Residentes del distrito centro de Madrid exigen a las administraciones que garanticen los derechos de las personas solicitantes de asilo y les brinden los recursos necesarios para que nadie vuelva a dormir a la intemperie frente al Samur Social.
El autobús de la EMT dobla frente a la iglesia de San Francisco el
Grande y enfila calle arriba, topándose con un grupo de gente que corta
el tránsito. No son muchas personas, el conductor pita con moderada
impaciencia mientras se escuchan los cánticos que vienen de la calzada:
“¡Ninguna familia sin solución!”.
Quienes obstaculizan la
circulación a la altura de la sede central del Samur Social son
familias, como son famlias las que duermen a veces sobre la acera. Pero
las familias que se manifiestan hoy tienen casas cerca, y llevan a sus
niñas y niños a colegios cercanos. Son, en definitiva, vecinas y vecinos
del distrito centro que se han autoconvocado para protestar por las
carencias de un sistema de protección incapaz de dar respuesta y techo a
quienes vienen en busca de refugio. Tranquilamente, los manifestantes
se apartan y dejan pasar el autobús.
“Cuando pasamos por aquí los niños preguntan que por qué hay niños en la calle, que por qué están tomando sopa en un plato de plástico, que por qué hace frío y siguen así”
Carmen se ha enterado por las redes sociales de la
convocatoria. Ha llegado algo más tarde, tras recoger a sus hijos de la
escuela. “Cuando pasamos por aquí los niños preguntan que por qué hay
niños en la calle, que por qué están tomando sopa en un plato de
plástico, que por qué hace frío y siguen así”. Su hijo de unos cinco
años le replica: “Yo ya sé por qué”. “Lo sabes porque te lo he explicado
yo”, le contesta, suave. Carmen no querría tener que explicar algo que
le parece incomprensible, intolerable: “Todo el mundo tiene derecho a
que se le trate dignamente, estas personas vienen a España buscando
refugio y no se les está dando. Somos un país con muchos recursos, me
niego a creer que no podemos acoger a 400, 500, mil o dos mil personas
que están en situación de desamparo”, afirma.
Frente al Samur Social además de vecinas y vecinos de todas
las edades, hay bolsas llenas de ropa de abrigo para enfrentar el
invierno. Las han traído ellos, como cada noche. El termómetro roza los
diez grados, ha habido días peores. Luis está de pie junto a la reja que
protege los soportales del Samur Social, es la décima noche que viene a
intentar encontrar un recurso donde dormir, no suele tener suerte. Ha
estado ya en la Parroquia San Carlos Borromeo, pero también ha hecho
alguna noche ahí mismo, con una veintena de personas en la misma
situación. A ver qué le toca esta noche. “Lo vecinos son buena gente,
vienen cada noche, nos apoyan mucho, estamos muy agradecidos”, cuenta
este venezolano. Para él quienes fallan son quienes tienen
responsabilidad en las administraciones. “Les diría que se pongan la
mano en el corazón, que somos personas, créame que si alguno de nosotros
no tuviera la necesidad de estar acá, no estaría. Más allá de todo,
somos seres humanos. La vida da muchas vueltas. Esperemos que nunca
ellos necesiten ayuda”.
Aunque no vive ahí, Merche también se ha
unido a las vecinas, es a quien señalan algunas personas cuando se les
pregunta si quieren hablar. “No, mejor habla con Merche”. No hay
portavoces, nadie parece saber muy bien cómo empezó todo esto, solo que
se han ido enterando de la concentración de una forma u otra y ahí
están. “Son mamás del barrio, familias del barrio que han visto lo que
pasaba y han dicho: vamos. Ha sido un boca a boca, también se han
enterado por las redes”, dice Merche mientras despacha a los rezagados
hacia la Junta del distrito Centro, destino hacia al que se van
dirigiendo buena parte de las 150 o 200 personas que se han llegado a
concentrar. Allí está por conformarse el pleno. “Yo soy periodista y lo
que estoy haciendo aquí es lobby mediático. Me indigna esta situación y
cada uno trae lo que sabe” comenta Merche antes de desaparecer en el
trajín, requerida para alguna información o una entrevista.
No hay portavoces, nadie parece saber muy bien cómo empezó todo esto, solo que se han ido enterando de la concentración de una forma u otra y ahí están
La gente circula por Bailén hacia la calle Mayor. Sobre
el cielo del puente de Segovia se pone el sol pintando todo de rojo.
“¡Ningún ser humano es ilegal!”, corean las vecinas mientras se adentran
en el centro de la ciudad. La noche empieza y el frío arrecia, aunque
entre la gente en movimiento, se nota menos.
“¡Vergüenza me daría
dejar niños en la calle!”, interpelan a la altura de la Junta. Quieren
entrar en el pleno, pero solo lo consiguen unas pocas, en seguida
cierran las puertas. A quienes han entrado, según contarán después, les
dicen que no hay aforo. Un vecino se levantará de su asiento y les
cederá el lugar. El resto de los manifestantes siguen afuera bloqueando
ahora la calle Mayor, donde en realidad hay más turistas que coches.
