Papeleras “inteligentes” para tapar una gestión de residuos deficiente

El despliegue durante el verano de 2020 de las 1300 papeleras inteligentes, anunciado a bombo y platillo por el actual gobierno del Ayuntamiento de Madrid, no supone sino una cortina de humo sobre la deficiente gestión de residuos llevada a cabo por el mismo.

Los tímidos avances (llevados a cabo) en la legislatura anterior (la implantación, con mayor o menor acierto, de la recogida selectiva de materia orgánica y el establecimiento de un calendario de cierre de la incineradora de Valdemingómez para 2025) se encuentran en una situación de franco estancamiento, pese a las iniciativas promovidas, por movimientos vecinales, sociales y ecologistas. De hecho, la Comunidad de Madrid recurría a inicio de 2020 la estrategia destinada a cumplir los plazos para el cierre de la mencionada incineradora.

A día de hoy no hay estrategia de residuos en la ciudad de Madrid y tampoco se sabe nada sobre la renovación de la concesión de explotación de la incineradora de Valdemingómez, caducada desde julio de 2020. Asimismo, todavía no se ha publicado la memoria anual de 2019 del Parque Tecnológico de Valdemingómez, lo cual da una idea del clima de ausencia de proyecto y de transparencia en materia de residuos.

Por si no fuera suficiente, desde diciembre de 2019 se reciben en Valdemingómez 300. 000 toneladas de la Mancomunidad del Este, con el consiguiente perjuicio para la salud de los vecinos y vecinas de Vallecas.

De esta forma, el papel que juegan en todo esto las papeleras inteligentes es casi anecdótico, a pesar de relevancia que se le quiso dar en julio con su despliegue.

Estas papeleras ‘inteligentes’, no aportan nada a la recogida selectiva de residuos; porque no garantizan una optimización de la clasificación de los residuos para su ulterior reciclado.

De hecho, a partir de la información obtenida a través del Portal de Transparencia de la Comunidad de Madrid conocemos que ni siquiera en Valdemingómez se caracterizan los residuos procedentes de las papeleras. Es decir, no se sabe ni interesa saber qué tratamiento reciben los residuos procedentes de las papeleras urbanas y esta situación no mejora con la instalación de los nuevos y caros dispositivos.

Una de las características de dichas papeleras es su capacidad de compactar, sirviéndose de energía solar, los residuos depositados en ellas. Sin embargo, esto supone un gran inconveniente en el caso de las papeleras destinadas a recoger envases, pues dificulta la recuperación de los mismos, al compactarlos junto con los posible impropios entremezclados. Además, el coste de la recogida y tratamiento de dichos envases, al estar fuera propiamente del sistema de contenedor amarillo, recae sobre el Ayuntamiento en vez de sobre Ecoembes.

En definitiva, el gasto de las papeleras inteligentes y todo su despliegue tecnológico y mediático sólo sirve para aumentar la capacidad de cada dispositivo, en vez de potenciar las recogidas selectivas reales.

Bajo la una apariencia de progreso y modernización se esconde una gestión de residuos caótica, que sigue evitando apostar por un verdadero sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) y nos aboca a una progresiva degradación medioambiental.

Fuente: ecologistasenaccion.org

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