El discurso de Isabel Díaz Ayuso además de mendaz es representativo del nacionalcatolicismo

He leído varias veces el discurso de Isabel Díaz Ayuso (IDA) en la fiesta de la Comunidad de Madrid del pasado 2 de mayo. Dudo mucho que ella lo haya escrito. Mas, lo incuestionable es que, si lo ha leído, es porque lo asume. Todo está en clave estatal. Sr. Feijóo, sea precavido. Me he resistido varias veces a escribir sobre él, para no hacerle publicidad, que en definitiva es lo que pretende. De entrada, lo calificaría como espurio, cutre, rancio y que nos retrotrae a tiempos de infausto recuerdo en nuestra historia. De verdad, la Comunidad de Madrid, no se lo merece.

Mi crítica al discurso está dividida en dos partes. La primera trata sobre esa visión totalmente mendaz de la Comunidad de Madrid, si observamos las políticas actuales de IDA. La segunda, sobre una concepción de la historia, que podría estar encuadrada dentro del más genuino nacional-catolicismo, que nos impartían los militares durante el franquismo en aquella infausta asignatura de Formación del Espíritu Nacional. Sorprende que desde las universidades madrileñas y sus departamentos de historia contemporánea no hayan salido en tromba a desmentir semejantes supercherías, que además de un insulto a la inteligencia van en contra de la historiografía seria y científica. Ese silencio de la universidad resulta muy sospechoso. ¿Temen alguna represalia a nivel presupuestario por parte de la Comunidad? No obstante, hace ya tiempo que las universidades españolas han perdido en gran parte su esencia, el de representar el sentido crítico.

Me han impactado de entrada algunas palabras, llenas de profundo calado ideológico. ¡Qué nivel! Una auténtica revolución en las ideas políticas. Son así:

Hoy, año 2022, Madrid, una vez más, es la España con ganas, con voluntad de ser más y de ser mejor: más y mejor España; más y mejor Europa; más y mejor Hispanoamérica.

Las he leído y reflexionado varias veces. ¿Qué significan realmente? ¿Ganas de ser más y mejor? Impresionante. Su lectura me ha recordado al lingüista alemán Uwe Poerksen en su libro de 1988 Palabras plásticas: la tiranía de un lenguaje modular, donde documentó cómo se impuso sobre el habla vernácula (común) la tiranía de un lenguaje modular formado por las que llama palabras plásticas. Palabras huecas, vacías, de plástico, sin sustancia que han sido alteradas en su significado y empobrecidas en su contenido para usarlas como simples módulos de ensamblaje que se ajustan a cualquier discurso, relato, necesidad, solución de problema o justificación de un atropello. Son contorsiones semánticas para ocultar y deformar los hechos políticos, sociales y económicos de cualquier sociedad. Cuando nuestra clase política usa y abusa de esas palabras de plástico, ¿saben realmente lo que dicen? Me temo que no. ¿Y entonces por qué las utilizan? Porque saben que nadie las va discutir. ¿Quién va a estar en contra del desarrollo, de la modernización, del crecimiento, del progreso, de la democracia…? ¿Quién va a estar en contra de más y mejor España; más y mejor Europa; más y mejor Hispanoamérica? Yo no.

