SUMAR y la hegemonía en el espacio del cambio

El liderazgo de Yolanda Díaz depende de que impulse y se alcance una solución pactada

En el conflicto entre Yolanda Díaz y su equipo de SUMAR con la dirección de Podemos se añaden dos factores específicos en el proceso de articulación de las fuerzas del cambio y su renovación y ampliación. Uno, las diferencias políticas. Dos, la expectativa del cambio de primacía en la gestión política y del poder político-institucional del espacio del cambio renovado.

Con respecto a lo primero no hace falta repasar las pequeñas discrepancias, más allá de los ruidos comunicativos instrumentalizados en los medios y redes sociales. Desde mi punto de vista son menores y no impiden un amplio acuerdo político y programático, así como de estrategias y alianzas, arbitrando la regulación de la pluralidad. Hay un consenso amplio sobre el programa de reformas acordado, la gestión rigurosa en los distintos Ministerios y responsabilidades institucionales, los acuerdos con los socios de investidura y la participación en el Gobierno de coalición progresista junto con el Partido Socialista, aun admitiendo una posición subordinada, aspecto solo cuestionado por la minoría escindida del sector anticapitalista, en particular de Adelante Andalucía, que demuestra poco interés en la nueva confluencia.

No obstante, hay matices, a veces significativos, que especialmente para las derechas y el Partido Socialista presentan a Podemos como más exigente e incómodo en sus planteamientos reivindicativos, cosa cierta, pero que lo utilizan para amplificarlo, demonizarlo y ofrecer preferencias mediáticas hacia el proyecto de SUMAR (y hacia Más País/Compromís), siempre de forma instrumental, es decir, en la medida que perjudica un espacio unitario compacto y debilita a Podemos, cuestión muy sensible para ellos.

Aunque haya distintas sensibilidades más moderadas o transversales o más transformadoras y confrontativas, no creo que sea motivo de ruptura política

En definitiva, el gran espacio del cambio de progreso conformado en el primer lustro de protesta social y cívica de la década pasada y del que nació Podemos y sus confluencias (y la renovación de Izquierda Unida) se puede y se debe articular en torno a un proyecto de izquierda transformadora. Es más necesario ante la persistencia de las crisis socioeconómicas, las desigualdades sociales, territoriales, medioambientales y de género, y las deficiencias democráticas. Es necesario un reformismo fuerte con políticas públicas protectoras, reguladoras y distribuidoras, basadas en la igualdad y las libertades individuales y colectivas.

Así, aunque haya distintas sensibilidades más moderadas o transversales o más transformadoras y confrontativas, no creo que sea motivo de ruptura política. Las dinámicas reformadoras de fondo dependen de la activación cívica, aspecto fundamental que a veces queda en la periferia de las estrategias políticas. En todo caso, sí es imprescindible regular los conflictos políticos y orgánicos, respetar la pluralidad, fortalecer la cultura unitaria y los procedimientos democráticos, decisorios y de debate, y desechar todo tipo de sectarismos, prepotencias y descalificaciones.

Principio de realidad y pugna partidista

Lo que me interesa destacar aquí es que, dado que el argumento actual es que no ha habido tiempo para la articulación territorial de SUMAR para hacerse presente en las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2023 y su tarea es conseguir buenos resultados en las elecciones generales de fin del año que viene, para su desarrollo habría que enlazar otra fase posterior a ellas. Es decir, la realidad organizativa es diversa y plural, con variados equilibrios representativos por territorios y a nivel estatal. Y queda pendiente para toda la siguiente legislatura la misión de conformar todo el conglomerado político en sus distintos niveles en un proceso confederativo, con un liderazgo coral y transitoriamente como coaliciones, más o menos compactas, a la espera de reunir condiciones suficientes para un auténtico proceso constituyente, unitario y compartido. Si se aspira a desarrollar un proyecto de país para una década es preciso avanzar en el contenido, condiciones y marco temporal de los tres aspectos encadenados: programa, estrategia y sujeto político y social. O sea, política pura de la buena para implementar. El liderazgo colectivo se debe curtir en ello.

Si se aspira a desarrollar un proyecto de país para una década es preciso avanzar en el contenido, condiciones y marco temporal de los tres aspectos encadenados: programa, estrategia y sujeto político y social

Todavía vivimos del impulso cívico y sociopolítico transformador iniciado hace más de una década. Su reafirmación y desarrollo condicionará la próxima. No se ha cerrado el ciclo del cambio de progreso. La representación política debe dar la talla en su capacidad articuladora, gestora y orientadora.

Ahora se da por supuesto el gran valor del control del grupo parlamentario y el equipo gubernamental confederal, no solo para la gestión política sino para lo que estamos contemplando de tener una palanca más operativa que desborda el plan inicial de una simple plataforma electoral estatal y que debe definirse sobre esa articulación global y territorial. Todo ello siempre que las izquierdas ganen las elecciones, le interese o acepte el PSOE un Gobierno de coalición y no pase el espacio del cambio a la oposición parlamentaria o una situación muy subalterna. Es otra hipótesis, como la de ir divididos, que augura una crisis del conjunto del espacio del cambio y de las izquierdas en la que, de momento, no entramos.

No es simple especulación, sino constatar los hechos, analizar las tendencias y abrir horizontes. Si contemplamos un programa de reformas para el país a diez años, con todas sus eventualidades, es prudente valorar este proceso de formación de la fuerza política del espacio del cambio que es el instrumento que lo pretende ejecutar. Como decía, programa, estrategia y sujeto están entrelazados y condicionados por las nuevas realidades sociales, estructurales y de poder. Mejor que no plantear el problema o proponer falsas soluciones, se trata de abordarlo con realismo e interés colectivo.

