‘En los márgenes’: El día en que el cine fue verdad y los espectadores, protagonistas

Afectados por los desahucios que inspiraron los personajes y situaciones de la película ‘En los márgenes’ vieron por primera vez junto al director, Juan Diego Botto, y la coguionista, Olga Rodríguez, la cinta en la que participan con sus historias y para la que también se pusieron frente a la cámara

Tiene dibujada en la cara una gran sonrisa. No para de recibir abrazos y felicitaciones, y se ha puesto elegante para verse –y para ver a los suyos– por primera vez en la gran pantalla. Pero en los ojos de Matilde habita una tristeza honda, macerada en diez años de incertidumbre por la amenaza constante de perder su casa. Su historia, y la de muchos como ella, forma parte de la trama de la película En los márgenes que se proyectaba este miércoles ante un público más exigente que el de los festivales de Venecia o San Sebastián: uno que ha vivido momentos tan desgarradores que no caben siquiera en la ficción. 

Desahuciar. La definición que remite a echar a una persona de una vivienda aparece en último lugar en el diccionario. La primera acepción es, sin embargo, más elocuente para describir lo que supone: “Quitar a alguien toda esperanza de conseguir lo que desea”. Tras hablar con Matilde, Carmen, Elsa o Mercedes, esa parece mucho más acertada. Con la salvedad de que habla de un deseo, algo aspiracional, un impulso. Tener un techo bajo el que vivir es un derecho humano, no un capricho. 

Aquí hay decenas, cientos de personas, a las que han intentado arrancarles la esperanza no ya de una vida plena, incluso de una existencia digna. Sus historias son todas diferentes, todas parecidas. Pero aquí están, convertidos en espectadores, porque no han podido con ellos. A muchos les han dejado en la calle, es cierto. Pero no se han dejado arrebatar el ansia de un futuro, la voluntad de pelear.

El Auditorio Marcelino Camacho del sindicato Comisiones Obreras, repleto. Olmo Calvo

El auditorio de Comisiones Obreras, en la calle Lope de Vega de Madrid, está a rebosar. Son más de 300 personas afectadas o vinculadas con los movimientos por la vivienda, voluntarios y profesionales de asociaciones y de ONG, plataformas de lucha sindical. En la pantalla aparecerán dentro de poco algunos de los rostros más reconocidos del cine español. Caras de revista y alfombra roja que eligieron ser, también, todos estos rostros golpeados, cabales, ilusionados por ver cómo Penélope Cruz, Luis Tosar y Juan Diego Botto les ponen en el centro de la escena. 

Elsa, el dolor y la rabia

Elsa se acerca al grupo enérgica, nerviosa. Lleva, como Matilde, muchos años de militancia en la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Empezó a ir incluso antes de dejar de pagar las tres mensualidades que justificaron la primera demanda del banco, en 2014. “Llegué sin saber nada de esto. Ahora soy yo la que negocia los casos de otros compañeros con la Sareb”, dice con orgullo, y presume de estar pendiente de “todas las historias” de quienes acuden a la Asamblea de Carabanchel

Elsa, antes de entrar a la proyección de la película | Olmo Calvo

Para ella la debacle fue tan inesperada como inexorable. Con los restos de un acento chileno que 22 años en España han ido desdibujando, cuenta que al principio el futuro parecía deparar solo cosas buenas. “Nos iba muy bien”. Su marido, ingeniero, tenía una empresa que daba de sobra para pagar la hipoteca y para que incluso les dieran otra –no para ella sino para su hermano, que le iría pagando las cuotas–. 

“Pero cuando se pinchó la burbuja se fue todo a la mierda”. Su hermano se volvió a Chile, su marido –ahora con una orden de alejamiento por violencia machista– la abandonó. Se quedó sola con tres hijos y dos deudas impagables. Al mismo tiempo, su hijo menor, de entonces 17 años, desarrolló una serie de tumores en el cerebro que le han valido casi una decena de cirugías y le han convertido en una persona totalmente dependiente. “Alguien me dijo: ‘transforma todo ese dolor en rabia’. Y eso hice. Por eso estoy aquí. No sería la persona que soy sin la PAH”.  

Matilde, las palabras que se ahogan  

La luz se apaga. La historia de Matilde se hace cine. En la pantalla, una madre desesperada se calla un desahucio inminente tras haber servido de aval para la hipoteca de su hijo. Lo mismo que le pasó a ella con el préstamo de la suya. “Mi hija empezó pagando 700 euros, pero con la subida del euríbor enseguida se convirtieron en 1600. Vendimos todo lo que pudimos. Yo trabajaba en limpieza y la mitad de mi sueldo se lo daba a ella. Intentamos pagar hasta que ya no pudimos más”.

