Filmado pero nunca antes visto, el Woodstock negro revive luminosamente en el documental ‘Summer of Soul’

Detrás del momento más comentado de la noche de entrega de los Oscar quedó invisibilizado un premio más que esperado y merecido. ‘Summer of soul’, dirigido por el músico Questlove, líder del grupo The Roots, resultó ser el mejor documental del año. La cinta rescató del olvido la tercera edición del Festival Cultural de Harlem al que asistieron 300.000 personas en el verano del 69

Nueva York, año 1969, se lleva a cabo un festival de música de seis conciertos gratuitos (en seis domingos consecutivos) que reúne a los artistas y grupos musicales afroamericanos más populares de la época y al que asisten 300.000 almas. No, no fue en Woodstock, fue en el Mount Morris Park, hoy Marcus Garvey Park. Hablamos del Harlem Cultural Festival que fue filmado con cinco cámaras y mezclado en directo pero cuyas cintas permanecieron ocultas, u olvidadas, en un sótano durante más de cincuenta años. En 2021 vio nuevamente la luz como Summer of Soul… or when the revolution could not be televised (Un verano de soul… o cuando la revolución no será televisada), gracias al minucioso trabajo del también músico Ahmir Khalib Thompson, alias Questlove, líder y baterista del grupo afroamericano The Roots. Miembros de su equipo reconocen en él un trabajo casi artesano de hacer y cuidar la música.

Este evento épico negado por la historia musical volvió a tomar una nueva dimensión gracias al rescate que se hicieron de las más de 40 horas filmadas y grabadas. Nunca antes habían desfilado por el mismo escenario tantas estrellas de la música negra del momento: Nina Simone, Sly and the family Stone, Gladys Knight and the Pips, The Fifth Dimension, BB King, la gran cantante de gospel Mahalia Jackson, The Staples Singers, Mongo Santamaría, Ray Barreto, un jovencísimo Stevie Wonder y una larga lista de artistas. La hazaña fue mérito de quien actuó también como anfitrión, el cantante y activista Jack Lawrance junto al productor de televisión Hal Tulchin. La respuesta fue masiva, familias enteras llevando mantas y comida para apostarse por horas y ver a sus artistas favoritos.

La cantante Gladys Knight, que actuó aquel verano, cuenta en la misma película: “Estaba muy nerviosa y cuando salí al escenario me sorprendí porque no me esperaba un público como ese. Algo muy importante estaba sucediendo y no se trataba solo de la música”, recordaba la cantante. Para contar este momento mítico de la cultura negra, Questlove no solo entrevistó a los y las artistas aún vivos sino que buscó a muchos de los niños, niñas y jóvenes que fueron testigos de aquel maratón de música soul. Además de actuaciones memorables, el film rescata y da un lugar especial en la narración a los miles de rostros y cuerpos disfrutando colectivamente esos domingos de un verano extraordinario.

Questlove no solo hace música sino que ha producido a artistas como Al Green, Elvis Costello, Erykah Badu, Jay-Z o Amy Winehouse, así como espectáculos teatrales. Se reconoce como un friki de la música y como tal dice conservar cerca de 200.000 discos de vinilo. También ha escrito sobre ella y publicado varios libros, el más reciente, Music is history (La Música es historia) en el que hace un repaso de los últimos 50 años de la música americana y su relación con el género, la raza, política e identidad. Antes de que supiera siquiera que este encuentro artístico y social había existido, la incredulidad se apoderó del músico cuando los productores Robert Fyvolent y David Dinerstein le contaron sobre el hasta entonces desconocido —incluso para él— episodio musical.

Si alguien se atrevía a buscar información en internet sobre ello no iba a encontrar absolutamente nada, admitía Thompson en alguna entrevista. “Ningún experto musical te sabía dar información sobre ello. Ni siquiera yo creí en ello hasta que me trajeron la evidencia: 40 horas de metraje”. Aun y con ello dudó si acaso el material valdría la pena o tendría problemas de sonido. Reconoce que entonces se preguntó por qué aquel material había llegado a sus manos, “qué querían que hiciera yo con esto, por qué me llegó a mí, por qué no le llegó a Spike Lee…”. Eso fue hace tres años, ahora, “puedo decir que es una de las cosas que he hecho que ha cambiado vidas”, confiesa el músico afroamericano.

