La precariedad en las ciudades como arma de la extrema derecha

La extrema derecha, y todas las corrientes asociadas a este lado del espectro ideológico, se presenta a través de una postura política reaccionaria. Es decir, una visión de la realidad social que busca no solo evitar el avance y el progreso social en materia de derechos y de libertades, sino retroceder en estos mismos términos, incluso vulnerando derechos humanos básicos y empleando todo tipo de estrategias comunicativas y argucias, a menudo, alejadas de toda ética y arrastrando el debate político por el fango.

De esta manera, uno de los principales argumentos de la ultraderecha es la instrumentalización de las problemáticas sociales en beneficio propio, recogiendo el descontento existente en la sociedad para facilitar la implantación de sus ideas y de su agenda.

Una estrategia ampliamente conocida y muy utilizada en los últimos años por parte de posiciones ultraconservadoras o reaccionarias es la búsqueda de la confrontación social a través de criminalizar grupos poblacionales como los inmigrantes, personas de diferente ideología política, la comunidad LGTBI, el movimiento feminista, etc. La estigmatización de dichos colectivos busca avivar el conflicto en lugar de proponer soluciones constructivas, buscando premeditadamente reacciones contrapuestas con el objetivo de obtener más votos y visibilidad política.

Sin embargo, cabe añadir que esta estrategia de crispación adquiere mayores cuotas de éxito cuando las condiciones materiales de la sociedad empeoran. Es decir, las crisis económicas y sociales son el contexto idóneo para que las estrategias políticas de la ultraderecha adquieran notoriedad en el espacio político.

Además, la estigmatización que realizan este tipo de partidos no solo tiene que ver con ciertos grupos poblacionales. También engloba de manera directa espacios urbanos determinados. En concreto, barrios o zonas urbanas que en la mayoría de ocasiones sufren problemáticas sociales como el paro, la falta de servicios públicos e infraestructuras, tráfico y consumo de drogas o crimen, entre otros.

Paradójicamente, la ultraderecha, lejos de aportar soluciones frente a estas problemáticas instrumentaliza los problemas materiales de dichas zonas y su población, utilizándolos como punta de lanza de sus discursos, incluso culpándoles de ser el epicentro de las problemáticas sociales a las que se enfrenta una sociedad. Esto es algo muy patente en Francia, donde el partido Agrupación Nacional, liderado po Marine Le Pen, busca implantar el discurso xenófobo antiinmigración para ganar popularidad en los barrios más obreros. También es muy visible en España, con el partido Vox, liderado por Santiago Abascal.

Si bien en España, por un lado, esta estrategia está teniendo un éxito un tanto escaso por el momento, en otros países como Francia o Italia, en cambio, sí que está funcionando. Para poder entender por qué sucede y como evitarlo, es necesario realizar una aproximación hacia estos contextos desde la sociología, con la intención de arrojar luz sobre el contexto urbano y las principales inercias del urbanismo moderno en la sociedad capitalista, inercias que en muchos casos son problematizadas por las posiciones ultraderechistas.

La ciudad como objeto de estudio

Desde el ámbito teórico de la sociología, los colectivos sociales son estudiados como un sistema abierto y dinámico con sus propios procesos e interacciones que no pueden ser comprendidos únicamente en el plano individual, y que son más que la suma de los individuos que los conforman. Es decir, tienen sus propias características, factores, rasgos, etc. que se diferencian de otros colectivos.

Así pues, el espacio social es el lugar donde ocurren estas dinámicas de cambio y transformación constante, esto es, donde se encuentra la vida relacional de las comunidades. Esta vida relacional está compuesta por vínculos y conexiones, las cuales, comprenden intercambios materiales, simbólicos o afectivos. A su vez, estos intercambios sociales se materializan en las instituciones, entrando en juego valores, creencias y normas, dándoles a estas fundamentos y roles.

Por lo tanto, desde la sociología se intenta entender cómo se relacionan los individuos dentro de un mismo colectivo, y cómo los colectivos se relacionan entre sí. Y estas relaciones implica aprender, seguir y transmitir un conjunto de normas sociales que definen el papel de cada persona dentro de esas interacciones. Entendiendo estas relaciones, estas normas y y estos roles, se puede comprender, explicar y predecir ciertos fenómenos sociales.

El espacio urbano es el lugar por excelencia de la socialización. Es un espacio que se presenta como un “lugar practicado” por la vida relacional, la cual se moldea a través de roles y relaciones en el marco de los diferentes espacios de la ciudad: barrios, espacios públicos, privados… En estos diferentes lugares que componen la ciudad se dan diferentes tipos de poder, resistencias, pautas y normas que moldean los comportamientos de la gente.

Estas premisas son denominadas estructuras de mediación y crean un puente entre las relaciones de proximidad (entre individuos) y las instituciones. 