Señalo algunos adjetivos extraídos del discurso: Madrid es una España abierta, solidaria, tierra de acogida, la España de todos, que no se ahoga en identidades, acogedora, comprensiva, plural y universal, que se niega a la confrontación ideológica, una España de todos, y quien quiera tolerancia que mire a Madrid. Todas estas palabras sin ambages son una muestra de cinismo, hipocresía y desvergüenza.  ¿Cómo se conjuga que su Madrid es abierto, tierra de acogida para todos con sus recientes palabras en Castilla y León de Socialismo free (libre de socialismo)? ¿O de socialismo o libertad en la Comunidad de Madrid?  Tal mensaje no es algo anecdótico, ya que busca instalar en el ambiente la idea de la extirpación del otro por pensar distinto. Durante el Tercer Reich, los nazis acuñaron la expresión para determinados territorios Judenfrei (libre de judíos). ¿Cómo se conjuga un Madrid solidario siendo de facto un «paraíso fiscal» dentro de España, que supone una competencia desleal con el resto de las comunidades y que impide el equilibrio interterritorial tal como recoge la Constitución en su artículo 138?1? Unos datos sobre esa insolidaridad fiscal conviene recordarlos. Según el Diario 16, en 2017 las grandes fortunas dejaron de pagar casi mil millones de euros por el impuesto de patrimonio en la Comunidad de Madrid. Ese año se declararon en la CM 16.856 fortunas con más de dos millones de euros, que habrían declarado una riqueza media de 9,7 millones de euros y que deberían haber pagado a las arcas regionales una media de 60.000 euros por contribuyente, es decir, más de 995,6 millones de euros. Sin embargo, no pagaron nada al estar el impuesto bonificado al 100% desde el año 2007, gracias a las políticas del Partido Popular, lo que convierte de facto a la comunidad madrileña en un “paraíso fiscal” dentro de España. Son precisamente los que llenan sus discursos de la palabra unidad y España los que más fomentan el desequilibrio y los privilegios económicos y sociales.

¿Cómo se conjuga su negativa a la confrontación ideológica, cuando su discurso se ha construido básicamente con grandes dosis de ella frente al gobierno de Sánchez? ¿Qué quedaría en su discurso sin su recurso contra al sanchismo, que rompe España, que tiene que hacer concesiones a los filoetarras, podemitas y socialcomunistas?   Ahora reflejo algunas palabras de su discurso de clausura del Congreso de Madrid del PP, donde la confrontación es lo fundamental:

Hoy nos encontramos en el peor momento con el peor gobierno que hemos tenido en democracia. El gobierno que no sabe gestionar, que no tiene claro ni qué es España ni le interesa: lo que sí sabe es que la palabra “España” no le provoca ningún entusiasmo. El gobierno que según se va haciendo más pequeño ante los españoles y ante el mundo, más se embrutece. Aquel que erosiona toda institución que le recuerda los límites que marca el Estado de derecho. Es el ejecutivo que está colonizando nuestras instituciones a través de personas con peor preparación, sin ser funcionarios, titulados o tener mérito alguno; y en casi todos los casos, con una alta carga de ideología y sectarismo. El gobierno que actúa bajo un único principio: “o conmigo, o contra mí. No sabemos en qué momento de la historia una parte de la izquierda decidió que quería volver a un país dividido, a revivir “las dos Españas” y acabar con la convivencia. Que reabriría las heridas que sanó la modélica Transición española. No sabemos en qué momento empezaron a odiar ser españoles. Lo que sabemos es que han profesionalizado su afán por debilitar a España y han encontrado, como ha ocurrido en tantos momentos en la historia, su oportunidad”.

¿Este discurso propugna la concordia?

Ahora paso a la segunda parte de mi crítica, la que hace referencia a su visión de la historia de España del discurso del 2 de mayo, todo un insulto a la inteligencia y a toda investigación histórica solvente. Ahí van unas breves frases:

Napoleón estuvo ciego cuando intentó invadir una nación con dos milenios de Historia: desde la romanización, la monarquía visigótica, la «España perdida» por la invasión musulmana, que nos hace perseverar durante casi ocho siglos para seguir siendo europeos, libres, occidentales; el Camino De Santiago, las Cortes de León, la Unidad Nacional que logran los Reyes Católicos, el Descubrimiento del Nuevo Mundo, la Escuela de Salamanca, la Monarquía católica, es decir, universal…”

