¿Qué decisiones puede tomar Pedro Sánchez tras amagar con dimitir?

Tras el anuncio del presidente, se abren varias posibilidades que no se resolverán hasta el lunes: ¿Una moción de confianza? ¿La convocatoria de elecciones? ¿Un cambio de marco? ¿Dimitir y dar el salto a la presidencia del Consejo Europeo?

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Pedro Sánchez ha convocado un proceso de reflexión interna. O eso dice. Las presiones mediáticas durante sus algo más de cinco años al frente del Gobierno nunca habían hecho siquiera el amago de doblegarlo, tampoco las dirigidas hacia su mujer, Begoña Gómez, desde las terminales mediáticas de la ultraderecha. Pero desde este miércoles, el tablero ha cambiado totalmente de forma. El pseudosindicato de extrema derecha, Manos Limpias, ha conseguido judicializar la estrategia de acoso y derribo contra la pareja del presidente y en última instancia contra él. Una querella llena de bulos en forma de recortes de prensa ha sido el material y la excusa perfecta para que el magistrado titular del Juzgado de Primera Instancia nº 41 de Madrid haya decidido abrir diligencias previas para tratar de esclarecer si la esposa del presidente cometió o no un presunto delito de tráfico de influencias y corrupción en los negocios. Ya no es solo persecución mediática, a partir de ahora se ha convertido en lawfare.

Sánchez ha dado una fecha clave: el lunes 29 de abril. Ese día, ha asegurado en una inusual “Carta a la ciudadanía” publicada en sus redes sociales, tomará la decisión final que le ha llevado a suspender toda su agenda: “¿Merece la pena todo esto?”, dice preguntarse el presidente del Gobierno en la misma carta. Asegura no saberlo y se plantea la idea de dimitir, pero hasta el próximo lunes no volverá a comparecer ante los medios de comunicación. Hasta entonces, solo queda trazar los posibles escenarios que se abren. ¿Cuáles podrían ser las diferentes hojas de ruta en función de la decisión que tome? ¿Una moción de confianza? ¿La convocatoria de elecciones anticipadas? ¿Un simple amago para reafirmarse ante los suyos y bloquear los intentos ignominiosos de derribarlo desde la derecha y la extrema derecha? ¿Dimitir tras realmente haberse quebrado a nivel emocional? ¿Dar el salto a la presidencia del Consejo Europeo? Más probables o menos, todas estas vías están abiertas.

Pedro Sánchez convoca una moción de confianza el lunes

Una de las opciones más probables que desde la tarde de este miércoles revuela en las mentes de muchos y muchas analistas políticas es la convocatoria de una moción de confianza. Pero, ¿qué es esto y qué implicaciones tiene tanto en la vida parlamentaria como en las estrategias políticas? A diferencia de la moción de censura, la moción de confianza se utiliza, en términos técnicos, para determinar si el Gobierno en el poder cuenta con el respaldo del Congreso de los Diputados.

En esencia, cuando se presenta una moción de confianza, los miembros del parlamento votan para expresar si confían o no en el Gobierno actual y en su capacidad para seguir al frente del Ejecutivo. A nivel parlamentario, esto significaría un parón total para centrarse de lleno en un debate que seguiría exactamente las mismas normas que uno de investidura. Tras la intervención de todos los grupos parlamentarios, la Cámara Baja votaría y una mayoría simple daría la legitimidad legal a Sánchez para seguir presidiendo el Consejo de Ministros. Pero el relato político y mediático es mucho más profundo.

Esta moción de confianza obligaría a un cierre de filas generalizado entre sus bases, a una movilización sin precedentes y obligaría a volver a mostrar a sus socios de investidura su bandera de apoyo

Tras lograr un fortalecimiento en las elecciones de Euskadi, Sánchez —y el PSOE— mira con atención los comicios catalanes, que se celebrarán el 12 de mayo y para los que la demoscopia los coloca como primera fuerza en el Parlamento catalán, pero sin capacidad de formar Gobierno. Aquí, la posible maniobra de Sanchez se revela crucial. Esta moción de confianza obligaría, de facto, a un cierre de filas generalizado entre sus bases y a una movilización sin precedentes en sus cinco años de mandato entre sus votantes potenciales, ni siquiera comparable a cuando le vieron las orejas al lobo ultraderechista en noviembre de 2019. Desde ese momento, el giro narrativo que habría conseguido con esta pirueta política, no solo dejaría en evidencia a una judicatura torticera, sino que les complicaría la estrategia de acoso a Begoña Gómez a los tabloides de ultraderecha.

Además, en esa suerte de nueva investidura, obligaría a volver a mostrar a sus socios de investidura su bandera de apoyo. Por parte del soberanismo vasco no parece que hubiera problema: el PNV los necesita para mantenerse en la Lehendakaritza y EH Bildu no parece que esté dispuesto a derrocar el Gobierno de coalición —podría haberlo hecho antes—. Harina de otro costal sería la decisión que tomase Junts, aunque derrocar a Sánchez no les garantizaría ninguno de sus intereses estratégicos, dando por sentado el apoyo de ERC en los mismos términos que los abertzales. Sea como fuere, en un año electoral de esta dimensión, conseguir una reafirmación política y simbólica del apoyo de la mayoría del Parlamento podría acabar con un Pedro Sánchez más fuerte que el del miércoles a la mañana, horas antes de anunciar sus jornadas de reflexión.

El presidente del Gobierno solo cambia el marco: de acusado a víctima

Tome la decisión que tome tras su periodo de reflexión exprés, lo cierto es que Sánchez habrá conseguido cambiar el posible marco en el que le situaba la denuncia a su esposa y darle la vuelta. Con este movimiento, habría conseguido cambiar la percepción de su posición de ‘acusado’ —con todas las comillas del mundo ante lo que parece un probable caso de lawfare mediático con continuidad judicial—, a una posición de ‘víctima’, desde la que podría despertar empatías más allá de su bancada mediática y política.

