IU Madrid denuncia la dejación de funciones flagrante del Gobierno regional también en las residencias

El coordinador de IU Madrid, Álvaro Aguilera, ha exigido la “dimisión inmediata “de la Consejera de Políticas Sociales, Concepción Dancausa.

Ayer, jueves, mediante el testimonio de Mariano Turégano, de 82 años de edad, en el pleno de San Sebastián de los Reyes, se puso voz a miles de ancianos que viven en las peores condiciones posibles, en residencias públicas de gestión privada.

Mariano imploró vivir con dignidad, al igual que las 140 personas que habitan en la residencia Moscatelares. El anciano relató que han pasado el verano en habitaciones con temperaturas superiores a los 40° y que, incluso, “algunas personas han sido hospitalizadas por deshidratación porque la Comunidad de Madrid mira para otro lado cuando se trata de velar por la salud y el bienestar de sus ciudadanos”.

Turégano pidió al Gobierno de Sanse medidas inmediatas ante la dejación de funciones del Gobierno regional. No sólo no cuentan con una climatización e instalaciones adecuadas, es que el centro adolece de medidas de seguridad que eviten que salgan sin supervisión personas mayores con deterioro cognitivo, que se han pasado horas perdidos por el municipio y que finalmente han sido recogidos por la Policía Local. Además, el residente explicó que el personal realiza su trabajo “en unas condiciones lamentables” y con unos “sueldos miserables”. Sin olvidar que la comida que les da la empresa que gestiona esta residencia es “tan deleznable que nos podemos pasar horas y horas sin comer nada”. Este testimonio refleja la situación de las residencias en la Comunidad de Madrid, donde el negocio está por encima del bienestar de las personas mayores.

El coordinador de IU Madrid, Álvaro Aguilera, ha exigido la “dimisión inmediata “de la Consejera de Políticas Sociales, Concepción Dancausa “y que se pongan de inmediato las medidas pertinentes para acabar con una situación que viola los Derechos Humanos”. Aguilera ha señalado además “que una región como Madrid que no cuida a las personas mayores es una comunidad enferma y que carece de los mínimos exigibles en humanidad y dignidad”.

Para Aguilera, es necesario revertir el sistema de privatización y mercantilización de los Servicios Sociales que pone en el centro el recurso y el lucro frente a la calidad asistencial y la protección social. Es una cuestión de todas las administraciones avanzar en modelos de intervención y de atención residencial centrados en la comunidad, y apostar por la prevención de la institucionalización, siempre desde lo público.

Finalmente, no debemos olvidar esta lapidaria frase de Mariano Turégano: “hemos trabajado mucho, ustedes lo deberían saber porque hoy disfrutan de privilegios que nosotros peleamos, no para nosotros, sino para ustedes. Eso no se consigue mirando para otro lado. Es insólito que hoy estemos aquí pidiendo vivir con dignidad”.

Fuente: tercerainformacion.es
Foto: El coportavoz de IU Madrid Álvaro Aguilera en una concentración frente a la Asamblea de Madrid / CZM

sp

Fuente: Roberto R. Aramayo en nuevatribuna.es

Ancianos defraudados por los fraudes de unas residencias mercantilizadas

Pronto se nos han olvidado las tragedias vividas al principio de la pandemia entre los ancianos confinados en una residencia, sobre todo en las madrileñas. Había instrucciones políticas de no derivarles a hospitales, usurpando las competencias técnicas de un complejo triaje médico, y los residentes morían solos y tristes, mientras que sus familiares añadían a la pérdida del familiar una total falta de noticias. Una fugaz comunicación telefónica solía ser señal de que daban el fin por inminente. Nadie asumió responsabilidades por todo ello y se acallaron las pocas voces que intentaron allegar documentación al respecto. Tampoco se adoptaron medidas para mejorar las condiciones en el futuro.

Al oír las justificadas quejas de un residente, se nos debería caer la cara de vergüenza. Particularmente a los responsables de tal desaguisado. El Ayuntamiento se lava las manos remitiendo al gobierno de la Comunidad y este guarda un silencio sepulcral. En verano se han soportado temperaturas inasumibles, la comida era una bazofia y la limpieza brillaba por su ausencia. Lo malo es que hablamos de una residencia pública, que por supuesto está gestionada por manos privadas. El erario público sufraga las instalaciones y una empresa se lucra con altísimos márgenes de beneficio, a costa de tener escaso personal y degradar las prestaciones.

Como clama nuestro protagonista, nadie nace a los ochenta y tantos. Durante una larga vida esas generaciones que nos han precedido lucharon por conquistar unos derechos y propiciaron con su arduo trabajo un bienestar del que nos beneficiamos todos. Ahora ven conculcado el derecho a verse atendidos y se sienten abandonados por esa comunidad que contribuyeron a levantar. ¿Por qué se confía la gestión de las residencias públicas a empresas privadas? ¿Acaso no se ha demostrado que no es más eficaz y que la lógica comercial no debería tener cabida en este ámbito? ¿Una residencia pública privatizada en sus prestaciones no es algo así como un hierro de madera?

Es una sociedad enferma. Su patología social es primar la ley del más fuerte y enfatizar las oportunidades de los más privilegiados

Los ancianos parecen molestar y no se sabe muy bien qué hacer con ellos para procurarles las condiciones dignas que merece su edad. La muerte se ha convertido en un lucrativo negocio, como bien saben las funerarias. Algunos chanchullos que han trascendido en algún momento dejan mal cuerpo. Pero su antesala no se ha quedado atrás. En lugar de construirse más residencias públicas donde se intente reproducir un recogimiento doméstico, en que la gente mayor pueda ser autónoma, verse atendida y con oportunidades de socializarse, apostamos continuamente por centros de hacinamiento, donde hay que compartir habitación y las actividades, cuando las hay, cumplen con una programación digna de un cuartel.

Una sociedad que no sabe atender a la infancia y descuida el ocaso de sus mayores deja mucho que desear. Es una sociedad enferma. Su patología social es primar la ley del más fuerte y enfatizar las oportunidades de los más privilegiados. Esa mentalidad de corte neoliberal del sálveme yo y muérase la gente no conduce a nada bueno. Una miseria mayoritaria tiene grandes costes y acaba por afectar incluso a los más pudientes, por mucho que prefieran creer lo contrario. La comisión europea está comprendiendo que las leyes del mercado necesitan verse reguladas y que la socialdemocracia es compatible con un liberalismo cabal, interesado en un sistema sostenible, que no se hunda por los abusos

Ojalá el testimonio de un octogenario que no ha perdido su lucidez con una energía envidiable, sirva para sacudir las conciencias y haga rendir cuentas a esos responsables políticos a los que sólo les interesa sus cálculos electoralistas. Corren tiempos muy siniestros desde muchos frentes y convendría recordar que la solidaridad nos hace más fuertes para solvente cualquier tipo de dificultad. Sin ella no hubiéramos prosperado como especie y podemos propiciar un final de la historia poco feliz. Como el que padecen muchos de nuestros ancianos aparcados en residencias con espíritu mercantil.

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