¿Por qué aplauden tanto a Martínez-Almeida?

Más allá de las palabras, ofertas de diálogo y gestos, poco ha hecho Martínez-Almeida, encumbrado por propios y ajenos, para enfrentar las consecuencias de la peor crisis social que ha vivido la capital en su historia reciente, convertida en epicentro de la pandemia en España.

De “carapolla” al “Churchill español”. El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, imán para todo tipo de halagos de diversos sectores políticos y mediáticos, se ha convertido en una de las principales figuras emergentes del Partido Popular.

La exalcaldesa Manuela Carmena elogiaba en mayo la “transformación” del regidor madrileño: “Ha asumido esa función de buen director y buen capitán”. Un mes antes, el expresidente Felipe González se mostraba “sorprendido gratamente que este hombre esté al pie del cañón”. Incluso la líder de la oposición en el Ayuntamiento, Rita Maestre, ofrecía a mediados de mayo su “apoyo total” al Gobierno municipal, una postura basada en la “confianza” de que el alcalde “está comprometido con reducir el dolor de la pandemia en su ciudad”.  

La caída en desgracia del verso libre de Cayetana Álvarez de Toledo y el ascenso de Martínez-Almeida como portavoz nacional del PP y número tres del partido el 17 de agosto confirmó una vez más su talento para caer siempre de pie y escalar posiciones con una imagen dialogante en un partido cada vez más escorado hacia la extrema derecha. “Espero estar a la altura”, dijo al asumir su nueva responsabilidad en el PP.

Pablo Carmona conoce de cerca cómo funciona el Ayuntamiento después de cuatro años como concejal de Ahora Madrid, y también cómo es el día a día de los movimientos de su barrio, Vallecas, tras varias décadas como activista. 

Martínez-Almeida intenta ser la “cara amable” del PP, a pesar de que viene precisamente de la rama neocón del partido, recuerda el exconcejal Pablo Carmona: “Es sobre todo una operación de imagen, cuando realmente las políticas del Ayuntamiento están siendo restrictivas y están desbordadas”

Martínez-Almeida juega a ser “la cara amable del PP”, cuenta Pablo Carmona a El Salto, en una jugada que le recuerda —con otros protagonistas— al “viejo ciudadanismo de los años 90”, cuando el PP se dedicaba a aprobar “las medidas más duras” en el Gobierno y tenía su versión amable y moderna en el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, una figura promovida por Mariano Rajoy en 2008 también a la dirección nacional del partido. Esa imagen centrista de Ruiz Gallardón, ascendido a ministro de Justicia, no tardó en saltar por los aires cuando se vio forzado a dimitir en 2014 por su fracasado plan de endurecer la ley del aborto.

“De vez en cuando tiran de esa estrategia, a pesar de que Martínez-Almeida viene precisamente de la rama neocón del PP. Es sobre todo una operación de imagen, cuando realmente las políticas del Ayuntamiento están siendo restrictivas y están desbordadas, sobre todo en los asuntos de los que debería hablar Almeida y no habla, que son las política de vivienda, la primera línea de trinchera de las necesidades sociales, que las gestiona el Ayuntamiento”.

Más allá de las palabras, ofertas de diálogo y gestos, poco ha hecho Martínez-Almeida para enfrentar las consecuencias de la peor crisis social que ha vivido la capital en su historia reciente, convertida en epicentro de la pandemia en España. 

LA CAPITAL DEL HAMBRE

Las enormes colas en los comedores vecinales se convirtieron en una prueba incómoda de la insuficiente respuesta municipal ante uno de principales problemas que dejó la crisis provocada por la pandemia: el hambre. 

