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El resurgir del sindicalismo

Agrupar fuerzas, recuperar los barrios, llegar a las trabajadoras más precarizadas, prepararse para mantener un pulso. El sindicalismo de clase se recompone para hacer frente a los nuevos retos con la mirada puesta en la redefinición de capital-vida.

“Si los sindicatos no ejercen una verdadera protección de la clase trabajadora, no te sirve de mucho estar afiliada, y las últimas huelgas no se ganaron”. Desde CNT Galicia, Rita Giraldez, resume el pasado cercano: la desafección. En 2011, el partido socialista que había presidido José Luis Rodríguez Zapatero perdió las elecciones generales. Los recortes que practicó minaron la credibilidad del partido. El gran sindicato, Comisiones Obreras, descendió en más de 200.000 afiliaciones entre 2008 y 2015, de los que ha recuperado la mitad. El sindicalismo no pactista aguantó el tipo, más o menos. Hola, 2021. ¿Qué tal? 

“En 2020 hemos notado una subida de la afiliación de los trabajadores temporales, representan el 14%”, explica Iru Monet, de CGT Catalunya. “Desde finales de diciembre a abril, la mitad de las nuevas afiliaciones son menores de 30 años y, en siete años, hemos incrementado en 4 puntos la presencia de mujeres, hasta llegar al 42%”, indica Igor Arroyo, LAB País Vasco. El río suena, trae más agua y está fresca.

El Salto ha hablado con diversos sindicatos del Estado, seguramente con demasiados para que queden representados adecuadamente en un reportaje. Se les ha preguntado tres cosas: tendencias en la afiliación, cambios en la pandemia y retos del sindicalismo.    

Casi todos construyen un discurso de clase sin miedo a redefinirse, superar la desafección y llegar a las trabajadoras más precarizadas. Se preparan para un año cargado de ERE —la prórroga de los ERTE está prevista que decaiga el 31 de mayo— y para las inyecciones multimillonarias en las grandes empresas mediante subvenciones públicas y préstamos de los fondos europeos Next Generation, cuya devolución previsiblemente traerá aparejada una serie de recortes en los servicios públicos (¿pensiones?) para cumplir con el déficit. Beneficio privado sobre recorte público, otra vez. Mikel Lakuntza, desde ELA Euskadi alerta: “Joe Biden, el presidente de Estados Unidos, ha adelantado a la izquierda por la izquierda en sus primeros cien días de mandato anunciando sin complejos una subida de impuestos a las rentas más altas y grandes empresas”. Reivindica una reforma fiscal. Para ya.

En Madrid salen a manifestarse hoy conjuntamente CNT, CGT, Sindicato de Manteros, Riders por Derechos, el sindicato de trabajadoras sexuales Otras, la Coordinadora de Vivienda y decenas de colectivos. Juntos, revueltos, en red, apoyándose, compartiendo. “Por fin”, resume Cristina Barrial, antropóloga especializada en organización política en el trabajo del hogar y de los cuidados. “Me parece un punto de inflexión, un faro después de tanto tiempo”. 

“No se trata de generar diferentes sujetos de clase, sino de que se regenere una lucha común, respetando a la gente que decidió organizarse como asociación o estructura sectorial al ver que los sindicatos no le estábamos representando”, indica Igor Arroyo (LAB)

Un rider de Glovo hace pocos días. DAVID F. SABADELL

Sindicatos sectoriales y conciencia de clase

“El conflicto social y la lucha de clases se han expresado de muchas maneras históricamente. En 1931, el comité de defensa económica de la CNT organizó la huelga de alquileres”, recuerda Óscar Blanco, del Sindicat de Llogateres de Catalunya. “La crisis de rentabilidad que tiene el sistema capitalista ha desplazado gran parte de la extracción de riquezas de la producción hacia la reproducción, ampliando el conflicto capital-trabajo a capital-vida”.

“No se trata de generar diferentes sujetos de clase, sino de que se regenere una lucha común, respetando a la gente que decidió organizarse como asociación o estructura sectorial al ver que los sindicatos no le estábamos representando”, añade Igor Arroyo (LAB). Hace cuatro años este sindicato asumió en su congreso la dicotomía capital-vida y apoyaron desde su formación a Riders por Derechos, como la Intersindical de Catalunya (y UGT en Madrid), explica Felipe Corredor, de Riders. “Ni somos sindicato ni parte de un solo sindicato. Entiendo Riders por Derechos como una red de trabajadores, extrabajadores y sindicatos combativos con la uberización. El futuro pasa por continuar fortaleciendo la red, porque el trabajo con otros colectivos suma. Poco hubiéramos podido hacer en Catalunya sin la Intersindical”, reconoce desde Barcelona.

“No sabemos en qué condiciones y con qué animo, esperemos que sea de forma pacífica, pero no le puedes pedir a gente que pasa hambre que sea racional”, advierte Jesús Palomar, de la Intersindical de Catalunya —sindicato que multiplicó por cuatro la afiliación en 2017—. Prevén un “otoño caliente”, como todos los demás. “Después de los ERTE, llegarán los ERE”. Reivindican cambiar de chip: no solo es necesario un cambio industrial y de sostenibilidad (emergencia climática), sino entender que trabajar menos horas genera más empleo, “tienes más ocio, gastas más”. “No somos nosotros quienes velemos por los beneficios de las empresas, sino por los derechos de la clase trabajadora, pero esto es un win-win”.

