La Revolución de la Gastronomía con impresoras 3D

Makeat nació hace un año y aplica las nuevas tecnologías para transformar el arte culinario. No solo ofrece innovaciones para estrellas Michelin, sino también tiene un proyecto para dignificar la vida de los ancianos a través de su alimentación.

 

Una cara de faraón de chocolate, hielos para las bebidas con el logo de un restaurante, la espuma de la cerveza con un emoji o hasta las clásicas pompas de jabón, pero esta vez, comestibles. Estas son algunas de las creaciones de Makeat, que persigue revolucionar la gastronomía a través de la innovación con las impresoras 3D.

Makeat, como bien dice su nombre, somos personas makers, curiosos, nos preguntamos todo, investigamos hasta la raíz de los problemas que tenemos”, relata el CEO de la empresa Juan Manuel Umbert.

Este equipo está formado por cuatro miembros más: Adrià Colomnias (CEO), Guillem Sole (business development), Eladio Rodríguez (Event Manager) y Jorge Ruiz (I +D y Chef). Desarrollan sus proyectos en un pequeño garaje de San Adrià del Besos, pero eso no les impide soñar a lo grande. Multinacionales como Apple, Google o Amazon, resalta Umbert, también empezaron a caminar en garajes.

El lugar es un auténtico bullicio de innovación. Una de sus principales aportaciones al mundo de la gastronomía es la creación de moldes de silicona y termo formado que contribuyen a presentar la comida con un aspecto original. También permite que se fusione con la vajilla con el menú o el plato que se presenta. En la entrada hay como un pequeño museo donde se exponen los moldes más creativos que uno se puede imaginar. Desde una nave espacial a las calles de Barcelona. Dentro se le puede poner cualquier tipo de comida como chocolate para elaborar un exquisito postre apto para casi todos los paladares.

gastronomia3d

Al otro lado, hay una impresora 3D. Colominas aprieta el botón y la máquina empieza a sacar humo. El láser corta el material que luego construirá uno de estos moldes. A continuación, se encuentra un auténtico rincón de los inventores, donde una infinidad instrumentos dan vida a las ideas. En este espacio se reparan las máquinas, pero también se construyen los moldes. 

En la sala grande, el medio hay mesas donde el equipo de profesionales estruja el cerebro. Aquí es donde trabajan, discuten y elaboran sus ideas. Cada uno en su mesa, pero conectados entre sí para compartir experiencias. 

Están rodeados por otras impresoras 3D, una de las cuales hace tinta para cerveza. Esta máquina se mueve de un lado al otro, de izquierda a derecha, mientras dibuja encima de la espuma de la bebida un escudo del F.C.Barcelona. 

Un vinilo que sirve para pinchar música y que el DJ se puede comer o alimentos que dignifican la vida de los ancianos son algunas de las innovaciones que está desarrollando Makeat con sus impresoras 3D.

Cómo nace Makeat

Umbert se dedicaba al mundo de la gastronomía, la restauración y la creatividad cuando conoció a Colominas, que era especialista en el ámbito tecnológico. Coincidieron en diferentes proyectos y talleres hasta que, finalmente, trabajaron juntos codo a codo en el primer restaurante de impresoras 3D de Barcelona.

“Ese proyecto no funcionó, las tecnologías con las que trabajamos les quedan unos años, pero surgió la idea de trabajar con impresora 3D la comida y todo este desarrollo que estamos llevando a cabo”, relata Umbert. De hecho, se dieron cuenta que, por el momento, no es sencillo producir comida con estas máquinas por “los procesos de impresión, de velocidad, la ergonomía de los alimentos… Todo esto son factores que están muy complicados hoy en día y que quedan mucho estudio”, puntualiza el directivo.

Así que, como muchos otros emprendedores, experimentaron en sus carnes que una iniciativa no saliera como esperaban. Ahora bien, como dice el refrán “Todo fracaso es el condimento que da fundamento al éxito” y este proyecto les llevó a sembrar las semillas de su empresa actual, que tiene un año de vida.

“El molde es la primera acción con las impresoras y la creatividad que se llevó a cabo, pero vamos repensar la gastronomía de cómo es hoy en día”, aclara Umbert, ya que ahora crean hasta vajillas o hielos a medida.

De hecho, esta revolución creativa también ha podido progresar porque trabajan con chefs de estrella Michelin, de los que, reconoce, han aprendido mucho. “Empezamos haciendo cierto tipo de cortes o de moldes para ellos y ahora ya les desarrollamos platos. Trabajamos pensando con qué vajilla van a necesitar en el siguiente plato o menú”, cuenta este emprendedor. Así pues, han introducido un nuevo concepto en el arte culinario que hasta ahora era impensable: “¿Cómo combina el alimento con el plato?”.

Pero las ideas de este grupo de creadores no tienen límite. Ahora, con el DJ de música electrónica Black Koko están imaginado cómo crear un vinilo que le sirva al artista para pinchar y, al final de la sesión, se lo pueda comer o distribuir entre el público. Así pues, éste debería tener “una melodía muy exacta que se podría hacer con láser replicando un vinilo y, luego, se repartiera esa canción para que pudiera formar parte de ti”, reflexiona Umbert.

Dignificar la vejez

Esta tecnología, además, persigue mejorar la vida de la ciudadanía. Un claro ejemplo es el proyecto que tienen con residencias para dignificar la vida de las personas mayores en el ámbito de la alimentación. Muchos ancianos cuando llegan a la edad madura no pueden digerir bien la comida sólida. “El 70% de la gente mayor tiene un problema de deglución”, detalla Umbert. Por eso, muchos de ellos deben de consumir todos los alimentos líquidos con una cuchara. Argumenta el CEO que la psicología va muy relacionada su apetito, por lo que está situación hace que lo pierdan.

A través de los moldes de Makeat, se replica la forma exacta que tienen diferentes productos como un pollo al horno. Dan un paso más allá e imitan la textura de los alimentos que, en realidad, son semi gelatinosos por dentro y, por ende, son comestibles para los ancianos.

“Tenemos tecnologías que desarrollamos con Cocuus, que son los partners tecnológicos de Navarra, que lo que hacemos es tintar ovulatos de tintas comestibles para que el pollo parezca horneado y esté crujiente”, relata Umbert. De este modo, las personas mayores vuelven a coger el tenedor y el cuchillo para consumir estos productos. El objetivo final de este proyecto, matiza, es “volver aportar una nueva juventud en la alimentación, que es lo más básico del ser humano”.
Fuente: Artículo de Núria Segura Insa en elsaltodiario.com

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