Terrorismo ‘fake’

Es evidente que no se hubiera imputado nunca a Puigdemont por terrorismo si no se hubiera pensado que esa era la mejor manera de presentar una prejudicial que paralizara su amnistía y le impidiera volver a España

jgc

Las causas están ocultas. Los efectos son visibles para todos

Ovidio

¿Qué fue antes: el supuesto terrorismo o los vericuetos para amnistiarlo? ¿El huevo o la gallina? Es evidente que ningún sortilegio legal para conseguir amnistiar a encausados por terrorismo habría sido necesario si no hubieran aparecido procedimientos por terrorismo en torno a un movimiento que, por definición, ha intentado lograr la independencia haciendo “un truco”, la imposible “desconexión”, pero siendo esencialmente pacífico. No me mencionen, por favor, la violencia ambiental de la sedición centrada en una manifestación en la que se abolló un coche y se asustó una secretaria judicial. Ese es el origen de todos los males. Es evidente que no se hubiera imputado nunca a Puigdemont por terrorismo si no se hubiera pensado que esa era la mejor manera de presentar una prejudicial que paralizara su amnistía y le impidiera volver a España. ¿El huevo o la gallina?

Vamos con el terrorismo, con su definición chicle y con la contumacia de la Audiencia Nacional en amplificarlo ahora que, afortunadamente, este país se ha liberado en gran parte de él. Ahí en mi currículum debe figurar que cursé un master oficial y público de dos años en Seguridad y Defensa en el que, aunque me esté mal decirlo, saqué muy buena nota en la asignatura de Terrorismo, brillantemente impartida por mi paisano Fernando Reinares. No es el único contacto que en mi vida he tenido con el fenómeno en sus más diversas perspectivas, incluida la legal. Por eso puedo afirmar que a pesar de que existan múltiples definiciones de terrorismo –”si bien no hay una definición universal de terrorismo, en el ámbito de la UE se ha tratado de armonizar”, reconoce García-Castellón en su auto– hay algunas notas que le son características. El terrorismo es una forma de violencia política que utiliza actos concretos para extender el terror a colectivos más amplios en busca de su objetivo político; las víctimas no son importantes per se sino por el aviso y el miedo que amplifican. Eso era perfectamente claro en el caso de los terrorismos etno-nacionalistas como el de ETA. Lo es también en el yihadismo, que asesinando a miles de norteamericanos con un avión ha conseguido que toda la humanidad cambie su forma de viajar por miedo a una repetición. Por eso es incorrecto hablar de “terrorismo machista”, porque el asesino machista sí quiere acabar con esa víctima en concreto, no cómo símbolo, y porque su objetivo es matarla y no conseguir nada político creando el terror entre todas las mujeres. 

También es necesario explicar cómo nuestra legislación antiterrorista se ha ido amplificando para hacer frente a una amenaza nebulosa y no organizada como es el yihadismo internacional. Bajo el yugo de ese temor hemos creado unos tipos de terrorismo que son ya tan amplios que no es precisa una organización terrorista y basta con haber visto unos vídeos en una web para considerar que existe auto radicalización. A pesar de los avisos, nadie vio nada malo en intentar acorralar a los yihadistas, si bien era obvio que una legislación de este tipo permitía convertir en terrorismo casi cualquier acto de protesta en el que se produjeran desórdenes graves o violentos. Prueben a leer el actual artículo 573 del Código Penal pensando en todo lo que cabe meter ahí sin que constituya el terrorismo que encaja con la definición básica y con lo que la razón y la experiencia nos dictan. 

Por eso, en puridad, hay que afirmar que el terrorismo que el PSOE se ha avenido a amnistiar es un terrorismo bastante fake. Eso no empece para que se liaran a hablar de líneas rojas y tal y luego las hayan franqueado, que mejor les hubiera ido reconocer desde el principio que en los famosos procedimientos por terrorismo hay bastante trampa que rascar. Pero ahora ya han facilitado a sus oponentes un relato según el cual están dispuestos a amnistiar terroristas, a estos primero y a los de ETA después. 