El banco no se conformó con la vivienda en la que su hija ya nunca viviría. Quiere también la que ella ha pagado íntegramente. Esa para la que ha trabajado desde los 14 años. Hace muy poco le llegó la notificación de que ha perdido el juicio. Ha recurrido. Pero la amenaza de repente está más cerca.

El marido de su hija se fue, el suyo ya no es su pareja pero sigue viviendo en la casa de Carabanchel que Matilde no se resigna a perder. Está enfermo y ella lo cuida. También vive allí un hijo de 35 años que ahora no tiene trabajo. Aquella crisis económica que fue el disparador de la mayor ola de desahucios pasó, pero la situación para muchos no ha mejorado y ya estamos inmersos en la siguiente. 

El actor y director Juan Diego Botto charla con Matilde y otras mujeres afectadas antes de la proyección | Olmo Calvo

En las butacas hay cuerpos inquietos, risas y comentarios cuando Elsa, Matilde y otros integrantes de la PAH aparecen en el metraje junto a los actores, contando parte de sus historias. El director rodó con ellos tres secuencias a lo largo de siete días. También hay manos que se estrechan, cabezas que asienten, lágrimas, nervios. A veces algunos ojos se alejan de la pantalla y se pierden en la oscuridad. Quizá porque lo que ven les resulta demasiado, quizá porque están volviendo a escenas de sus propias vidas. 

La trama va subiendo en intensidad. El personaje de Luis Tosar, inspirado en el abogado Javier Rubio y en otras muchas personas que trabajaron y trabajan con los afectados, se va olvidando de sí mismo, tropieza con su propia solidaridad. “No lo harías si no lo ves. Pero si lo ves, entonces estás involucrado”, asegura. Botto y la coguionista, Olga Rodríguez, participaron durante años en reuniones de la plataforma. Lo que vieron y compartieron son los hilos que tejen las situaciones, los gestos, los diálogos. “Os admiro y os quiero porque habéis formado parte de nosotros tanto tiempo”, dirá ella con la voz quebrada al acabar la proyección. 

En los márgenes es también una película sobre mujeres guerreras, generosas, con sentido de lo colectivo. Ahí Matilde se siente reflejada. Pero no solo. Se le ahogan las palabras cuando reconoce que muchas veces pensó en tomar la decisión más drástica, en acabar con todo para poder descansar. “Cuando me da bajón todavía a veces lo pienso”, dice al hablar una depresión pertinaz. Pero mujeres como ella “sostienen al mundo”, en palabras de Juan Diego Botto. Son ellas las que de vez en cuando flojean pero nunca se rinden. 

Cuando las luces vuelven a encenderse muchas manos no se deciden entre aplaudir y enjugar las lágrimas. Ganan los aplausos. Una marea de camisetas y banderas verdes con consignas sobre vivienda digna –esas que vimos tantas veces en la prensa en el momento más álgido de los desahucios, las mismas que ya casi no vemos a pesar de que en hoy en España hay 100 al día– se agita por encima de las cabezas. El grito es colectivo: “No toleramos ni un desahucio más”. 

Banderas verdes para reclamar una vivienda digna, al final de la película | Olmo Calvo

“Esto es la verdad”, sentencia Matilde cuando acaba la película. Cerca del escenario un hombre toma el micrófono: “Hace exactamente 10 años estaba en huelga de hambre. No se nota –dice con picardía mirando a su barriga– pero estuve dos semanas sin comer y conseguimos parar el desahucio”. Se suma Asun, con su pelo blanco, que entre aplausos asegura que En los márgenes va a mostrar al mundo “quiénes somos los que peleamos”. Y alguien agrega que “al ver cómo echan a una familia a la calle, a muchos se les va a caer la cara de vergüenza”. 

Un final feliz 

Se acerca Carmen. Tiene 32 años y un vestido amarillo que sobre su piel oscura resplandece. Está radiante. Escoltada por cuatro cabecitas de entre apenas unos meses y diez años, su voz suena enorme ante un auditorio emocionado. “Vosotros me conocéis, llevo cuatro años de lucha. Habéis visto crecer a mis hijos. Sabéis también que este 29 de septiembre me restringen el alquiler que me dieron cuando tuvimos que dejar mi buhardilla de 35 metros en plena pandemia”. Las gargantas se cierran, se apaga la algarabía ligera de los abrazos tras la película. Silencio. 

