Otra escuela es posible

Lo que recibimos del cole ahora no son más que deberes. No es cole, no es educación, ni compañía, ni socialización. Son deberes.

Vuelvo a recibir, una semana más, el correo del profe de tercero de primaria de mi hijo con los deberes de la semana. Yo admiro a este equipo de profesores del cole de mi hijo por su entrega y su compromiso, por la alegría y la ternura que despliegan. Son mi apoyo en la crianza, en la educación, en la socialización de mi hijo. Cuando les hablo, me siento comprendida. Por eso me entran ganas de comunicarle a su profe lo que nos ocurre y le escribo:

Samuel,  
Lo que recibimos del cole ahora no son más que deberes. No es cole, no es educación, ni compañía ni socialización. Son deberes. Lázaro se niega a hacerlos desde hace semanas y yo lo entiendo cuando cojo los libros de texto o repaso el correo que me envías.

Le cuento muchas otras cosas que luego os copio pero, primero, vamos a presentar el tema: yo me quejo de los deberes durante el estado de alarma y me enfrento con renovada pasión al rechazo a los libros de texto. Imagino que Samuel, al leerme, va a pensar que la situación de mi hijo no es la de todas sus compañeras y compañeros. Porque nuestro colegio se ubica en el barrio de Orcasur, el barrio de todo el distrito madrileño de Usera con mayor porcentaje de población con “educación insuficiente”. El concepto entrecomillado engloba a aquella población que no sabe leer o escribir, que no tiene estudios o que no terminó la educación primaria. Orcasur tiene una densidad de población y una tasa de crecimiento vegetativo bastante más alta que el resto de la ciudad. También su nivel de paro es mucho más alto y el nivel de renta está varios puntos por debajo de la media de la ciudad.

Yo me quejo de los deberes durante el estado de alarma y me enfrento con renovada pasión al rechazo a los libros de texto

Las familias de mi cole son familias jóvenes y trabajadoras, en paro o no, que creen a pies juntillas que con los estudios mejorará el futuro de sus hijas e hijos. Pero muchos de estos compas de mi hijo no tienen en casa más libros que los del cole. No tienen madres o padres que lean y sí quizás mucha tele y videojuegos. En mi infancia, en otro barrio de otra ciudad, no había videojuegos pero sí tele a todas horas. Tampoco había otros libros que no fueran los de texto. Y yo me pregunto por qué no fueron esos otros libros los que me dio el cole.

En el correo, le contaba a Samuel que mi hijo leía horas y horas en la madrugada durante el confinamiento, a Funke, Astrid Lindgren, Roald Dalh, Stevenson, Connan Doyle, Kipling, Melville, Verne, etc. Todos los libros que yo no pude leer de pequeña y que aún todavía no he leído. Le explicaba a Samuel que, a partir de eso, mi hijo pregunta términos y conceptos y se interesa por contenidos y que todo eso son aprendizajes significativos. Le cuento que también hacemos una sesión diaria de cine. Vemos films de animación actual pero también cine mudo, en blanco y negro o cine de los años 80. El Peter Pan de 1924 le encantó. Tanto como El chico de Chaplin. Dartañán le llevó a producir más de diez espadas de origami, casco, escudo y coraza de cartón piedra. Esta semana su obsesión está con Asterix, lee los cómics, vemos las películas. Hemos hablado de los romanos y de Julio César, investigado sobre Brutus y el complot que asesinó al emperador. Hemos leído sobre Cleopatra y Egipto. Mi hijo dice que quiere aprender latín, así que se hace su listado de expresiones y busca la traducción en google.

¿Por qué no están todos los niños y las niñas en su casa aprendiendo a partir de sus propios intereses? ¿Por qué la escuela no sigue siendo ahora vínculo y cuidado? ¿Por qué no pueden llegar a clase los niños y niñas con sus inquietudes y motivaciones, desarrollar proyectos para investigar y estudiar de forma transversal el currículum? Yo celebro la coreografía de vuestras aulas, Samuel, las actividades que realizáis que se escapan de la dinámica de los libros de texto. Sé que las realizáis pero no nos llegan apenas ahora a casa. Eso demuestra que los libros de texto siguen siendo la estructura del sistema.

Confío en la capacidad de profesores y profesoras para trabajar de un modo transversal el currículum exigido por la autoridad educativa. Confío en ello, sobre todo, porque ya hay centros públicos que lo hacen

Yo no soy educadora. Sé poco de los recursos de enseñanza y por eso sólo pongo ejemplos de lo que a mí se me ocurre. Una pasa el testigo de lo que tiene (y no de lo que no tiene). Pero sé cómo se aprende, sé de la pasión, del interés, de la necesidad, de la búsqueda y de la satisfacción de encontrar. Sé poco de cómo manejar esto en una clase de 25 alumnos pero tiendo a pensar que los que se quedan siempre atrás, quizás no se quedarían tanto con este funcionamiento. Porque se acerca más al juego, imagino que, por lo menos, algunos niños y niñas sufrirían menos. Sé poco de los problemas que enfrentan a diario los y las profes.

Sé poco de la presión de la comunidad de Madrid y de la LOMCE. Pero confío en la capacidad de profesores y profesoras para trabajar de un modo transversal el currículum exigido por la autoridad educativa. Confío en ello, sobre todo, porque ya hay centros públicos que lo hacen (y sólo pongo dos ejemplos de Madrid: el del veterano Trabenco que lo hace desde hace décadas y el del Núñez de Arenas, que lo configuró hace un lustro para trabajar con población en riesgo de exclusión social).

Recibí respuesta de Samuel. Me dice que no me preocupe si mi hijo no quiere hacer los deberes, que lo importante es nuestra salud. Él opina que a otras familias esta rutina les favorece. En el chat de wasap de las madres del cole leo quejas por la carga de deberes y yo no me atrevo a opinar. Aunque se quejan, aunque las niñas y niños no tienen ganas de hacerlas, todas las madres opinan que las tareas son necesarias.
Fuente y Foto: Raquel Castro en elsaltodiario.com