50 años en un sótano

Pero cómo es que este desfile de súper estrellas de la música negra pudo haber pasado por alto a expertos e historiadores de la música y convertirse en algo completamente desconocido. El material permaneció guardado en el sótano de Tulchin, quien intento relanzarlo como el Woodstock negro pero nadie se interesó y se dio por vencido en el año 1977. No fue hasta 2017 que Fyvolent y Dinerstein que obtuvieron el material y pensaron el Thompson.

“Creo —dice Questlove— que cuando la gente piensa en actos racistas piensa en las versiones más violentas del racismo. Pero es que hay otros niveles de racismo que tienen forma de agresiones pasivas o bien de menosprecio”. Admite que cuando vio lo que había en esas cintas le tocó emocionalmente, pero “¿te puedes imaginar el impacto en los miles de niños y niñas y millones de vidas que pudieron ver a todos estos artistas?”.

Recordemos que los años 60 fue una década convulsa en Estados Unidos, y hacia 1968 no solo ocurrió el asesinato de Martin Luther King, en abril, que posteriormente desató disturbios en diversas ciudades del país. Para Questlove, al momento que hacía la película, el significado real del Festival de Harlem fue ver a una comunidad que trataba de sanar tanto dolor con alegría. En esta aventura también le acompañó un viejo amigo, Joseph Patel, periodista que escribió la primera historia de Ahmir Thompson como rapero hace 25 años: “Míranos viviendo un sueño, restaurando la historia y compartiendo la alegría negra al mundo”, le dijo Questlove cuando recibieron el premio Sprit Awards del cine independiente.

El debutante director, multifacético músico y ganador de varios premios Grammy tiene más proyectos en marcha. Junto a su colega Black Thought y el resto de The Roots ha realizado una serie de dibujitos con Disney bajo el título de Rise up, Sing out, y está en marcha una película sobre Sly and the family Stone, una de las leyendas que aparece en Summer of soul, y de los pocos artistas negros que han entrado en el Salón de la Fama del Rock norteamericano, mayoritariamente blanco. También hace de DJ y suele hacer directos via Instagram hablando de música y poniendo sus discos de vinilo.

El largometraje que vuelve a revivir el Festival Cultural de Harlem del 69, invisibilizado ese mismo verano por la amplia promoción del festival de Woodstock —y su posterior película—, ha sido reconocido con una treintena de premios incluyendo el mejor documental en Sundance, los Critic’s choice, un Bafta y un Oscar. El reconocimiento se lo ha ganado a pulso por finalmente poner foco a una importante historia de la cultura norteamericana y también por hacer justicia al dar el lugar que merece el aporte de la música negra a la historia universal.

Para Questlove no solo significa celebrar la historia, la cultura y la moda negras sino “compartir la alegría de toda la gente que estuvo allí. Se puede ver cómo la gente observa la actuación de Nina Simone, es probable que aquello pudo salvar vidas, pudo cambiar percepciones… porque no mucha gente toma en cuenta la alegría de la cultura negra como algo importante de nuestra historia“. Otro testigo de aquel festival recordaba en la película: “Nos reunimos para decir este es nuestro mundo y lo hermoso que era”.

No es la intención desvelar todos los tesoros que ofrece Summer of soul, hay que verla. El documental se estrenó en España a finales del año pasado y permaneció algunas semanas en cartelera. Ahora se ofrece solo en una plataforma de contenidos audiovisuales pero qué mejor oportunidad que reponerla ahora en pantalla grande, y esta vez sí, no perdérsela, por favor.

Fuente: Susana Albarrán Méndez en elsaltodiario.com

spcbnet