Habla de la España perdida por la invasión musulmana, lo que supone eliminar todo el legado musulmán, además del judío. Inconcebible. Solo un breve recuerdo a esta auténtica ignorante de nuestra historia, el arte musulmán, como La Aljafería de Zaragoza, La Mezquita de Córdoba y la Alhambra y el Generalife de Granada. El arte mudéjar aragonés con las torres mudéjares de San Pedro, El Salvador y San Martín de Teruel; la torre de la Magdalena de Zaragoza y la Iglesia de Santa María del pueblo zaragozano de Tobed, además de otros edificios, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En muchos pueblos todavía se conservan el sistema de riegos creado por los musulmanes. Podríamos poner muchas otras aportaciones.   Por otra parte, Sra. IDA o quien le haya escrito este lamentable discurso, los musulmanes como los judíos eran tan españoles como los cristianos, ya que llevaban siglos viviendo en la Península Ibérica. Además, tan extranjera era la religión cristiana como la musulmana o la judía. Todas vinieron de fuera. Mas, como señala Santiago Alba Rico en su libro España, muchos españoles siguen considerando solo «españoles» a los celtas, los íberos, los celtíberos, los cartagineses, los romanos y los visigodos, pero no a los musulmanes y judíos, aunque hubieran nacido durante generaciones en la península. Esta es la opción de los que columbran con auténtico frenesí en el pasado una España eterna, heredera de Tubal, nieto de Noé, y católica desde antes de Cristo y recitan con fruición –ya se preocupó de ello nuestra escuela franquista– la lista de los reyes godos, de Ataulfo a don Rodrigo.

Pasemos ahora a la antigüedad de la nación española. Para Esperanza Aguirre es de tres milenios, Rajoy la redujo a 500 años. Ahora IDA cuadriplica la cifra. A ver si se aclaran. Hace dos milenios la actual España no era más que una «conjunto de territorios dispersos», una sucesión de diferentes «pueblos». Hispania era una provincia romana. Y el reino visigodo tampoco puede entenderse como una nación. El sábado 12 de octubre de 2014, José Álvarez Junco, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, pronunció la conferencia “Los nacionalismos en la España contemporánea”, de la que expongo una pequeña parte.

El nacionalismo español nace a inicios del XIX ligado al liberalismo, y va a seguir los avatares del liberalismo. La derecha española, la derecha católico-conservadora en general, va a ser antinacionalista en aquella primera fase. Ellos defienden la religión, al monarca absoluto, pero no defienden a España, ni mucho menos la soberanía del pueblo español. En cuanto a la unidad nacional de los Reyes Católicos, el mismo Álvarez Junco señala que ni Isabel ni Fernando tenían idea de la «unidad nacional», ni les importaba. No están logrando la unidad nacional, como decían las historias que nos enseñaban durante el franquismo. Lo que les importaba era reunir cuantos más territorios podían, como a cualquier gran señor feudal, monarca o emperador de la época. La reina Isabel no tenía ni idea de lo que era eso que llamaban «unidad nacional», ni le importaba un bledo. Lo que a Fernando e Isabel les importaba era reunir cuantos más territorios podían, como a cualquier gran señor feudal o como a cualquier gran monarca o emperador de la época medieval. Tanto es así que cuando Fernando se casa en su segundo matrimonio lo hace con la heredera o una de las aspirantes al trono de Navarra. Hacen unas capitulaciones matrimoniales y en una de ellas, la de Foix, consigue que los hijos que nazcan de ese segundo matrimonio hereden los territorios de la corona de Aragón más los territorios italianos incluidos dentro de ella. Mientras que los hijos del matrimonio anterior de Fernando heredarán Castilla, Granada, los territorios africanos y lo descubierto en el Atlántico, incluyendo todos los territorios de América. Es decir, que Fernando está pensando en dividir sus reinos como cualquier rey medieval. Por tanto, de «unidad nacional» nada. Lo que hay es un hecho político, una unión política circunstancial. Pero, por azar, ese segundo matrimonio no tuvo hijos. Bueno, sí tuvo un hijo, pero murió a los dos o tres meses, de manera que no hubo esa división entre Aragón y Castilla que se podía haber dado si el segundo matrimonio hubiera tenido hijos que hubieran llegado a la edad de heredar y procrear”.

