Tras la crisis sanitaria del coronavirus, ¡No volvamos a la normalidad!

La crisis ecológica global es una de las causas principales de la crisis sanitaria del coronavirus Covid-19

Específicamente, de las numerosas problemáticas socio-ambientales que integran la crisis ecológica, las que se relacionan más directamente con la crisis sanitaria actual son la deforestación y la destrucción de biodiversidad.

En las últimas décadas, los brotes de enfermedades infecciosas vienen aumentando desde cerca de 20 eventos en los años 40 a más de 70 en los años 80, 90 y la primera década del Siglo XXI. La mayoría (60%) de estos brotes fueron de enfermedades transmitidas desde otros animales al ser humano (zoonosis) y, a su vez, la mayoría (72%) de estos brotes de zoonosis se originaron en fauna silvestre. Ejemplos recientes de zoonosis desde fauna silvestre son los brotes de los virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), Ébola, del Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS, por sus siglas en inglés) y del Covid-19. También están aumentando los brotes de enfermedades infecciosas transmitidas por mosquitos, como el dengue, la fiebre amarilla y la malaria, y por garrapatas, como la Enfermedad de Lyme.

Deforestación, biodiversidad y enfermedades infecciosas

Son varios los estudios que han mostrado que el aumento de brotes de enfermedades infecciosas se debe, en gran parte, a la deforestación. La pérdida de masas boscosas, unida a la ocupación de las zonas deforestadas por infraestructuras humanas, facilitan que agentes infecciosos lleguen al Homo sapiens; recordemos que el ser humano es otro animal en los ecosistemas. Por ejemplo, la aparición de brotes de Ébolaestá asociada a la degradación y destrucción de bosques tropicales que obligan a murciélagos a habitar jardines y granjas.

Una de las consecuencias directas de la deforestación es la desaparición de especies animales y vegetales. La pérdida de biodiversidad también favorece la aparición de brotes infecciosos. La biodiversidad impide que muchos patógenos lleguen al ser humano, en lo que se conoce como Efecto Dilución. Por ejemplo, hay predadores que se alimentan de animales infectados, otras especies que parasitan a parásitos humanos (hiper-parasitismo), otras que actúan como señuelos falsos para los parásitos, otras que se infectan diluyendo la carga parasitaria entre varias especies, otras especies que actúan de barreras físicas a la extensión de los parásitos… Es decir, la biodiversidad teje una red compleja de vida que reduce la transmisión de las enfermedades infecciosas. Los ecosistemas naturales cumplen muchos servicios que nos ofrecen de forma gratuita, ya sean de avituallamiento, culturales o de regulación. Uno de estos servicios ecosistémicos de regulación es controlar la expansión de patógenos.

Sistema agroindustrial y enfermedades infecciosas

El sistema ganadero industrial también favorece la aparición de brotes de enfermedades infecciosas. Por ejemplo, los virus de la Gripe Aviar (ej. H5N1), transmitidos desde aves acuáticas, pasan a granjas industriales de gallinas donde puede mutar y hacerse más virulento. Además, el brote de Virus de Nipah (Malasia, 1998) se debió a la instalación de granjas porcinas intensivas junto a bosques tropicales en deforestación, hábitats de murciélagos hospedadores de dicho virus. Los animales están estresados, hacinados, con defensas bajas, muy expuestos a patógenos en las granjas industriales.

Además, la expansión de explotaciones agrícolas intensivas y ganaderas es uno de los mayores responsables de deforestación en zonas inter-tropicales. Por otro lado, especies animales que en su entorno natural nunca interaccionan son enjauladas juntas en mercados, facilitando la transmisión de patógenos. Así se originó la epidemia del coronavirus SARS en 2002-2003, y también podría ser el origen de la pandemia de Covid-19.

