¿Quién se está poniendo las botas con la inflación?

Mientras unas pocas y grandes corporaciones fijan los precios de los bienes y servicios esenciales y multiplican beneficios, la subida de los productos de primera necesidad asfixia a la clase trabajadora. Han subido enpromedio un 16,4%, y para el 20% de menor renta un 19,1%.

La inflación se ha disparado. No hace falta que veas la tele para darte cuenta. Basta con que vayas a la compra. Entre agosto de 2021 y el mismo mes de 2022 los precios se han incrementado un 10,5%. No es un efecto homogéneo que afecte de la misma forma a todos los tipos de bienes que componen el Índice de Precios al Consumo (IPC) ni a todas las personas. Por eso para hacer un análisis adecuado, hay que “poner la lupa” para ver más en detalle lo que está ocurriendo.

Y hacerlo no nos tranquiliza. Más bien al contrario.

Porque, aunque ya es brutal el incremento medio de la inflación del 10,5%, los productos de primera necesidad (alimentos y bebidas no alcohólicas, vestido y calzado, sanidad, agua, alquiler de vivienda, transporte y sobre todo energía) han subido en promedio un 16,4%. Y son estos bienes y servicios fundamentales para la gente los que impactan de una forma más letal. Eso explica esa sensación generalizada de que el IPC no cuenta bien lo que a ti y a mí nos ocurre cuando vamos al supermercado. Y es que los promedios que incluyen todos los bienes y servicios, hasta los que no adquirimos habitualmente y no son esenciales, “esconden” en parte la realidad.

El IPC mide razonablemente bien las variaciones de precios que se están produciendo. Por eso cuando ponemos el foco en la subida de los productos de primera necesidad y constatamos que se han incrementado un 16,4% en términos interanuales hasta agosto, no se puede concluir otra cosa que la siguiente: es un porcentaje que desequilibra completamente los presupuestos de las familias.

Quienes menos tienen más sufren la subida

Eso sí, tampoco afecta igual a todas ellas. Para el 80% de las unidades familiares con menos ingresos, las trabajadoras y trabajadores de este país, la cesta de la compra de productos básicos ha subido un 17,4%, lo que supone un promedio de 245 euros cada mes. Para el 20% de menor renta, la cosa es peor porque la subida asciende al 19,1%, 176 euros más cada mes les cuestan los productos de primera necesidad. Mientras que para el 20% que tiene más ingresos la variación ha sido del 14,4%.

¿Qué es lo que ha impulsado el alza de los precios? ¿Acaso las familias trabajadoras se han lanzado a consumir de forma compulsiva y han tirado hacia arriba de ellos?

Las cosas no van por ese camino porque el origen de este incremento de precios se explica por lo ocurrido con la energía y el funcionamiento de mercados oligopólicos que permiten a las empresas enriquecerse obscenamente, además de por cuellos de botella en el comercio internacional tras la pandemia y en los últimos meses por la guerra de Ucrania. Unos mercados trucados que permiten a unas poquitas empresas fijar precios alejados de los costes que tienen y obtener sustanciosos beneficios gracias a una legislación que las protege.

Los salarios varían según los convenios colectivos y el bloqueo patronal

Los datos hasta junio son demoledores porque los salarios prácticamente no crecen y nadie podrá echarles la culpa de lo que está pasando. Un incremento del 1,33% de media que oscila entre el 2,42% de subida salarial para los 5,8 millones de trabajadores que ya tienen firmado su convenio colectivo y del 0% para los 4,8 millones que aún no lo han suscrito por el bloqueo de la patronal.

Los datos de Contabilidad Nacional indican que, en el primer trimestre de este año, los beneficios son responsables del 83,4% de la subida de precios. Que los beneficios empresariales hayan hecho crecer los precios ocurre en todos los países desarrollados, pero es especialmente intenso en España por la enorme concentración empresarial que facilita la fijación de precios de bienes y servicios esenciales por parte de un puñado de grandes corporaciones.

De hecho, los márgenes de beneficio empresarial por cada unidad producida en España han estado históricamente por encima de los que existen en el resto de la UE. Mucho ha tenido que ver en ello las reformas laborales aprobadas por el PSOE en 2010 y especialmente la del PP en 2012 que desequilibraron la balanza para quitar fuerza a la negociación colectiva. El resultado lo podemos ver en la evolución de los salarios que en 2020 eran en promedio un 6,4% inferiores a los de 2008 en términos reales, es decir, descontando la inflación.

