La mitad de las personas que trabajan en cuidados y residencias no puede satisfacer necesidades básicas con su salario

Un tercio no cobra mientras espera recibir los resultados de una pruebas de coronavirus y casi un cuarto dijeron que no se les concedía un permiso remunerado para recuperarse en caso de enfermedad.

Más de la mitad de personas trabajadoras en el sector de residencias y cuidados no pueden disfrutar de un nivel de vida digno —es decir, satisfacer necesidades básicas, como vivienda, alimentos y transporte— con su salario, en concreto un 52%. Es uno de los datos del estudio Arriesgar sus vidas para ayudar a otros a sobrevivir, publicado por la federación de sindicatos UNI Global Union con datos facilitados por 3.001 trabajadores de cuidados en 37 países y que hoy ha difundido CC OO Sanidad. El estudio se basa en encuestas a trabajadores y trabajadoras de residencias y que prestan cuidados a adultos de edad avanzada, personas con discapacidad y personas con enfermedades crónicas en sus domicilios.

De ese 52% de los trabajadores que dijeron que su salario nos les permitía satisfacer necesidades básicas, un tercio señaló que no se les paga mientras esperan recibir los resultados de las pruebas para el coronavirus y casi un cuarto de ellos dijeron que no se les concedía un permiso remunerado para recuperarse en caso de enfermedad.

Sin embargo, no es esto lo que más preocupa a quienes respondieron a la encuesta. Los trabajadores coincidieron en que las dos mejoras más importantes que necesitan para realizar sus trabajos adecuadamente —y de forma segura— son una mejor dotación de personal y salarios más altos.

El porcentaje de trabajadores para los que los salarios son una preocupación es un 17% superior entre los trabajadores en empresas privadas con ánimo de lucro que entre los que trabajan en el sector público

Una trabajadora de cuidados irlandesa encuestada dijo que “cada dos por tres” se la presionaba para que formara a trabajadores jóvenes sin experiencia, mencionando las altas tasas de rotación de personal bien documentadas en el sector. Otra de Austria recordaba: “Mi jefe no estaba interesado en nuestro bienestar ni en garantizar un nivel insuficiente de personal”. El 48% de los encuestados dijo que la dotación de personal era su preocupación principal y un rotundo 73% indicó que el nivel inadecuado de personal afectaba a su capacidad de prestar cuidados de calidad. 

Alrededor del 38% de los encuestados dijo que el salario era su preocupación principal. El porcentaje de trabajadores para los que los salarios eran una preocupación es un 17% superior entre los trabajadores en empresas privadas con ánimo de lucro que entre los que trabajan en el sector público. Y en los países más afectados, un 25% más de los encuestados que trabajan en empresas privadas con ánimo de lucro dijo que sus salarios eran insuficientes.

Uno de los hallazgos más preocupantes en cuanto a la remuneración fue que un tercio de los trabajadores de cuidados (33%) dijo que no les concedían un permiso retribuido mientras esperaban los resultados de la prueba para el coronavirus, y casi un cuarto (24%) dijo que no les concedían un permiso retribuido para recuperarse si caían enfermos.

Unicare —el sector de UNI Global Union que agrupa a trabajadores y trabajadoras de cuidados— señala el componente de género que hay tras estas cifras, pues como en la mayoría de los sectores con una presencia predominante de trabajadoras, en el sector de los cuidados el empleo temporal es habitual, así como un nivel considerable de inseguridad laboral. Como indica la encuesta, casi el 20% del personal que presta cuidados de larga duración carece de contrato de trabajo. “La discriminación de género sistémica también incide a la hora de mantener un nivel salarial bajo entre el personal de cuidados”, recoge el informe.

Sin EPI ni salud mental

Por otra parte, el 31% aseguró que seguía sin tener acceso adecuado a EPI. Por ejemplo, recoge el informe, una trabajadora de Bélgica dijo que a menudo tenía que llevar el EPI de un compañero que acababa de terminar su jornada de trabajo. Otra trabajadora describió sus dificultades para frenar la propagación del virus por una cuestión de números: “Se nos daban cuatro mascarillas para una semana de trabajo. Atendía 40 pacientes por semana”, dijo.

En la encuesta, se observa que los encuestados indicaban una tasa significativa de infecciones y fallecimientos entre las personas de las que cuidaban, pero alrededor del 65% de los encuestados que habían experimentado la infección o el fallecimiento de un residente o cliente dijo no haber recibido apoyo de los empleadores para tratar la ansiedad, el miedo y otros problemas de salud mental asociados a su trabajo.

El estudio concluye con una serie de recomendaciones, entre ellas aumentar la inversión en el sector de los cuidados de larga duración, mejorar urgentemente las condiciones de trabajo garantizar el acceso a EPI, establecer niveles de personal seguros para mejorar la calidad del cuidado o mejorar la prevención riesgos. También piden reconocer la covid-19 como enfermedad profesional en el sector de los cuidados de larga duración y formación para los profesionales.

Fuente: elsaltodiario.com
Foto: wir_sind_klein en pixabay

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