Ella continúa, y cuenta que le han extendido el plazo hasta el 2 de enero. Una mujer suspira y aprieta la mano de su compañero. Pero hay más: “Hoy mismo me han llamado de la Comunidad de Madrid para decirme que antes del 15 de diciembre ¡tendremos una nueva vivienda! Estallan los aplausos y cientos de gargantas gritan ”Sí, se puede; sí, se puede“ durante algunos minutos. 

Carmen y sus hijos | Olmo Calvo

“Esto es la verdad”, sentencia Matilde cuando acaba la película. Cerca del escenario un hombre toma el micrófono: “Hace exactamente 10 años estaba en huelga de hambre. No se nota –dice con picardía mirando a su barriga– pero estuve dos semanas sin comer y conseguimos parar el desahucio”. Se suma Asun, con su pelo blanco, que entre aplausos asegura que En los márgenes va a mostrar al mundo “quiénes somos los que peleamos”. Y alguien agrega que “al ver cómo echan a una familia a la calle, a muchos se les va a caer la cara de vergüenza”. 

Un final feliz 

Se acerca Carmen. Tiene 32 años y un vestido amarillo que sobre su piel oscura resplandece. Está radiante. Escoltada por cuatro cabecitas de entre apenas unos meses y diez años, su voz suena enorme ante un auditorio emocionado. “Vosotros me conocéis, llevo cuatro años de lucha. Habéis visto crecer a mis hijos. Sabéis también que este 29 de septiembre me restringen el alquiler que me dieron cuando tuvimos que dejar mi buhardilla de 35 metros en plena pandemia”. Las gargantas se cierran, se apaga la algarabía ligera de los abrazos tras la película. Silencio. 

Ella continúa, y cuenta que le han extendido el plazo hasta el 2 de enero. Una mujer suspira y aprieta la mano de su compañero. Pero hay más: “Hoy mismo me han llamado de la Comunidad de Madrid para decirme que antes del 15 de diciembre ¡tendremos una nueva vivienda! Estallan los aplausos y cientos de gargantas gritan ”Sí, se puede; sí, se puede“ durante algunos minutos. 

Carmen responde entonando, con su pequeño coro infantil, algunos versos de la canción que Rozalén compuso para la película, y que ya se ha convertido en un himno para los integrantes de la plataforma. 

Grita “esta vida no es vida”

Si pa acabar el día

Tengo que pelear

Lucha porque tu voz se escucha

Y sonará potente

Si es en comunidad

Siente que el alma está valiente

Y siempre va de frente

Con fuerza y dignidad

Es posible que aquí, en un auditorio repleto de personas atravesadas por la precariedad, golpeadas por pequeñas y grandes desgracias –basta pensar en los relatos de Elsa y Matilde– no se pueda estar más lejos del territorio fantástico de un cuento de hadas. Pero a veces las historias, estas otras historias, también merecen un final feliz. 

Fuente: Natalia Chientaroli en eldiario.es
Foto portada: Una de las afectadas por los desahucios habla tras la proyección de ‘En los márgenes’, inspirada en sus historias | Olmo Calvo

Fuente: Javier Zurro en eldiario.es

La película de Juan Diego Botto sobre desahucios que nació gracias a un deseo de Penélope Cruz

Penélope Cruz, Juan Diego Botto y Luis Tosar en el rodaje de ‘En los márgenes’ | Vertice360

El actor, que en este caso es también director y guionista, y Olga Rodríguez cuentan el proceso de creación del guion de ‘En los márgenes’, una película que compite en la sección Horizontes de Venecia y se estrena el 30 de septiembre

Durante casi tres años, de 2012 a 2015, Juan Diego Botto subió al escenario cada noche para hablar de exilio e inmigración. La obra se llamaba Un trozo invisible de este mundo, y en ella, Botto se desgarraba para contar, entre otras, la historia real de Samba Martine, una mujer congoleña que murió tras pasar 40 días en el Centro de Internamiento para Extranjeros de Aluche. Miles de personas pasaron por las butacas de las Naves del Español en Madrid y se emocionaron con unos testimonios que ponían el foco en las terribles políticas migratorias españolas y sus consecuencias en personas que los telediarios trataban como simples números.

