¿Será necesaria una cuarta dosis de la vacuna contra la COVID-19? Esto es lo que indica la evidencia hasta junio de 2022

Más de 40,5 millones de personas tienen la pauta completa de la vacuna contra la COVID-19 en España, según el Ministerio de Sanidad, lo que supone el 92,7% de la población de este país. Según el informe de vacunación del 24 de junio de 2022, más de 25,3 millones de personas contaban con una dosis de refuerzo, lo que coloquialmente se llama “tercera dosis”, especialmente para las vacunas de ARN mensajero, las que más se han administrado en Europa.

Ahora, el debate científico sobre si habrá que llegar hasta una cuarta dosis (o segunda dosis de refuerzo) para la población en general está abierto. La ministra de Sanidad española, Carolina Darias, indicó que “en torno a otoño” habrá disponible una cuarta dosis para toda la población, aunque el Ministerio tuvo que matizar sus declaraciones: su administración será “gradual” entre los grupos de población y la Comisión de Salud Pública aún no ha decidido definitivamente si será necesaria para todo el mundo.

Con todo esto, aprovechamos en Maldita.es para contar qué es lo que indica la evidencia científica sobre una cuarta administración de la vacuna contra la COVID-19, qué poblaciones sí tendrán que recibirla y qué retos supone volver a vacunar a la población.

Agencias europeas indican que es “demasiado pronto” para una cuarta dosis en la población general

El Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés), y el grupo de trabajo sobre COVID-19 de la Agencia Europea del Medicamento (EMA, siglas en inglés) consideran, a abril de 2022, que es “demasiado pronto” para plantearse el uso de una cuarta dosis de las vacunas de ARN mensajero en la población general.

Ambas agencias —responsables del seguimiento de la enfermedad y de las vacunas en el Espacio Económico Europeo— estudiaron la evidencia disponible sobre una segunda dosis de refuerzo: qué beneficios trae a la población, cómo varían los datos epidemiológicos entre aquellas personas que la han recibido y los datos sobre la capacidad inmune. La mayoría de esta evidencia proviene de Israel, país que comenzó en enero de 2022 a administrar una cuarta dosis de Comirnaty (Pfizer) a mayores de 60 años y en personas con bajos niveles de anticuerpos, en un momento en el que la variante ómicron era dominante.

Estos datos indicaban que una segunda dosis de refuerzo, administrada cuatro meses después de la primera, restaura los niveles de anticuerpos contra la COVID-19 sin que esto conlleve problemas de seguridad. Del mismo modo, señalan que esta cuarta dosis da una protección adicional contra la covid grave, pero que el tiempo que dura la protección extra está por determinar, porque no ha transcurrido suficiente tiempo para valorarlo. También se observa cierta protección contra la infección, aunque decrece rápidamente con el paso del tiempo.

Tanto el ECDC como la EMA consideran que la evidencia disponible es “limitada”, y “preliminar” y con muestras reducidas, por lo que insisten en que estas recomendaciones pueden cambiar cuando se reciban más datos sobre este asunto, ya sea de ensayos clínicos controlados o del mundo real.

Sí que permiten la cuarta dosis en mayores de 80 años y personas con sistema inmune comprometido

Aunque el ECDC y la EMA consideren que aún no es el momento para una cuarta dosis en la población general, sí que precisan que, “tras revisar los datos sobre el mayor riesgo que tienen de covid grave y la protección que otorga la cuarta dosis”, se puede administrar el segundo refuerzo a las personas con 80 años o más . Por debajo de esta edad, no hay evidencias de que la protección de las vacunas se vea afectada en personas sanas, por lo que no hay motivos para recomendarles una cuarta.

Con esto, la Ponencia de Vacunas de la Comisión de Salud Pública propone administrar la segunda dosis de refuerzo a personas de 80 años y más y a internos de residencias. El documento donde se recomienda esto, además, indica que la mayoría de países del entorno han introducido la cuarta dosis. Por ejemplo, Alemania la recomienda en mayores de 70 años, residentes de centros asistenciales y personal sanitario; Portugal e Italia a mayores de 80, internos en residencias y mayores de 60 años con muy alto riesgo de enfermedad grave; y Francia a los mismos que Italia y Portugal así como a los vacunados con Janssen.

Al mismo tiempo, las agencias europeas recomiendan administrar la segunda dosis de refuerzo a las personas con un sistema inmunitario comprometido. Con estas indicaciones, son las administraciones estatales (como el Ministerio de Sanidad, en el caso de España) quienes determinan quiénes reciben esta vacuna.

Por su parte, Estados Unidos está recomendando la cuarta dosis de vacunas de ARN mensajero a las personas de 50 años o más y a personas con sistema inmune comprometido mayores de 12 años, confirmó la Administración de Alimentos y Medicamentos de este país.

Según detallan los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, siglas en inglés), la población de más edad de este país ha sufrido un aumento en las hospitalizaciones por COVID-19 en abril. Aunque en este grupo se hayan dado más dosis de refuerzo que en los más jóvenes, estas vacunas se administraron “hace muchos meses, dejando a muchas personas vulnerables sin la protección que pueden necesitar para evitar enfermedades graves, hospitalizaciones y la muerte”.

Los retos de la cuarta dosis

Para decidir administrar una nueva dosis de refuerzo, los estados no se fijan únicamente en los beneficios relacionados con la inmunidad, en la prevención de hospitalizaciones o en los datos epidemiológicos. También tienen en cuenta los retos y posibles problemas de lanzar una nueva recomendación de salud.

En el caso de España, la Ponencia de Vacunas identifica cuatro inconvenientes de administrar una segunda dosis de refuerzo en este momento. El primero de ellos es la fatiga pandémica, ya que apuntan que el cansancio progresivo de la población hace que sean menos propensas a vacunarse y se alcancen menos tasas de vacunación. “La cobertura de esta segunda dosis de recuerdo en Israel fue del 58%, aunque se observaron coberturas más elevadas en los grupos de población más mayor”, indican.

El segundo reto lo encuentran en la probabilidad de tolerancia inmune a estas vacunas (menor respuesta inmune a intervalos más cortos de vacunación y a más dosis requeridas), aunque las evidencias disponibles no indican que esto esté ocurriendo. “Para minimizar esta posibilidad, se propone respetar un intervalo de al menos seis meses tras la dosis anterior”, plantean.

El tercer posible problema es la carga del sistema sanitario que supondría impulsar la ‘maquinaria’ de vacunación “en un momento en el que se está reactivando una actividad asistencial más normalizada”.

Por último, el cuarto reto que plantean es que, en caso de que ocurra una estacionalización de la COVID-19 (algo sobre lo que no hay una evidencia clara) como ocurre con otros virus respiratorios, el momento más recomendable para la cuarta dosis sería en otoño. Si se hace en esa estación, creen que “se podría aprovechar el efecto de arrastre de la vacunación antigripal, lo que podría aumentar las coberturas de vacunación”, al tiempo que daría más tiempo para disponer de nuevas vacunas que sean específicas para la variante ómicron.

El inmunólogo del Hospital Clínico Universitario de Santiago, José Gómez Rial, comenta en Science Media Centre España que “no tiene ningún sentido seguir administrando dosis de recuerdo de forma indiscriminada”: “Creo que podría ser incluso contraproducente para algunos individuos”. Así, añade que es “un error mantener niveles altos de anticuerpos de forma perpetua”, especialmente cuando la variante ómicron “ha demostrado escape parcial de los anticuerpos generados por la vacuna”.

Fuente: Maldita.es

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