2ª Marcha Mundial por la Paz y la Noviolencia

La realización de la 2ª Marcha Mundial por la Paz y la Noviolencia comenzará el 2 de octubre del 2019 en Madrid y durará hasta el 8 de marzo de 2020, se anunció en el marco de las Jornadas por la Noviolencia que se celebraron del 15 al 18 de noviembre de 2017 en Madrid.

La 1ª Marcha Mundial por la Paz y la Noviolencia inició el 2 de octubre (Día internacional de la No Violencia) de 2009 en Wellington (Nueva Zelanda), y culminó el 2 de enero de 2010 al pie del monte Aconcagua, Punta de Vacas (Argentina). Esta ha sido la primera marcha que ha recorrido todos los continentes: durante 94 días, por más de 100 países, unos 120 activistas confluyeron desde distintas rutas proponiendo la Paz y la No-violencia como la única salida para esta sociedad violenta.

Declaración

Contexto Mundial

El mundo amenaza con arder, los tambores de guerra se empiezan a escuchar, los conflictos siempre latentes en esta supuesta paz, que nunca ha sido definitiva, alertan con estallar. Hoy por hoy, no sabemos hasta dónde se llegará en Palestina, en Siria, todo parece ser un preámbulo de un, aún más, inquietante momento.

Estados Unidos ya no disimula nada, se acabaron los tiempos de la cara simpática de Obama, la etapa neoliberal se ha acabado, el crudo rostro del imperio de la violencia se empieza a mostrar sin tapujos, el mundo entero empieza a temblar.

Aparentemente, no hay poderes oficiales capaces de acabar con la violencia que crece día a día, infiltrándose en todas nuestras actividades y en nuestra intimidad. El poder destructivo de la violencia que insiste en adueñarse totalmente de toda la humanidad, es cada día más terrible y más peligroso. La violencia sigue creciendo aceleradamente junto con su capacidad de destrucción, las consecuencias que se están visualizando, podrían ser aún más desastrosas. 

Sudamérica

En América Latina y el Caribe, pusimos freno al armamentismo nuclear, con la firma del tratado de Tlatelolco de 1969, luego de la crisis de los misiles en Cuba. Aunque tenemos la moral en alto de no contar con arsenal nuclear en nuestros territorios, no hemos escapado de la guerra ni de las desbastadoras consecuencias de la crisis actual. 

La crisis económica mundial presiona a nuestro continente, los conflictos pendientes internos de los países amenazan a las democracias, la presión del capital sobre nuestras sociedades se hace notoria, las deudas públicas de nuestros países aumentan, la corrupción de minorías dirigentes, anticipan los fracasos de los gobiernos democráticos.

Al mismo tiempo, las fuerzas sociales sacuden las estructuras, los jóvenes sin espacio se revelan, con ejemplos notables como los estudiantes en Chile. Las voces femeninas cunden dentro y fuera del continente, y su clamor siempre pendiente de igualdad ante los varones, inesperadamente aparece con inusitada fuerza. El ruido en aumento de las redes sociales muestra una fuerte violencia personal acumulada que ya no es sorda, y las minorías políticas no saben qué pasa y los representantes del capitalismo apenas hablan.

En medio de esta confusa marea, aparecen las viejas voces que reclaman más “mano dura”, recordando los fantasmas de las nefastas dictaduras que llenaron el mapa de nuestro continente hace apenas 2 lustros, a los cuales no debemos volver por nada, motivo por el cual debemos aprender a ver hacia adelante, reforzando las acciones hoy. Nuestro continente aún sufre con la guerra en Colombia y sus nefastas consecuencias buscan ser superadas con un proceso de pacificación que precisa ser decididamente apoyado, más allá de la frustración y de la venganza hacia una reestructuración social afianzada en la reconciliación como única y verdadera salida; el reciente ingreso de Colombia en la OTAN como socio global marca un terrible desvío hacia la paz, constituyendo más bien un brazo armado del imperio global de la violencia, que articula a su vez 47 bases militares extranjeras en América Latina y El Caribe.

Pero algo nuevo está sucediendo; las aspiraciones de los trabajadores del espíritu, de los constructores de paz, de los impulsadores de la unidad universal, los de la metodología de la Noviolencia comienzan a integrarse en la conciencia social. El sistema actual no ha curado, ni cura nada de verdad: la guerra sólo ha traído guerra, la deshumanización sólo ha conseguido deshumanización, la violencia sólo ha dejado violencia, sin duda alguna, la destrucción sólo generará destrucción.