De esta manera, dependiendo del tipo de situación o lugar en el que una persona se desenvuelve en la ciudad se verá inmersa en roles diferenteshogar, trabajo, ocio, vecindad, tráfico… todos estos ejemplos son diferentes situaciones, diferentes espacios y, por lo tanto, diferentes relaciones y comportamientos.

La sociedad civil elemento clave de las ciudades

Otro concepto fundamental para entender la ciudad como un espacio social es el término de sociedad civil, un concepto que ha ido evolucionando con el paso del tiempo y que se utiliza de manera habitual por parte de políticos, medios de comunicación y otro tipo de organizaciones.

En primer lugar, hay que comprender que el resultado de la evolución de las sociedades modernas occidentales se ha dado a través de un doble proceso: la individualización y reforzamiento de los derechos individuales y secularización (reforzamiento de las esferas civiles y religiosas), y que han terminado conformando la la sociedad civil tal y como se entiende actualmente.

En su origen, la sociedad civil surge como espacio burgués de gobernanza, el cual pretende generar espacios sociales y comunicativos al margen del estado

En la actualidad, la sociedad civil es entendida de diferente forma dependiendo del punto de vista del que la defina. Para algunos expertos se trata de un espacio de defensa de la libertad de propiedad y de mercado. Para otros, como el sociólogo Habermas, la sociedad civil es:

esa trama asociativa no-estatal y no-económica, de base voluntaria, que ancla las estructuras comunicativas del espacio de la opinión pública en la componente del mundo de la vida, que –junto con la cultura y con la personalidad- es la sociedad.

De esta manera, la sociedad civil se puede entender como el conjunto de relaciones y asociaciones tanto económicas como sociales que se generan en el espacio social al margen del estado pero dentro de un marco normativo/legislativo impuesto por él.

El concepto de sociabilidad

El concepto de sociabilidad es clave para entender la ciudad no únicamente como lugar de conflicto o potencial riesgo (como presenta el imaginario ultraderechista) sino como un lugar con capacidad de integrar la diferencia, es decir, como una oportunidad de congraciar distintas formas de vivir y entender el mundo, de generar riqueza cultural.

El estudio de la sociabilidad en las ciudades es una herramienta clave para poder realizar políticas y acciones enfocadas a la integración y la resolución de conflictos urbanos. No es casualidad que este concepto y términos relacionados como la palabra integración sean utilizados siempre de manera negativa por la ultraderecha, como si la diversidad explicara de manera directa la criminalidad, y las diferencias de cultura, valores, opinión… solo pudieran resolverse mediante la segregación, la separación y la discriminación.

Pero, ¿cómo se define este concepto? La sociabilidad es el espacio que ocupa la interacción social, y concretamente es donde tiene lugar la vida de los grupos intermedios (entre el núcleo familiar y el nivel abstracto de la instancia política). Es decir, las relaciones personales que se dan en una plaza, un mercado, un colegio, un parque, un barrio… entrarían dentro del paraguas de la sociabilidad.

De esta forma, la sociabilidad es un ámbito de socialización cotidiano y, por tanto, en su seno se conforma un espacio de negociación cotidiana. Lo que ocurre en los espacios de sociabilidad fundamenta las diferencias sociales. Además, influye de manera directa a las instituciones, encontrándose en la base funcional de estas, influyendo en la manera de hacer y también en las normas y valores que las rigen.

Asimismo, el estudio de la sociabilidad implica tener presente la existencia de grupos y la confrontación de redes en una sociedad estratificada. Es decir, considerar el tipo de lugares donde se encuentran las personas y en qué condiciones se relacionan y, sobre todo, qué prácticas de sociabilidad forman disposiciones mentales que se interiorizan como: prácticas alimentarias, cultura política, patrones de consumo, etc. 

De esta forma, estudiar la sociabilidad permite hacer de puente entre las acciones de los individuos en sus grupos y su situación dentro de la sociedad (en la estratificación social).

Los procesos de segregación socioespacial y gentrificación

Como se ha nombrado en párrafos anteriores, las ciudades son espacios de integración y colaboración, pero también de conflicto. Las diferencias materiales y los procesos económicos del urbanismo capitalista generan en muchas ocasiones procesos conflictivos y desiguales como la segregación, el aislamiento y el empeoramiento de las condiciones de vida de segmentos de la población en base a cuestiones personales, como el poder adquisitivo, que a menudo es la principal fuente de diferenciación social dentro del espacio urbano.

El aislamiento y las peores condiciones de vida de barrios humildes es instrumentalizada en muchas ocasiones por la extrema derecha para obtener rédito político. La segregación socioespacial o la gentrificación son procesos urbanos que se encuentran de lleno en la lista de problemáticas que tienen que hacer frente las personas de clase obrera en la urbe.

Para entender dichos procesos se debe tener en cuenta que las relaciones de poder dentro de los grupos sociales generan confrontaciones y resistencias, moldeando y afectando a las normas, valores, roles y comportamientos individuales, que a su vez puestos en interacción dentro de los colectivos generan una estructura social determinada.

