Investigadoras feministas trabajando para la transformación ecosocial

El colectivo Fractal nace de de la necesidad de espacios de mujeres, interesadas por la relaciones entre la naturaleza y la sociedad, para hacer y transmitir ciencia desde el feminismo

Primero éramos “sólo” amigas. Investigadoras, biólogas, ambientólogas, interesadas por la relaciones entre la naturaleza y la sociedad, pero sobre todo amigas que comparten no sólo alegrías sino también frustraciones, confidencias, inseguridades y herramientas para la supervivencia y el autocuidado. Y que poco a poco se van dando cuenta que el ambiente académico en que trabajan, sistemática y estructuralmente maltrata, ningunea y termina enfermando a quienes leen como mujeres y jóvenes.

De ahí a constituirnos como colectivo hubo más que un trecho, pero también una certeza: la de la necesidad de espacios de mujeres para el cuidado mutuo, la reflexión colectiva, la denuncia de las discriminaciones constantes, las violencias y las relaciones de poder que sustentan la academia y sus dinámicas capitalistas, heteropatriarcales y coloniales. Y, sobre todo, empezamos a reflexionar juntas sobre la necesidad de construir maneras alternativas de hacer y transmitir ciencia desde el feminismo. Así nace FRACTAL: un colectivo de siete mujeres investigadoras que trabajamos en un espacio de colaboración, apoyo mutuo y activismo feminista, tratando de abordar los desafíos de la crisis socio-ecológica y de cuidados en la que vivimos.

Érase una vez…

Aunque formalmente nos constituimos en febrero de 2017, todas habíamos coincidido formándonos en ciencias para la sostenibilidad en la universidad pública, donde comenzamos a compartir nuestras preocupaciones, aspiraciones y anhelos. Primero tomamos consciencia de que lo que inicialmente percibimos en nuestra experiencia diaria como dificultades individuales, en realidad eran frecuentes y similares para todas. De ahí, surgió entonces la necesidad de reconocer y expresar las consecuencias –en nuestras carreras, nuestra salud, nuestros sueldos, etc. –, del hecho de ser leídas como mujeres en un contexto masculinizado y machista como es la academia productivista y neoliberal.

Con el tiempo, en diversas instituciones, hemos vivido y/o sido testigas de situaciones de acoso, discriminación, dificultades para conciliar el trabajo productivo y el reproductivo, síndrome de la impostora, “mansplaining” y otras formas de violencia e injusticia. Antes estas situaciones, creamos un espacio de apoyo entre nosotras, en el que refugiarnos, cuidarnos, reforzarnos y aprender juntas a reaccionar frente a este tipo de situaciones y estructuras de poder. A lo largo de los años, independientemente de los países e instituciones en las que estemos cada una, los mismos patrones se repiten y nuestro espacio de apoyo mutuo mantiene su razón de ser.

Con el tiempo, formándonos y participando en otros espacios feministas, hemos ido también tomando conciencia de las diferentes formas de cristalizar que tiene el poder en la academia, de los impactos tanto a gran escala (como el techo de cristal, o la pérdida de mujeres a lo largo de la carrera investigadora), como a escala individual en nuestra salud física, psíquica y emocional. Este trabajo ha sustentado y aún motiva el segundo de los pilares de nuestro trabajo, el del activismo feminista en la academia, que pasa por la visibilización y denuncia en forma de charlas y presentaciones en congresos, hasta el acompañamiento de estudiantes generando relaciones desde la ética de los cuidados y las prácticas feministas. Hemos adaptado por ejemplo metodologías del teatro social a la docencia sobre conflictos ambientales y hemos experimentado con artistas del teatro, la danza o la performance, en torno a maneras de mejorar las relaciones entre las personas y la naturaleza.

En tercer lugar, Fractal constituye un espacio desde el que generar o  fomentar otras formas de hacer ciencia que tenga en cuenta epistemologías y metodologías feministas en nuestras investigaciones, una actitud de cuidados y reciprocidad en la relación con las comunidades y los diferentes sujetos implicados, y que aplique análisis de género. Hemos reflexionado sobre nosotras mismas y sobre las relaciones de poder y diferencias en privilegios que existen entre los diferentes conocimientos –el conocimiento científico y el conocimiento local– y también sobre cómo llevar adelante una ciencia respetuosa e inclusiva con las múltiples voces y valores. Desde hace unos años trabajamos por ejemplo con ganaderas y agricultoras, tratando de contribuir a visibilizar el papel clave que han desempeñado históricamente las mujeres en la ganadería extensiva y la agricultura en España, y cómo hoy en día son pieza fundamental de la innovación y la transformación agroecológica de los sistemas agroalimentarios.

