El número de pobres en el Estado español asciende a 11 millones de personas

> Aumenta en 2,5 millones en la pandemia

> Pese a las medidas del Gobierno, la crisis sanitaria amplía la fractura social

La desigualdad social en España crece. Viene dejando en el camino a millones de personas desde la crisis del 2008. La emergencia sanitaria de la pandemia, no hizo más que profundizar la crisis pre-existente. A los ojos del Gobierno de coalición”progresista parece ser que todo haya comenzado con el coronavirus. Per en concreto, 2,5 millones de ciudadanxs han visto como su situación se ha precarizado llegando a pasar privaciones materiales, alcanzando ya la cifra de 11 millones de españolas y españoles. Y eso, pese a las medidas puestas por el Gobierno para proteger los empleos (ERTE) y el incremento del Salario Mínimo Profesional.

A pesar de que el Gobierno se autoetiquete como “progresista”, la realidad de las crisis (económica y pandémica) ha terminado de desenmascar a un Ejecutivo de centro-derecha. Donde “la exclusión social ha aumentado muy notablemente, y sobre todo lo han hecho las situaciones de exclusión más severas, que han pasado del 8,6%, en su última medición en 2018, al 12,7% de la población en la actualidad. Esto supone dos millones más de personas afectadas por una acumulación de problemas sociales que pone seriamente en cuestión su participación en el conjunto de la sociedad”.

Un estudio de Foessa demuestra que, pese a las medidas del Gobierno de coalición, la crisis sanitaria amplía la fractura social. Primera radiografía social de la covid, elaborada por más de 30 investigadores, y el resultado es más que preocupante para España, uno de los países “líderes del primer mundo”. Esto último visto desde la cultura colonizada de Argentina.

Según la precariedad laboral durante el estado de emergencia sanitaria se ha duplicado y alcanza a casi 2 millones de hogares que dependen económicamente de una persona sustentadora principal que sufre inestabilidad laboral grave. Lo que significa que en el último año ha tenido: 3 o más meses de desempleo, 3 o más contratos diferentes, en 3 o más empresas distintas.

Así lo indica el informe «Evolución de la cohesión social y consecuencias de la Covid-19 en España», elaborado por Cáritas y la Fundación Foessa (Fomento de Estudios Sociales y de la Sociología Aplicada), que alerta de que la cohesión social en nuestro país ha sufrido un “shock” sin precedentes como consecuencia de la tensión que ha sufrido la actividad económica y el empleo a causa de la irrupción del SARS CoV-2.

“Se ha producido -señala Raúl Flores, coordinador del Equipo de Estudios de Cáritas y secretario técnico de Foessa- un empeoramiento de las condiciones de trabajo que genera más trabajadores pobres y trabajadores más pobres y menos realizados personal y socialmente”.

A lo largo de 700 páginas, el informe confirma además que “lo que empobrece a muchos trabajadores no solo es un salario insuficiente, sino muchas veces trabajar una jornada de 3 horas cuando podrían y desearían trabajar una jornada completa, o la temporalidad y estacionalidad de los contratos”.

En este período pandémico de la crisis profundizada desde 2008, y agravada aún más desde 2019/20, la situación de que los sustentadores del hogar se encuentren en paro de larga duración ha alcanzado a 800.000 familias y el desempleo total familiar, casi se ha duplicado, es decir hay casi dos millones de núcleos familiares donde todas las personas activas están en paro. Y a pesar del aumento de cierta protección social no se ha logrado compensar esta situación y un tercio de estos hogares (esto es, 600.000 familias) carece de algún tipo de ingreso periódico, predecible, que permita una cierta estabilidad y capacidad de generar proyectos vitales.

Teniendo en cuenta de que la principal fuente de ingresos de los hogares españoles son las rentas del trabajo, la crisis sanitaria no ha hecho más que agudizar aún más la desigualdad. En términos de renta, el informe elaborado a partir de una encuesta a más de 7.000 hogares, revela que la diferencia entre la población con más y menos ingresos ha aumentado más de un 25%, cifra superior al incremento que vino teniendo durante la crisis comenzada en 2008.

“Uno de los aspectos diferenciales de esta nueva etapa de la crisis es la profundización de la brecha de desigualdad en nuestra sociedad, donde los grandes damnificados son precisamente las personas y familias más frágiles y desfavorecidas, a quienes no ha llegado las respuestas públicas del denominado escudo social”.

Además ha aumentado la brecha de género. En el año 2020, ha tenido más impacto en distintos sectores como el comercio, la hostelería y sis derivados, lo que ha implicado un retroceso mayor para muchas mujeres en términos de integración social.

Mientras que la tendencia general en hogares encabezados por hombres ha sido el descenso de la integración plena a la precaria, en hogares encabezados por mujeres ha prevalecido el descenso de la integración precaria a la exclusión.

La exclusión social en los hogares encabezados por mujeres ha pasado del 18% en 2018 al 26% en 2021, un incremento que multiplica por 2,5 el registrado durante el mismo periodo en el caso de los hombres (que pasaron del 15% al 18%).

“Por un lado, estas diferencias de género han permanecido ausentes de debates tanto políticos, como mediáticos -apunta Raúl Flores- y, por otro, al margen de los cambios en la coyuntura económica y social, la desventaja acumulada por razón de género permanece, algo que remite a cuestiones de tipo estructural y que es importante tener en cuenta de cara a diseñar políticas públicas eficaces”.

Ser joven es otro de los factores de exclusión que ha sacado a la luz la crisis sanitaria de la Covid-19. Según los resultados que arroja el informe Foessa, en España hay 2,7 millones de jóvenes entre 16 y 34 años afectados por procesos de exclusión social intensa y multidimensional que les impide realizar proyectos de vida para transitar hacia la vida adulta.

En 2021 se sumaron más de 650.000 nuevas personas jóvenes (16-34) a la situación de exclusión, la mayoría en situación de exclusión severa. Son 500 mil personas jóvenes más con respecto a 2018 que están afrontando situaciones de especial complejidad, lo que hace un total de 1,4 millones de jóvenes en situación de exclusión severa.

A nivel generacional, la tasa de exclusión de la población menor de 30 años es algo más de tres veces superior a la de la población mayor de 65 años y la tasa de exclusión severa se llega a multiplicar por cinco entre ambos grupos etarios.

“Hay un grupo de jóvenes -subraya Flores- que ha experimentado ya dos crisis muy importantes justo en una fase esencial de sus proyectos vitales en los que se plantea la transición al empleo, a la vida adulta, la emancipación o la construcción de nuevos hogares: a los que tenían 18 años en 2008 les ha alcanzado la crisis de 2020 con 30 años”.

Fuente: REDCOM en kaosenlared.net

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