Blackrock se hace con una posición estratégica en el mercado energético español

BlackRock , el mayor fondo de inversión privado del mundo, con 10 billones de dólares en activos, acaba de comprar otro fondo, GIP (Global Infraestucture Partners) por 12.000 millones de dólares (unos 11.400 millones de euros)

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La operación va a convertir a BlackRock en la segunda mayor gestora de activos de infraestructuras del mundo, después de la Macquarie, con propiedades en empresas de gas natural licuado en Estados Unidos, proyectos de energía eólica y servicios de agua en Francia, aeropuertos en el Reino Unido o infraestructuras portuarias en Australia. El negocio de las infraestructuras se ha convertido en uno de los principales objetivos de los fondos globales, ante las crecientes necesidades de inversión generadas en el sector por las redes y proyectos de las distintas potencias. En un mundo cada vez más multipolar, pero dominado por las dinámicas neoliberales de intercambio económico, la pugna geoestratégica entre las potencias se expresa también como una carrera inversora en infraestructuras de transporte y comunicaciones capaces de articular vías para el comercio y la influencia cultural y política.

Además, la compra de GIP por BlackRock va a tener un efecto enorme en el mapa energético español

Con la compra, BlackRock se hace con un 20 % del accionariado de Naturgy, empresa con la que ya tiene conjuntamente el 49 % de la sociedad que gestiona el gasoducto Medgaz, que trae a España el gas argelino. En Naturgy, GIP tiene, hasta el momento, dos asientos en el consejo de administración.

BlackRock es, además, el segundo mayor accionista de Iberdrola con un 5,39 % de las acciones, solo superado por el fondo soberano Qatar Investment, que tiene el 8 %, y seguido por el también público Norges Fund, que tiene el 4 %.

En Enagás es el primer accionista (5,4 %). En Repsol, también, con otro 5,4 %.  En Redeia tiene el 4, 99 %. Y en Solaria, el 4,10 %. BlackRock pasa a ser, con la compra de GIP, el mayor inversor en la Bolsa española. Es el tercer accionista, tras el Estado y Criteria, en Caixabank. Tiene presencia en Telefónica y en muchas otras cotizadas relevantes del Ibex.

Esta inmensa gestora de activos presentó hace unos días sus resultados de 2023 a nivel global. En el pasado año tuvo un beneficio neto de 5.502 millones dólares (cerca de 5.024 millones de euros), mejorando en un 6,3 % sus resultados de 2022. Y se ufanó de haber vuelto a superar los 10 billones de dólares gestionados anualmente.

El sector energético español se encuentra en un momento crucial de transformación, ante las nuevas oportunidades que implica el proceso europeo de transición ecológica para un país, como España, con amplias posibilidades naturales para el despliegue de las energías renovables. Además, la guerra de Ucrania, y las sanciones impuestas a Rusia, han multiplicado la importancia estratégica de la península Ibérica como posible “hub” energético europeo. España cuenta con fuertes potencialidades en el sector de las renovables, pero también con regasificadoras en funcionamiento que permiten la llegada del Gas Natural Licuado estadounidense o qatarí al mercado comunitario.

Todo ello ha multiplicado exponencialmente las inversiones en el sector energético español. Numerosos fondos globales quieren hacerse con su parte del pastel. Además, se pretende impulsar la puesta en marcha de “hubs” estratégicos de producción de hidrógeno verde (en Huelva y el País Vasco) desde los que se prevé surtir a Europa de esta nueva fuente energética, cuyas posibilidades reales todavía no están claras. También, por supuesto, se presentan proyectos destinados a desarrollar las conexiones con Francia y el resto del continente, para garantizar que toda esta energía llegue a las plantas industriales europeas, como el gasoducto H2Med que pretende interconectar Cataluña y Marsella.

Las subastas de proyectos renovables realizadas por el gobierno han alimentado un pingüe mercado especulativo, en el que los fondos se hacen con las licencias, no sólo para construir las plantas, sino también para revenderlas sin haber construido nada. La sobrecapacidad de lo subastado impulsa la transformación del sistema eléctrico, que se considera insuficiente para volcar todo lo que se va a producir al mercado. Al mismo tiempo, las energéticas clásicas (petroleras o gasistas) se centran en su transformación en empresas “multienergía”, capaces de mantener sus posiciones hegemónicas en los mercados futuros, gracias a las generosas ayudas públicas para la descarbonización de la Unión Europea.

La penetración de los fondos extranjeros en este mercado en ebullición es enorme. Y se va a ver acompañada de la ahora hegemónica presencia de BlackRock en la mayoría de las empresas nacionales más importantes del sector. Naturgy, Repsol, Iberdrola o Redeia tienen posiciones estratégicas en el mercado energético español. Y BlackRock está construyendo posiciones hegemónicas en todas estas empresas y algunas más,

No es un fenómeno aislado. La entrada en tromba de capital extranjero en el accionariado de empresas estratégicas españolas es una realidad cada vez más notoria en el tiempo transcurrido tras la pandemia. La siderúrgica Celsa ha caído en manos de los fondos globales que han expulsado a la familia catalana Rubiralta de la dirección, tras un procedimiento judicial polémico. Saudi Telecom (STC), participada mayoritariamente por el fondo soberano de Arabia Saudí, se hecho con un 4,9 % de las acciones de Telefónica y está a la espera de la reacción del gobierno español (que ha anunciado la compra por la SEPI de un 10 % del accionariado para compensar la presencia saudí y que puede establecer límites o contrapartidas a la inversión extranjera en una empresa vinculada con el sector de la Defensa) para hacer efectivos derivados por otro 5 %. Diversos fondos asiáticos se han lanzado a compras de hoteles en España por casi 4.300 millones de euros, como los fondos soberanos de Singapur y Abu Dabi, GIC y ADIA, o el fondo privado saudí Olayan.

La economía española se ha convertido, ahora mismo, en un gran botín para los fondos globales. Mientras tanto, nuestros responsables políticos (y los de la oposición) siguen sin plantearse la construcción de un gran entramado púbico de empresas productivas, en los sectores estratégicos, que salvaguarden la soberanía económica nacional y de un una red amplia de emprendimientos sociales y cooperativos afincados en el territorio,  con un paraguas de asesoramiento y ayudas del sector público, que permitan la transformación del modelo productivo español en dirección a la sostenibilidad social y ecológica, y hacia ideas de negocio de mayor valor añadido.

En el momento del festín para los capitales, deberíamos organizarnos para garantizar que las mayorías sociales también ganan. Darle un contenido real a la “autonomía estratégica” que tanto mencionan los burócratas de Bruselas.

Fuente: José Luis Carretero Miramar para Kaosenlared.net
Imagen de portada: Parque eólico – energías renovables – Licencia Creative Commons

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