Carabanchel quiere saber a que se van a dedicar los terrenos de la Cárcel derribada en 2008

La Plataforma por el Centro de Memoria Cárcel de Carabanchel solicita reunirse con el ministro de Interior para transmitirle sus propuestas para el futuro del terreno donde se ubicaba el complejo penitenciario.

Decenas de miembros de la Plataforma por el Centro de Memoria Cárcel de Carabanchel han acudido hoy al Ministerio de Interior para solicitar una reunión con el ministro Fernando Grande-Marlaska con el objetivo de hablar sobre el futuro del terreno donde se levantaba la que fue una de las principales cárceles de presos políticos en España y reclamar la construcción de un centro de memoria histórica en el lugar. Y, de nuevo, el silencio por respuesta. 

“Llevamos más de dos años intentando hablar con el ministro sobre el plan urbanístico y la cesión del terreno”, denuncia Jesús Rodríguez, miembro de Salvemos Carabanchel, organización que participa en la plataforma. Las reclamaciones desde el barrio para que la antigua prisión se convirtiera en un centro de memoria comenzaron en 1999, un año después de su cierre. Estas reclamaciones no fueron escuchadas por Interior, que en 2008 ordenó el derribo del complejo carcelario, dejando únicamente el edificio anteriormente destinado al hospital penitenciario, reconvertido desde 2005 en Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE). 

“Cualquier país que se respete a sí mismo, no ya a sus víctimas sino a su propia historia, tiene primero que conocerla, y después dignificarla, interpretarla… cualquier cosa menos taparla”

“Cualquier país que se respete a sí mismo, no ya a sus víctimas sino a su propia historia, tiene primero que conocerla, y después dignificarla, interpretarla… cualquier cosa menos taparla”, afirma, por su parte, Luis Suárez Carreño. Él fue una de las personas que pasaron por esta cárcel, en su caso dos veces en los años 70 por militar en un partido de extrema izquierda. “Como inquilino hay un factor personal añadido, pero yo no he estado en la cárcel del Puerto de Santa María o de Vitoria, y sé que ahí donde hubo una historia de represión y resistencia, simbología alrededor de lo que fue la dictadura, es un espacio que hay que cuidar”, explica.

Actualmente, según detalla Rodríguez, el solar pertenece a la Sociedad de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios y de la Seguridad del Estado (Siepse), participada por los ministerios de Hacienda e Interior. “Esta sociedad es la que en su día promovió el plan urbanístico de esta zona”, explica Rodríguez. Este plan contempla la venta a la iniciativa privada de buena parte del terreno para la construcción de viviendas, el mantenimiento del CIE, una zona de oficinas donde concentrar las instalaciones administrativas de Instituciones Penitenciarias —actualmente repartidas en la zona noble de Madrid en espacios alquilados—, otra parte destinada al paso de una autovía y, por último, 40.000 metros cuadrados para un hospital.

“Te encuentras con que una institución oficial va a vender estos terrenos en unos barrios carentes de muchas infraestructuras sanitarias, educativas o culturales”

“Te encuentras con que una institución oficial va a vender estos terrenos en unos barrios carentes de muchas infraestructuras sanitarias, educativas o culturales”, denuncia Rodríguez. “Aparte de la reivindicación del centro de memoria, creemos que tiene que haber cambios de uso de estos terrenos. No es normal que, después de 16 años, siga estando ahí el CIE, no es normal que Instituciones Penitenciarias diga que su plan va a dar vida al barrio, cuando ya está saturado de viviendas y lo que falta son instalaciones culturales, educativas o sanitarias, porque, además, los 40.000 metros cuadrados destinados al hospital no son suficientes para dar servicio a los distritos de La Latina y Carabanchel, que suman 500.000 personas”, añade.