¿Por qué FRACTAL?

La hipermovilidad y los continuos cambios de afiliación institucional, tan frecuentes en la carrera investigadora, nos generó la necesidad de tener una identidad colectiva más estable y con la que nos sintiéramos plenamente identificadas. En definitiva, de darle un nombre, una entidad per se, a ese hogar conjunto que habíamos ido construyendo.

El nombre surgió juntando iniciales de palabras clave de nuestra asociación (Feminist Research in ACtion for TrAnsformation & sustainable Life) y a la vez es un símbolo que por su papel clave en la naturaleza y en los procesos de transformación, tiene que ver con los objetivos de nuestra asociación. Los fractales son objetos geométricos cuya estructura básica, aparentemente irregular, se repite a diferentes escalas. En estas formas, presentes en la naturaleza, las partes se asemejan al todo. Se consideran formas sofisticadas de desarrollo evolutivo que se presentan en los sistemas vivos cuando se dan de forma extraordinaria saltos evolutivos a otra forma más complejas. De manera parecida a un fractal, somos partes vivas y únicas de un todo que puede evolucionar y transformar hacía nuevas formas.

¿Qué cosas hacemos… por fuera?

Nuestro objetivo es contribuir a la necesaria transformación de los sistemas integrados de naturaleza y sociedad atendiendo a problemas reales a través de la investigación-acción y la formación basada en tres pilares. En primer lugar la participación social pues, desde una visión inclusiva, integramos diferentes saberes mediante la facilitación de espacios en los que se escuchen las voces de los diferentes actores sociales. En segundo lugar, la inter y trans disciplinariedad, utilizando aproximaciones teóricas y metodológicas desde las ciencias naturales, las ciencias sociales, las humanidades y las artes. Y en tercer lugar, desde el compromiso con la transformación, ya que trabajamos desde los feminismos, tejiendo redes entre personas, organizaciones e instituciones e implicándonos en la acción directa en los territorios.

Así que desarrollamos proyectos y actividades de investigación, formación en grado y posgrado, acción y/o divulgación relacionados con la interfase naturaleza- sociedad, como la ecología política, la agroecología, la resiliencia socio-ecológica, la diversidad funcional y su contribución a la generación de servicios ecosistémicos o las perspectivas feministas. Trabajamos en áreas que consideramos que pueden contribuir a la transformación socio-ecológica desde un enfoque inter y transdisciplinar, integrando dimensiones sociales y biofísicas.

¿Qué cosas hacemos… por dentro?

Desde el principio tuvimos claro que queríamos poder trabajar en las dinámicas grupales para poder crecer como grupo. ¿Cómo hemos traducido esto? En cada asamblea generamos espacios seguros para tratar los conflictos que se van generando en el grupo, entendiendo que los conflictos no son algo inherentemente negativo sino que cuando los trabajamos a nivel profundo, pueden traer sabiduría y contribuir a la cohesión grupal. Esta visión bebe mucho de la facilitación y la traemos inspiradas en el trabajo de la cooperativa Altekio, entre otras, a través de los cursos de facilitación que imparte. También hemos tenido la suerte de contar con Anna Pujol, para acompañarnos anualmente en un trabajo de procesos mediante el que asentar las relaciones del colectivo.

Juntas aprendemos a identificar, procesar y transformar las dinámicas, actitudes y estructuras que ejercen o perpetúan la violencia, la injusticia o la insostenibilidad ambiental. Juntas deshacemos caminos para inventar y probar otros nuevos que nos ayuden a vivir mejor. Juntas intentamos tejer, ensayar y compartir los cambios que creemos que la academia y el mundo necesitan.

Fuente: Marina García Llorente, Irene Iniesta Arandia, Elisa Oteros Rozas, Violeta Hevia, Sara Mingorría, Cristina Quintas Soriano, Federica Ravera / Colectivo Fractal en elsaltodiario.com

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