Hay que analizar e intercambiar valoraciones sobre los intereses, expectativas y aspiraciones de cada fuerza política, siempre respetando el principio de realidad y la apuesta por la unidad en la pluralidad

Hay que analizar e intercambiar valoraciones sobre los intereses, expectativas y aspiraciones de cada fuerza política, siempre respetando el principio de realidad y la apuesta por la unidad en la pluralidad. Muchas veces es difícil de objetivar, pero es el punto de partida imprescindible para acordar los equilibrios representativos que pueden compensarse con otras variables. Una de las mejores maneras, aparte de valorar el arraigo social y la potencialidad organizativa demostrados, es medir y comparar la representatividad electoral en las distintas elecciones y, con reservas, las encuestas demoscópicas. Igualmente, hay que considerar con el máximo realismo el impacto electoral del prestigio de los liderazgos, la credibilidad de las formaciones políticas y las potencialidades del proyecto unitario. Lo que parece evidente, al menos para las elecciones generales por su sistema electoral, es que la unidad es posible, positiva y deseable.

En definitiva, no estamos hablando de puestos institucionales, listas electorales o equipos gubernamentales y de las condiciones políticas para ampliarlos. Todavía no toca y se abre una etapa intermedia durante el primer semestre del año, hasta después de la experiencia y los resultados de las elecciones municipales y autonómicas en que se concretará el abordaje directo de esa tarea. Ahora, el debate enconado se sitúa en cuál es el marco político-organizativo que va a tener prevalencia en su decisión, para colocarse mejor en esa negociación y aunque se supone que con una ratificación democrática masiva y las justificaciones políticas correspondientes.

Lo que parece evidente, al menos para las elecciones generales por su sistema electoral, es que la unidad es posible, positiva y deseable

Una solución pactada

Se dibujan dos posibilidades. O es Yolanda Díaz con su equipo de SUMAR que se arroga la exclusividad de la conducción del proceso. O es a través de una negociación multilateral y abierta con todos los grupos del espacio del cambio y, en particular, con Podemos, hasta ahora la fuerza más representativa y, por supuesto, con el protagonismo de la candidata consensuada.

La primera opción, que yo sepa, no forma parte de la consulta y el proceso de ‘escucha’ de la problemática expuesta por la gente, sino de la exposición discursiva de la propuesta de la candidata en las asambleas y los medios, o sea, en la parte de arriba-abajo no de abajo-arriba. Así, tras la ‘escucha’ manifiesta su disponibilidad para aceptar ser la candidata y continuar con la siguiente fase, en febrero, de constituir una agrupación política-SUMAR, reconvirtiendo el movimiento ciudadano-SUMAR y su proyecto programático. Queda formalizada una sigla, aspirante a ser la principal representación orgánica y pública, diferenciada de las estructuras de los partidos de todo el conglomerado. Y aparte de definir la orientación y ejecutar la gestión política pretende el monopolio sobre la primacía para configurar las listas electorales al Congreso y el Senado, los grupos parlamentarios respectivos y la composición de las responsabilidades gubernamentales en el futuro Ejecutivo de coalición.

Queda formalizada una sigla, en febrero, aspirante a ser la principal representación orgánica y pública, diferenciada de las estructuras de los partidos de todo el conglomerado

Por tanto, se constituye una plataforma o grupo político (se rehúye de la palabra partido), al margen o superador de las formaciones existentes, que estructure, además de su propia vertebración orgánica estatal y territorial, la gestión político-institucional: la orientación política, el programa electoral, la estrategia y las alianzas, la composición de las listas y el grupo parlamentario, la representación institucional y gubernamental. Los distintos grupos políticos pueden elegir su propio modelo negociador para sacar ventaja para sus intereses respectivos y así lo han manifestado explícitamente algunos dirigentes afines a la propuesta. La dirección de Podemos ya ha avanzado su propuesta de negociar una coalición electoral admitiendo la pluralidad del conjunto y a SUMAR como otra agrupación política sustantiva. No es una oferta descabellada.

En conclusión, las distancias son grandes. Como he pretendido explicar no es solo un debate de ideas más o menos realistas sino de intereses (legítimos) de reconocimiento representativo y de estatus y capacidad de influencia política en una gran encrucijada. Los riesgos de ruptura y división son significativos. Sus consecuencias serían mucho mayores que las de las experiencias traumáticas anteriores.

No se puede llegar a ese abismo. Hay que atajar cuanto antes ese recorrido. La responsabilidad sería compartida por todos los principales actores.

En esta ocasión, sus efectos podrían contribuir a impedir la continuidad de otra etapa de progreso y abrir las puertas a la involución derechista, sin que tampoco se beneficie el Partido Socialista (o las izquierdas nacionalistas). Igualmente, demostraría la impotencia política y la incapacidad democrática y unitaria de la nueva representación político-institucional de las fuerzas del cambio, tan duramente construida. La frustración de la gente de izquierdas y la desafección popular podría ser profunda y duradera.

No se puede llegar a ese abismo. Hay que atajar cuanto antes ese recorrido. La responsabilidad sería compartida por todos los principales actores. Sería lo de menos, comparado con el desgaste y el sufrimiento colectivo de la mayoría social y de la gente más activa de este histórico proceso de cambio. El liderazgo de Yolanda Díaz depende de que impulse y se alcance una solución pactada.

Fuente: Antonio Antón en nuevatribuna.es

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