¿Serán los antiguos paradigmas de desarrollo y de relaciones entre países y entre personas los que den una respuesta integradora?, y ¿quiénes serán los que nos hagan saltar a un nivel superior de igualdad y de conciencia social?, ¿quiénes serán los que nos llevarán, aprovechando la increíble tecnología actual y toda la energía humana, en el marco de un “buen conocimiento”, a una sociedad realmente en paz, humana y digna?

En alguna medida todos somos responsables de lo que está ocurriendo, y dado que esta situación nos afecta directamente a todos, tenemos que tomar una decisión en nuestro interior. O continuamos apoyando las políticas armamentistas, siempre justificadas por el temor y la venganza. O generamos, y fortalecemos una cultura de paz, y unimos nuestra voz y nuestros sentimientos al de millones de seres humanos de distintas lenguas, razas, creencias y culturas para encender la conciencia humana con la luz de la NoViolencia.

Pero aclaramos, que recae en nuestros mandatarios la directa responsabilidad, junto con otros países y regiones, de concretar en las Naciones Unidas el eje de una cultura global de paz y noviolencia. Impulsando, en primer lugar, el desarme nuclear. Y, por otra parte, con respecto a nuestro continente, recae en nuestros mandatarios el compromiso de amortiguar, de poner paños fríos, de tener sentido común y ayudar a destrabar este complicado momento continental, de tal manera, que los conflictos internos de nuestros países se resuelvan sin violencia, exigirlo es tarea de todos.

Nuestros gobiernos serán los responsables de la atmósfera social que respiremos en los próximos años, según sepamos elegir entre la historia y la prehistoria, entre la humanización y la animalización, entre una tierra para todos o un mundo atemorizado, entre un planeta generoso, o un desierto contaminado.

Nosotros apoyamos al proceso de humanización, nosotros nos ponemos en marcha, recorriendo nuestro continente, conversando con la gente, fortaleciendo nuestras esperanzas y marchando en dirección de nuestras sentidas aspiraciones. Ya no podemos ver más sufrimiento en nuestros semejantes. Ya no queremos ver más relaciones violentas, de iniquidad entre hombres y mujeres y elecciones sexuales. Ya no queremos más deshumanización ni guerras. Esas agresiones las sentimos en nosotros mismos. En nuestra conciencia se ha producido un cambio y no hay vuelta atrás. Es necesario apoyar fuertemente el sentimiento de paz en nuestra región y apoyar decididamente la desactivación de la violencia en el mundo, así como reconvertir el sistema económico actual que produce pobreza, discriminación y muerte. Es necesario salvaguardar la vida para construir un mundo de iguales derechos y oportunidades para todos.

Exigimos a nuestros gobiernos priorizar en sus políticas públicas, de defensa y relaciones exteriores:

  1. Desarme nuclear a nivel mundial.
  2. La reducción progresiva y proporcional del armamento convencional y la renuncia a la guerra como forma de resolver conflictos; Apoyo decidido al proceso de pacificación en Colombia.
  3. La libre circulación de ciudadanos por América Latina.
  4. Una educación integrada con la metodología de la Noviolencia.
  5. El rechazo a toda forma de violencia; física, de género, verbal, psicológica, económica, étnica o racial, y religiosa.
  6. La resolución de los conflictos históricos en forma No Violenta.
  7. Igualdad de oportunidades entre géneros como política pública no discriminatoria.
  8. No a la instalación de futuras bases militares extranjeras y retiro de las ya existentes; Rechazo al ingreso de Colombia en la OTAN.

No dejaremos que la 1.ᵃ Marcha Sudamericana por la Paz y la Noviolencia pase desapercibida en nosotros, en nuestras familias, en nuestros pueblos y en nuestro continente.

Haremos crecer este impulso que nos comunica con lo mejor de nosotros, con cada uno, con lo mejor del ser humano.

Somos miles, somos legión y seremos millones y el mundo cambiará a favor de la grandeza humana, mucho más allá de sus inconvenientes y miserias.

Finalmente;

Declaramos el fracaso de las estructuras obsoletas de un mundo instituido viejo, mundo sin un espacio real para las nuevas generaciones, ni tampoco de una real igualdad de oportunidades para todos, particularmente debido al profundo fracaso de un modelo machista, que empieza a ser superado por una nueva sensibilidad propia de una nueva era, que convocamos entusiastamente a impulsar.

Fuente: marchasudamericana.org

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