Entrevista a Manuel Rico, jefe de investigación de Infolibre y autor de “¡Vergüenza!, el escándalo de las residencias” | Vídeo

“Impedir atención sanitaria a personas ancianas fue una decisión monstruosa”

Manuel Rico describe en su libro el horror que se vivió durante la primera ola de la pandemia en los geriátricos gestionados por fondos de inversión, destapa cómo obtienen beneficios a costa de recortar en personal, calidad de vida de los mayores y de no pagar impuestos, denuncia la dejación de funciones de la Administración y demuestra el vínculo entre el alcance de la tragedia y decisiones políticas en comunidades como la de Madrid: “Es la mayor violación de derechos humanos de las últimas siete décadas en España”.

“Encerrados bajo llave, golpeaban la puerta o se dejaban morir”, denunció MSF

El 18 de marzo de 2020, a las 14,07 horas, el director de Coordinación Sanitaria de la Comunidad de Madrid firmó un protocolo, aprobado por la Consejería de Sanidad, por el que se prohibía trasladar de los geriátricos a los hospitales a residentes con un determinado nivel de dependencia o deterioro cognitivo. Este documento, bautizado como el “protocolo de la vergüenza”, excluía de su derecho a la atención sanitaria a miles de personas por criterios de edad y de lugar de residencia, lo que supuso una condena a muerte para una inmensa mayoría de ellas y en condiciones terribles e indignas. El mismo consejero de Política Social, Alberto Reyero, que acabó dimitiendo en octubre de 2020, había advertido en la Asamblea de Madrid que aplicar esos criterios de exclusión sanitaria “no es ético y posiblemente no sea legal”. No le escucharon.

Durante los veinte días posteriores a la aplicación de dicho protocolo murieron en los geriátricos madrileños 5.343 mayores sin recibir atención hospitalaria, una cifra que supone el 84% del total de fallecidos en ese periodo. 

“Es la mayor violación de derechos humanos de las últimas siete décadas de la historia de España”, mantiene tajante Manuel Rico, jefe de investigación de Infolibre y autor del libro “¡Vergüenza!, el escándalo de las residencias” (Edit. Planeta), en el que el periodista responde a tres cuestiones fundamentales para entender el alcance de una catástrofe humanitaria que, como él demuestra con todo tipo de documentos, testimonios y análisis de datos oficiales, podría haber sido mucho menos dramática, dejando en evidencia a quienes mantienen, mintiendo interesadamente, que fue irremediable.

“El indigno protocolo que Ayuso niega se aprobó, se entregó a sus ejecutores y se aplicó”

En primer lugar, Rico profundiza en las causas que originaron la hecatombe; en segundo lugar, desvela quién está haciendo negocio con el (mal) cuidado de los mayores en el marco de un modelo residencial privatizado casi al cien por cien, y por último, pone negro sobre blanco las responsabilidades de la Administración (autonómica) a quien corresponde las competencias sobre los geriátricos y, por tanto, la función de garantizar que la atención se presta con todas las garantías. 

“Si el confinamiento del estado de alarma fue duro para muchas personas al no poder salir de sus viviendas, hay que imaginar el impacto que tuvo en esos mayores obligados a permanecer en una habitación de pocos metros, casi siempre compartida, sintiéndose abandonados por los familiares, que son su única referencia, sin poder caminar, sin ver a nadie más allá de la persona que entraba a darle la comida y que muchas veces no reconocían al ir con una mascarilla o un buzo”, describe Rico. “Como denunció Médicos Sin Fronteras, unos se resignaban y se dejaban ir, mientras que otros golpeaban las puertas cerradas con llave pidiendo por favor que los dejaran salir de allí”. 

Médicos Sin Fronteras, en un informe que se reproduce en el libro, da cuenta de que les llegaron casos de residentes “con deseos de morir que dejaron de comer y tomar la medicación, que se encontró escondida una vez fallecidos”, y Amnistía Internacional denunció que se violó su derecho a una muerte digna.

“Es la mayor violación de derechos humanos de las últimas décadas”

Duelen todas y cada una de las más de las 400 páginas de ¡“Vergüenza”!, pero como señala uno de los testimonios que incluye, el de Cristina León, que en junio de 2020 visitó diversos centros de mayores: “Sólo si recordamos que el dolor, pero también el deseo, la alegría y la esperanza y, por supuesto, la dignidad nos acompañan hasta el mismísimo lecho de la muerte, hasta el último día de nuestra vidas, podremos erradicar para siempre escenas como las que sufrieron durante la pandemia: desnudos, desasistidos, abandonados, comiendo a duras penas en habitaciones que eran como cárceles”.

Madrid Sindical (MS).- Aparece un virus nuevo, muy contagioso que ataca especialmente a las personas mayores y a ningún responsable se le ocurre actuar de inmediato en los geriátricos. Como bien recuerda usted, nadie se fijó en las residencias hasta que se llenaron de muertos. Se nos caen los palos del sombrajo.

Manuel Rico (MR).- Es de una lógica aplastante. Por eso causa más asombro que quienes tenían responsabilidad sobre el sector no lo vieran con claridad. 