Remarcando esta idea merece la pena citar que en 2006 se celebró en Zaragoza  una exposición con motivo del V Centenario del matrimonio de Fernando, tras enviudar de Isabel, con Germana de Foix, organizada por las Cortes de Aragón y la Diputación Provincial de Zaragoza, siendo presidentes respectivamente Francisco Pina y Javier Lambán, y en la publicación aparece:

“Solo la temprana muerte del hijo recién nacido de este matrimonio impidió que prosperase una nueva política de alianza con Francia, que permitió presentar a Fernando en la historiografía tradicional como adalid de la unidad de España y un sinfín de tópicos historiográficos que afectaron a este segundo matrimonio”. El andorrano y catedrático de Literatura Española de City University of New York Ángel Alcalá Galve sobre tal matrimonio: “¿Dónde quedaban, sino en el retrete de sus ambiciones personales sus presuntas ambiciones de lograr al fin de 800 años la definitiva unión nacional de España, que habría sido la meta de su matrimonio con Isabel?”

En cuanto a la Monarquía católica y universal. Esa Monarquía católica fue la culpable de uno de los mayores genocidios de la Historia Moderna: la expulsión de los moriscos. En su discurso del 2 de mayo IDA cita

Aquí se puso en marcha la burocracia moderna; se construyó una de las bibliotecas más importantes del mundo, en El Escorial; fuimos cuna de Cervantes, y del Siglo de Oro con Felipe IV, el Rey Planeta; desde aquí se pusieron en marcha las reformas ilustradas de Carlos III, la Edad de Plata de la cultura española…, hasta llegar a los años de la Transición: el éxito político más importante que nos hemos dado los españoles.

IDA no tiene ni idea del pensamiento de Cervantes reflejado en El Quijote, probablemente el libro más heterodoxo de nuestra literatura. Léalo. Y si no lo hace, por lo menos respete el pensamiento de Cervantes. Acercarse al Quijote entraña una doble dificultad. La primera, todavía vigente, la acumulación de imágenes previas que hacen imposible la captación de su auténtico mensaje. Todos nos sabíamos El Quijote, por lo que no era necesario leerlo. Conocíamos por haberlos leído o porque nos los habían contado los episodios más famosos: los molinos de viento, Sancho en la ínsula Barataria, el bachiller Sansón Carrasco, la Cueva de Montesinos…

La segunda dificultad, propia de nuestra generación, tenía que ver con ese Quijote reglamentario de la escuela franquista, paradigma de la españolidad. Por rechazo al franquismo no lo leímos, y se lo dejamos a los que nos robaron tantas cosas, lo manipularon con fines espurios y nos vetaron conocerlo en profundidad, más allá de la interpretación de ser una crítica divertida a los libros de caballerías y que sus dos protagonistas, representan dos visiones diferentes en la vida; el idealismo del Quijote y el materialismo de Sancho.

Producto de una gozosa relectura reflejaré algunos mensajes muy críticos con la España del siglo XVI y con esa visión nacionalcatólica de nuestra historia que refleja el discurso de IDA, extraídos de algunos de sus capítulos. No en vano es “el libro más subversivo que se haya escrito jamás”, según Juan Goytisolo. Le recomiendo, Sra. IDA, los siguientes capítulos de El Quijote, para ver si se le aclaran un poco las ideas.

El Capítulo VI “Del donoso escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo”. Bajo la apariencia de la quema o el emparedamiento de los libros de caballería que enloquecieron a Alonso Quijano, critica subrepticiamente las prácticas de la Inquisición con otros libros prohibidos.