Para María Pilar Sánchez, concejala de Más Madrid, el Ayuntamiento de Martínez-Almeida se ha limitado a “cuidar su imagen con mucho márketing” y pocas medidas concretas. “Vemos a los concejales, con el alcalde a la cabeza, repartiendo comida… pero es que ese no es el modelo, el modelo no debe ser asistencial, caritativo, en el peor sentido de la palabra. Lo que tendrían que estar haciendo es adoptar medidas de políticas públicas para que todo el mundo que tenga esa necesidad se le reconozca ese derecho y lo haga a través de una forma que no sea estigmatizante y con todas las garantías”, señala esta concejala al El Salto

Para María Pilar Sánchez, concejala de Más Madrid, el Ayuntamiento de Martínez-Almeida se ha limitado a “cuidar su imagen con mucho márketing. Vemos a los concejales, con el alcalde a la cabeza, repartiendo comida, pero es que ese no es el modelo, el modelo no debe ser asistencial, caritativo, se deben garantizar derechos”

Ante la inacción municipal, fueron las redes vecinales de apoyo las que han estado a la altura en los peores meses del confinamiento. Según la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM) en los primeros meses de la pandemia habían florecido o se habían consolidado hasta 58 redes en los barrios que se organizaron de forma horizontal para repartir alimentos y productos de higiene, así como para prestar apoyo a las personas de riesgo y en aislamiento. Con más de 6.000 voluntarios, estas redes llegaron a atender a decenas de miles de personas. Miles de ellas, según denuncian, eran derivadas por los propios servicios sociales del Ayuntamiento.

Es una historia que se repite, cuenta Carmona a El Salto: en los momentos de crisis, unos servicios sociales “que ya estaban desbordados se convierten en lo que realmente son, en pastores de pobres”. Unos pastores que, según relata, realizan una “derivación sucesiva” que, al final, por falta de recursos y personal, termina en servicios externos al Ayuntamiento, en las redes que está generando la sociedad civil, el tejido vecinal y los centros sociales.

“Como no tiene capacidad de atender todas las demandas, el Ayuntamiento que gestiona los recursos de todos, que tiene el dinero de nuestros impuestos, que tiene miles de funcionarios a su cargo, te los manda con un post-it para que tú atiendas unas necesidades que deberían estar cubriendo ellos”, denuncia.

Los intentos de capitalizar esta ola de solidaridad por parte de Martínez-Almeida fue contestada por 20 redes vecinales a mediados de abril. En un comunicado criticaban que el alcalde y su equipo de Gobierno estaban intentando sacar “rédito político” del trabajo que se realiza sin su ayuda desde los barrios, “intentando ocultar lo que realmente ocurre”: una derivación sistemática desde los servicios sociales, saturados “por falta de organización y personal”, a estas redes vecinales.

El 9 de julio, centenares de personas se concentraban frente al Palacio de Cibeles para denunciar la situación crítica en la que se encontraban las redes de apoyo mutuo y las despensas solidarias tras meses de funcionamiento y abandono institucional. Ante el cansancio de los miles de voluntarios que dan vida a estas redes y la falta de recursos, exigían al Gobierno que tome medidas para que 50.000 madrileños puedan llevar comida a sus mesas en los meses de verano.

Kena Yuguero forma parte de la Red de Solidaridad Popular Latina-Carabanchel. En los peores meses de la pandemia, tuvieron que hacerse cargo de la alimentación de hasta 1.600 familias, cuenta a El Salto, sin ningún tipo de apoyo del Ayuntamiento de Madrid. “Muchas de las familias que atendíamos eran derivaciones directas de los servicios sociales. A mí me mandaban los listados las trabajadoras sociales de todas estas familias que necesitaban alimentos. Esa ha sido la ayuda municipal que hemos tenido, derivaciones directas desde Ayuntamiento de familias necesitadas que ellos tampoco podían valorar”.