  1. ¿Cómo es posible?

MR.- Tres hipótesis: quienes tomaron decisiones no han estado jamás en un geriátrico y no saben cómo funciona o eran idiotas o les importa un pimiento la vida de las personas ancianas. 

MS.- El ex consejero madrileño Alberto Reyero ha insistido recientemente que el mayor error del gobierno regional fue no considerar las residencias una prioridad. 

MR.- Reyero lo advirtió y no fue el único. El 19 de marzo de 2020, el presidente de los geriátricos gallegos avisó en el programa Espejo Público de Antena 3 que era una irresponsabilidad mayúscula no evacuar de las residencias a las personas que presentaban síntomas. Por los datos que llegaban de China e Italia se sabía que cuando el coronavirus entraba en una residencia la mortalidad estaba en torno al 19%. Era de locos encerrarlos. 

MS.- Desmonta la teoría de que lo que ocurrió en los geriátricos fue inevitable, como se quiere hacer creer a la ciudadanía. 

MR.- Hay mucho interés en difundir que era una situación de guerra, un tsunami y que, por tanto, nada se pudo hacer para evitar las miles de muertes de mayores. Este es uno de los argumentos que más hay que combatir porque si no lo hacemos se volverá a repetir la catástrofe. Si el coronavirus se hubiera topado con unas residencias en las que la ratio de personal hubiera sido el doble, en las que la mayoría de las habitaciones fuesen individuales y que no fuesen macrocentros donde aparcar mayores no habrían fallecido ni la mitad. Eso por un lado, y luego están las decisiones políticas.

“Hay que ser de una calaña especial para mentir con muertos de por medio”

MS.- ¿Se refiere al llamado protocolo de la vergüenza, como el que se ordenó en Madrid para que no se trasladaran residentes a los hospitales?

MR.- Ese es uno de los cuatro elementos que contribuyeron a que el número de muertos en las residencias madrileñas sea el mayor de toda España. Ese tipo de protocolos es completamente inaceptable porque impedía un examen individualizado a cada mayor para tomar luego una decisión, como establecen todos los códigos éticos. Impedir que alguien entre en un triaje [valoración del estado de un paciente] por la edad o porque vive en una residencia fue una decisión monstruosa. 

M.S.- Llama la atención que políticos que se rasgan las vestiduras por la ley de la eutanasia permitieran que se encerrara literalmente con llave en sus habitaciones a ancianos y ancianas y los abandonaran a su suerte. 

MR.- Me ahorro los calificativos. 

  1. Hay que recordar, en todo caso, que Díaz Ayuso negó la existencia de esos protocolos. 

MR.- Hay que ser de una calaña especial para mentir cuando hay muertos de por medio. Ayuso mintió al decir que el protocolo era un borrador, mentira que ya quedó desmontada. El indigno protocolo se aprobó, se entregó a sus ejecutores y se aplicó. Ayuso siguió mintiendo durante la campaña electoral al afirmar que ningún mayor se hubiera salvado aunque hubiera sido trasladado a un hospital. ¿Cómo puede saberlo? ¿Cómo sabe ella que de todas esas miles de personas no se habrían salvado algunas? Ninguna, dice. Es una mentira flagrante. Murieron además mayores no sólo por covid, también por otras enfermedades porque el protocolo se aplicaba a todos, sin excepción. Es imposible que la Sanidad trate a seis mil personas y no se salve ninguna. Hay una prueba empírica. Cuando a partir de mediados de abril de 2020 se permiten los traslados de residentes a los hospitales se desploman los fallecimientos. No son opiniones. Hay pruebas documentales y datos oficiales.

“Sólo 23 mayores, todos leves, fueron trasladados de las residencias al Ifema”

MS.- Ha hecho referencias a otros tres factores que se dieron al mismo tiempo en Madrid.

MR.- El gobierno de Díaz Ayuso tenía tres alternativas. Primera, medicalizar las residencias. Lo reclamó Reyero cuando propuso que o los residentes iban al hospital o el hospital tenía que ir a la residencia. No se hizo, incumpliendo además resoluciones expresas del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. La segunda alternativa era el Ifema. 

M.S. El ‘hospital milagro’, otro de los bulos de Ayuso que ha quedado desmontado.

M.R. Fue una operación claramente de propaganda. Construyes un hospital de campaña con 5.500 camas, está abierto durante seis semanas, periodo en el que fallecen en los geriátricos 7.122 personas por covid y otras causas sin recibir atención sanitaria, y el número de mayores que se traslada desde las residencias allí es exactamente de 23, cuando además había camas libres, ya que el Ifema sólo atendió a 3.811 personas. Y la tercera alternativa eran los hospitales privados. Todos pasaron a estar bajo el mando del consejero de Sanidad. Mando único, muy bien. ¿Número de personas trasladadas de residencias de mayores a hospitales que no tuvieran seguro privado? Cero. No hay constancia de un solo traslado desde un geriátrico a un hospital privado a través del servicio público de ambulancias. Ni uno solo.