Pero hasta ahora Interior no ha hecho caso. A la primera carta enviada desde la plataforma, en enero de 2019, para solicitar una reunión en la que plantear sus propuestas para el terreno, el gabinete del ministro Grande-Marlaska respondió simplemente que “no es posible saber cuál será su definitivo destino al encontrarse, de momento, pendientes de diversos trámites urbanísticos con el Ayuntamiento de Madrid”. La siguiente carta de la plataforma, enviada en mayo de 2020, tuvo como respuesta que “actualmente se encuentra en curso la tramitación de promoción de ejecución del planeamiento urbanístico respecto a esos terrenos”. Y la siguiente carta, enviada en diciembre, ni siquiera ha tenido respuesta. “Desde 2019 solo nos contestan que no pueden decirnos nada porque están pendientes de unos trámites urbanísticos y es justo de eso de lo que queremos hablar: ‘lo que van a hacer ustedes es una cagada’”, denuncia Rodríguez. 

La única institución que sí ha respondido a la plataforma es la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, que ha propuesto destinar algunas dependencias en los edificios destinados a Instituciones Penitenciarias a memoria histórica, sin concretar nada más. 

Mientras, el proceso urbanístico en los terrenos donde se levantaba la antigua cárcel de Carabanchel continúa con la licitación de las excavaciones previas para comprobar si hay restos arqueológicos en la zona. Y estas excavaciones abren una puerta a la esperanza ya que, según explican desde la plataforma, el derrumbe de la cárcel fue superficial y es posible que se puedan encontrar partes de la cúpula de la prisión o recuperar los sótanos del complejo penitenciario, lo que dejaría la puerta abierta a poder instalar un centro de memoria parecido al que actualmente hay en donde estuvo la antigua sede de la Gestapo en Berlín. “Lo que da sentido a esa exposición es eso, un centro de memoria como el que queremos debe incorporar esos restos como ejemplo de lo que fue la cárcel de Carabanchel”, reclama Rodríguez.

En estos sótanos que podrían ser recuperables pasó el final de su embarazo Nati Camacho García Moreno, histórica dirigente de Comisiones Obreras. Camacho explica que primero pasó por el edificio del hospital psiquiátrico entre enero y marzo de 1973. “Yo ya estaba embarazada en enero, pero no dije nada a la policía para que no se me considerara más vulnerable”, explica a El Salto. En esa primera estancia en la cárcel de Carabanchel, la zona de mujeres estaba instalada en un patio dentro del edificio del hospital psiquiátrico. “Para llegar tenías que cruzar por donde estaban todos los presos del psiquiátrico, era horroroso ver a gente tan abandonada, un psiquiátrico sin psiquiatra ni enfermeros, se tenían que cuidar entre ellos y estaban visiblemente medicados”, recuerda. Salió adelante gracias al compañerismo que encontró en dos compañeras llamadas Margarita y Julia, ambas militantes del FRAP. Salió al cumplir los dos meses de prisión por no pagar una multa valorada en 200.000 pesetas. “Y tuve la mala suerte de que, en mayo, en una de las últimas reuniones de las interramas de Comisiones Obreras, nos detuvieron a todos, y yo ya estaba de siete meses”, explica Camacho.

Entonces su destino fueron los sótanos de la prisión, un espacio en el que recuerda que cuando llegó contó a 30 mujeres muchas de ellas gitanas, o enfermeras que habían practicado abortos, y más de 30 niños, muchos de los cuales habían nacido allí. “Las gitanas y el resto de mujeres de la cárcel me dieron mucho ánimo y me dije que, si ellas habían podido parir allí, yo también podría”. Fue, según explica, la experiencia más dura de su vida. “Cuando las mujeres se ponían de parto, la cárcel se cerraba y tenías que abrir la venta para gritarle a los agentes de la Guardia Civil y que estos llamaran a las funcionarias, que no siempre se daban mucha prisa. Había mucha angustia, mucha ansiedad porque estabas en riesgo. Mi paso por Carabanchel fue breve pero terrible”, concluye Camacho.
Fuente: Ter García en elsaltodiario.com
Foto: José Durán Rodríguez

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