Una de esas personas que se conmovió con el trabajo de Botto fue Penélope Cruz, amiga del actor desde que rodaron La celestina en 1996. Desde entonces no habían vuelto a coincidir en una película. Cuando terminó la función, Cruz se acercó y le pidió que escribiera algo para “hacer juntos”. Le propuso una historia sobre “los celos”, y Juan Diego Botto le prometió que lo haría. “Intenté escribirla, pero no me salió. Lo que sí me salió fue una escena en la que una pareja discutía por celos la noche antes de su desahucio. Eso sí me gustó. Había algo en la angustia de esa pareja”, recuerda el actor y director en conversación con elDiario.es.

Aquella petición, en caliente tras una obra de teatro, se materializó en el guion de En los márgenes, su debut en la dirección cinematográfica que se estrena en cines el 30 de septiembre tras lo que será su paso a competición por la sección Horizontes del Festival de Venecia y en Perlas en San Sebastián. Juan Diego Botto escribió el libreto junto a la periodista de elDiario.es Olga Rodríguez. Fue ella quien le llevó a conocer a “un montón de gente de movimientos sociales afectados por el tema de la vivienda”. De una historia de celos a una mirada poliédrica que no solo habla de desahucios, sino de las consecuencias personales y emocionales de una crisis que arrasó con todo y que todavía sigue dejando a cientos de personas sin un hogar. 

Tuvieron claro que ese guion debían escribirlo juntos y que la materia prima del que debía nutrirse era la realidad y el periodismo. “Hubo un reportaje que publiqué en elDiario.es en el que hablaba con dos educadoras sociales y contaban cosas alucinantes, y en un momento dado una de ellas decía, ‘esto es una guerra sin balas’. Contaban la situación de gente precaria que ya ni pedían dinero para tener luz, sino que directamente pedían velas. Ese reportaje a Juan también le inspiró y hubo un momento en el que dijimos, vamos a escribir este guion juntos”, recuerda la periodista, que explica que el personaje de Penélope Cruz, una mujer con un hijo que afronta las 24 horas antes de que sean desahuciados, es un compendio de “20 o 30 mujeres” que han conocido en el proceso de investigación y documentación del filme.

“Gran parte, o la mayor parte del trabajo fue de alguna manera periodístico. Yo me dejé llevar al terreno de Olga, porque pasamos mucho tiempo con los afectados y con las afectadas, conociendo sus historias, y esas historias me iban llevando a otras historias. Olga me decía, ‘tienes que conocer a Fulanito, debes conocer a menganito’, y eso nos llevaba a otro tema. Toda esa inmersión de años, de empaparnos de esas historias, fue haciendo que naciera la colaboración de forma natural”, apunta Botto sobre este libreto escrito a cuatro manos.

Gran parte del trabajo fue periodístico. Pasamos mucho tiempo con los afectados y con las afectadas de desahucios, conociendo sus historias

Juan Diego Botto Director y guionista de ‘En los márgenes’

Su homenaje a todas esas historias que conocieron está presente en la película, que incluye a personas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, periodistas como Juan Carlos Mohr, que siempre acude “con su cámara de fotos y vídeo a documentar los desahucios”. “Aparece medio segundo, nadie se va a dar cuenta de que es él o de que quienes están en determinadas escenas son personas afectadas de verdad, pero creíamos que tenía un componente simbólico que era importante. O que aparezca Mercedes Revuelta, una activista que lleva muchos años comprometida con esto y que aparece como secretaria judicial que viene a desahuciar a una familia”, desvela el director.

Las cicatrices emocionales

Los dos guionistas de En los márgenes subrayan que es una película de los desahucios en cuyo corazón habita una idea más amplia: “Cómo una crisis económica afecta a las relaciones personales”. “Una situación de estrés económico violenta las relaciones afectivas, y eso es inevitable y lo hemos visto en todos los casos que hemos conocido que tienen problemas de vivienda, porque en el núcleo de todo, está el tema de la vivienda”. Ese sería un primer pilar. El segundo: las mujeres. 

