“Quiero llegar al quirófano y encontrarme con pacientes que todavía no han llegado al límite de la desesperación”

Una enfermera con treinta y seis años de experiencia trabajando para el Servicio Madrileño de Salud reflexiona sobre el grave deterioro de las condiciones laborales, el trasvase a la gestión privada y las listas de espera

Mi nombre es Susana y tengo 56 años. Este año cumpliré mi decimosegundo trienio como enfermera del Sistema Público de Salud de la Comunidad de Madrid, para el que siempre he trabajado.

Estudié, casi por casualidad, una carrera de tres años con estupendas salidas profesionales por aquel entonces. Me gustó, disfruté y además coincidió que en esa época se gestó la Ley General de Sanidad de 1986. Lo recuerdo bien porque tuvimos que estudiarla y, pese a lo arduo que resultó, me motivó en la profesión. Una Ley que amparaba a todos los españoles y nos garantizaba la igualdad en el acceso a la atención sanitaria, en la que se gestaba la Atención Primaria –algo desconocido para mí hasta entonces– y que hablaba de prevención y promoción de la salud. ¡Sonaba bien!

Mi vida profesional comenzó el mismo día que terminé la carrera, y recuerdo no tener ninguna preocupación respecto al empleo (¡igualito que ahora!).

En ese momento se acababan de abrir hospitales, no solo públicos, sino, sobre todo, también de gestión pública: Severo Ochoa y Alcalá de Henares, que recuerde. Se nos anunciaba trabajo seguro.

Y así fue. Tras cinco años en el Severo Ochoa enlazando contratos interinos de seis meses en el mismo servicio y haciendo las mismas funciones, conseguí al fin mi plaza fija coincidiendo con la apertura del Hospital de Getafe, donde ejerzo en la actualidad.

En todos estos años he vivido muchas situaciones, siempre bajo el amparo de lo público, de lo de todos, con peores o mejores gestores, pero siempre desde la absoluta tranquilidad de brindar una atención de calidad al paciente y disfrutar de estabilidad laboral. Sabía que formaba parte de una cadena que también nos protegía a los míos y a mí.

Los que han venido detrás de mí y han sufrido los recortes no han tenido la buena suerte que tuve yo. Ahora me doy cuenta de lo afortunada que he sido. 

Podría llamarme María, Ana, Silvia, Sonia… y contaros que tengo 40 años, que soy enfermera desde los 21 y que aún no tengo mi plaza en propiedad, que he pasado por muuuchos hospitales, por diferentes servicios y centros de salud, que he firmado miles de contratos (incluso de dos y cinco días), que en 2018 se convocó una OPE que aprobé y aún no está resuelta.

Podría contarlo porque esta situación es la que sufren en la actualidad mis compañeras de profesión, que además cobran bastante menos que yo, y que se dejan la piel reciclándose continuamente por la inestabilidad de su puesto.

Y yo me pregunto: ¿no es esto un deterioro de la calidad de la asistencia? Sinceramente, creo que sí. Formar a compañeros para que en un par de meses haya que empezar de cero con gente nueva es un esfuerzo sin recompensa ni utilidad (porque en otros puestos a los que irán después tendrán que formarles de nuevo en los equipos, dinámicas y especificidades que tengan) y que va en detrimento del paciente y de la calidad asistencial.

Yo desarrollo mi actividad en el área quirúrgica. Por todos es conocido el problema de las listas de espera. Lo veo día a día. Pacientes que acuden al quirófano después de meses de sufrimiento y dolor en el caso de patologías traumatológicas, por ejemplo. Que precisan de largos tratamientos farmacológicos, e incluso de seguimiento en unidades de dolor que bien podrían acortarse o desaparecer con una cirugía a tiempo. Al mismo tiempo, se están infrautilizado quirófanos públicos (no tenemos turno de tarde estructural) y se derivan operaciones a hospitales de gestión privada.

A pesar de todo esto, creo en la Sanidad Pública como la única posible.

Quiero llegar al quirófano cada día y encontrarme con caras conocidas, con gente ilusionada por cuidar con calidad, con pacientes que todavía no han llegado al límite de la desesperación por el dolor y la impotencia. 

No sé si debería hacerlo, pero pienso ya en la jubilación, que ojalá fuera a los 60 –pero esa es otra lucha– y pienso que cuando llegue el día de mi retiro me gustaría dejar “el tema resuelto”, que los que vienen detrás no tengan que pelear lo que llevamos peleando ya tanto tiempo. Han sido muchas mareas blancas, muchos encierros, demasiados.

Fuente: Susana Gutiérrez
Foto: Susana Gutiérrez, durante una intervención quirúrgica | CEDIDA POR LA AUTORA

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