“Muchas de las familias que atendíamos eran derivaciones directas de los servicios sociales. A mí me mandaban los listados las trabajadoras sociales de todas estas familias que necesitaban alimentos. Esa ha sido la ayuda municipal que hemos tenido»

Para esta activista, que trabaja en la red de Latina-Carabanchel desde 2014, la intervención de Martínez-Almeida en el peor pico de la crisis alimentaria que atraviesa Madrid se limitó a “hacerse fotos en todos los recursos voluntarios” de la ciudad. Un “lavado de imagen”, continúa, “a costa del voluntariado”, un tema que al Ayuntamiento “se le da muy bien, hasta el punto de pedir voluntarios para el Open de Tenis y poner la figura del voluntario como si fuera lo más y al final son miles de puestos de trabajo que no se cubren”.

Al final, concluye Yuguero, “lo único que ha hecho bien el alcalde ha sido no molestar, mantenerse de perfil y salir a hacerse cuatro fotos”, algo suficiente en el contexto actual, ironiza, para que te terminen “encumbrando”.

Con el paso de los meses, muchos comedores sociales han cerrado, comenta esta activista, porque “ya no tenían soporte o ya no podían soportarlo”. En el caso de la red de Latina-Carabanchel siguen funcionando, pero han pasado a atender a unas 120 familias. La caída en la demanda de cestas de alimentos, al menos en los casos que Yuguero conoce de cerca, se explica porque la gente ha comenzado a cobrar los ERTE, el paro y otras ayudas y por la reapertura de la economía —especialmente la sumergida— tras el confinamiento, cuenta a El Salto. Todas las personas que no podían teletrabajar, vivían al día o no tenían contratos han vuelto a sus trabajos, por eso también, explica Yuguero, “los barrios más pobres son los que más positivos tienen, porque la gente tiene que llegar a fin de mes y tiene que alimentar a sus familias”.

Además de sacarse fotos, la gran iniciativa del Ayuntamiento frente a la crisis alimentaria que atraviesa Madrid ha sido el programa Tarjeta Familias, lanzado el 1 de septiembre. Se trata de un fondo de entre 125 y 630 euros mensuales para 27.000 familias vulnerables para la compra de alimentos y productos de higiene. Sin embargo, desde los bancos de alimentos y diversas ONG señalan que el presupuesto de este programa, 27 millones de euros, resulta completamente insuficiente, también para Más Madrid, que critica el plan como “un gesto más de márketing” del Ayuntamiento.

Al final, concluye la activista Kena Yuguero, “lo único que ha hecho el alcalde bien ha sido no molestar, mantenerse de perfil y salir a hacerse cuatro fotos”, algo suficiente en el contexto actual para que te terminen “encumbrando”

La portavoz de Más Madrid en la capital, Rita Maestre, señalaba que para beneficiarse del plan hay que estar prácticamente en la “indigencia”. Esta tarjeta monedero recargable será negada a todas las familias que ingresen más de 950 euros entre todos sus integrantes y resulta incompatible con otras ayudas como el Ingreso Mínimo Vital o la Renta Mínima.   

“Si de verdad las familias pueden afrontar con menos de 950 euros el pago del alquiler, las facturas de luz, agua y gas, transporte, libros escolares, ropa, medicamentos y además alimentar con dignidad a su familia, que nos diga cómo”, declaraba Maestre. 

Este plan chocha también, critica Kena Yuguero, con unos servicios sociales “completamente colapsados” por el aumento de gestiones y el “bloqueo” en la contratación de más personal. “Tienen que atender las becas, las ayudas, los ERTE, el Ingreso Mínimo Vital y ahora también la tarjeta alimenticia… No sé quién la va a dar, si también van a llamar a los rastreadores del Ejército para que las den ellos”.

CARBÓN PARA LOS BARRIOS DEL SUR

La falta de respuestas frente a las necesidades básicas de la población madrileña contrasta con las medidas para favorecer los grandes intereses económicos. El lobby de las casas de juego recibía el 4 de junio un regalo que pasó inadvertido entre titulares sobre el coronavirus: con los votos de las tres derechas de la asamblea madrileña y la abstención de Más País y el PSOE, el Ayuntamiento aprobaba una rebaja extraordinaria de impuestos para los locales comerciales, entre los que incluía a las casas de apuestas por ser consideradas “de especial interés o de utilidad municipal”. Una enmienda de la oposición para que estas rebajas solo fueran accesibles para las empresas que no despidieran personal fue tumbada por PP, CS y Vox.

