Criminalizar a los jóvenes, la última cortina de humo de Ayuso

Mientras no reforzaban la atención primaria, no contrataban rastreadores, sustituían PCR por test de antígeno o inventaban un hospital sin médicos, la mayoría de nosotros estábamos cumpliendo las normas

El pasado 16 de noviembre, Isabel Díaz Ayuso presentó en la Real Casa de Correos una “campaña informativa” sobre el coronavirus que, según la web de la Comunidad de Madrid, ha costado más de tres millones de euros.

La “campaña informativa” consiste en una serie de carteles con personas jóvenes y un ataúd, o una persona intubada en el hospital. Estas fotografías van acompañadas de mensajes como “reunión familiar sin protección = enterrar a tu abuela” o “saltarse la cuarentena = intubar a tu mejor amigo” o “¿a quién tumba esta ronda de chupitos? –esta te deja elegir– tu abuela, tu padre, tu vecino…”.

En primer lugar, considerar que esta campaña es informativa muestra la pobre concepción de pedagogía que hay en este país. La RAE define pedagogía como la “práctica educativa o de enseñanza en un determinado aspecto o área”. Evidentemente en estos carteles no se enseña nada excepto jóvenes que priorizan el botellón a la salud de sus abuelos. En todos estos meses, la Comunidad de Madrid no ha sido capaz de transmitir a los ciudadanos ningún tipo de información útil; hemos tenido que apañárnoslas para descubrir las claves para controlar la pandemia y cuando nos hemos puesto a investigar –oh, sorpresa– hemos descubierto que lo que hagamos a nivel individual, si no va acompañado de una respuesta eficaz de las administraciones, no sirve de nada. 

botellon

Es evidente que el uso de mascarilla, el respeto de los aforos en locales y cierta restricción de la movilidad es esencial para disminuir la propagación del virus, pero, a partir de ahí, ¿qué? El Gobierno de Ayuso ha liderado una estrategia basada en la bronca política, la información contradictoria, las ruedas de prensa incomprensibles y, como último as en la manga, ha optado por la criminalización de la juventud. Esta criminalización no es otra cosa que una cortina de humo que trata de ocultar la incapacidad de la señora Ayuso y de su Gobierno a la hora de responder a ese ¿y ahora qué?. 

Mientras no reforzaban la atención primaria, no aumentaban la frecuencia del transporte público, no contrataban rastreadores, sustituían los PCR por test de antígeno que no detectan contagios en asintomáticos, inventaban un hospital sin agua y sin médicos o incluso acudían a fiestas… mientras el alcalde te decía que te fueras de cañas, la mayoría de los jóvenes estábamos cumpliendo religiosamente las normas. 

reunionfamiliar

La campaña de la Comunidad, de la mano de anuncios como el de Iberdrola (en el que una joven vuelve a casa tras salir con amigos y dispara a su padre, metáfora para decir que ella es la bala), trata de mostrar a una generación insensible e irresponsable, dispuesta a sacrificar a sus abuelas por una ronda de chupitos. No niego que haya una pequeña parte de la población que, frustrada y aburrida por la situación, decida hacer una fiesta, pero de ahí a coger una pistola y pegarle un tiro a tu padre hay un trecho. 

La pedagogía, señora presidenta, a veces consiste en encontrarse a mitad de camino, en poner de ambas partes. No sea la típica compañera de trabajo que escurre el bulto, no pretenda que todos hagamos nuestra parte mientras usted se escaquea. Deje de responsabilizarnos de sus errores y hágase mirar su tendencia a resolverlo todo culpando a los ciudadanos y abriendo vías de negocio a sus empresas amigas. Copie un poco más a Merkel y un poco menos a Trump.

Fuente: Elisa M. Andrade en ctxt.es
Imagen Portada: LUIS GRAÑENA


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