El procedimiento llamado de los CDR, ese que gritan las derechas que tenía explosivos e iba a atentar contra no se sabe cuántas cosas, se refiere a una extraña organización terrorista de la que no se ha vuelto a saber más y que ha dejado de perseguirse, porque no debe tener ninguna estructura más allá de la del grupo detenido cuando las protestas por la sentencia del Supremo. Cierto es que en él la Fiscalía pide la intemerata de años por pertenencia a organización terrorista –insisto, ¿dónde está la famosa organización que no la vimos ni la vemos?–, pero también les digo que la Sala de lo Penal le obligó a García-Castellón a dejarlos en libertad con fianzas de entre 5.000 y 10.000 euros que, me van a perdonar, en mi experiencia no son las usuales para peligrosos terroristas dispuestos a volar el Gobierno Militar de Barcelona del que tenían unas fotos. También habían buscado en Internet información sobre personas no independentistas –¡no fotis tu!–, así lo dice el juez en su auto. Yo no afirmo que no debieran ser encausados por tenencia, depósito o fabricación de explosivos, si se prueba que tenían algo más que precursores, pero de ahí a la organización terrorista catalana que solo han visto en la Audiencia Nacional va un mundo. 

Lo de Tsunami Democràtic nos va a dejar vislumbrar cómo el terrorismo viene después de la certeza de la amnistía y es de aurora boreal. Esto lo reconocen los juristas y los jueces decentes, aunque sea en la intimidad. Este procedimiento por terrorismo recoge unos disturbios en el Prat, una marcha lenta para atascar Barajas, unos cortes de carreteras, el levantamiento de barreras de los peajes, el vertido de aceite en la C-55 y unos cuantos conciertos reivindicativos para protestar por la sentencia del procés, grosso modo. ¿Qué cómo se convierte esto en una organización terrorista liderada por Puigdemont? Agárrame el cubata. El procedimiento, iniciado en octubre de 2019, se mantiene secreto para poder investigarlo sin llevar a cabo ninguna diligencia durante cuatro años. Todo el que está en el mundo judicial conoce esa vieja e inane trampa para mantener abiertas carpetas que pueden resultar útiles. De pronto –no tan de pronto sino cuando conviene–, el 6 de noviembre de 2023, en plenas negociaciones del borrador de la ley de amnistía entre el PSOE y Junts, se cita como investigado por terrorismo en esta causa a Puigdemont, a sabiendas de que el terrorismo es una de las causas que permitirían al juez presentar una prejudicial al TJUE y paralizar el procedimiento, es decir, no aplicar la amnistía. Esto es así, lo diga o lo niegue Agamenón o su porquero. 

Ahora incluso puede que la prórroga para continuar la instrucción se hiciera fuera de plazo, lo que debería llevar a un archivo. No es una formalidad. Por una formalidad de estas se han ido de rositas clanes enteros de mafiosos rusos en Alicante o corruptos del PP a porrillo. Como quiera que este terrorismo le da alipori a todo jurista que se precie de no ser un soldado, y de que la Fiscalía ha pedido que se deje de instruir como tal y que la Sala puede aceptarlo, el inefable instructor ha despejado la pelota y se lo ha mandado al Supremo porque Puigdemont, dicen, es aforado. Dicen, porque este aforamiento no figura en ley alguna, es una especie de legislación de los propios magistrados del Supremo. Me cuentan que estos ven como muy loco lo del atentado con una muerte por infarto y todo eso, así que puede que prueben a aceptar el caso como kale borroka, que, en el fondo, sigue siendo terrorismo y sigue permitiendo prejudicializar las dudas sobre si el terrorismo en amnistiable. El motivo está a la vista.  

He tenido que resumir mucho. Para cualquier jurista que lo desee tengo los documentos y los hitos procesales. Con todo esto sobre la mesa, ¿tenemos que preocuparnos más de que se amnistíen estos delitos que las malversaciones o los desórdenes públicos? Parece obvio que lo razonable es no inquietarse ni más ni menos porque, habiendo delitos, no lo son de la gravedad ni el tipo que se les pretende revestir. Es algo que llevo repitiendo desde que se empezaron a instruir. En eso yo no he necesitado hacer de la necesidad virtud sino que tomo por virtud no perder nunca el criterio, pese a quien pese. 

Fuente: Elisa Beni en eldiario.es

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