Otro regalo, de dimensiones incluso mayores, esperan recibir las grandes constructoras y las promotoras inmobiliarias, en paralelo a la reforma de la ley del suelo que planea el PP de la Comunidad de Madrid, para dar nuevas licencias sin tener que pasar por la Comisión de Patrimonio y desbloquear así cientos de proyectos urbanísticos, especialmente en el Centro Histórico de la ciudad.

La gran medida de Martínez-Almeida, la tarjeta alimentaria, será negada a todas las familias que ingresen más de 950 euros entre todos sus integrantes y resulta incompatible con otras ayudas como el Ingreso Mínimo Vital o la Renta Mínima

Un cuidado y dedicación para las grandes empresas que no están recibiendo los barrios del sur de la ciudad que, en esta segunda ola de la pandemia, se están llevado la peor parte. Y la gestión del Ayuntamiento no está ayudando “para compensar la situación de partida”, critica la concejala María Pilar Sánchez, de forma que la crisis no genere más desigualdad. “Nuestra preocupación es salir de la crisis, pero salir todos a la vez”, dice.

La llegada del servicio municipal de bicicletas a los barrios más allá de la M-30 es un buen ejemplo de este abandono municipal. Mientras el servicio de BiciMAD cuesta 0,5 euros por media hora en los barrios de la almendra central, con posibilidad de descuentos de hasta 0,20 euros, BiciMAD Go inició su desembarco en los barrios más empobrecidos y afectados por los contagios con una tarifa base de 5,7 euros por media hora, casi 12 veces más que el servicio en los barrios con más renta del centro de Madrid.

Además de insuficiente y desigual, la respuesta del Ayuntamiento está siendo “completamente descoordinada”, señala esta representante de Más Madrid. “En cada distrito se están tomando medidas diferentes, un distrito de Ciudadanos abre una cocinas de un centro de mayores o de un cole, mientras que uno del PP no lo hace. Lo solicitas en base a lo que ha hecho Ciudadanos y no te lo autorizan”, crítica.

Para Carmona, cabeza de lista de Madrid en Pie en las últimas elecciones municipales, la estrategia del Ayuntamiento es estar “agazapado, sin dar la cara con políticas concretas que podría desarrollar dejando que los golpes que pudiera haber los reciba Díaz Ayuso”. Las políticas de servicios sociales, recuerda este exconcejal de Moratalaz y Salamanca, son competencias compartidas con el Gobierno de la comunidad y el Ayuntamiento tiene muchos dispositivos para auxiliar a las familias en problemas que no está utilizando. Es el caso, explica Carmona, del reparto de alimentos, pero también de las ayudas de emergencia, que permiten repartir subvenciones a las familias más vulnerables para gastos concretos.

Para Pablo Carmona, la estrategia del Ayuntamiento es estar “agazapado, sin dar la cara con políticas concretas que podría desarrollar dejando que los golpes que pudiera haber los reciba Díaz Ayuso”

“Si Almeida tenía desatendidos como alcalde a los barrios del Sur y del Este Madrid imagínate ahora que le han nombrado portavoz del PP. Una vieja historia. La Alcaldía como mera rampa para la política nacional”, decía Félix López Rey, concejal de Más Madrid, poco después de que se confirmara el ascenso de Martínez-Almeida.

EL CACHORRO DE ESPERANZA AGUIRRE

El 15 de junio de 2019, José Luis Martínez-Almeida se convertía, con el apoyo de Ciudadanos y Vox, en alcalde de Madrid tras una espectacular remontada en las encuestas.

