La mayor amenaza para la democracia

Gobiernos demócratas como el alemán o el francés empiezan a hacer pública la necesidad de neutralizar a la ultraderecha. El caso de Ayuso en Madrid es un ejemplo de libro de cómo opera la extrema derecha para su ascenso, creando el fenómeno y los resortes para auparlo.

Gobiernos demócratas como el alemán o el francés empiezan a hacer pública la necesidad de neutralizar a la ultraderecha. De forma, más o menos explícita, son ya varios los que han adquirido conciencia del problema. El fuego, avistado y denunciado hace tiempo, ha ido creciendo con notable permisividad hasta generar esta nube tóxica que amenaza la convivencia. La ultraderecha se sienta ya en Parlamentos, si se unen pueden ser la tercera fuerza de la Eurocámara y sobre todo envenenan ya la vida social a diario a niveles realmente preocupantes.

El nuevo gobierno alemán, de coalición, presidido por el socialdemócrata Olaf Scholz, acaba de echar a andar nombrando una ministra de Interior que tiene muy clara esa prioridad. Nancy Faeser ha dicho que “el extremismo de derecha es la mayor amenaza para nuestra democracia” y “quiere combatir este peligro con toda determinación”.

“Haremos todo para luchar contra la ultraderecha. Francia no es eso”, declara Jean Castex, primer ministro francés de visita en España para reunirse con Pedro Sánchez. Y es que vamos sabiendo que el candidato ultra a la presidencia francesa Éric Zemmour no viene solo. Nuestros vecinos del norte están considerando, informa Le Parisien, iniciar un procedimiento de disolución contra los Zuavos de París (ZVP), un grupúsculo de extrema derecha que, sin embargo, está involucrado en la violencia desatada en el mitin de Zemmour y en otros actos vandálicos con anterioridad. Tendría conexiones con la extrema derecha ucraniana, según cuenta el experto Mariano Madrigal. Ucrania, casualmente, vuelve a ser foco de tensión entre potencias occidentales y Rusia en el juego de intereses que bulle en ese polvorín.

 ¿Y España? A diferencia de Alemania o Francia con partidos conservadores inequívocamente antifascistas, los homólogos españoles se inscriben de tal forma en la ultraderecha que ya son indistinguibles. Con el apoyo de su ejército mediático además. Si recuerdan, en febrero de 2020 Merkel desautorizó a su partido por haber aceptado el apoyo de la ultraderechista AfD en el gobierno del land de Turingia y obligó a dimitir al presidente elegido así en 24 horas. La prestigiosa revista Spiegel calificó el intento que Merkel desbarató de “un golpe que ha afectado a la credibilidad del sistema democrático e incluso si el fantasma ha terminado por el momento, el daño sigue siendo inmenso”. En España las alianzas de extrema derecha en gobiernos locales no causan la menor inquietud y hasta la televisión pública, TVE, sienta prácticamente a diario a los ultras a difundir sus proclamas.

Pablo Casado, tras asistir a la misa homenaje al dictador Francisco Franco, y utilizar la voz de Dolors Monserrat para negar la evidencia en el Parlamento de Estrasburgo, se ha ido a Argentina a defender el franquismo. El presidente del PP criticó en Buenos Aires la acción de la justicia argentina contra los crímenes del franquismo. Y esto es solo una parte de las lindezas que suelta a diario.

 Su rival, Isabel Díaz Ayuso, hace lo mismo, pero gusta mucho más al personal. El caso de la presidenta de Madrid es un ejemplo de libro de cómo opera la extrema derecha para su ascenso, creando el fenómeno y los resortes para auparlo. Su pacto de gobierno con Vox es un hecho que en absoluto le incomoda y que va a suponer graves pérdidas de derechos para colectivos que no gustan a su ideología. No quieren comisiones de investigación de la masacre de los geriátricos. PP y Vox acaban de tumban una proposición de ley para proteger a los denunciantes de corrupción en la Comunidad de Madrid y crear una oficina antifraude. Barren con rodillo a la oposición, sin aceptar ni una sola enmienda, en crispadas sesiones en las que Ayuso cuaja de insultos a los portavoces y sus ideologías incluso. Exportan la crispación a cualquier persona sensata que escuche sus exabruptos pero, por ello, hace las delicias de sus fans.

