“Los algoritmos funcionan como una máquina de radicalización dirigida a los jóvenes”, Laura Bates

La escritora y activista reflexiona sobre la reacción antifeminista más allá de los tópicos que vemos en las noticias

A esta altura, no resulta sorprendente decir que la reacción antifeminista resulta uno de los obstáculos más importantes para avanzar en políticas de igualdad. Es un tema que está de moda: Manosfera, neomachismo, espacios digitales y juventud…

Sin embargo, es difícil encontrar un análisis en profundidad que vaya más allá de la polémica, de la demonización juvenil y de la simplificación de estos espacios de radicalización masculina. Es fácil decir que la culpa de todo la tienen estos espacios digitales del odio y que los hombres que los habitan son hombres rencorosos y enfadados.

Laura Bates, escritora y activista feminista, intenta ir más allá de estos tópicos en su libro Los hombres que odian a las mujeres (Capitán Swing, 2023). Bates creó en 2012 la plataforma Everyday Sexism Project donde las mujeres podían denunciar anónimamente situaciones de sexismo. A partir de ese proyecto, publicó Sexismo Cotidiano (Capitán Swing, 2014) y desde entonces recibe amenazas y mensajes de odio casi diariamente. Esto le llevó a reflexionar sobre masculinidad, odio, reacción y mundo digital. Tuve la suerte de poder entrevistarla e intercambiar impresiones e ideas relacionadas con la reacción antifeminista y poder profundizar más allá de los tópicos que vemos en las noticias. Hablamos sobre juventud, condiciones materiales, redes y esperanza.

Sabemos que la reacción antifeminista es un producto cultural condicionado por la situación actual de los medios, las redes sociales y el mundo digital, que han marcado cómo se construyen, fortalecen y viralizan los contenidos de la reacción antifeminista. Pero, además de este motivo digital, ¿qué causas encuentras en este fortalecimiento? ¿Tiene algo que ver con la economía neoliberal, la emergencia climática o las crisis económicas?
Ciertamente, creo que todas estas cosas que dices están conectadas. Por ejemplo, existe una conexión entre la cosificación y mercantilización del cuerpo de la mujer, la forma en que otros capitalizan estos cuerpos para lucrarse y la reacción violenta que ataca rabiosamente a las mujeres que se atreven a tomar el control de su propia imagen y usarla para su propio beneficio.

También creo que estamos viendo un aumento en la radicalización antifeminista, particularmente entre los hombres jóvenes en el contexto de una sociedad donde los recortes gubernamentales han diezmado los espacios offline (como los centros juveniles) donde los niños solían poder reunirse y disfrutar de un sentido de comunidad y propósito.

A medida que crece esta generación de jóvenes, con un antifeminismo más extremo que los de las personas mayores, corremos el riesgo de ver retroceder el progreso hacia la desigualdad de género

Esto que apuntas sobre la juventud es muy interesante. Justamente, en tu libro has señalado algo que creo clave: si algo caracterizó a otras corrientes antifeministas es que fueron los adultos y los hombres mayores quienes marcaron el discurso y el debate. En este caso, sin embargo, los jóvenes tienen un papel fundamental en el tipo de mensajes, los canales y la difusión de contenidos antifeministas. Llevas años trabajando con jóvenes, ¿cuál crees que es el motivo de esta implicación juvenil?
Creo que parte de la razón se encuentra en el uso de algoritmos de redes sociales como una especie de máquina de radicalización dirigida a grupos masivos de jóvenes. Esto es preocupante porque sugiere que a medida que crece esta generación de jóvenes, con un antifeminismo más extremo que los de las personas mayores, corremos el riesgo de ver retroceder el progreso hacia la desigualdad de género.

En tu capítulo “Los hombres que no saben que odian a las mujeres” precisamente planteas que muchos de los hombres que acceden a estos contenidos de odio no tenían originariamente una voluntad de radicalización antifeminista. Muchos de estos jóvenes se topan con estos contenidos buscando una salida a ciertas dudas o malestares que tienen. Mi duda es: ¿Pudimos haber llegado antes? ¿Podríamos haber disputado ese malestar o esas dudas desde una postura profeminista o tienen esas dudas un germen masculinista desde el principio?
Definitivamente no creo que la misoginia sea de ninguna manera inherente a los niños o jóvenes. Creo que podríamos contrarrestar y prevenir estas formas de radicalización si ofreciéramos oportunidades para una mejor educación sexual y de relaciones, una mejor conciencia y comprensión de los estereotipos de género y una mejor alfabetización en Internet desde una edad mucho más temprana. También creo que deberíamos brindar mejores soluciones fuera de internet, como clubes juveniles, modelos a seguir masculinos y financiamiento para servicios de salud mental para jóvenes para abordar algunos de los problemas subyacentes con los que luchan los adolescentes.