El capítulo LVIII. “Que trata de cómo menudearon sobre Don Quijote aventuras tantas que no se daban vagar unas sobre otras”. Sancho pregunta: “Querría que vuestra merced me dijese qué es la causa porque dicen los españoles cuando quieren dar alguna batalla, invocando aquel San Diego Matamoros: «¡Santiago, y cierra España”. “¿Está por ventura España abierta y de modo que es menester cerrarla, o qué ceremonia es esta?” La respuesta rápida del Quijote muestra su enfado e irritación. Este episodio ha sido interpretado de diferentes maneras. Entiendo que Sancho muestra claramente una duda sobre la presencia del Apóstol Santiago- ¡vaya herejía para el nacionalcatolicismo! – en España y su participación en la lucha contra los moros. La existencia de Santiago estaba muy extendida y asumida en la España católica. El padre Pascasio de Seguín en su libro Galicia, reino de Cristo de 1750, hace un recuento batalla a batalla de los moros muertos a manos del Apóstol Santiago: Covadonga 197.000; Santa Cristina 50.000; Clavijo 70.000; Simancas 80.000; Ourique (Portugal) 300.000; Navas de Tolosa 200.000; Salado 200.000; en el Santiago de Bermudo III 90.000; Total: 1.187.000. Es una cifra baja, ya que un siglo antes, en 1626, según el gran Quevedo, Santiago Apóstol había intervenido en 4.700 batallas. Matando a 11.050.000 moros. Llama la atención el redondeo de las cifras. También Santiago pasó a América a ayudar los ejércitos españoles. Y poco ha, nuestro Jefe de Estado destacó el pasado 25 de julio que “Hoy, en la Catedral donde convergen todos los caminos y donde habita para la eternidad el Apóstol Santiago, renovamos la ofrenda de un pueblo que quiere ser agradecido”.

La expulsión de los moriscos a inicios del XVII en el reinado de Felipe III ocupa bastante espacio en la segunda parte del «Quijote», editada en 1615, aunque redactada en gran parte en 1614. Son los capítulos LIV, LXIII y LXV. Fue uno de los hechos más dramáticos de nuestra historia.  Insisto. Un auténtico genocidio. Constituye el primer precedente europeo de las limpiezas étnicas más o menos sangrientas del pasado siglo XX.  Muy poco estudiado, a pesar de ser de gran trascendencia. Una auténtica hecatombe social, económica y demográfica. Sólo en Aragón a partir de septiembre de 1610 salieron en torno a 60.818 moriscos. Del artículo Los moriscos, la historia incómoda de Juan Goytisolo son estas breves líneas:

Mientras algunos se oponían a la expulsión y predicaban el catecumenado y la asimilación gradual, los elementos más duros del episcopado se decantaban por propuestas más contundentes: la esclavitud, el exterminio colectivo o la castración de todos los varones y su deportación a la isla de los Bacalaos, esto es, a Terranova. Al destierro a la más cercana orilla africana, sostenido por la mayoría de los miembros del Consejo de Estado, un santo obispo opuso una argumentación impecable: puesto que el llegar a Argel o a Marruecos, los moriscos renegarían de la fe cristiana, lo más caritativo sería embarcarles en naves desfondadas a fin de que naufragaran durante el trayecto y salvaran sus almas”.

Pensamientos profundamente evangélicos, como vemos.

En el capítulo LIV se narra el emocionado encuentro de Sancho con Ricote, el morisco de su lugar, que vuelve a su aldea de incógnito, disfrazado, por no poder hacerlo tras haber sido expulsado y vivir un tiempo en Francia y finalmente en Alemania, donde había recalado. Ricote le dice a Sancho: «Fuimos castigados con la pena del destierro, blanda y suave al parecer de algunos, pero al nuestro la más terrible que se nos podía dar. Doquiera que estamos lloramos por España, que, en fin, nacimos en ella y es nuestra patria natural; en ninguna parte hallamos el acogimiento que nuestra desventura desea». Y en el capítulo LXIII, no menos dolor por la expulsión expresa Ana Félix, hija de Ricote.  Con el personaje de Ricote, Cervantes dio voz a la España que pedía libertad de conciencia. De refilón, y como quien no quiere la cosa, el autor del Quijote pone el dedo en la llaga. Es un aviso a navegantes despistados y malintencionados, y amantes de la Libertad.

Fuente: Cándido Marquesan Millán en nuevatribuna.es

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