Y sin embargo, Ayuso acaba de ser proclamada “La mejor política del año” por Cambio16. Cumple así medio sigo de vida la revista creada en 1971 y que fuera esencial en la Transición. El jurado destacó su apuesta por el diálogo, la cercanía y calidez en el trato, transmitiendo esperanza con sus palabras sinceras. De Ayuso, no de la tigresa de Tasmania, que por cierto es una especie en extinción.

En la entrega del galardón aún se fue más allá, elogiando “su talante, determinación y firmeza en defensa de la libertad, la democracia y los derechos fundamentales”. “Tú eres mi esperanza“, en la placa del premio. Los 7.291 ancianos muertos en las residencias que cada día recuerda el periodista de Infolibre Manuel Rico, se revolvían en sus tumbas. 

Ayuso ha adquirido proyección internacional de este modo. Y los reconocimientos a su figura se suceden. Es reconocida, desde luego, como famosa y no siempre para bien, a pesar de cómo se presentan en España estas referencias internacionales que olvidan, al parecer, leer el contenido completo de la argumentación. Ayuso está en la lista de los 28 poderosos de Europa de la Revista Político.UE. Pero no entre los hacedores (los altamente poderosos) o soñadores (sección que encabeza la alcaldesa de París Anne Hidalgo), sino como nº 6 de la lista de disruptores, junto a Viktor Orbán, Donald Tusk o Lukashenko. Término evolucionado desde la medicina donde define una disfunción, es ahora una palabra de moda que define actitudes en empresas, en política u otros campos. Disruptor viene a ser el rompedor que construye otra realidad destruyéndolo todo. Con su paso, no vuelve a crecer la hierba, no la misma hierba. Etimológicamente el que provoca gran irritación alrededor. Damos fe de ello.

 “La niña mimada de la derecha internacional”, dice Político, “descarada y reaccionaria, ha triunfado con su retórica populista al estilo de Donald Trump. Tras ser la administradora en las redes sociales del perro de su predecesora, recuerda la revista, su popularidad está ligada a ser “La patrona de los bares”, debido “a su insistencia en que los bares y restaurantes permanecieran abiertos durante lo peor de la pandemia de coronavirus. Si bien creen que en próximas convocatorias podría disputar a Pedro Sánchez el gobierno de España, haciendo “mucho más interesantes” las elecciones, dice.

El diseño de qué es y de qué se vale la ultraderecha para ascender está claro. Muchos aún se engañan con su peligrosidad verdaderamente disruptiva. Saberlo es un paso. Pero el efectivo es lograr los medios para que la democracia derrote al creciente fascismo que de nuevo amenaza la convivencia como en los terribles años 30 del siglo pasado. No vaya a ser que esta vez, más organizados, triunfe por espacios de tiempo más duraderos. Oportunamente ayudados de sectores de la sociedad débiles en su firmeza que les muestra incapaces de ver el monstruo hasta que no lo tienen encima. Como pasó en Alemania, en Francia, en España… Una tarea que involucra a la sociedad: ningún demócrata puede considerar que un asunto de tal trascendencia le es ajeno.

PD.

La mayor amenaza, porque es el germen que desemboca en perseguir las revelaciones periodísticas de graves violaciones perpetradas en secreto por los gobiernos, como le ha ocurrido a Julian Assange cuya extradición a EEUU ha autorizado la Corte Británica. O enmendar a un gobierno, al nuestro en este caso, por indultar a Juana Rivas, la madre que lucha por sus hijos, acusándola de nuevo sin juicio de hechos ni siquiera probados. Las noticias se suman, y en el fondo el origen recurrente es el mismo,.

Fuente: Rosa María Artal en eldiario.es

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