Sobre la recomposición del movimiento estudiantil en Madrid

Dentro de los distintos espacios de lucha política, el movimiento estudiantil tiene unos ritmos particulares que van de la mano de las jornadas lectivas y las vacaciones de las estudiantes.

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Por ese motivo, normalmente desde mediados de diciembre hasta finales de enero hay un parón en la actividad estudiantil, debido también a que los exámenes se concentran en enero. Como creemos que en el movimiento estudiantil ha adolecido en los últimos tiempos de reflexión estratégica sobre sus acciones, pretendemos modestamente aprovechar este parón para aportar al debate sobre nuestras luchas pasadas, nuestros errores, límites, etc. Especialmente, mostraremos aquí unas tesis políticas que puedan ayudar a la recomposición política del movimiento estudiantil desde una perspectiva anticapitalista y ecosocialista. Es importante señalar que las líneas que siguen son reflexiones muy centradas en el contexto de la Comunidad de Madrid y sus universidades públicas y no han pretendido trascender esa  experiencia aunque algunas reflexiones puedan ser de utilidad para todo el Estado español.

De dónde venimos

El movimiento estudiantil en las universidades vive una larga crisis que se viene arrastrando desde las movilizaciones contra Bolonia. En el movimiento estudiantil pre-covid, aunque progresivamente deterioradas, existían algunos espacios de resistencia en forma de asociaciones amplias y algunas estructuras de coordinación del movimiento estudiantil como la extinta coordinadora de asociaciones críticas en la UC3M. Después de la pandemia la lista de asociaciones desaparecidas o totalmente vaciadas es larga, acompañada de una ruptura de las fórmulas organizativas del movimiento estudiantil preexistente. No fue completamente un borrón y cuenta nueva, hubo algunas herencias y algunos espacios donde cierto tejido asociativo aguantó como en la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM.

De lo que carece el movimiento estudiantil es de espacios unitarios fuertes. En algunos sitios existen nominalmente asambleas de estudiantes pero que no tienen un funcionamiento periódico y unitario que permita la participación de las estudiantes no agrupadas en asociaciones. Por supuesto, no existen espacios interuniversitarios, ni siquiera nítidamente intercampus que permitan la coordinación del movimiento estudiantil.

En los últimos años ha habido algunos tímidos intentos de recomposición del movimiento estudiantil. El curso pasado coincidió en el tiempo una pelea por la recuperación de espacios, contra la externalización de servicios y contra la abolición de grados, esta última en la URJC. Este pequeño ciclo de lucha culminó con encierros en algunas facultades, pero con ninguna concreción práctica por la imposibilidad de llegar a acuerdos en torno a objetivos concretos para el movimiento. Este curso hemos asistido a una fuerte agitación en solidaridad con el pueblo Palestino en diversas universidades, con asambleas de hasta 300 estudiantes en Somosaguas como mayor hito. Sin embargo, las peleas fraccionales entre distintas corrientes políticas y la falta de convencimiento de otras por construir espacios unitarios han resultado en la pérdida de la oportunidad de aprovechar la ola de solidaridad con Palestina para establecer estructuras unitarias del movimiento estudiantil que, aunque nazcan por un tema concreto, pueden resultar en estructuras permanentes. Aún con algunas excepciones el resultado, una vez más, ha sido la desmovilización.

Hacia el frente único estudiantil

Nuestro objetivo político es claro: Recomponer un movimiento estudiantil fragmentado, disperso y carente de espacios de organización. La gran pregunta entonces es: ¿Cómo se rearma el movimiento estudiantil?

Se pueden identificar dos vías: A la primera le damos el nombre de “crecimiento lineal de grupo”: Esta es la idea que pueden tener algunos grupos revolucionarios de que la recomposición del movimiento estudiantil se va a dar a través de una mayor socialización de sus posiciones políticas y el progresivo convencimiento de más y más estudiantes para integrar sus filas. Es decir, la recomposición va a venir por el crecimiento lineal de una organización (o sus asociaciones de referencia), va a ser a la interna. En este sentido, no haría falta tal cosa como el “movimiento estudiantil” si el grupo X o el Y crecen hasta tener cientos o miles de estudiantes organizados, porque ese grupo ya sería el movimiento estudiantil.

La segunda vía, que se propone aquí, es el pluralismo unitario. Defendemos que es fundamental recuperar las estructuras masivas del movimiento estudiantil, en especial las asambleas de facultad, para que el movimiento pueda resurgir. La clase trabajadora, y también las estudiantes, cuando surgen conflictos, buscan maneras de organizarse que no tienen por qué pasar por adherirse a ninguna organización. El ejemplo de Palestina es obvio: Mucha de la gente que se ha movilizado no tiene intención de unirse por el momento a una organización revolucionaria. Si renunciamos a crear estructuras unitarias, la gente que se moviliza por un tema dura en política unas semanas, pero si estas existen, su politización puntual le sirve para ponerse en contacto con el movimiento estudiantil organizado para futuras luchas. Se crea un poso organizativo, social y cultural desde el que responder a los ataques a las estudiantes, y eventualmente –que no deja de ser el objetivo real- pasar a la ofensiva contra unas instituciones educativas al servicio de los intereses del capital.