El mercado proveerá

La Iglesia cada vez tiene menos feligreses, pero Amazon, Inditex e Ikea son los nuevos altares del siglo XXI. Si nuestra época tiene un dios, es el capitalismo: el mercado proveerá. “No se buscan planes alternativos de industrialización ni se prevé planificar la transición para la descarbonización. Se hace borrón y cuenta nueva, dejando en la calle a miles de trabajadoras sin posibilidad de futuro”, resume Susana Méndez, CIG Galicia. Habla del cierre de Alcoa, de dos centrales térmicas, de la Citoën, del sector naval y ahora se suman también las tiendas físicas de Inditex debido al proceso de digitalización. 

Y añade un apunte territorial que comparte con Euskadi y Catalunya: soberanía. “El capital viene, se aprovecha de los recursos naturales y de la mano de obra barata y nos deja aquí los perjuicios (la contaminación, la destrucción del paisaje) y, cuando se va, el empobrecimiento. Los beneficios no se quedan, desaparecen. ¿Un ejemplo? Galiza es productora excedente de electricidad, pero no nos repercute. Seguimos pagando tarifas abusivas con un servicio deficiente en algunas zonas del territorio”. Y ofrece otro de propina: la apuesta del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo (PP), para los Next Generation es una inversión de 700 millones para una fábrica de viscosa de la mano de Inditex. Plantar miles de eucaliptos para fabricar camisetas, eliminar aún más bosque autóctono. Y comparte la crítica que realiza Mikel Lakuntza con el oscurantismo que rodean a las propuestas de los proyectos Next Generation: “Cuando tienes una buena noticia que dar, no la ocultas”.

El barrio, de toda la vida

El sindicalismo vuelve a sus orígenes: fortalecer la conciencia de la clase trabajadora, aglutinar fuerzas para aguantar el pulso no solo con la empresa, también con los gobiernos. Y en un mercado laboral cada vez más atomizado y digitalizado, donde la fábrica no es el centro de trabajo, el objetivo es el barrio. 

Desde el Sindicato de Barrio de Hortaleza y el Grupo de Autodefensa de Carabanchel, ambos en Madrid, a los cinco puntos de información que tienen en cuatro barrios de Barcelona y en Lleida CGT Catalunya. Cualquier persona que se acerca con una consulta es bien recibida y atendida. Hay que abrir los sindicatos a las trabajadoras del hogar, a las precarizadas, a las temporales, a las falsas autónomas, a las que no existen en los registros de la Seguridad Social. A quien lo necesite, como antaño. 

“Atendemos a todas las trabajadoras que nos consultan, se afilien o no”, explica Ismael Sánchez, del SAT Andalucía. Desde el estado de alarma han incrementado las consultas un 80%. “Trabajamos de lunes a domingo, el sindicato siempre está abierto”. El horario no es el problema, asegura, sino la doble lucha: “Estamos luchando contra la patronal y los sindicatos mayoritarios, porque muchas personas sienten que los sindicatos mayoritarios les han traicionado en las negociaciones colectivas e individuales y llegan a nosotros con resentiemiento”. 

Miren —nombre ficticio— lo vivió así en Euskadi: “Desde 2002 estaba afiliada a Comisones Obreras, pensaba que era un sindicato progresista y de izquierdas, pero para ellos era una trabajadora de segunda”. Se ha marchado a la Coordinadora de Interinos, otra red sectorial que ha surgido al calor de la desafección.

¿Es justa esa fama? Fernando Lezcano, secretario de organización de Comisiones Obreras, ofrece su punto de vista: “Ahora se ha recuperado la negociación, durante años ni siquiera hubo interlocución”, desgrana sobre lo que no se ve del trabajo de despacho. De ese diálogo social con el Estado y la patronal: reforma laboral, pensiones, salario mínimo. “¿Cómo se defienden los intereses de los trabajadores si no se negocia con la patronal? Te gustará más, menos o regular, pero son los que establecen las condiciones de trabajo. Me resulta difícil imaginar cómo defender y ofrecer resultados concretos en la relación capital-trabajo si no es a través de la negociación. Otra cosa es que tenga que venir acompañada de la presión necesaria para que el empresario se avenga a razones”.

En la manifestación convocado por Comisiones Obreras y CGT en Madrid acudirá por primera vez una ministra de trabajo en activo: Yolanda Díaz. Muchas cosas están cambiando rápidamente. Y el pulso está en la calle.

El sindicato creado por el partido ultraderechista Vox saldrá hoy por primera vez en casi todas las capitales de provincia para manifestarse, dicen, con una “caravana de trabajadores” porque son los “únicos” que entienden “a las pequeñas empresas y trabajadores”. Bilbao y Donostia son las únicas capitales —parkings y polígonos industriales en realidad, según bastantes puntos de convocatoria— que carecen de esta cita. 
Fuente: Gessamí Forner en elsaltodiario.com

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