“Ha
sido espontáneo, seguimos a los vecinos que están tan indignados o más
que nosotros, y ha sido iniciativa únicamente de ellos”, dice Pedro del
comité de empresa del Samur Social que lleva de huelga toda la jornada.
De fondo se oye ahora un clamor: “¡Vergüenza, vergüenza!”.
“Reivindicamos lo que oyes”, apunta, “es una vergüenza que los niños
estén en la calle, llevamos un año y medio con esto, los gobiernos se
tienen que juntar, y tienen que hablar y solucionarlo que para eso se
les paga, y si no, ¡que se vayan!”, apunta Pedro, aludiendo a cómo el
Ayuntamiento y el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social
se pasan la pelota.
En este contexto, el trabajador de la
institución, empleado de Grupo 5, halaga a los vecinos pues “hacen más
que el Samur Social”. Así, acusa de incompetentes a sus responsables. Y
saluda sobre todo su acción visibilizando el colapso del servicio. En
definitiva, les tiene fe: “Si ni la presión que hacen ellos funciona, ya
no sé qué va a funcionar”.
Hay varios colegios en la zona, uno
justo enfrente, el Virgen de la Paloma. “Las familias de este cole cada
vez que tienen que recoger a sus hijos y van a sus casas pasan por
delante de la puerta de la central del Samur Social, ven día a día como
niños de la edad de sus hijos, más mayores o más pequeños, están en la
puerta durmiendo”, apunta Azucena, otra trabajadora del Samur Social que
lleva todo el día movilizada.
“¿Qué pasaría si fueran tus
hijos?”, le preguntan las personas concentradas al edificio de la Junta.
El edificio, como es lógico, no responde. “Ver familias, madres con
niños pequeños que tengan que estar en la calle es una cosa que no se
puede aceptar”, sigue Massimo mientras batalla con su hijo que no se
quiere sentar en el carrito. Este italiano vecino del barrio no sabe qué
va a pasar después de esta concentración, “espero que no hagan falta
más acciones, que se pueda arreglar.
Carmen Navas, otra Carmen que vino desde Bolivia, ya no duerme
en la calle, le han adjudicado una plaza. Sin embargo, no trae buenas
noticias: “Vengo representando a las familias que se encuentran
acogidas, a dar denuncia de que en ese lugar [el centro de Valdelatas
donde se aloja] hay plazas vacías”. Plazas vacías y familias que tienen
fecha de salida, y que no saben dónde irán. Carmen exime de culpa al
Samur Social, para ella el problema son las adjudicaciones, la
privatización de la ayuda que se otorga a empresas y ONGs. Apunta a que
hay recursos vacíos mientras la gente sigue en la calle. “Es sospechoso
que en Madrid haya este tipo de situaciones. Es la única comunidad, a
nivel europeo, que deja dormir a niños en la calle“, insiste.
Las
redes que se hacen en el desamparo son sólidas y Carmen cuenta cómo
quienes ya están alojados ayudan a quien lo están esperando. Se juntan
“porque si no hacemos presión ni unión popular ninguna institución nos
va a dar cabida ni nos va a dar voz. Al principio nos sentíamos
impotentes, pero ahora estamos juntos y nos sentimos indignados pero
fuertes”.
Un aplauso cierra la concentración, algunos participantes se animan a corear “el pueblo unido, jamás será vencido”, hay quien se emociona
El grupo de personas que ha conseguido entrar a la Junta
sale en ese momento. Una de ellas comenta para los demás qué es lo que
ha pasado en el interior. “Entramos, la vocal de Más Madrid ha cogido
todos los papeles para repartirlos, creo que iba a leer el comunicado
también, o mencionarlo en el pleno. Pues ya está hecho, nos vamos,
levantamos campamento”. Un aplauso cierra la concentración, algunos
participantes se animan a corear “el pueblo unido, jamás será vencido”,
hay quien se emociona. Empiezan a dispersarse, algunas hablan de ir a
Príncipe Pío donde comienza la campaña de frío, otras se dirigen hacia
la manifestación del 25N, otros a sus casas calientes a dar de cenar a
sus hijos. Y otros, quizás, se quedarán en la calle llamando a la suerte
frente a la entrada del edificio central del Samur Social.
“Las familias del distrito acudimos a esta junta municipal ante lo que consideramos una emergencia social. Estamos perplejas e indignadas por la pasividad de las instituciones ante la presencia de solicitantes de asilo, familias con niños y niñas pequeños, que pasan interminables horas a las puertas del Samur Social, sufren frío y hambre en la calle y pasan la noche en la intemperie, esperando una ayuda de emergencia que no llega”, sumariza el comunicado que las vecinas y vecinos han dejado en la Junta. Lo que ha llegado es el invierno, la campaña de frío, y aún más demanda de unos recursos municipales que no alcanzan. Bajo las luces navideñas, esas que han costado tres millones de euros, los turistas reconquistan la Calle Mayor mientras cientos de solicitantes de asilo siguen buscando su hueco en una ciudad que por ahora solo les ofrece incertidumbre. Fuente: Sarah Babiker en elsaltodiario.com