Sus seis apellidos —Martínez-Almeida Navasqüés León y Castillo Cobián Nacarino Ruiz de Velasco— son “una radiografía exacta de la alta sociedad madrileña de los siglos XIX, XX y XXI”, espejo de diversas “familias aristocráticas y de altos funcionarios del Estado que desde siempre fueron fervientes defensores del régimen monárquico anterior a la II República”, describía El Plural en un perfil del político madrileño.

Este abogado del Estado, al igual que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, es un hijo político de Esperanza Aguirre, a quien le debe buena parte de su carrera ascendente en la Comunidad de Madrid. De director general de Patrimonio Histórico entre 2007 y 2011, siempre de la mano de Aguirre, pasó a ocupar el cargo de secretario del Consejo de Gobierno. Todo esto sin verse salpicado por la corrupción generalizada del Gobierno regional del PP ni, por supuesto denunciar ni criticar públicamente la deriva que llevó a la Justicia a investigar, detener y condenar a buena parte del círculo cercano de la líder popular. 

Martínez-Almeida pertenece, cuenta Carmona a El Salto, a la tercera generación neocón del PP: “Son los despojos de la gente que no se salpicó con la corrupción, porque todavía estaban en posiciones intermedias o bajas, la que llevaba el Twitter de perro de Esperanza Aguirre, este señor que era director general de Patrimonio, un mindundi rebotado que iba número seis en la lista de Esperanza Aguirre”.

Esta posición privilegiada le permitió seguir ascendiendo en el partido hasta situarse como sucesor de Aguirre en la carrera al Ayuntamiento en 2017, cuando esta decidió dimitir de todos sus cargos tras el arresto de su mano derecha y heredero en la Comunidad de Madrid, Ignacio González.

Pese a su carrera dentro del PP, Martínez-Almeida seguía siendo un desconocido para la mayoría de los madrileños. Diez días antes de las elecciones, muchos le pusieron cara en un vídeo que él mismo hizo viral en el que intentaba sin éxito borrar una pintada de ACAB (All The Cops Are Bastard) en Vicálvaro. Poco después aparecieron nuevas pintadas en el lugar, entre ellas “PP ladrones” y “Almeida carapolla”. El mote fue ganando posiciones y una sanción a una persona que llevaba una pegatina con el lema “Almeida carapolla, seremos tu peor pesadilla” terminó de popularizar la denominación del nuevo regidor.

Los primeros meses delataban improvisación. Cualquiera diría que la victoria le había sobrevenido y que Martínez-Almeida no tenía más plan que intentar deshacer la obra de Manuela Carmena. Al principio con muy pocos resultados. Su cruzada contra el plan de bajas emisiones de Madrid Central tuvo tanto éxito como su intento borrar el grafiti de Vicálvaro. Los jueces tuvieron que recordarle que “la protección de la salud y el medioambiente” eran más importantes que cumplir el principal punto de su programa electoral.

Mejores resultados tuvo cuando se dedicó a terminar el trabajo iniciado por su predecesora. El proyecto Madrid Nuevo Norte, cuya última redacción fue finalizada en tiempos de Ahora Madrid, fue aprobado finalmente por el Gobierno de Martínez-Almeida el 29 de julio de 2019 con apoyo de todos los partidos. 

Eduardo Mangada, quizá el urbanista más importante de Madrid desde los años 80 y autor del actual Plan General de Ordenación Urbana de Madrid, calificaba en una entrevista la operación Chamartín como “uno de los mayores escándalos del urbanismo europeo: la entrega de tres millones de metros cuadrados de suelo público a un banco para que dé cabida en él a sus negocios financieros durante dos décadas. No lo llamemos Operación Chamartín o Madrid Nuevo Norte, por favor, llamémoslo por su nombre: Cortijo BBVA”.

Miles de madrileños pusieron cara a su alcalde gracias a los vídeos y memes que protagonizaba en las redes sociales. A finales de septiembre de 2019, Martínez-Almeida protagonizaba otro vídeo viral en el que justificaba ante unos niños escandalizados que era más importante reparar la catedral de Notre Dame, en París, que los incendios en el Amazonas porque el monumento francés era “un símbolo de Europa y nosotros estamos en Europa”. 

