuos urbanos, de Ecoembes al compostaje municipal

Actualmente, el empleo directo que genera la gestión de residuos asciende a 11.542 puestos, a los que se suman 17.313 de empleo indirecto. Solo se recupera el 25% de los envases ligeros y el 50% de vidrio, alerta el informe. El resto, acaba en el vertedero, ensuciando el medio natural (mares, playas, ríos, etc.) o incinerádose, lo cual emite GEI y lixiviados. El control de la gestión de residuos se encuentra en manos de pocas corporaciones, destacando Ecoembes en la gestión de envases y realizando labores de lobby contra las medidas que generarían un reciclaje efectivo. El Parlamento Europeo estimó en 180.000 empleos creados bajo el impulso del Plan de economía circular de la Comisión Europea, de los cuales España debería generar aproximadamente el 10% (18.000 puestos de trabajo), a los que el informe añade otros 17.000 empleos indirectos asociados a la recogida selectiva y compostaje de la materia orgánica, de competencia municipal.

Consideran que la reducción debería oscilar entre el 53 y el 81% en 2030 respecto a 2019. Y que estas horas se inviertan sobre todo en el vehículo colectivo (en España se sitúa en el 2%, frente a la media del 17% europea)

Automoción, más vehículos colectivos, menos horas de trabajo

La automoción representa el 9% del PIB, el 20% de las exportaciones y el 9% del empleo en términos agregados. Según el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, 1,8 millones de puestos de trabajo dependen del sector en España. “Pero es un sector que se encuentra muy internacionalizado, siendo muy difícil hablar del sector nacional automotriz sin referirnos a la articulación geográfica específica en términos transnacionales”, apunta el informe. ¿Cómo articular este mastodonte en términos ecológicos? “Defendemos una reordenación interna en la que una parte de los trabajos dedicados a la producción de vehículo privado permanezcan en la automoción a través de una reconversión de parte de la industria para la producción de vehículos colectivo, aunque en todo caso, esto no evita que sea un sector que deba decrecer de manera importante”, destaca el informe. El agotamiento paulatino de los combustibles fósiles hará cada vez más inviable la movilidad privada, al mismo tiempo que para hacer frente a la emergencia climática es necesaria la reducción de los gases de efecto invernadero, de los cuales el sector de la automoción son responsables en el 13,1% a nivel mundial, según el IPCC; el 19%, a nivel europeo.

Por todo ello, en este sector no plantean la creación de empleos, sino la reducción de horas de trabajo en la fabricación de vehículos. Consideran que la reducción debería oscilar entre el 53 y el 81% en 2030 respecto a 2019. Y que estas horas se inviertan sobre todo en el vehículo colectivo (en España se sitúa en el 2%, frente a la media del 17% europea) y a la creación de un parque de vehículos compartidos, como la propuesta que Anticapitalistas, la CUP y CGT presentó para la factoría de la Nissan, con la creación de un parque público de 470.262 vehículos para abastecer al 1% de la población que hace un uso esporádico del coche particular. 

La industria del turismo se podría sostener, al menos parcialmente, centrándola en el turismo de interior, como ocurre en países vecinos como Francia, Holanda y Alemania e invitando a un turismo “socialmente responsable”

Turismo, de la hipermovilidad a la hipomovilidad

El turismo es otro gran sector laboral de España. Más de 2.700.000 personas trabajan desde en grandes cadenas hoteleras y franquicias de restauración hasta pymes familiares (bares, pensiones). En 2019, representaron el 12,9% del empleo, con una elevada tasa de temporalidad (36%) y salarios por debajo de los mil euros (12.073 euros brutos al año para las camareras). Asimismo, “el subsector de la restauración y hospedaje es el que más dinero en B mueven”, destaca el informe. El peso del turismo supone el 12,3% del PIB en 2018, incluyendo el transporte. España alterna con Estados Unidos ser el segundo destino mundial de visitantes turísticos, con 85 millones de visitas recibidas en 2019. El 55% del turismo es internacional. Pero el ocio asociado al bar también es muy importante en nuestra sociedad: cada habitante realiza una media de 159 visitas a locales de restauración, gastando una media de 4,88 euros por visita.

El considera que el “agotamiento de los combustibles fósiles harán inviables los viajes baratos masivos de larga distancia, por lo que el sector turístico español está condenado a reducirse de manera importante en un plazo no muy largo en el tiempo, independientemente de los deseos económicos, sociales o políticos”. 

El plan de transición que proponen Anticapitalistas, Ecologistas en Acción y los cinco sindicatos para el sector son una reducción de los empleos de entre el 15 y el 30% para esta década, una reducción de entre el 10 y el 25% para los operadores y una reducción menor para la restauración, de entre el 0 y el 15%. 

Dicho de otro modo, las visitas de turistas internacionales están abocadas a decrecer, pero ello permitiría mantener o incluso aumentar el turismo peninsular. De este modo, se podría sostener al menos parcialmente la industria turística española, más centrada en el turismo de interior, como ocurre en países vecinos como Francia, Holanda y Alemania e invita a un turismo “socialmente responsable”. Pero todo ello debe pasar por la reordenación del empleo, “para lograr condiciones laborales dignas y no altamente precarizadas, como las actualmente existentes. En este ámbito, el reparto del empleo con recorte de las jornadas laborales resulta determinante”.

“Estos cambios tienen que ser financiados por el propio sector en gran parte fruto de su responsabilidad en la degradación socioambiental, pero también es necesaria la implantación de tasas turísticas para la sotenibilidad, que discriminen entre el poder adquisitivo de forma que fuesen notablemente mayor para los consumos de lujo que para los más modestos”.  Fuente: Gessamí Forner en elsaltodiario.com

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