La dinámica no se ha revertido todavía, aunque se haya aprobado una reforma laboral a finales de 2021 que permitirá una mejora de la capacidad sindical para la negociación colectiva. Y las empresas lo han aprovechado al máximo y en el último año el sector energético, el financiero y el manufacturero se han puesto las botas. Especialmente se llevan la palma las empresas energéticas cuyos márgenes de beneficio por unidad producida se han incrementado un 60,4% en el último año frente a una subida del 46,5% en la eurozona.

El BCE vuelve a equivocarse subiendo los tipos de interés

Desgraciadamente la cosa no queda ahí. Porque el Banco Central Europeo ha tomado la decisión de subir los tipos de interés para combatir precisamente la inflación desbocada. Se trata de un disparate sideral que está a la altura de lo que hizo su entonces máximo responsable, Jean Claude Trichet, al comienzo de la crisis en 2008 cuando también decidió elevar los tipos de interés de la zona euro. También lo hizo para “garantizar la estabilidad de precios en la zona europea y frenar las presiones inflacionistas». Ya sabéis el resultado. Un efecto desastroso para las economías de la eurozona y especialmente para quienes menos renta y patrimonio tenían.

El objetivo es encarecer los créditos para que familias y empresas se endeuden menos, se “enfríe” la economía y como resultado final se reduzcan los precios. El problema es que las familias y las empresas ya están endeudadas y los créditos que tienen se están encareciendo brutalmente y a los 245 euros de aumento mensual de los productos básicos que sufren el 80% de las familias de menos renta, las trabajadoras, se le añaden otros 150 euros por el incremento de los intereses de los préstamos hipotecarios. Quien piense que eso es sostenible sin que haya mucha gente en este país que se asfixie, no está en la realidad.

Lo peor además es que es una medida inútil para resolver la inflación porque los precios han subido por el incremento de la energía eléctrica en primera instancia y por el resto de bienes y servicios en la segunda ronda por la extensión al resto de sectores. Eso sí, servirá para que los bancos españoles mejoren un 49% sus ingresos por la subida meteórica del euríbor. Casi 15.000 millones más se prevé que obtendrán con estas decisiones del BCE. Lo que ha hecho no solo no van a arreglar las dificultades que las economías europeas atraviesan, sino que va a agudizar los problemas. Porque las empresas a las que les cuesta más la financiación terminarán repercutiendo en los precios de sus productos ese incremento de coste por lo que la inflación se retroalimentará.

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La excepción ibérica ha reducido el 13,5% el recibo de la luz

Las medidas paliativas son necesarias pero insuficientes; hay que intervenir en el mercado

Las medidas implementadas por el Gobierno de coalición, siempre más tarde de lo necesario por las resistencias del PSOE a las propuestas de Unidas Podemos, han permitido mitigar parcialmente los efectos de la inflación desbocada. La denominada “excepción ibérica” para limitar el precio de la energía eléctrica ha reducido el 13,5% el recibo, según las estimaciones de la OCU. Además, se han aprobado incrementos del 15% de las pensiones no contributivas, las más bajas, del mismo porcentaje del Ingreso Mínimo Vital, cuantiosas ayudas al transporte para que en el último cuatrimestre del año se reduzcan los precios, bonificaciones al consumo de combustible en las estaciones de servicio y complementos en las becas de 100 euros mensuales. A eso hay que añadir los nuevos gravámenes temporales a empresas energéticas y banca por los beneficios extraordinarios de los que se han apropiado y que podrían recaudar más de 4.000 millones de euros.

Se trata de medidas paliativas muy importantes que han proporcionado un nuevo escudo social para proteger a la clase trabajadora de los efectos más duros de la inflación. Pero hay que ir más allá.

Fuente: Carlos Sánchez Mato, Profesor de economía aplicada UCM; Responsable de elaboraciónprogramática de IU en mundoobrero.es
Foto: Protesta contra Endesa (2014) | Foto: Tono Carbajo | Fotomovimiento

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