Reflexiones sobre la reforma laboral

Tal vez, en realidad, no había una verdadera mayoría parlamentaria de izquierdas para derogar la reforma laboral

¿Por qué se ha pasado de un momento en que parecía posible que una mayoría parlamentaria de izquierdas derogase totalmente la contrarreforma laboral del 2012 a la situación actual? ¿Por qué se ha sustituido el objetivo de elaborar una reforma laboral que suponga un avance importante para la clase trabajadora por el de supeditarla de pleno a un acuerdo entre la CEOE y los sindicatos estatales, aún a sabiendas de que eso solo podía hacerse manteniendo muchos aspectos regresivos de aquella contrarreforma?

Tal vez, en realidad, no había una verdadera mayoría parlamentaria de izquierdas para derogarla. A pesar de sus promesas electorales, con la retórica correspondiente, y de su programa de gobierno, ni el PSOE ni una parte de Unidas Podemos han estado dispuestos a ir más allá de lo que dictaminaran los hombres de negro con sede en Bruselas. Recordemos que la reforma del PP había ido tan lejos que incluso desde Europa se recomendaba cambiar lo poco que al final se ha cambiado para que la legislación fuera mínimamente equiparable al resto de estados miembros de la UE y al derecho de la Unión, y posibilitara una salida a la actual crisis diferente a la que se dio en la anterior cuando se aprobó.

A pesar de sus promesas electorales, con la retórica correspondiente, y de su programa de gobierno, ni el PSOE ni una parte de Unidas Podemos han estado dispuestos a ir más allá de lo que dictaminaran los hombres de negro con sede en Bruselas

Los partidos del gobierno eran sabedores de que desde la izquierda soberanista se les pedía cumplir con lo prometido. Más aún cuando llegaron a firmar un documento con EH Bildu volviendo a comprometerse a derogar dicha legislación. Por todo ello, deciden cambiar de estrategia y, en lugar de trabajar para aprovechar esa mayoría parlamentaria suficiente, inician la vía del llamado diálogo social; conseguir un acuerdo a tres bandas: Gobierno, sindicatos estatales y patronal, de carácter cerrado y llevarlo a convalidar al Congreso a sabiendas de que el resultado iba a dar para lo que da. Y lo más preocupante es que este cambio de estrategia lo lidera la supuesta “ala izquierda” del gobierno, para conseguir, al final, lo que demandaba el “ala derecha”.

Primera reflexión

El diálogo social es necesario, pero cuando hablamos de las grandes líneas que deben regir la regulación de un derecho fundamental, el derecho al trabajo y sus condiciones, se debe partir de unas bases y de un consenso mínimo que en el estado español casi nunca han existido, y que se rompió tras las contrarreformas sucesivas del 2010 (PSOE) y especialmente del 2012 (PP). Y por comparar, el concepto de diálogo social nace en Europa tras la II Guerra Mundial como un componente más para sentar las bases del llamado estado del bienestar; mientras aquí, en aquel momento, estábamos empezando a sufrir una sangrienta dictadura que duró 40 años.

Por eso lo correcto, no sólo desde un punto de vista de izquierdas sino también desde la propia esencia del derecho laboral, era y es volver a la situación anterior derogándola totalmente

Por eso lo correcto, no sólo desde un punto de vista de izquierdas sino también desde la propia esencia del derecho laboral, era y es volver a la situación anterior derogándola totalmente. Y a partir de ahí, crear un debate social amplio, abierto y transparente para alcanzar un consenso de mínimos sobre qué líneas rojas se deben considerar no traspasables y permanentes en el tiempo.

Porque la derecha ultraliberal no tiene complejos. Y cuando tiene mayoría suficiente en el poder (2012) se va cargando por decreto, derecho a derecho, sin ningún rubor, sabiendo (y eso es lo triste) que siempre condicionarán el resultado y que, si en algún momento perdieran el poder, la izquierda sindical y política institucional española, siempre acomplejada, va a recuperar, como mucho, la mitad de la mitad de lo perdido.

Segunda reflexión

Se vende lo pactado como algo histórico; el no va más. Y eso es faltar a la honestidad con la clase trabajadora, no se defiende la estrategia inicial y sus objetivos transformadores; no se habla de lo mucho, muchísimo, no conseguido. Y eso es lo peor. No se puede estar todo el día prometiendo una cosa y, de repente, hacer la contraria para no conseguir ni una pequeña parte de lo que se había comprometido. Y cuidado, si se hace en algún momento porque no queda más remedio o porque hay que salvar algún mueble que se considera importante, se deberían explicar claramente las razones. Pero claro, en este caso no podían, porque no es verdad que no existiera otra posibilidad, porque si los partidos del gobierno “más progresista de la historia” hubieran querido derogar la contrarreforma laboral, habrían tenido fuerza suficiente para ello. 

Lo curioso del caso es que, si hubiera una derecha política estatal no cavernaria ni continuamente barriobajera y provocadora, votaría sin pensárselo dos veces a favor del acuerdo alcanzado entre gobierno, CCOO, UGT, y la patronal CEOE. Para muestra, varios voceros de la derecha económica más neoliberal han aplaudido el acuerdo, hasta la fundación FAES de Aznar e incluso Ciudadanos se ha ofrecido a apoyarla siempre que no se toque ni una coma.

Lo curioso del caso es que, si hubiera una derecha política estatal no cavernaria ni continuamente barriobajera y provocadora, votaría sin pensárselo dos veces a favor del acuerdo alcanzado entre gobierno, CCOO, UGT, y la patronal CEOE

Tercera y última reflexión

Ni a los ultraliberales ni a la ultraderecha se les combate rebajando y camuflando tus posiciones, creando desencanto y desilusión. Se hace manteniendo, a veces contra viento y marea, los principios y valores que han hecho siempre avanzar los derechos y las libertades públicas en nuestras sociedades. Porque cambiando de discurso, no cumpliendo con lo prometido, no hablando claro, vendiendo motos que no lo son: ‘Se atreven a celebrar la derrota entre gritos y gritos de victoria” como canta Habeas Corpus,  solo se alimenta la apatía y la frustración, además de ayudar al caldo de cultivo del discurso fácil, demagógico y anti-todo de la ultraderecha.

Y eso que no todo está perdido. Si consiguiéramos crear un movimiento amplio de respuesta desde la gente de a pie, que haga tambalearse la seguridad con la que actúan las superestructuras y burocracias de los partidos y sindicatos estatales, haciendo que también sus bases empiecen a exigir un debate digno de ese nombre, tal vez se empiecen a crear las bases para afrontar una verdadera reforma del mercado de trabajo.

Y desde este pequeño país, desde Euskal Herria, tenemos que ir creando masa social suficiente que apueste porque el marco de relaciones laborales, de protección social y de seguridad social se decida aquí y solamente aquí. No solo por democracia o porque tenemos una realidad diferente, con una evolución social y política muy distinta, y con una relación de fuerzas más favorable en estos temas a favor de las mayorías sociales, sino porque, además, desde nuestros profundos valores internacionalistas, podemos servir de referente para otros pueblos y naciones. La concienciación, la movilización, la unión desde abajo y a la izquierda puede (o no) mover montañas, pero siempre es el único camino ética y prácticamente posible.

Fuente: Maria del Rio / Josu Estarrona Portavoces de Alternatiba en elsaltodiario.com
Foto: Ministerio de Trabajo

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