Si no aceptamos este pluralismo unitario, implícitamente estamos reconociendo que no nos valen los movimientos independientes si no aceptan nuestras tesis políticas. Pero siendo francos, las estudiantes que se organizan por primera vez no tienen por qué compartir las tesis políticas de las distintas organizaciones existentes en la universidad. Como en los debates comunistas clásicos, decimos: “La clase no es lo mismo que el partido”. Trasladado a esta situación: “Las estudiantes organizadas no son lo mismo que tu asociación/organización revolucionaria”.

Hay una razón adicional por la que defendemos esto: Los espacios de lucha política como las asociaciones estudiantiles o los sindicatos son escuelas en las que aprendemos a vislumbrar cómo será el socialismo que aspiramos a construir. Un socialismo plural, en el que distintas posiciones podrán confrontar para convencer al resto, y sólo estarán limitadas aquellas que quieran volver a una sociedad capitalista, en la que una parte minoritaria de la población explota a la mayoría y todas estamos sometidas a la dominación del capital. Llevemos ese futuro a nuestras luchas actuales: Un movimiento estudiantil amplio, diverso, en el que las distintas propuestas políticas tratan de convencer a la mayoría de que sus propuestas son las más útiles para el conjunto de las estudiantes. En este sentido somos claras: No vale romper el movimiento cada vez que surge un impulso unitario porque no se está de acuerdo en todo, algo que hemos visto con algunas asociaciones de izquierda en las movilizaciones por Palestina.

Puede haber una crítica a esta orientación: “Si aceptamos acríticamente la independencia política y la masividad de las asociaciones de facultad u otros entes unitarios lo que pasará es que estos serán cooptados por los reformistas y entonces el movimiento estudiantil carecerá de una estrategia útil que no pase por la subordinación a estos”. En realidad, el problema de los marcos unitarios no son los marcos unitarios, es la incapacidad de las organizaciones revolucionarias para darles una dirección política. Los soviets, en un inicio, no estaban controlados por los bolcheviques. Algunos bolcheviques no entendieron el surgimiento de los soviets en Rusia: “Pues que se unan todos al partido bolchevique, ¿no?” decían. Sin embargo, Lenin supo ver que la auto-organización de las clases populares y la cristalización en soviets de la misma dotaban de una base de acción y de interlocución con las masas a los bolcheviques con la que antes no contaban. Al final, convenciendo a la gente, los bolcheviques se ganaron a la mayoría de los soviets.

Llevando esto al movimiento estudiantil, para nosotras no se trata de impulsar marcos unitarios únicamente porque “seremos más gente” –que también, puesto que los cambios políticos no los realiza un pequeño grupo conspirador- o cualquier llamamiento abstracto a la unidad. Lo hacemos porque es la única manera de que las revolucionarias convenzamos a la mayoría de las estudiantes. Renunciar a esto es renunciar a ser la dirección política de las estudiantes, para contentarte con ser la dirección de tu organización. Nosotros aspiramos a que todo el movimiento estudiantil se mueva al unísono, dentro de su heterogeneidad, de acuerdo con la dirección política de sus sectores más revolucionarios. Un lema: Unidad y radicalidad. O como decían los clásicos: “Marchar separados, golpear juntos”.

El siguiente paso es dotar a esos espacios unitarios de peleas concretas o lo que es lo mismo, de un programa de reivindicaciones transitorias enmarcado en un objetivo común, que es el fin de la universidad subordinada a los intereses del capital. Este objetivo no es alcanzable en su totalidad dentro del sistema capitalista, pero la tarea de las revolucionarias es contribuir a una crítica integral de todas las instituciones que reproducen la sociedad capitalista. El fin de la externalización de servicios, la gratuidad de las matrículas o, por entroncar con el estado de las luchas en la actualidad, la ruptura de relaciones con las universidades israelíes son luchas parciales pero que pueden significar dotar de aprendizajes concretos a las estructuras unitarias, el desarrollo de repertorios de lucha y lo más importante aumentar la conciencia de nuestras propias fuerzas. Las victorias siempre han permito al movimiento obrero ir escalando la movilización y mejorando su capacidad de lucha frente a la explotación. Hay que ir ampliando el margen, recuperando la confianza, dotando de conquistas al movimiento estudiantil que le permitan ir cambiando la correlación de fuerzas. Unidad y objetivos de lucha concreto son la receta para que el movimiento estudiantil sea una herramienta útil para las estudiantes.

Fuente: Germán Pérez Montañés y Rubén Burgos Bravo son militantes de Abrir Brecha y Anticapitalistas.

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