“El metaverso puede convertir internet en un espacio totalitario mayor de lo que ya es hoy”, Esther Paniagua

La periodista ha publicado el libro ‘Error 404 ¿Preparados para un mundo sin internet?’ sobre los peligros de una sociedad que depende en exceso de internet

Los smartphones, los smartwatch, el internet de las cosas, asistentes virtuales y, dentro de poco, el metaverso. Todo está conectado a internet. Y no solo lo que usamos para entretenernos. Los sistemas de defensa, el sistema eléctrico, las centrales nucleares, las bases de datos de los hospitales, nuestro teletrabajo, las herramientas para tener cerca a nuestra familia, esos trozos de plástico que llevamos en nuestras carteras y que nos sirven para pagar cualquier cosa a través de otro aparato que se conecta por internet con nuestro banco, al cual ya no vamos nunca porque lo hacemos todo por internet. La red global nos ha hecho la vida más fácil en muchos sentidos, pero también nos ha hecho totalmente dependientes.

“Es cuestión de tiempo que la red caiga. Internet se vendrá abajo y viviremos oleadas de pánico. ¿Suena apocalíptico? No lo es”. Así se presenta el libro Error 404 ¿Preparados para un mundo sin internet? (Debate,2021) de la periodista especializada en tecnología Esther Paniagua. La dependencia social, física y emocional que tenemos como sociedad de la gran red, el gran poder de unos pocos sobre algo tan necesario para todos o el mal uso de las tecnologías por parte de empresas o Estados, son algunos de los temas que la periodista repasa en este interesante trabajo de investigación, recogida de datos y entrevistas a “padres” y “guardianes” de internet, que además intenta contestar a aquello que se preguntaba Def Con Dos hace años: ¿qué vamos a hacer cuando apaguen internet?

¿Puede caerse realmente internet?

Puede caerse internet. Puede tirarse internet. No es fácil, no es que cualquiera pueda llegar mañana, apagar el interruptor y ya nos hemos quedado todos descolgados. Y, desde luego, es mucho más difícil si hablamos de un apagón global. Pero hay vías o formas en las que puede pasar. Puede haber ciberataques, pero también puede haber fallos.

Uno de los peligros es el relacionado con el protocolo de BGP, que fue lo que hizo que Facebook, supuestamente y según la versión oficial, desapareciera del mapa el pasado 4 de octubre. Supuestamente una actualización de ese protocolo BGP, que es uno de los protocolos base de internet y que enruta la información, elige el camino más eficiente para que la información viaje de un sitio a otro. Pero el BGP es un protocolo muy antiguo, que no fue diseñado para soportar lo que internet soporta hoy, porque internet no fue diseñado para eso. Tiene muchas vulnerabilidades. Ya en 1998 un grupo de hackers fue al Senado de Estados Unidos y contó cómo en media hora ellos podrían tirar abajo la red. Es verdad que por aquel entonces en internet había muchas menos cosas conectadas y eso que ya empezaba a haber un boom del comercio electrónico. De hecho, por eso mismo el Senado estaba muy preocupado de que eso pudiera pasar, porque ya empezaba a emerger toda una economía sobre la base de internet, que no estaba creada para eso anteriormente. Estaba creada como forma de conexión de investigadores y de conexión de recursos computacionales que permitieran hacer operaciones e investigaciones usando toda esa capacidad de cómputo de muchos ordenadores. Cuando entrevisté a Vinton Cerf, uno de los padres de internet, me dijo claramente que el protocolo de GP no fue diseñado para lo que soporta ahora, y él estuvo ahí desde el día uno de internet.

Hay otras, como los DNS, que también son otro de los pilares de internet. Es ese sistema de nombres de dominio que traduce cada ordenador conectado a internet al lenguaje de la máquina. Uno de los entrevistados ponía el símil de que un internet sin el DNS es como un correo sin direcciones. Las cosas están ahí, pero tú no puedes llegar a ellas. Por decirlo de manera resumida, hay una base de datos donde se guardan las correspondencias de cada cosa conectada a esos números. Y si esa base de datos se borra…

Ahora mismo se estima que solo una hora sin internet le costaría a España más de 20 millones de euros

Mas allá de que yo pierda mis fotos en Facebook o que no pueda mandarle un audio a mi madre por WhatsApp, ¿a qué nos enfrentamos si mañana se cae internet?
Que dejan de funcionar muchísimas cosas. Dejan de poder facturar los supermercados, dejas de poder sacar dinero, de poder hacer cualquier tipo de operación que haces electrónicamente, que hoy en día es prácticamente todo. Muchos servicios y empresas directamente tendrían que cerrar. Solo con un apagón de internet de una hora, las pérdidas serían millonarias. Si hablamos de un apagón que empieza a durar más de una hora, las consecuencias empiezan a ser serias. Existe una web con una calculadora que te dice cuánto perdería cada país si se cae internet. Ahora mismo se estima que solo una hora sin internet le costaría a España más de 20 millones de euros. Aunque solo lo miremos desde un punto de vista económico, el impacto de cada hora es gigante.