Si echar abajo Madrid Central fue imposible para Martínez-Almeida, el desalojo del centro social La Ingobernable, la otra promesa electoral más repetida junto con la rebaja de impuestos, fue mucho más sencillo. Durante la campaña, declaró que el edificio —que había sido cedido por Ana Botella por 25 años a la Fundación Ambasz para un museo que nunca se realizó— no podía ser “privatizado por unos pocos porque es de todos los madrileños”. Según sus propias declaraciones, utilizarían las instalaciones para levantar un centro de salud. 

Lejos de cumplir su promesa, el 6 de febrero de 2020 la alcaldía de Madrid cedió durante 50 años el edificio que La Ingobernable había puesto al servicio de innumerables colectivos y miles de actividades a la Fundación Hispanojudía, presidida por Alberto Ruiz-Gallardón. La International Jewish Antizionist Network en España mostró su rechazo a la decisión: “El Ayuntamiento reincide en el intento de privatizar este bien público cediéndolo a fundaciones cercanas a los dirigentes del partido como en su momento hicieron la alcaldesa Botella a la Fundación Ambasz, con un resultado tan negativo como el hecho de que el edificio estuviera cerrado e inutilizado durante cinco años —y el Ayuntamiento pagara por recuperarlo—”. Después de dos recursos interpuestos por el centro social en junio y noviembre de 2019, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid resolvió que el Ayuntamiento de Madrid no tenía legitimidad para realizar el desalojo.

Otras de sus iniciativas frustradas —la construcción de un parking de mil plazas junto al Retiro— iba encaminada, al igual que la frustrada ofensiva contra Madrid Central, a dar facilidades al transporte privado en una de las ciudades más contaminadas de Europa. Una contaminación que tiene consecuencias directas en la salud de los madrileños. Según un informe del Observatorio DKV de Salud y Medio Ambiente, junto con la Fundación Ecología y Desarrollo, 11.052 muertes en Madrid son achacables a la polución entre los años 2000 y 2009. 

La misma contaminación que también ha potenciado el efecto del cononavirus en la capital de España, al menos según decenas de investigaciones que vinculan la mala calidad del aire en las grandes ciudades con los peores efectos en la salud del covid-19. Una teoría defendida por múltiples especialistas y organizaciones sanitarias pero que todavía requiere de confirmación científica.

Pese a los regalos a los principales sectores económicos y el abandono de los barrios y la población más perjudicada por la crisis del covid-19, la valoración del alcalde de Madrid no parece haberse visto afectada y continúa en su silencioso ascenso dentro del PP. El ensalzamiento de la figura de Martínez-Almeida solo se explica, dice la concejala de Más Madrid María Pilar Sánchez, en contraposición con la figura de Díaz Ayuso. “Almeida ha jugado un papel de persona moderada, de persona dialogante, que ha contrastado con la incompetencia de Ayuso en la Comunidad y con el discurso bronco de Casado en el Congreso”, dice. 

Otro factor que puede explicar el ascenso de Almeida es la “falta de una oposición fuerte”, explica a El Salto el exconcejal Pablo Carmona. “El proceso de desafección que se produjo en los cuatro años del Gobierno de Carmena, de distanciamiento entre el tejido vivo, el movimiento de calle y la representación institucional, hace que sea muy difícil que la labor de oposición cuaje”. Para este activista, el trabajo de la oposición en el Ayuntamiento se ve claramente dañado por las coincidencias entre todos los partidos en ámbitos tan importante para una ciudad como la vivienda y el urbanismo: “¿Cómo va a haber una oposición fuerte cuando los grandes planeamientos especulativos se sacan en conjunto por todos los grupos políticos?”.
Fuente: Martín Cúneo en elsaltodiario.com
Foto:AytoMadrid