Juan Diego Botto dirige a Penélope Cruz en un momento de ‘En los márgenes’ | Vertice360

Aunque hay tres historias principales, protagonizadas por Penélope Cruz, Luis Tosar y Adelfa Calvo, “en el corazón es una historia de mujeres y sobre todo, una historia de madres”. Olga Rodríguez subraya que “son las mujeres las que se encargan de mantener viva la llama de lo afectivo”, y que cuando uno se acerca a la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, se da cuenta de que “son, fundamentalmente, mujeres”. “Los afectados también son hombres, pero lo suelen encarar de otra manera. A los hombres se les exige, teóricamente, tener una vida de éxito, ser los que sostienen a la familia, y cuando no pueden hacer eso porque las dificultades de la vida se lo impiden, pues muchas veces se derrumban por completo, y ahí es cuando emergen ellas. Sosteniendo a la familia, luchando, creando tejido social, creando comunidad y no rindiéndose, intentándolo hasta el final”. 

En estas situaciones es cuando las mujeres emergen. Sosteniendo a la familia, luchando, creando tejido social, creando comunidad y no rindiéndose

Olga Rodríguez Guionista de ‘En los márgenes’

El maestro del cine social, Ken Loach, siempre responde a las acusaciones de hacer un cine tremendista y excesivamente dramático que si escucharan algunas de las historias reales que hay en la calle no dirían lo mismo, y que incluso rebaja sus guiones para resultar verosímil, algo que confirman Juan Diego Botto y Olga Rodríguez. “Si hubiéramos reflejado las historias que nos relataban no hubiera sido creíble. La realidad muchas veces no resulta verosímil porque supera tanto los parámetros de lo que consideramos posible…”, asegura el director, que confiesa que también se vieron “obligados a rebajar el guion”.

Ponen el ejemplo de una de las historias que les inspiraron, la de Richard, que ha llevado su caso a las Naciones Unidas, que le ha dado la razón, y que participa en una escena. El mismo día que rodaron con él, le llegó una nueva notificación para desahuciarlo. Era la novena. “De repente se paró todo y todos los compañeros le abrazaron. Fue un momento muy brutal y muy emotivo, donde aquello que estábamos contando se cristalizó en la persona de Richard”, recuerdan ambos.

El maestro del cine social, Ken Loach, siempre responde a las acusaciones de hacer un cine tremendista y excesivamente dramático que si escucharan algunas de las historias reales que hay en la calle no dirían lo mismo, y que incluso rebaja sus guiones para resultar verosímil, algo que confirman Juan Diego Botto y Olga Rodríguez. “Si hubiéramos reflejado las historias que nos relataban no hubiera sido creíble. La realidad muchas veces no resulta verosímil porque supera tanto los parámetros de lo que consideramos posible…”, asegura el director, que confiesa que también se vieron “obligados a rebajar el guion”.

Ponen el ejemplo de una de las historias que les inspiraron, la de Richard, que ha llevado su caso a las Naciones Unidas, que le ha dado la razón, y que participa en una escena. El mismo día que rodaron con él, le llegó una nueva notificación para desahuciarlo. Era la novena. “De repente se paró todo y todos los compañeros le abrazaron. Fue un momento muy brutal y muy emotivo, donde aquello que estábamos contando se cristalizó en la persona de Richard”, recuerdan ambos.

Un proyecto difícil

Las consecuencias de la crisis y los desahucios no es algo que suela centrar la ficción realizada en España. Por eso fue crucial que Penélope Cruz se involucrara desde el principio. No solo como actriz e iniciadora del proyecto, sino como productora junto a Álvaro Longoria, que también se apuntó pronto a esta aventura. Pero no fue fácil. “Costó mucho”, reconoce Juan Diego Botto. “Primero tuvimos un periodo muy largo de construcción del guion, que además fue más largo por todo este tiempo de inmersión e investigación. Luego, una vez que tuvimos un guion aceptable, estuvimos haciendo versiones y versiones y, evidentemente, hubo gente que no la quiso. Hubo productoras y televisiones que no la quisieron. Cuando Penélope se involucró más y encontramos a Longoria, que se volcó con el proyecto, a partir de ahí fue todo más fluido”.

El material de En los márgenes parecía susceptible de acabar siendo un documental, y de hecho ambos reconocen que se han quedado con las ganas de hacerlo y que tienen material suficiente para ello, pero que primero toca parar. Además, “una ficción puede llegar a lugares más amplios y mover otras cosas”. Al descanso le tocará, irónicamente, esperar. A Juan Diego Botto le queda una temporada promocional que arranca en Venecia, pasa por San Sebastián y, puede que también por los próximos Goya. Todo sin renunciar al teatro, donde sigue representando ese Lorca que le ha dado todos los premios posibles en Una noche sin luna, otro trabajo donde demuestra que solo entiende el arte desde el compromiso político.

Fuente: Javier Zurro en eldiario.es

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