“Recortar en un pañal reporta miles de euros. Es la lógica de los fondos de inversión”

MS.- No hay por donde cogerlo, desde luego. El libro aborda al suculento negocio que supone el cuidado de los mayores con ese modelo de macroresidencias de gestión privada en manos de fondos de inversión, un modelo que influyó en la elevada mortalidad entre los residentes.

MR.- Por su naturaleza, los fondos de inversión tienen dos características que los convierten en muy dañinos para las residencias de mayores. Una, que son inversiones temporales. Estos fondos entran en un negocio y en un plazo máximo de cinco años tienen que salir de él tras haber logrado el mayor pelotazo posible. Ese es su objetivo y no el de ofrecer un servicio de calidad a cambio de un beneficio razonable. Un segundo elemento es que estos fondos compran empresas con operaciones de endeudamiento muy importantes y necesitan repagar la deuda cuantos antes. Por eso se fijan en sectores que generan mucho efectivo, como el de los geriátricos. 

MS.- Pero una persona mayor, sobre todo si es dependiente, necesita muchos cuidados. ¿Tanto margen de beneficio se obtiene?

MR.- Las residencias tienen unos costes fijos muy estándares de personal, alimentación y mantenimiento, donde hay poca flexibilidad. Por tanto, ahorrar en costes en un geriátrico es recortar directamente en la calidad de vida de los ancianos y ancianas. Un ejemplo. Un recorte imperceptible como un yogur o un pañal, cuyo coste es de unos céntimos, les reporta a los grandes grupos como DomusVi u Orpea, que gestionan miles de plazas, centenares de miles de euros al año. Esa es la lógica que aplican. En el libro recojo el testimonio de una enfermera que ha visto como la atención en los geriátricos ha empeorado a pasos agigantados. Cuenta que a los mayores se les olvida qué es comer pescado, que no se hacen cambios posturales o que las infecciones de orina son constantes… Esto pasa porque los tratan como apuntes contables y no como seres humanos.

“Los fondos viven de lo público y luego montan estructuras fiscales para no pagar al fisco”

MS.- Beneficios que no tributan porque acaban en paraísos fiscales.

M.R.- Es la triste paradoja, el capitalismo de lo público. Los grandes grupos viven del dinero público y luego montan estructuras fiscales para no pagar un euro al fisco o pagar lo mínimo posible, y encima no sabemos quiénes son sus propietarios. Es de una falta de transparencia absoluta, de manera que quien adjudica esos contratos podría perfectamente tener intereses en esos fondos. Este funcionamiento es inaceptable en un sistema democrático. 

MS.- Aunque la mayoría de las residencias en España son de gestión privada no podemos olvidar que al Estado, en este caso a las comunidades autónomas, les corresponde vigilar que el servicio se preste con todas las garantías. ¿Qué ha fallado?

MR.- La Administración ha hecho dejación absoluta de su papel garantista en el cuidado de los mayores. La normativa sobre las ratios de personal, por ejemplo, está totalmente desfasada como también lo está el modelo de gestión; las inspecciones prácticamente no existen, y se ponen muy pocas sanciones firmes. En seis años, de 2014 a 2019, se pusieron en toda España diez sanciones de más de cien mil euros, y de esas diez, ninguna afectó a un gran grupo. Toda esta dejación de funciones es imprescindible para que los grandes grupos hagan negocio, de otra forma no les saldría a cuenta. En Suecia el lucro admitido en servicios sociales está en un razonable 8%. En España es la ley de la selva.

“Hacer residencias con garantías no es una utopía. Se puede empezar ya”

MS.- ¿Es realista pensar que con un modelo de gestión de residencias privatizado al 90% se podría revertir la situación?

MR.- Hacer residencias de mayores con todas las garantías no es una utopía. ¿Es posible que dentro de un año todas las residencias sean públicas? No, pero sí se podría empezar el procedimiento para lograrlo, sin coste y con todas las garantías jurídicas. Primero construyendo más residencias públicas, pero sobre todo, aprovechar la finalización de los contratos de gestión privada, que suelen ser de cuatro o cinco años, para recuperar la gestión pública. Y mientras tanto, abordar cuanto antes una reforma del marco legal que garantice una atención digna y de calidad e impida los pelotazos de los fondos de inversión. 

MS.- Por último, usted tiene interés en dejar claro que no todas las empresas que gestionan residencias son iguales. 

MR.- No se puede generalizar porque el sector de las residencias es muy diverso. En España hay grupos como DomusVi que gestionan más de 18.000 plazas hasta residencias que no llegan a las 30 plazas. Las actuaciones claramente condenables afectan sobre todo a las que gestionan los grandes grupos en manos de fondos de inversión.

Fuente: Alejandra Acosta en madridsindical.es
Fotos: Fran Lorente 
Vídeo: Fran Lorente, Javier Cantizani

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Webs donde ampliar información sobre lo que pasó, pasa y si no se pone remedio pasará en las residencias.

https://madridsindical.es/que-paso-geriatricos-madrilenos-covid/

https://aldescubierto.org/2021/07/19/florentino-perez-y-la-catastrofe-de-las-residencias-de-madrid/

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