La Reforma Laboral, una oportunidad para mejorar el “clima laboral”

Estamos, parece, a pocas horas o días de que se cierre la negociación entre la patronal, los sindicatos y el gobierno para reformar el actual Estatuto de los Trabajadores, la que se ha venido en llamar la negociación de la Contrarreforma Laboral. Es una buena ocasión para preguntarnos si el resultado de esta negociación, además su incidencia en las materias que han sido noticia permanente durante todos los meses o incluso años que está durando la negociación y que estarán escritos negro sobre blanco en el Boletín Oficial del Estado, nos ayudará además a mejorar el clima laboral que se vive en tantas empresas en las que prima un modelo autoritario en la gestión de su fuerza de trabajo.

Esperemos que sí, que la filosofía que inspire los cambios legales que se aprobarán los próximos días, sirva para modernizar y democratizar nuestras relaciones laborales. Entre otras muchas razones, porque es imprescindible para conseguir el necesario “clima” para un nuevo modelo productivo del que tanto se habla, sin estar demasiado claro de qué se habla y cómo se materializa. Un modelo que precisa de empresas con un ambiente de trabajo que facilite el respeto al trabajo y promocione la participación de los trabajadores y trabajadoras y sus sindicatos en las empresas.

En España el trabajo es percibido como menos satisfactorio y enriquecedor que en otros países de Europa

Necesitamos superar el clima, tan común, de desconfianza que se vive en tantos centros de trabajo por la insatisfacción que sienten sus trabajadores y trabajadoras con sus condiciones de trabajo y sus salarios. Esta afirmación resulta avalada por los numerosos indicadores que confirman que en España el trabajo es percibido como menos satisfactorio y enriquecedor que en otros países de Europa. Por ejemplo, que el 31% no aprende nada en el puesto de trabajo, según el estudio de European Skills and Jobs Survey de CEDEFOP. Que una de cada tres personas trabajadoras en España sufre estrés laboral, una proporción muy superior a la media de la UE-8 o la UE-22, como nos indica la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo en Los riesgos psicosociales y el estrés en el trabajo”. Como el país en el que más de la mitad de las personas ocupadas, si no necesitasen el empleo para vivir no trabajarían. Este dato quizás por sí solo no nos dice nada, pero sí es relevante si lo comparamos, por ejemplo, con la respuesta de los daneses u holandeses, de los que tres de cada cuatro sí mantendrían su trabajo. Una diferencia que dice mucho, y no muy positivo, del mundo del trabajo de nuestro país. Señala que no hemos sabido hacer del trabajo una experiencia positiva y gratificante, y es algo que afecta tanto a la productividad de nuestra fuerza laboral como al bienestar subjetivo de la ciudadanía.

Conviene recordar también que España está en la cola, en el puesto 117 de los 148 países estudiados, en los índices de Competitividad Mundial de WEF relativos a la confianza y cooperación entre empresas y empleados. Pero esta bajísima confianza no supone una alta conflictividad laboral porque el pacto social y la cooperación es la norma en el ámbito institucional, como expresan los múltiples acuerdos de concertación social alcanzados en nuestro país. El problema está en el interior de los centros de trabajo de muchas de nuestras empresas. Porque la confianza y la cooperación precisan de unas relaciones laborales fundadas en unas correctas condiciones de trabajo y en el compromiso, en la transparencia, en la participación, en la información veraz y creída, sobre la política de la empresa y sus objetivos, como compartir los resultados. Unas relaciones que se construyan desde la normalidad del diálogo, de la negociación y el pacto que resuelve el lógico conflicto de intereses, de instrumentos sencillos pero reales de participación de los trabajadores en la marcha de la empresa.

Salir de este hoyo es uno de los principales retos de nuestra economía. Esperemos que el acuerdo entre Gobierno, Sindicatos y Patronal abra una nueva etapa y represente una eficaz palanca para mejorar el clima laboral, imprescindible para afrontar las exigencias de la nueva organización del trabajo que precisa del compromiso y de la capacidad creadora de los trabajadores y trabajadoras de cada empresa. Una condición esencial para el cambio de modelo productivo.

Fuente: Quim González Muntadas en nuevatribuna.es

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