Esta estructura social no solo se observa de una manera abstracta en el plano normativo o institucional, sino en cómo el espacio urbano está organizado por diferenciación y separación. 

De este modo, se encuentra una separación y distancia entre tipos de residencias, condicionada por el estatus social. Por tanto, existen unas fronteras rígidas dentro del propio espacio urbano donde actúan formas de control a través del derecho de admisión y negación de la presencia. En muchos casos esto se produce de manera simbólica, en otros, a través de barreras físicas o económicas.

Un ejemplo de este tipo de segregación son los condominiosbarrios enteros de gente adinerada formados por viviendas amuralladas con seguridad privada, espacios que se alejan de la comunidad y entran en una esfera de socialización diferente, que en muchas ocasiones debilita de manera notable los lazos de relación y comunidad, así como el fomento de la segregación y la homogeneización social y cultural.

Existen otros fenómenos relacionados con estas disputas como la gentrificación. En origen este término es acuñado por la socióloga Ruth Glass en 1964, definiendo un proceso por el cual se lleva a cabo una instalación de clases medias con mayor poder adquisitivo en antiguos barrios populares desplazando a la población residente, a menudo elevando el valor del suelo (y, por tanto, de la vivienda) ya sea como resultado de las dinámicas de mercado, ya sea como consecuencia de acciones políticas directas.

Por otro lado, en la simple fisionomía de la ciudad se observa la segregación socioespacial que sobre todo las grandes urbes presentan, estando claramente divididas en barrios por clases sociales. Dentro de estos espacios existen diferentes tipos de relaciones y de sociabilidades. 

Lo socialmente saludable sería la creación de espacios comunitarios, públicos que fomenten la interacción entre espacios diferenciados: la heterogeneidad y la aceptación de la diversidad limitarían las problemáticas sociales y ayudarían a llegar a consensos y soluciones.

Con el neoliberalismo urbano la lógica privada se adueña de la ciudad, marginando y reduciendo este tipo de espacios a favor de los espacios privados.

De esta forma, en la actualidad las lógicas capitalistas neoliberales generan diferentes fenómenos de precarización urbana que forman un contexto idóneo para la proliferación de los discursos y el crecimiento político de la extrema derecha. Algunos de estos fenómenos de precarización son:

1. Pérdidas y entrada en situación de riesgo de las zonas comunitarias que conectan barrios de diferentes clases, obstaculizando la redistribución de recursos y la sociabilidad entre zonas diferenciadas.

2. La vivienda y hábitat sometidos a las lógicas de mercado dificultan la redistribución de riqueza, precarizando las zonas pobres aún más y beneficiando a las zonas más pudientes, polarizando de las condiciones de vida dentro de la ciudad.

3. Urbanismo depredador: no se tienen en cuenta las necesidades sociales o medioambientales. Todo se rige a través de la lógica cortoplacista del beneficio fácil, lo que lleva a fenómenos como la especulación/gentrificación/daño a zonas verdes periurbanas, contaminación

4. Pérdida de lo local frente a la cultura cosmopolita neoliberal. Barrios con arquitectura particular, culturas y cosmovisiones diferenciadas se ponen en peligro.

5. Negocios locales son posibles víctimas de los hipermercados y grandes superficies que vienen asociadas a los proyectos de urbanismo neoliberal.

5. En general, pérdida de heterogeneidad y diversidad social, cultural y económica. Esta suerte de neoliberalismo urbano amenaza a todas las dimensiones de la vida social de carácter local.

6. Surgimiento de conflictos entre zonas, poca capacidad de diálogo, comprensión y socialización para una posible solución. En este sentido, aumenta la aporofobia, el clasismo y la confrontación en función de las zonas urbanas.

7. Empeoramiento de la vida comunitaria, resultado de todo lo anterior.

En definitiva, es fundamental intentar comprender y explicar los conceptos expuestos, sobre todo con la intención de desmontar a la ultraderecha y sus discursos criminalizadores, unos discursos que ignoran los consensos académicos sobre los procesos urbanos y van enfocados en avivar los problemas de convivencia y confrontación, siendo este un motivo de gran peso para que se deban dejar Al Descubierto.

La tendencia a retirarse de los espacios públicos hacia islas de uniformidad se convierte, con el tiempo, en el mayor obstáculo a la convivencia con la diferencia, porque hace que las aptitudes para el diálogo y la negociación languidezcan y se acaben perdiendo. La exposición a la diferencia es la que, con el tiempo, se convierte en el factor principal de una convivencia feliz, porque hace que, en ese caso, sean las raíces urbanas del miedo las que se consuman y se sequen.

Zygmunt Bauman (2006), Vida Líquida, Pág 105

Fuente: Álvaro Soler en aldescubierto.org

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