El gesto —escribir una carta— no es banal. Utiliza el formato escrito y no una comparecencia ante las cámaras como una manera de no exponerse comunicativamente y, a la vez, dotar de cierta formalidad al acto comunicativo. La comunicación escrita enmascara un poco mejor las emociones reales, sean las que sean. Aún así, el factor emocional entra en juego cuando se permite revelarse como “hombre enamorado que está sufriendo” ante los ataques a su amada. Algo que humaniza su gesto y, por tanto, contribuye a generar empatía hacia su persona.

Simple jugada comunicativa:  la carta y la apertura de un periodo de reflexión —cinco días en los que el debate pasa a ser su decisión—, le permiten recuperar la iniciativa, además de pasar de acusado a víctima

Una de las posibles salidas al escenario sería esta simple jugada comunicativa, en la que, mediante la herramienta de la comunicación y la apertura de un periodo de reflexión —cinco días en los que el debate pasa a ser su decisión—, le permite recuperar la iniciativa, además de la citada trasposición de acusado a víctima. La salida “he reflexionado y seguiré con más fuerza que nunca”, le humanizaría y le otorgaría cierto halo heroico, en la línea de resistente a todo que, en su caso, no es nueva, ya que así se titula su libro Manual de resistencia. Este escenario, que sería un desarrollo más de su relato personal, abriría un marco favorable para el PSOE en las próximas elecciones catalanas y europeas, donde la proyección del gesto de Sánchez podría convertirse en un activo para su partido.

Pedro Sánchez convoca elecciones

La dificultad de sostener una mayoría parlamentaria que saque adelante una agenda legislativa y apruebe presupuestos anualmente, podrían haber situado a Pedro Sánchez en la posición de volver a convocar comicios. Sería claramente una apuesta de doble o nada, buscando pescar tanto en el río revuelto en el que se encuentra su espacio a la izquierda, para apelar a un “mal menorismo” que interpelase a votantes de Sumar o incluso de soberanismos de izquierda. La jugada sería presentarse —otra vez— como último dique de contención contra una entrada de la ultraderecha en el gobierno, con el argumento renovado de ser víctima de un ataque de lawfare que tanto ha penalizado a políticos de ese espacio en el pasado. Una forma de decir “yo también soy uno de los vuestros” a esos votantes desangelados que han visto como sus opciones políticas eran perseguidas con procesos orientados básicamente a llenar titulares y tertulias.

De abrirse este escenario, las opciones en el calendario pasarían por hacerlas otra vez en julio o bien más adelante, en septiembre. El artículo 115 de la Constitución establece el plazo legal de disolución de las cámaras un año después de la última vez que fueron disueltas, plazo que vence el próximo 29 de mayo. La coincidencia en tiempo de la precampaña con la antesala de las europeas le permitiría proyectar su presencia internacional y tratar de construir un relato asociado a sus logros en Bruselas. Situándolas tras las elecciones europeas, Sánchez estaría jugando con fuego, puesto que un mal resultado en esos comicios sería una losa difícil de levantar en poco tiempo. Aún así, el año pasado, tras perder varios gobiernos autonómicos y alcaldías, lo hizo y le salió relativamente bien.

¿Qué pasaría si Pedro Sánchez dimite el 29 de abril?

Otra de las posibles salidas que podría tomar Pedro Sánchez es la de hacerse a un lado y dejar que alguna otra persona de su partido tome las riendas. Es el escenario que parece menos probable, ya que no hay constancia pública de que haya designado a algun/a delfín, ni tampoco que tenga una oposición interna agrupada en alguna figura con proyección. En cualquier caso, el escenario para quién le sustituyera, sería el de tratar de sobrevivir a la legislatura y construir un nuevo relato que sustituya al novelesco Pedro Sánchez. Una misión que se antoja difícil dadas las circunstancias y que quedaría siempre ensombrecida por la figura de quién se ha ido.

De tomar esta decisión de dar un paso al lado, a nadie se le escapa que la proyección internacional del líder socialista podría abrirle las puertas para ocupar cargos en instituciones supranacionales

De tomar esta decisión de dar un paso al lado, a nadie se le escapa que la proyección internacional del líder socialista podría abrirle las puertas para ocupar cargos en instituciones supranacionales, tanto de la Unión Europea como de la más improbable alianza atlántica. Tampoco sería el fin político de su historia-relato, sino que podría ser un paréntesis que le permitiera proyectarse desde algún organismo internacional y seguir presente como personaje público. 

El ejemplo de Portugal: el presidente dimite y convoca elecciones

En el vecino ibérico se ha dado hace pocos meses un escenario de dimisión del presidente de gobierno y convocatoria electoral. Pese a que finalmente se demostró que ni siquiera estaba implicado Antonio Costa, las votaciones expulsaron a su partido del gobierno. Es un precedente que por su cercanía temporal y territorial seguro que se está observando y valorando en Ferraz. Ni siquiera la revelación de que la fiscalía confundió el nombre del presidente con el de otro alto cargo, paró la dinámica política que les dejó, a mitad de legislatura, fuera del gobierno. Y en Ferraz, seguro que a nadie se le escapa que la salida del gobierno implicaría la pérdida de numerosos puestos de confianza que, de no revalidar una mayoría suficiente, volverían a tener que buscar acomodo en otras obligaciones. 

Fuente: Tomás Muñoz / Javier H. Rodríguez en elsaltodiario.com
Foto portada: Pedro Sanchez en el Congreso de los Diputados | David F. Sabadell

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