A las plataformas les interesa enviar contenido extremo a más usuarios que contenido más moderado y equilibrado, porque los mantiene mirando durante más tiempo

Las tecnologías de la información son clave para comprender la estructura de la manosfera y su éxito. Sin embargo, llama la atención lo difícil que nos resulta desde las posturas progresistas aumentar el volumen de espectadores en redes. Por poner un ejemplo, un influencer machista español local, Roma Gallardo, en YouTube tiene 1,78 millones de suscriptores en su canal, más que Contrapoints (1,65M) cuyo alcance es mundial. Eso sin contar las cuentas de TikTok (que tienen muchos millones más de seguidores). ¿A qué se debe esta dificultad para que las activistas feministas obtengamos ese nivel de seguimiento?
Creo que en parte se debe a que sabemos que los algoritmos de las redes sociales promueven deliberadamente contenido cada vez más extremo porque se ha demostrado que extiende el tiempo de visualización. Por lo tanto, a las plataformas les interesa enviar contenido extremo a más usuarios que contenido más moderado y equilibrado, porque los mantiene mirando durante más tiempo y, por lo tanto, le da más dinero a la empresa. También sabemos que los misóginos extremistas y la extrema derecha se han aprovechado despiadadamente del uso del humor, los memes, los puntos de contacto culturales, etc. como mecanismo de transmisión de su mensaje, y los progresistas no han sido tan expertos en hacer que su mensaje sea atractivo y culturalmente relevante.

Mirando el amplio mapa que dibujas en tu libro, es claro ver ciertas conexiones entre las diferentes dimensiones de la reacción (cuentas de YouTube/Intagram/Twitter/TikTok, grupos ultraconservadores, activistas antifeministas, lobbys conservasdores, políticos de ultraderecha y público consumidor). Sin embargo, a veces es difícil entender los canales de comunicación entre estos grupos, especialmente los económicos. ¿Crees que hay canales de financiación que van desde lobbies y partidos políticos de extrema derecha hasta activistas y divulgadoras antifeministas?
Es difícil de seguir porque el dinero a menudo está escondido, pero sí hay evidencia que lo sugiere. Por ejemplo, sabemos que los medios de comunicación conservadores gastaron miles de dólares en promover propaganda anti-Amber Heard durante el juicio Depp v Heard.

Podemos ver claramente que los hombres que difunden la retórica antifeminista a menudo se benefician enormemente en lo económico, como Andrew Tate

También podemos ver claramente que los hombres que difunden la retórica antifeminista a menudo se benefician enormemente en lo económico, como Andrew Tate que ejecuta lo que equivale a un esquema piramidal que explota a los adolescentes vulnerables para su propio beneficio económico.

Terminamos con algo más positivo: ¿Eres optimista con todo este panorama? ¿Dónde crees que están las claves para poder paralizar y desarmar la reacción?
Sí, todavía tengo esperanza, aunque creo que también hay motivos muy reales para preocuparnos. Me da esperanza que muchos jóvenes estén ahora motivados y activos en la lucha por las causas feministas, y que muchos más jóvenes en edad escolar sean conscientes de estos problemas y de sus derechos que hace 10 años.

Creo que lo que necesitamos ver es un mayor apoyo de los sistemas e instituciones. Por ejemplo, los legisladores deben introducir una regulación real y responsabilizar a las redes sociales y otras plataformas web donde están explícitamente promoviendo el odio y la incitación a la violencia fuera de línea. También necesitamos ver un mejor apoyo para los jóvenes en las escuelas, con un claro reconocimiento de que esta es una forma de radicalización y debe tomarse en cuenta.

Fuente: Lionel S. Delgado en elsaltodiario.com
Foto: Laura Bates, escritora y activista feminista publica ‘Los hombres que odian a las mujeres’ (Capitán Swing, 2023)

.
También podría interesarte