Wuhan y éxodo rural chino

Wuhan, la ciudad china donde se originó la pandemia de Covid-19 pasó de ser una ciudad de unos 2 millones de habitantes, a inicios de los años 80, a tener actualmente unos 8 millones de habitantes. Este crecimiento se concentró principalmente en la década de los 90, en la que nació una gran área metropolitana invadiendo zonas rurales y naturales de bosques y lagos. Junto con Wuhan, han crecido muchas otras metrópolis en China y otros muchos países, especialmente empobrecidos, en las últimas décadas.

La gran área metropolitana de Wuhan, similar en tamaño a Londres, atrajo a millones de familias campesinas con una cultura estrechamente relacionada con la naturaleza. Estas prácticas culturales, que incluyen, por ejemplo, el consumo de ciertos animales silvestres, se dan de manera muy diferente en enclaves urbanos de pequeño tamaño, más o menos aislados, que en una gran metrópolis. La metrópolis favorece un consumo ingente de animales silvestres y su hacinamiento. Además, una vez que se da la zoonosis, la infección se propaga mucho más rápidamente en la gran ciudad, especialmente cuando está conectada a nivel internacional en un escenario de globalización capitalista.

La vida renace ahora en las grandes ciudades paralizadas ahora por la alerta sanitaria. Las aves ocupan las calles, los canales de Venecia dejan ver los peces en sus aguas cristalinas, la vegetación coloniza… Unos cambios iniciales que nos ofrecen una idea de un horizonte de ciudades verdes y amables con sus habitantes.

¿Volver a la “normalidad”? ¡No, gracias!

Como nos demuestran los estudios científicos, la misma deforestación que favorece el cambio climático conlleva grandes pérdidas de biodiversidad y la extensión de enfermedades infecciosas hasta el ser humano. Además, el sistema agroalimentario industrial, quefavorece esta deforestación y el cambio climático, también impulsa la extensión de enfermedades infecciosas. Aunque el aumento de temperaturas por el cambio climáticopodría disminuir la transmisión de algunas enfermedades infecciosas víricas, aumenta la extensión de otras enfermedades con mosquitos como vectores. Además, la contaminación relacionada con el cambio climático puede aumentar la gravedad de las algunas enfermedades respiratorias infecciosas como el Covid-19.

También es importante destacar que el cambio climático afecta más a la gente trabajadora, y pequeños agricultores y empresarios, en países enriquecidos y, especialmente, en países empobrecidos. Sufren más quienes tienen menos posibilidades de adaptación. Esta misma vulnerabilidad social tan diferenciada social y geográficamente se aplica igualmente a las enfermedades infecciosas.

La ralentización socio-económica organizada a nivel internacional para luchar contra el Covid-19 está demostrando que se pueden frenar drásticamente las emisiones de gases de efectos invernadero de forma coordinada, al tiempo que disminuyen muchos otros impactos socio-ambientales. La crisis sanitaria actual tiene lugar en una crisis ecológica global que es una de sus causas principales. Además, otras de las causas de la pandemia de Covid-19 es el sistema socioeconómico capitalista globalizado que ha favorecido su expansión. Un sistema capitalista que, a su vez, es la causa principal de la crisis ecológica global y la emergencia climática. Volver al “business as usual”, a la “normalidad” anterior a la pandemia de Covid-19 sería una catástrofe.

Los retos de la crisis sanitaria actual, que debe paralizar la economía a escala internacional para ralentizar el contagio y salvar vidas, nos obligan a desarrollar alternativas anticapitalistas. Tenemos que reforzar y extender sistema sanitarios, educativos y de otros servicios públicos universales a nivel internacional. Hay que nacionalizar bajo control obrero los sectores claves de la economía. Tenemos que repartir riquezas para financiar servicios públicos, para rescatar a trabajadores y pequeños agricultores y empresarios, para apoyar por justicia ambiental y sanitaria a los países empobrecidos. Este reparto de riquezas unido a dejar atrás la competencia capitalista impulsaría un decrecimiento económico en los países enriquecidos que mejoraría la calidad de vida en todos los territorios. La crisis sanitaria del Covid-19 es una oportunidad para replantearnos, en profundidad, nuestra relación con la naturaleza.

Bibliografía

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Fuente: Jesús M. Castillo en laréplica.es