¿Y los Estados se están preparando para esto?

No, claro que no. Cuando hace un tiempo Austria dijo que nos deberíamos preparar para algo así, la Red Eléctrica de España, que se negaron a ser entrevistados para mi libro, explicaron en una entrevista que eso era demasiado alarmista y que ellos tenían protocolos para la pérdida de electricidad. Pero no es lo mismo un apagón eléctrico que una caída masiva de internet. Para eso no hay un plan.

Además, hay que tener en cuenta que Red Eléctrica puede tener unos procedimientos, pero que la gente los siga ya es otra cosa. Coordina tú a un país entero. No estamos preparados socialmente, no tenemos un sitio al que acudir. Es decir, si pasa algo y me quedo sin internet o sin electricidad, ¿cómo me entero de lo que está pasando? ¿Dónde acudo? Los medios de comunicación también tendrían muchos problemas. El Salto no funcionaría, tú te quedarías sin trabajo.

Pero no me gusta ser alarmista. Yo no me imagino un escenario sin internet. Es decir, internet se puede apagar y podemos estar sin internet unos días y será caótico y devastador, pero no va a desaparecer. Lo volveríamos a reconstruir. Incluso aunque fuera un apagón catastrófico de una tormenta solar que durante unos meses no te permitiera tener internet, lo volveríamos a crear porque ya sabemos cómo se hace. Por tanto, no me imagino un escenario en el cual viviéramos sin internet de aquí a un futuro.

Los servicios de inteligencia dicen eso de “los dos días del caos”. Podría suceder, aunque creo que al final todo se reduce también mucho a un tema más de percepción que de realidad. Porque empezaría a haber una percepción de caos cuando la gente viera, por ejemplo, que los supermercados no pueden facturar, no puedes comprar productos ni medicamentos. Probablemente empezaría a haber saqueos en un momento dado, incluso aunque ese desabastecimiento o caos no sea real. El pánico es el problema.

Somos altamente dependientes de infraestructuras conectadas a internet. Lo hemos conectado todo porque es mucho más barato y eficiente, pero ahí está el problema

Pero uno de los principales problemas, algo que quiero advertir con este libro, es el tema de que hemos conectado todo a internet, incluido las infraestructuras críticas como, por ejemplo, los hospitales. Somos altamente dependientes de infraestructuras conectadas a internet. Lo hemos conectado todo porque es mucho más barato y eficiente, pero ahí está el problema.

Estos días, por ejemplo, hemos visto cómo existe una estructura, una red, que recoge datos de todas las centrales nucleares y que saltaron las alarmas porque no se recibían los datos desde Chernóbil en medio de la guerra.
Claro, eso es. Por ejemplo, en 2010, hubo el primer gran ataque ciberfísico, en el que se conecta lo online con lo físico. Fue contra una estación de enriquecimiento de uranio iraní. El ataque hizo que se autodestruyeran mil centrifugadoras, como el 20% de toda la central nuclear. Fue catastrófico. Se piensa que fue obra de Israel y Estados Unidos mediante un software nuevo.

Todo lo que no puedes proteger adecuadamente o que el riesgo de que lo ataquen pueda ser crítico para el país, lo tienes que desconectar

Ese es el gran problema. Los hemos conectado todo porque es más barato, más eficiente. Pero con eso nos estamos autoinmolando. De hecho, muchos expertos en ciberseguridad aconsejan que nos tenemos que plantear desconectar cosas. Todo lo que no puedes proteger adecuadamente o que el riesgo de que lo ataquen pueda ser crítico para el país, lo tienes que desconectar.

¿Algo así como un decrecimiento del internet?

Una desdigitalización. Hoy en día hablamos de digitalización de todo, de transformación digital. Que no digo que no lo haya que hacer. Hay que digitalizar muchas cosas, pero hay otras que deberíamos desconectar. No hay que digitalizar todo y, si lo hacemos, lo tenemos que hacer protegiéndonos adecuadamente. Cosa que no se está haciendo.

Fuente: Yago Álvarez Barba en elsaltodiario

Foto: David Sabadell

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